José Adán Silva
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El doctor Danilo Aguirre, enorme y parsimonioso, salió de su oficina de redacción con un papel en la mano. Intuí a lo que venía cuando lo vi detenerse en mitad de la redacción, buscarme con la vista y luego de distinguirme, caminar decidido hacia mi esquina alzando el papel hasta ponerlo sobre mi escritorio.

“José Adán, te traigo un tema muy bueno”, me dijo, al tiempo que yo fijaba los ojos en el texto recién puesto a la par de mis libretas de anotaciones. Leí el título del texto: “El militar que no mató a una cabra con la mirada”.

Alcé la vista con curiosidad y ya el director del diario me empezaba a explicar el motivo de mi misión: “Filmaron una película sobre Michael Echanis. Ahí te lo dejo para que lo trabajés”, dijo, y luego dio la vuelta, buscó a alguien más y se fue de mi esquina en la sala de redacción.

“Vaya trabajo”, pensé. Ahora tengo que saber quién es el tal Echanis, por qué filmaron una película basada en él y qué tenía que ver todo eso con Nicaragua.

La lectura del texto me indicó un poco el rumbo del trabajo: “La personalidad de Michael Echanis flota sobre el fantástico origen de la última película de George Clooney”.

La película

La película se llama “The Men Who Stare at Goats”, es una comedia que traducida al castellano significa “Los Hombres que miraban fijamente a las cabras”. Se filmó en 2009 y a la fecha no sé si ya se estrenó, qué suerte ha tenido.

La película está basada en la historia real de un experimento militar del Ejército de Estados Unidos, que intentaba crear una fuerza elite de guerreros con poderes psíquicos y habilidades de lucha más allá de las normales.

La finalidad era crear una especie de Ninja, Jedi y Rambo, capaz de matar a una cabra mirándole fijamente hasta paralizarle el corazón, como lo practicaron muchas veces en Fort Bragg.

Echanis era el abanderado de esas prácticas y uno de los discípulos más aventajado de una escuela coreana de técnicas especiales de lucha, que dizque incrementaba las habilidades paranormales de los guerreros.

El coronel Francisco Barbosa Miranda, director del Centro de Historia Militar del Ejército de Nicaragua, explicó quién era este Michael Echanis y cómo llegó a Nicaragua.

La cantina como escuela

Echanis nació el 16 de noviembre de 1950 en Ontario, una comunidad campesina de Oregon. Tuvo una infancia difícil con su padre, que regentaba una taberna con billares y mesas de póquer donde se libraban a diario peleas de borrachos. Ahí el joven aprendió a fabricar bombas y a conocer técnicas y mañas de peleadores callejeros.

Al acabar la escuela Secundaria, en 1969, se alistó en el Ejército y en marzo de 1970 llegó a Vietnam con el 75 Regimiento Ranger, unidad de operaciones especiales encargada de dar golpes de mano a los insurgentes y sigilosos vietnamitas.

No estuvo mucho en el frente. El 7 de mayo su convoy sufrió una emboscada y resultó herido cuatro veces. Dicen que aún herido no se rindió y siguió disparando hasta que llegaron los refuerzos, según el informe oficial de la concesión de la Estrella de Bronce, que le entregaron por heroísmo bajo fuego enemigo.

Regresó a casa en abril con 29 bajas enemigas atribuidas en aquella acción y fue licenciado como sargento mayor en diciembre de 1970.

Tras su recuperación en un hospital de San Francisco, se sumergió en el aprendizaje del Hwa Rang Do, un arte marcial coreano que incluye el control mental, la percepción extrasensorial y el desarrollo del sexto sentido.

Guerreros Jedi

Se especializó en el uso de cuchillos y armas Ninja, y fue contratado por el Ejército en 1975, para enseñar técnicas de lucha y de invisibilidad a las Fuerzas Especiales en el Fuerte Bragg.

De acuerdo con un reportaje publicado en la revista Soldados de Fortuna, la revista de los mercenarios cazafortunas, Echanis quería que sus alumnos dominaran el Ki, una supuesta fuerza interior que le permitía resistir como si nada el paso de un jeep por encima del abdomen y matar a un hombre de un solo golpe en el corazón.

El militar estadounidense parecía el candidato principal para hacer realidad un proyecto de súper-soldado, según lo develó el periodista Jon Ronson, autor del best seller (que lleva por título la película de Clooney), que sacó a luz en 2004 el disparatado proyecto de crear guerreros capaces de levitar, atravesar paredes, ver desde lejos los movimientos del enemigo y gracias al poder de la mente, hacerse invisibles y matar con la vista, como lo intentaron hacer sin éxito con las pobres cabras del experimento.

Sin quererlo, las guerrillas del Frente Sandinista hicieron una jugada que sacó del proyecto a Echanis y lo confrontó con Somoza, y posiblemente con la CIA.

El coronel Barbosa recuerda que en 1977, mientras trabajaba como Jefe de Instructores para una sección de la División de Operaciones e Inteligencia en Fort Bragg, Carolina del Norte, Echanis conoció a Anastasio Somoza Portocarrero mientras éste tomaba un curso de especialización militar.

Gusto por la sangre

Fue contratado junto con otro soldado de igual calidad --compañero de armas de Echanis-- llamado Charles Sanders, para asesorar la Guardia Nacional, especialmente a los alumnos de la temida Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería, EEBI, a quienes en los entrenamientos les inculcaba que ellos eran tigres, y que estos se alimentaban de sangre, y no de cualquiera, sino del pueblo.

