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Un grupo de mujeres de la zona rural de Madriz está dando lecciones de organización, esfuerzo y dedicación a nivel nacional e internacional, pues ha descubierto una salida a la situación de pobreza de sus hogares y de sus familias --de forma literal-- “en la luz del día”, lo que consideran una mina que debería aprovecharse mejor en toda Nicaragua.

Se trata de 19 mujeres organizadas en la Cooperativa Casa Centro Solar de Totogalpa, quienes han hecho de los rayos del Sol el combustible único de los productos que elaboran para el hogar, los mismos que han demostrado su eficiencia, utilidad y viabilidad; dentro y fuera de nuestro país.

Nimia López, Coordinadora de Producción del proyecto, explicó que ellas producen ecofogones, unos aparatos modestos e innovadores que sustituyen el uso de tanques de gas licuado en las cocinas, ya que aprovechan los rayos del Sol. Señala que los ecofogones también tienen otra ventaja: reducen el gasto del presupuesto familiar.

Productos
“Es una especie de horno que funciona a base de radiaciones solares, las que se reflejan en unos vidrios o espejos que se calientan con facilidad por la radiación. Luego esto se convierte en calor, el que equivale a energía”, explicó López.

“Calientan igual que un horno doméstico o comercial, y hasta mejor, porque estamos cocinando netamente con energía solar… sin gastar un centavo”, agregó la coordinadora, quien expuso su iniciativa en la XIV Feria de Energía Renovable y Vida Sostenible, realizada el jueves pasado en la Universidad Nacional de Ingeniería, UNI.

En esta exposición hubo 35 proyectos de distintas universidades, de instituciones del Estado y de empresas privadas, pero estas mujeres llamaban la atención de forma singular a los visitantes, por los curiosos instrumentos y aparatos que exponían.

López explica que de 20 personas, sólo un hombre forma parte del proyecto. Alzando la mirada, recuerda que “los inicios fueron duros”, ya que antes sólo contaban con cuatro integrantes, que “eran mujeres con iniciativa propia y con ganas de hacer algo distinto”.

Historia
Esta historia inició en la zona fronteriza norte de nuestro país, en el departamento de Madriz, en Totogalpa, comunidad de 12 mil habitantes. “La idea creció porque en nuestro municipio el principal rubro es la agricultura, y nosotras cuatro quisimos cooperar con el fortalecimiento de nuestro municipio”, señala. Nació de una iniciativa promovida por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, y la Organización de Naciones Unidas, ONU. La primera fase se desarrolló en Masaya.

“Nos llamó mucho la atención porque era un proyecto sencillo, pero apoyado por organizaciones internacionales, sin embargo, había el problema de que sólo estaban presentes en Masaya”, dijo López.

Ellas lograron comunicarse con distintos representantes del PNUD, hasta que pudieron contactactarse con Susan Kinnd, Directora del Programa Fuentes Alternas de Energía, de la UNI, quien las sigue apoyando. “Se desarrolló como un proyecto para todos los afectados por las minas en el norte del país”, explicó.

Se organizaron para buscar fondos para su iniciativa, y la señora Kinnd, según ellas, las motivó e impulsó en cada fase. Las remitió a distintas capacitaciones impartidas por la misma universidad, pero el reto más grande fue aprender a construir los hornos y paneles fotovoltaicos.

Aprendiendo
Sus mentores fueron los miembros del Centro Girasoles de Masaya. “Ellos fueron nuestros profesores”, recuerda López, quien señala como “lo más duro” emprender y tomar la iniciativa en este tipo de municipio, Totogalpa, que es un verdadero reto”.

En el Centro Girasoles les enseñaron a construir los hornos, según ella, y fue una etapa dura, porque ninguna sabía trabajar con los materiales. “Pero con paciencia, aprendimos”, relata, al recordar tres meses intensos y difíciles, porque “teníamos que aprender el proceso y el porqué del proyecto, así como su funcionamiento”.

Los materiales que utilizan para elaborar sus productos son zinc, vidrio, láminas de metal y madera. Dos días invierten en la fabricación de un horno, cuando trabajan dos personas, explica López, quien asegura que ya están comercializando y con lo recaudado compran más materia prima para seguir produciendo. “Es un negocio que se vale por sí mismo”, aclaró.

Concursos
La primera vez que se presentaron en un concurso fue en 2006, en el premio de Energía Renovable y Ahorro, ERA, una iniciativa del Instituto Nicaragüense de Desarrollo, INDE, que reconoce aquellos proyectos en funcionamiento que se basan en el uso de la energía renovable.

