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Los efectos locales de la crisis hipotecaria en Estados Unidos y la liberalidad de los bancos en Nicaragua con el sector de las tarjetas de crédito, siguen pesando sobre las esperanzas de centenares de miles de nicaragüenses y en las posibilidades del país de lograr desarrollar una cantidad importante de viviendas de interés social, y que a la vez la industria de la construcción se levante y ayude a reactivar la economía del país.

El programa en si es un gran reto, dado que si se edificaran cinco mil viviendas de interés social anuales, para dejar casi en cero el actual déficit de viviendas, se requerirían 95 años, asumiendo que las necesidades no van a crecer, pero eso es imposible, tomando en cuenta incluso que el crecimiento vegetativo de la población del país es del 2.7 por ciento cada año.

Es decir las necesidades son crecientes, pero se considera que con la Ley de Incentivos para la Vivienda Digna, la capacidad constructiva y el interés de los urbanizadores va a crecer y que el esfuerzo tendrá que tener un aumento geométrico, tomando en cuenta que además es un mercado con mucha demanda.

Desarrollar la industria de la construcción de viviendas de bajo costo es en realidad un gran reto para Nicaragua, tomando en cuenta no solo la falta de financiamiento adecuado para reste rubro, pese a las inmensas necesidades, sino que aparentemente no cuenta con mucho interés de parte de la banca local.

Empero, necesidades de 550 mil unidades habitacionales, que es en lo que se calcula el actual déficit de viviendas en Nicaragua, poniéndolo a un precio mínimo de 15 mil dólares por cada una, sería un negocio bastante atractivo de ocho mil 250 millones de dólares, pero esas necesidades suben anualmente tomando en cuenta el crecimiento de la población en el país, pero no todos cuentan con las posibilidades de poder pagar, aunque sea una casa pequeña, digna.

En Nicaragua una población económicamente activa de alrededor de 2.6 millones de personas, y anualmente se incorporan como demandantes de empleo más de 118 mil jóvenes, pero las ofertas de plazas laborales formales no pasan, según algunas estimaciones, de las 30 mil anuales y las personas empleadas formalmente en el país no llegan al medio millón.

Potencial desaprovechado
Esas cifras revelan el verdadero potencial de adquirentes de casas de bajo costo en un país empobrecido, donde la construcción tendría un importante efecto multiplicador que ayudaría bastante a la economía nacional, muy pequeña aún, y por lo tanto las posibilidades de edificación de unidades habitacionales se presentaría siempre como un buen negocio.

Sin embargo, de acuerdo con el economista Leonardo Torres, la banca nicaragüenses parece no estar muy interesada en el tema, tomando en cuenta que los créditos hipotecarios, aunque con retorno muy seguro, llaman menos la atención del sector financiero local que el negocio de la tarjetas de
crédito.

Es claro, los créditos hipotecarios para viviendas de interés social, tendrían tasas de interés de aproximadamente un ocho por ciento al año y serían devueltos a plazos entre 15 y 20 años, en tanto que el financiamiento de las tarjetas de crédito, es de rápida recuperación y a intereses del 60 por ciento anual.

En ese sentido el negocio de las tarjetas de crédito es más interesante para la banca que el de las hipotecas, dado el rápido retorno, pese a ser de mucho mayor riesgo, pero aún así, este programa de viviendas de bajo costo ha despertado interés en una parte de la población empleada, pero sin casas propias.

Hay interés en potenciales adquirentes
A dos meses del arranque del programa de viviendas de interés social, los desarrolladores colocaron entre el público unas 400 casas, de un plan de erigir poco menos de cinco mil a lo largo de 2010, según miembros de la Cámara de Urbanizadores.

Hasta ahora, los desarrolladores de proyectos inmobiliarios sólo se habían interesado en construir proyectos con casas valoradas en más de 50 mil dólares, pero la crisis local y la internacional, las posibilidades de mucha gente aparentemente se vinieron al suelo y las compras se redujeron drásticamente.

“Realizamos distintos estudios de mercado enfocándonos en la situación actual de la gente y se observó que era necesario desarrollar proyectos que pudieran estar al alcance de la gente”, destacó el ingeniero César Sandino, quien añadió que la gente no está en estos momentos para adquirir viviendas de arriba de 50 mil dólares a como normalmente se ha estado ofertando en el mercado.

Actualmente los proyectos de viviendas a precios menores a 30 mil dólares, que es lo que la gente está en la capacidad de poder pagar, de acuerdo con los estudios de mercado, se otorgarían con cuotas entre 127 y 200 dólares mensuales y eso sólo se puede lograr tomando en cuenta los incentivos fiscales generados a partir de la ley para la vivienda digna.