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Primera de dos partes

No era la primera vez que la maltrataba, pero fue la última. Una cadena de acero fue el arma con que José Alfredo Alaniz estranguló a su esposa Julissa Blandón el año pasado en Estelí. Ese día, con engaños, la llevó al potrero de una comunidad cercana a la ciudad y la mató tras una discusión. Luego recostó el cuerpo en un árbol y se fue.

Cuando cinco días después el cadáver fue descubierto y el asesino capturado, su justificación fue que andaba “embrujado”, y por eso no razonó cuando cometía el crimen. Eran pareja desde hacía ocho años, y según contó la familia de Julissa a los medios, la violencia física y sicológica, la explotación económica de la joven, separaciones y reconciliaciones eran situaciones comunes en sus vidas.

Aunque claramente el hombre había planeado el crimen, el delito se calificó como parricidio, que es cuando un familiar cercano mata a otro a sabiendas del lazo que comparten. El clamor de la familia y de los grupos de mujeres era que reconocieran el delito como asesinato, que se distingue por planificar el crimen y se castiga con la pena máxima de 30 años de prisión y no con 20, como en parricidio.

Como era su primer delito, y como el hombre confesó y “colaboró con las autoridades”, fue condenado a sólo siete años y medio de cárcel, la mitad de la pena mínima por parricidio. La Fiscalía apeló y en noviembre consiguió la pena de 20 años. Éste es uno de los pocos casos en que la justicia nicaragüense da una sentencia justa, consiguiendo que el asesino sea castigado.

Como Julissa, en Nicaragua el año pasado murieron al menos 79 mujeres, en su mayoría a manos de hombres con quienes tenían una relación cercana, según el monitoreo de medios de la Red de Mujeres Contra la Violencia.

El movimiento amplio de mujeres organizadas quiere que este delito tenga nombre propio y se llame femicidio o feminicidio. Para ellas es urgente visibilizar el hecho de que el factor de riesgo para ser asesinadas comienza por ser mujer, y esto atenta contra los derechos humanos.

Desigualdad social

Se trata de muertes que no ocurren por casualidad, ya que este tipo de crímenes no les ocurre a los hombres en las mismas dimensiones que a las mujeres. “Aquí nos damos cuenta de que la diferencia sexual se convierte en desigualdad social, y hay una estructura que la sostiene”, argumenta Klemen Altamarino, de la Colectiva de Mujeres de Masaya.

“No es que pasaron por la calle y te atropellaron, pues está ligado a relaciones de poder entre hombres y mujeres. La muerte es lo más visible, pero es el final de una serie de diferentes tipos de violencia”, explica Geni Gómez, de la Red de Mujeres del Norte.

Ésta es una problemática que viven muchas mujeres, no sólo de Nicaragua o de Centroamérica, porque el machismo está presente en muchas culturas. No es casual que más de la mitad de muertes violentas de mujeres en el mundo sea cometida por las parejas masculinas actuales o anteriores, según el Informe Mundial sobre Violencia y Salud, de la Organización Mundial de la Salud.

¿Femicidio o feminicidio?

Desde hace algunos años se escuchan las palabras feticidio o feminicidio para referirse a mujeres asesinadas, principalmente de Ciudad Juárez --en la frontera mexicana--, en Guatemala y en otros países.

Aunque no hay un acuerdo sobre el uso de las palabras y son conceptos todavía en construcción, en Nicaragua muchas mujeres organizadas y personas de otros sectores utilizan ambos términos, aunque no hayan sido reconocidos legalmente en el país. También hay quienes prefieren no entrar en una discusión teórica o lingüística, y hablan únicamente de femicidio para no confundirse.

Para la Organización de las Naciones Unidas, el femicidio es “el asesinato de mujeres como resultado extremo de la violencia de género, que ocurre tanto en el ámbito privado como en el público, y comprende aquellas muertes de mujeres a manos de sus parejas, ex parejas o familiares, asesinadas por acosadores, agresores sexuales o violadores, así como aquellas que trataron de evitar la muerte de otra mujer y quedaron atrapadas en la acción femicida”.

