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El general en retiro Humberto Ortega Saavedra cree que las elecciones celebradas recientemente en el Caribe nicaragüense no devolvieron la credibilidad al Consejo Supremo Electoral, CSE, y viendo hacia atrás, recuerda cuánto costó lograr que el país votara de manera libre y transparente, derecho que ahora se ve en peligro, desde que se realizó el fraude electoral en 2008.

“Ese es un bien que se debe cuidar, porque se derramó mucha sangre, sudor, y se sufrió mucho para eso, así que se debe hacer todo para que la credibilidad de entidades como el Consejo Supremo Electoral se fortalezcan”, recomienda Ortega, días después de presentar la segunda edición de su libro “Epopeya de la insurrección”.

Para el ex jefe del otrora Ejército Popular Sandinista, el primer y gran interesado en que realmente se resuelva el problema de falta de credibilidad de ese Poder Electoral, debería ser el partido de gobierno, pues con un árbitro creíble nadie podría descalificar una eventual victoria en los comicios generales de 2011.

¿Cómo ve la coyuntura nacional a partir del evento político más importante ocurrido recientemente, que fueron las elecciones regionales?
Las elecciones en la Costa Atlántica, a mi criterio, no fueron como las de 2008, pero hay reclamos y denuncias, y creo que eso se debe a la consecuencia de la credibilidad golpeada muy seriamente del CSE, de 2008, y no durante la actual campaña electoral.

El resultado del CSE en esas elecciones lo sabían de antemano todas las instituciones y personas analíticas e informadas, casi todos, en el Caribe con la correlación de las fuerzas políticas de la actual coyuntura política (sabían y) están ahí reflejados en los resultados: el FSLN en el poder, haciendo un trabajo sólido, la oposición dividida y golpeada por la desconfianza, y los partidos locales debilitados por pugnas internas. El PLC es el más fuerte después del FSLN, y ahí aparecen así, en los resultados.

Yo en lo particular no creo que haya habido fraude en la Costa, el problema que cualquier irregularidad, defecto o errores comunes en este tipo de procesos, se magnifican a raíz de los últimos sucesos de 2008, lo que te indica que el CSE no ha recuperado la credibilidad, estas elecciones no han borrado ese sentido de golpe a la credibilidad que desgraciadamente se propinó una institución clave para la democracia, como es el Poder Electoral.

¿No ha habido avances, entonces, en cuanto a la credibilidad?
Creo que es importante explicar que las elecciones libres y transparentes deben entenderse como elemento fundamental para ir asegurando la construcción de un sistema democrático propio, creativo, como el que debemos ir impulsando aquí en Nicaragua. Las elecciones son el fruto de un esfuerzo continuado, para no ir muy lejos todavía, desde la historia de los Somoza, de la llegada de la Revolución y el aterrizaje de otra experiencia como en 1990, las elecciones siempre fueron una necesidad para cambiar Nicaragua.

Y es con la Revolución que se abrió la posibilidad de unas elecciones realmente históricas, que le dieran cuerpo y asidero a la apertura de un proceso democrático ya en paz. Han pasado 20 años desde aquel proceso, y el país ha caminado en aspectos muy importantes, entre ellos construir instituciones del Estado nuevas, que habían sido colapsadas con el triunfo de la Revolución de 1979. Para todo eso fue vital la Constitución de 1987, porque fue un elemento que amarró todos los avances democráticos y que dio posibilidades para que los acuerdos de paz fueran realidad.

Hay que tener cuidado en que este avance no se deteriore ni se detenga, en particular en el esfuerzo en fortalecer las instituciones políticas y en los poderes del Estado, creo que es correcto señalar que ha habido una serie de coyunturas que, objetivamente, han dejado sabor no agradable a lo construcción de la democracia, que las elecciones en Nicaragua han constituido como soporte para el fortalecimiento institucional.