Participaron en operaciones de inteligencia y se les achaca a ellos, junto a los mandos de la Guardia Nacional, su involucramiento en los programas de Contrainsurgencia que les hizo responsables de la muerte de muchos campesinos de la zona norte de Nicaragua, donde se movilizaban las columnas guerrilleras.

Roberto Sánchez Ramírez, periodista, historiador y miembro de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, cuenta que en agosto de 1978 se da el asalto al Palacio Nacional, con el comandante Edén Pastora al frente de una columna sandinista en la que participaban el ahora general retirado Hugo Torres y la guerrillera Dora María Téllez.

Ahí secuestraron a miles de personas, incluyendo diputados y parientes del dictador Anastasio Somoza Debayle.

Sánchez, quien cubría para el diario La Prensa la sección de policía y temas de seguridad, cuenta que en realidad quien contactó a Echanis y a Sanders fue el general José Iván Allegret Pérez, jefe de Operaciones de la Guardia Nacional.

Cara de asesino

El día de la toma del Palacio, Sanders y Echanis, dirigieron una brigada especial de la EEBI, a tomar por asalto el palacio e iniciaron un intercambio de disparos con los guerrilleros, lograron entrar a la planta baja del edificio y por helicóptero subieron al techo, dispuestos a batirse con los hombres del comandante Cero.

Al analizar la jefatura de la Guardia Nacional el escenario que significaría intentar matar a los guerrilleros, con tantos rehenes adentro, se dan cuenta que aquella maniobra resultaría en una masacre de proporciones increíbles.

Se le avisa al general Somoza la posibilidad, y éste ordena a Alegrett que retire a los soldados de Echanis lo más lejos posible, para iniciar una negociación para liberar a los rehenes.

“Yo conocí a Echanis en donde ahora es la comandancia del Ejército, que es donde quedaban las oficinas de Iván Alegrett. Era un tipo sucio, hediondo, peludo y con una cara de asesino, capaz de cualquier cosa”, recuerda Sánchez.

El historiador extrae de su memoria que la orden de Somoza provocó la ira y el enojo del general Alegrett y del mismo Echanis, así como de la EEBI y sus mandos, que vieron en la negociación con los rehenes una muestra de debilidad del general Somoza.

La versión del Chigüín

El hijo de Somoza Debayle, y director de la EEBI, Anastasio Somoza Portocarrero, contó a la periodista Xiomara Chamorro, en el año 2000, detalles de aquella situación que molestó profundamente al mercenario estadounidense.

“Cuando Hugo Torres y la Dora María Téllez se toman el Palacio con Edén Pastora de frente, porque ahí quienes daban las órdenes eran Dora María Téllez y Hugo Torres, da la casualidad que la unidad que había sido entrenada por oficiales de la Guardia con la asesoría de Echanis, iba pasando por la otra puerta, iba camino al polígono de Portezuelo y cuando los soldados oyen los tiros se bajan de los camiones y se meten al segundo piso del Palacio”, relató Somoza Portocarrero en esa ocasión.

“Eran 45 soldados altamente entrenados poniéndose las máscaras de gas, para entrarle a plomo al grupo de Hugo Torres y Dora María Téllez que se había tomado la sala del Congreso. Estaban listos para entrar, sólo tenían que correr los corredores, ya estaban en el techo, obviamente pidieron permiso y en ese momento en la cadena de mando pasó el general Somoza y dijo no”, contó el hijo de Somoza Debayle en Guatemala, hace diez años.

“Echanis pegaba alaridos y saltos, era un Rambo en su estilo, se fue a encajar en el Edificio Cerna a ver cómo hacía. Pasó como seis horas viendo cómo asaltaba el Palacio”, dijo Somoza Portocarrero.

Ira, conspiración y muerte

Luego de eso, recuerda Sánchez, estalló a lo interno de la Guardia Nacional, una serie de conspiraciones y acusaciones de oficiales que pretendían dar un golpe a Somoza.

Entre los principales conspiradores, molestos por la reacción de Somoza, se mencionaba el nombre del general Alegrett, quien se movía por todos lados con Sanders y Echanis.

En septiembre de 1978, rememora Sánchez, estalló la insurrección y las guerrillas atacaron cuarteles y convoyes de la Guardia Nacional en todo el país, provocando la reacción de la EEBI y el bombardeo de ciudades y supuestos campamentos guerrilleros.

Ese mes Echanis murió junto a su amigo Sanders y el general Alegrett, cuando el avión que pilotaba el Jefe de Operaciones se estrelló en las cercanías de Sapoá, supuestamente después de realizar vuelos de reconocimientos de campamentos guerrilleros del Frente Sur en la frontera con Costa Rica.

Las versiones posteriores indicaban que Echanis y Sanders murieron en medio de una conspiración de las fuerzas de inteligencia de la GN y la CIA, que pretendían erradicar a los oficiales que supuestamente pensaban derrocar al general Somoza.

La muerte del mercenario nunca se aclaró, porque luego el país entró en una guerra que concluyó el 19 de julio de 1979 y de Echanis lo último que se supo fue que dejó una carta a un periodista donde denunciaba lo que le terminó ocurriendo: que lo querían asesinar de una forma en la que no podía defenderse.