Lograron obtener una mención especial, pero no se dieron por vencidas. Al año siguiente obtuvieron el segundo lugar, y fue hasta en 2008 que ganaron su primer “Premio a la Excelencia”, con el que obtuvieron 25 mil córdobas en efectivo. Su persistencia continuó, y el año pasado lograron el deseado primer lugar.

Este premio incluye una estatuilla y 30 mil córdobas en efectivo, explicó Adriana Espinales, Coordinadora del Premio ERA. “Con todos los premios en efectivo íbamos mejorando el proyecto y la composición de nuestra cooperativa”, dijo López.

Sin embargo, el premio internacional Feed, donde representaban a Nicaragua, fue el que más les impactó.

“Nosotros aplicamos y no teníamos muchas expectativas, pero valía la pena intentarlo. Creíamos que las posibilidades eran difíciles para nosotras, ya que estaban compitiendo países como México y otros más desarrollados que el nuestro”, expresó.

Aun así, la cooperativa obtuvo el primer lugar, y con ello 25 mil dólares en efectivo. Con este dinero se independizaron, legalizaron la cooperativa y se expandieron a nuevos proyectos. “Lo más importante que logramos con esta independencia es que podemos capacitar a otros”, manifiesta.

Ganan respeto en la comunidad
A pesar de contar con el respeto de su comunidad, la Cooperativa de Mujeres de Totogalpa es una fundación con mucho por recorrer. Según López, “nos han funcionado bastante estos proyectos, pero todavía nos falta la aceptación del público”.

También especificó que el mayor reto es satisfacer a las personas de su comunidad y que éstas aprecien la labor que realizan no sólo por el emprendimiento, sino en la conciencia social y ambiental. “Es bastante difícil que la gente acepte lo que hacemos”, señaló.

Para pertenecer a esta organización existen requisitos, entre ellos, trabajar voluntariamente unas 50 horas, participar en las distintas capacitaciones, tener un rango de edad entre los 18 y los 50 años, escribir una carta de petición de ingreso y esperar la decisión de la Junta Directiva. “Pero lo primordial”, recalcó López, “es ser una mujer trabajadora, luchadora y esforzada”.

Restaurante solar
Como proyectos futuros, consideró la construcción de un restaurante solar donde se utilicen ecofogones, hornos y paneles. Todo con base en energía renovable y materia orgánica. Esperan que dicha estructura esté compuesta de adobe.

“Es un proyecto pensando en nuestro ambiente, y es una forma de promover nuestros productos, por eso estamos trabajando y esperamos que se concluya dentro de un año”, apuntó.

El proyecto del restaurante solar renovable ahora es financiado por el PNUD, pero la cooperativa contribuye con la fabricación de los adobes de las paredes que usarán para la construcción del mismo. “Ésta es una forma de independizarnos más y de fortalecernos como empresa y, sobre todo, como cooperativa”, reconoce López.

Adelantó que se encuentran trabajando en otros proyectos con fines sociales, de energía renovable y ahorro; con el apoyo de diferentes alcaldías de la región norte y del Instituto de Promoción Humana, Inprhu. Ellas agradecen el soporte especial que les ha brindado la Alcaldía de Totogalpa.

¿Dónde y cuándo encontrar mejor brillo solar?
Los miembros de la Cooperativa Casa Centro Solar de Totogalpa toman en cuenta la ubicación geográfica y los niveles de brillo solar que reporta el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), ya que se trata del combustible de los aparatos que fabrican.

La insolación máxima anual en Nicaragua, según datos del Ineter, se presenta en marzo con valores que oscilan entre 317 y 270 horas de brillo solar, mientras los niveles mínimos se registran en el período lluvioso, sobre todo en junio y septiembre, con valores de entre 216 y 215 horas de sol, respectivamente.

La insolación en la región del Pacífico varía de 317 a 215 horas de brillo solar, observándose los valores máximos en Corinto, de 317 horas. “A partir de esta localidad los valores decrecen hacia la porción occidental y sur de dicha región, localizándose el mínimo de éstas en Managua, con 161 horas de brillo solar”, reza un informe del Ineter.

En las regiones Central y Norte, la insolación aumenta del centro hacia el norte, hasta alcanzar un valor de 280 horas sol en San Isidro. Los valores disminuyen hasta 242 horas de brillo solar, en la estación de Condega.

Las regiones autónomas del Atlántico registran su máxima insolación en Puerto Cabezas, con 245 horas, mientras que su mínima se reporta en San Carlos, con 210 horas de brillo solar.