En 2008, el manejo y las denuncias ha dejado un daño a la credibilidad del CSE, y la mayoría de los ciudadanos debemos tener confianza en las instituciones rectoras de nuestros derechos y libertades, en ese sentido, el problema más serio, creo que es recuperar la credibilidad de esa institución que una vez hizo posible la consolidación de un proceso de paz en las peores condiciones de la guerra y la posguerra.

¿Pero cómo fortalecer esa credibilidad, si el partido de gobierno propone reelegir a los mismos árbitros que cuestiona la población?
Creo que hace falta que en este tema electoral, es que debería haber de manera desapasionada, la búsqueda de un consenso nacional con visión de unidad nacional, pero lo que no podemos negar ni cerrar los ojos, es cómo sacar un consenso que permita recuperar la credibilidad, golpeada, seriamente dañada y percibida desde la ciudadanía y desde todos los sectores sociales. Hay consenso en que no hay credibilidad en este CSE.

Yo creo que el problema que tenemos, y que es grave, es que los últimos años se han acumulado las contradicciones en Nicaragua, y el efecto real de esa situación es que encontramos a las fuerzas del poder bastante distanciadas, separadas, sin la mínima capacidad seria de conexión, que permita un diálogo para superar las diferencias.

Uno siente que en esa guerra el país se está descuadernando, en vez de integrarse más, tiende a desintegrarse en feudos, y eso es muy serio, incluso aquí algunos que son antisandinistas, antigobierno, cuando plantean la necesidad de una alianza de fuerzas, para enfrentar al FSLN en las próximas elecciones generales de 2011, lo hacen de forma expresa con el sentido de barrer al actual gobierno, sin hacer excepciones.

Ese problema de credibilidad que existe al respecto del CSE, es el problema más grande que tenemos, y como todas las fuerzas están polarizadas, cada organización política propone cambiar a los magistrados, a partir de la fuerzas de los partidos, lo ideal seria que la legitimidad dada a los que escogen a esos funcionarios, escuche lo que dice la población y que tome decisiones que sabemos no van a dejar satisfechos a todos, pero que por lo menos le sume credibilidad al proceso.

¿Cuánto afecta el hecho de que el partido de gobierno proponga a los mismos árbitros?
Aquí no hay que ver con ligerezas las propuestas, no es tan fácil la descomposición de una institución como el CSE, y nos podría acarrear serios deterioros hacia el futuro, e incluso, para el FSLN como partido, que ha ido avanzando en medio de todas las contradicciones y dificultades, ha ido avanzando en varios aspectos económicos y sociales, infraestructura productiva, más un trabajo de hormigas, la disciplina partidaria. Yo no descartaría aquí que el FSLN pudiera ganar limpiamente las elecciones en 2011, al igual que las puede ganar el PLC o una coalición.

Entonces, el primer y gran interesado en que realmente se resuelva el problema de falta de credibilidad de ese Poder Electoral, debería ser el FSLN que va avanzando y van haciendo esfuerzos, que pueden tener luego una proyección política para las elecciones. Entonces el FSLN, que sabe que puede ganar, debería ser el primero en garantizar que ese organismo que va contar los votos, sea creíble y certifique que las cosas fueron limpias y legitime esa victoria.

En política no hay escudo más democrático que unas elecciones limpias, entonces qué hacer, hay que buscar consenso que quienes tienen la decisión inmediata de esos nombramientos, no vean esa selección de manera ligera. A lo inmediato quizá no se logre lo más deseable, pero sí lo más viable, y lo más viable no sería mantener las cosas sin moverlas, porque si no se mueve nada, sería peor.

Y si se logra dar garantías que aseguren credibilidad y transparencia, con observadores nacionales e internacionales, será mejor. Si yo tengo la seguridad de que he hecho las cosas bien y sé que puedo ganar limpiamente, a mí me interesa que haya observación electoral como lo hicimos en el 90.