La violencia de género incluye todos los actos mediante los cuales se discrimina, ignora, somete y subordina a las mujeres en los diferentes aspectos de la vida. Es todo ataque material y simbólico que afecta la libertad, dignidad, seguridad, intimidad e integridad moral o física de las mujeres.

“El feminicidio es la forma más extrema de este tipo de violencia ejercida por los hombres contra nosotras en su deseo de obtener poder, dominación o control. Toda muerte de una mujer vinculada a violencia es feminicidio, sea una bebé o una mujer adulta”, explica la abogada Virginia Meneses, de la Red de Mujeres Contra la Violencia, RMCV.

Un Estado feminicida

Meneses aclara que la RMCV y algunos grupos usan el término feminicidio para hablar en general del crimen que termina con la vida de las mujeres por razones asociadas al género y en donde el Estado es indiferente y favorece la impunidad.

“Hay un Estado feminicida cuando no crea condiciones de seguridad para la vida de las mujeres en la casa, comunidad, espacios de trabajo o de tránsito. Más aún, cuando las autoridades no realizan con eficiencia sus funciones. Por eso el feminicidio es un crimen de Estado”, opina Meneses.

El feminicidio puede expresarse en abuso físico y sicológico, violación, tortura, esclavitud sexual, incesto, violencia sexual que termine con la muerte y hasta suicidio vinculado a la violencia masculina, aclara la abogada.

Y agrega que también es feminicidio cuando los crímenes ocurren y nos tienen castigo, y es precisamente la impunidad de las agresiones cotidianas o de una violencia continuada, no atender y proteger a las víctimas, lo que aumenta el poder del agresor y le permite llegar hasta el asesinato.

Tipos de femicidio

El concepto de femicidio fue usado por primera vez en 1992 por Diana Russell y Jill Radford, autoras del libro Femicidio: La política del asesinato de mujeres. Estas definiciones están basadas en su propuesta teórica:

Femicidio íntimo
Asesinato cometido por hombre con quien la víctima tenía o tuvo una relación íntima, familiar, de convivencia o afines a éstas.

Femicidio no íntimo

Asesinatos cometidos por hombres con quienes la víctima no tenía relaciones íntimas, familiares, de convivencia o afines a éstas. Frecuentemente involucra el ataque sexual de la víctima.

Femicidio por conexión

Es cuando las mujeres son asesinadas “en la línea de fuego” de un hombre tratando de matar a una mujer. Éste es el caso de mujeres parientes, niñas u otras mujeres que trataron de intervenir o que simplemente fueron atrapadas en la acción del femicida.

Por qué se da

“El hecho de que la sociedad enaltezca a los hombres y les dé poder sobre las mujeres es el caldo de cultivo, el origen cultural para que se dé la violencia en nuestra contra, eso no se da contra hombres”, reflexiona Meneses.

“Nos matan porque consideran que somos de su propiedad, lo justifican pensando porque es mía, porque no hace lo que quiero, porque se fue con otro, por cualquier cosa que justifique que no está bajo su dominio, y eso les da autoridad y razón para matarlas”, explica Geni Gómez, que trabaja con el Grupo Venancia de Matagalpa. No en vano, una excusa para matar es “sos mía o de nadie”, eso se agrava en países como Nicaragua, donde la violencia es un medio común para resolver cualquier conflicto.

En esta sociedad, a mujeres y hombres se les educa de forma distinta. A ellos se les enseña a ser fuertes, independientes, agresivos, poderosos y violentos. A ellas, que deben ser sumisas, calladas, obedientes, educadas y serviciales, especialmente con los hombres.

Así, los varones crecen creyendo que son superiores y mandan, y las mujeres, que para ser aprobadas hay que obedecer y ubicarse en función de los hombres. “Tiene que ver con la expropiación de nuestros cuerpos y vidas”, dice la abogada de la RMCV.

Fuente: Femicidio en Costa Rica: balance mortal, de Ana Carcedo y Monserrat Sagot, Costa Rica, 2002.