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El pasado 22 de abril, la Comisión Ballenera Internacional, CBI, hizo pública la propuesta de que en cinco años Japón tendría que disminuir en tres cuartos la cantidad de ballenas que mata.

Bajo la propuesta, la cuota de Japón en el Antártico bajaría a 410 ballenas la próxima temporada y a 205 en la temporada 2015-2016.

En la actualidad, Japón tiene previsto cazar entre 765 y 935 ballenas en cada temporada en el Antártico, aunque su última caza fue de 507 ejemplares debido al fuerte acoso de los ecologistas.

La propuesta será votada en un encuentro que se realizará en junio, en Marruecos, y fija un plan a diez años en el cual Japón deberá reducir --aunque sin poner fin por completo-- su caza de ballenas en el Océano Antártico, una práctica muy criticada por Australia.

La Comisión, que condujo meses de negociaciones entre las grandes potencias, indicó que el paquete representa un “delicado balance de concesiones” y que “no se puede decir que nadie salga ganando o perdiendo”.

El compromiso también permitiría la caza de ballenas en esos 10 años por parte de Noruega e Islandia, y a la flota japonesa en el Océano Pacífico. Pero impediría que cualquier otro país se incorpore.

Ambientalistas preocupados

Grupos ambientalistas nicaragüenses también han hecho pública su preocupación, ya que después de 24 años de prohibición de caza de ballenas, demandaron al gobierno de Nicaragua que defina la posición de su participación en la CBI.

“El Comité Ballena Azul se unió a las organizaciones latinoamericanas conservacionistas en una campaña para evitar que los gobiernos acepten la propuesta que será publicada por un grupo consultor de la CBI, y será votada en la reunión anual de la CBI en el mes de junio en Marruecos”, indicó Yanina Luna, del Comité Ballena Azul.

“De ser adoptada en ese momento, levantaría la moratoria internacional sobre la caza comercial de ballenas que existe desde 1986, y otorgaría cuotas de caza a Japón, Noruega e Islandia, por un periodo de diez años”, lamentó Luna.

Millones por turismo de avistamiento

Además, instó al gobierno a defender a las ballenas, ya que el país tiene un ingreso de aproximadamente 2 millones de dólares anuales producto de actividades turísticas con cetáceos (ballenas y delfines), según el Informe sobre el Estado del Avistamiento de cetáceos en América Latina elaborado por Global Ocean y el Fondo Internacional para la Protección de los Animales y su Hábitat en 2007.

La miembro del Comité Ballena Azul dijo que de cara a la 62 reunión anual de la CBI que se llevará a cabo el próximo mes de junio en Marruecos, es necesario que se vote a favor de una posición conservacionista, en correspondencia con los compromisos adquiridos en convenciones internacionales en las que Nicaragua está adscrita.

Luna agregó que Nicaragua es firmante de la Declaración Universal sobre Bienestar Animal, DUBA, y una manera de hacer correspondencia entre las palabras y los actos, es “que se garantice la efectiva conservación de las poblaciones de ballenas, se mantenga la moratoria acerca de la caza comercial y la finalización de la falazmente llamada caza científica”.

“Nosotros, jóvenes conservacionistas organizados en el Comité Ballena Azul, estamos convencidos de la importancia de la protección de los cetáceos y de los beneficios sociales, culturales, ambientales, educativos y económicos. No aprobamos el uso letal de las poblaciones de ballenas y delfines a nivel mundial, por el contrario, estamos a favor de la protección y conservación del ecosistema marino”, afirmaron los ambientalistas.