•  |
  •  |
  • END

Contrario a lo que generalmente se ha pensado, no existió consenso bipartidista en el convenio del Espino Negro. Efectivamente, el Presidente Constitucional de Nicaragua, reconocido por México, doctor Juan Bautista Sacasa, desairó al Enviado Especial del presidente Calvin Coolidge, Mr. Henry L. Stimson, y se negó a acudir a la reunión de Tipitapa, en mayo de 1927.

En su lugar envió a tres delegados: los doctores Leonardo Argüello, Rodolfo Espinosa y Manuel Cordero Reyes, quienes tampoco aceptaron los Acuerdos de Paz de Stimson, que imponían por un año más en la presidencia, a Adolfo Díaz.

Después de la muerte del héroe Benjamín Zeledón, en 1912, León fue la última plaza que se rindió ante los invasores. El jefe político y militar de León era el doctor Leonardo Argüello, el doctor Rodolfo Espinosa había sido nombrado Presidente Provisional por la revolución, mientras el doctor Juan Bautista Sacasa trabajó en hospitales de campaña, atendiendo a las tropas liberales. Tenían, pues, experiencia en enfrentar a los norteamericanos.

Stimson se reúne entonces con el Ministro de Guerra de Sacasa, José María Moncada, a quien soborna ofreciéndole la presidencia. En media hora de plática, éste acepta traicionar a su jefe y a su partido. Moncada, a quien Sandino llama “tránsfuga conservador”, había participado en la revuelta contra el presidente Zelaya en 1909, en complicidad con el Cónsul norteamericano en Bluefields, y con el dueto Adolfo Díaz–Emiliano Chamorro. También aplaudió la infamante Nota Knox, por medio de la cual Estados Unidos derrocó al presidente José Santos Zelaya.

Para convencer a los generales liberales, Stimson y Moncada amenazan, chantajean y luego los sobornan, ofreciéndoles cargos en el gobierno de Díaz. Sacasa y su gabinete, aislados en Puerto Cabezas, se rehúsan participar en tal reparto, protestan al Departamento de Estado por su injerencismo y se marchan a Costa Rica.

Moncada le ofrece a Sandino la jefatura política de Jinotega. Pero Sandino se da cuenta de la traición a la tradición antiimperialista de Zelaya, Madriz y Zeledón, y se va a Las Segovias a defender la Constitución y la Soberanía Nacional.

Memorias de Stimson

Todo lo anterior es confirmado por Stimson en sus memorias, uno de cuyos capítulos fue publicado por Aldila editor bajo el título la política de los Estados Unidos para Nicaragua (julio, 2004), cuando en la página 67 nos dice que: “El 27 de abril (1927) recibí mensaje de que el doctor Sacasa, aunque declinaba venir a Managua personalmente, había designado a los doctores Rodolfo Espinosa, Leonardo Argüello y Manuel Cordero Reyes como delegados suyos y que ya estaban en camino desde Puerto Cabezas”.

“Durante los dos días siguientes el (embajador ) señor Eberhardt y yo estuvimos en pláticas con estos delegados… pero guardaron absoluto silencio únicamente respecto al punto del período pendiente del presidente Díaz, y al término de dos días con desgano llegué a la conclusión de que no podían o no querían convenir expresamente esa condición indispensable”. (p. 68).

Imaginemos la ira del Enviado Especial norteamericano al comprobar que ni con todos sus marines y sus barcos de guerra podía convencer a aquellos tres civiles que, armados tan sólo con sus principios, le estaban impidiendo “concluir el asunto que él deseaba arreglar”, tal como le había orientado Coolidge.

Pero, Stimson no podía regresar con las manos vacías a su país. A través de los delegados de Sacasa llama al general Moncada, cuyas tropas triunfantes se hallaban en Boaco.

“Cuando la madrugada del 4 de Mayo entramos a Tipitapa, Moncada y los tres oficiales norteamericanos nos esperaban”, dice Stimson en la página 70 de su libro.

“Él y yo nos sentamos bajo un gran árbol de Espino Negro junto al lecho de un río seco. Habló en inglés con inusual sencillez y corrección. No necesitamos intérprete. En menos de 30 minutos nos entendimos mutuamente y arreglamos el asunto”.

Luego el enviado de Coolidge se deshace en elogios hacia Moncada y dice: “Aunque liberal, no dudó en oponerse al tirano Zelaya en l909. Moncada había sido amigo de la influencia de EE.UU. en Centroamérica”.

Sofonías Salvatierra, por su parte, describe así la situación. “El coronel Stimson y el general Moncada, separándose de los otros tres (los delegados liberales), hablaron para ellos solos, y de allí resultó que, sin convenir en nada con los delegados, todos se fueron a Managua, inclusive el general Moncada”.