¿Será que el Frente tiene miedo de perder si no es con el mismo CSE?
Creo que no hay que ir a las elecciones con temor a perder. En toda elección hay dos grandes ganadores, el que queda en el Ejecutivo, y la fuerza que queda en la oposición, entonces un gobierno fuerte y legitimado, con una oposición conforme y consciente de que perdió en buena ley, son capaces de trabajar con sentido de nación superior, ambos quedan con poder Una cosa que quiero anotar aquí, es que cualquier nicaragüense --sea sandinista, liberal, conservador o de donde venga-- puede ocupar un Poder del Estado o un cargo, y desempeñar el papel con eficiencia, todo es que actúen de cara a la ley y no de manera partidaria.

Lo malo no es ser sandinista y ser funcionario público. Lo malo es que el partido le diga que debe manejar una institución como un trapo y no conforme a las leyes.

Pero el presidente Ortega ha violado la Constitución, con la sentencia emitida por magistrados sandinistas para reelegirse, con el nombramiento de funcionarios sin la ratificación de la Asamblea y con el decreto que prorroga el período de funcionarios públicos. ¿Cómo ve eso?
Aquí una cosa grave es la falta de comunicación, consenso y diálogo entre las fuerzas políticas, que provocan que, por ejemplo, en la Asamblea Nacional cuando llega alguna iniciativa de ley, se bloquee por intereses políticos, y quizás sea una ley de beneficio social, entonces esas cosas no deben suceder, ya que al final por diferencias políticas se afectan los intereses de la nación muchas veces.

Creo que las fuerzas políticas deben dialogar, discutir en torno a las leyes y llegar a un consenso para todos, y navegar en un barco de intereses afines para la nación.

El problema para mí, es que a estas alturas se han dado una serie de pasos en uno y otro lado, que no pueden continuarse, porque el respeto a la Constitución debe establecerse como criterio de discusión política en el marco de la consolidación de la democracia y dejar de lado las diferencias.

¿Cuál sería la salida para que el país avance?
El problema principal es que no hay proyecto de nación que pase más allá de los cinco años, porque cada gobierno que llega, quiere imponer su marca, y eso pasa por borrar al otro, lo cual no debería ser así si existiera un proyecto de nación. Es urgente acabar con esa política.

Por eso para mí el centrismo es una salida, y no como la tercera vía, sino que siendo pragmático, proponer que los componentes del poder, toda la ciudadanía desde donde estemos, presionemos para que se pongan de acuerdo y hagan funcionar la situación. No estamos pidiendo que se hagan santos, lo que pedimos es que hagan las cosas más responsablemente, es todo lo que se espera y se debe exigir.

Se necesita una reflexión profunda sobre lo que hacemos por este país, que incluya a todos los sectores, incluyendo los medios de comunicación, de repente, a veces, los medios más que informar a la ciudadanía a orientarse e informarse, estamos criticando políticamente como trinchera política; de pronto alguna gente deja de consumir ese medio porque se ven como alineados a un lado o a otro, y los medios no deberían estar de un lado o del otro, sino beligerantes informando, madurando, sin ser fichas del poder establecido, o del poder no establecido, sino con equilibrio.

¿Cómo ve la decisión del gobierno de no dejar que los medios no oficiales cubran sus actividades?
Creo que hace falta más ejercicio de comunicación del gobierno ante los medios. En la medida en que uno no explica bien las cosas, se hace misterio, y quizá si uno explica con claridad lo que se hace o no se hace y por qué no se hace, estar constantemente informando, se despeja el misterio, y hasta como estrategia es buena la comunicación, uno puede al informar, dejar sin recursos de ataques a los críticos.

Los medios pueden denunciar las cosas de manera firme y respetuosa, buscando la mejoría de las cosas y no destruyéndolas, las críticas deben ser constructivas, sugerentes de cambios y denunciadas con valentía, pero con respeto y propositivas.

El primer interesado en buscar a los medios es el gobierno, para dar a conocer sus logros y someterse a la crítica ante la ciudadanía, con el fin de recoger las buenas críticas para ayudar a mejorar las cosas, porque nadie es perfecto, y para corregir las cosas que se hagan mal, porque en todo estado hay cosas malas, y hay cosas buenas.