“Por fuerza de lógica todo indicaba que este jefe había convenido la paz con Stimson, bajo la condición de que él sería el futuro Presidente”.

“Había resuelto traicionar a los suyos a cambio del visto bueno de Washington a sus aspiraciones presidenciales”. (Véase Selser, G. Sandino. Aldila Editor, 2004: 207).

El Ejército Liberal Constitucionalista

Moncada teme que sus generales no acepten que Adolfo Díaz continúe en la presidencia, y pide ayuda a Stimson para intimidarlos.

Le solicita que le envíe una carta que incluye promesas y amenazas. En la página 71 de su libro, Stimson escribe que “conforme a su solicitud (de Moncada), allí mismo llamé a mi secretario y le dicté la siguiente carta: «para el estimado General Moncada»”. La misma dice en su parte conducente: «… y que las fuerzas de los Estados Unidos serán autorizadas para aceptar la custodia de las armas de aquellos que deseen deponerlas, incluyendo el gobierno, y para desarmar por la fuerza a aquellos que no lo hagan. Muy respetuosamente Henry L. Stimson». (Stimson, H.L., 2004: 72).

En la segunda carta (11 de mayo), Stimson asegura: “He recomendado que sean nombrados Jefes Políticos liberales en los seis departamentos liberales de Bluefields, Nueva Segovia, Estelí, Chinandega y León”. (Stimson, H.L., 2004: 75).

El general Sandino acusó a Moncada de haber reconcentrado a todo su ejército y permitido a los yanquis ocupar los lugares altos de Tipitapa, para que las tropas liberales no ofrecieran resistencia.

En la página 214 de su libro Sandino, Selser (Aldila, 2004) reproduce un escrito del lugarteniente de Moncada, general Heriberto Correa, quien afirma que “el cuatro de Mayo (1927), momentos antes de que regresáramos con el general Sobalvarro, al Cuartel General, fuimos llamados por el general Moncada, quien nos habló de la forma siguiente: Yo no tengo deseos de inmortalidad, es decir, no quiero ser un segundo Zeledón. Ya estoy viejo, y si puedo vivir unos años más, cuanto mejor”.

Correa relata que el día 11 de Mayo se produjeron “nuevas reuniones bajo el Espino Negro, y en ellas nuevos discursos. Se leen memorandos tras memorandos y no queriendo darse por vencido, al tomar la palabra el general (Carlos) Castro Wassmer (padre de Edwin Castro Rodríguez), propuso a Mr. Stimson el que se le concedieran unos tres días de plazo para resolver el desarme, así se podría ir a Managua a consultar con los amigos”.

En ese momento sale a relucir la soberbia imperial de Stimson, quien ha visto su posición fortalecida por la complicidad de Moncada: “La contestación fue terminante --afirma Correa--. Esto debe terminar ya, dijo Mr. Stimson, con los políticos ya no se puede tratar. Hemos estado perdiendo el tiempo lastimosamente. Además, ya no queremos nada con los políticos de Puerto Cabezas, los cuales se dedicaron únicamente a atacar al Departamento de Estado. Por consiguiente, es el Ejército el llamado a pronunciar la última palabra”. (Selser, G., 2004: 215)

Sacasa: No hay acuerdo
La agencia AP registra los acontecimientos así: “México, AP. El señor (Pedro J.) Zepeda publica un despacho del señor (Juan B.) Sacasa que dice: Sírvase desmentir categóricamente las informaciones de haberse llegado a un acuerdo entre Mr. Stimson y los liberales, sobre desarme de las fuerzas populares que apoyan a mi gobierno. Ni éste ni el pueblo soberano de Nicaragua ni el ejército constitucionalista aceptarán jamás al señor Díaz como presidente. El plazo fatal fijado por los invasores para que los liberales entreguen sus armas expira hoy, pero como los liberales están unidos en la lucha como un solo hombre, pensamos habrán de producirse inevitablemente hechos sangrientos. Notifique usted al mundo entero, que los soldados que desde hace más de un año soportan una vida de lucha bajo las más grandes penurias, preferirían ir a la muerte antes que aceptar la deshonra. Sacasa”. (Selser, G., 2004: 221).

En la página 222, Selser registra que “el mismo día en que los representantes de Sacasa, Cordero Reyes y Espinosa, informaban a Moncada su resolución de no aceptar las condiciones de Stimson, “el ex vicepresidente Sacasa enviaba un memorial al Departamento de Estado, rechazando toda responsabilidad por el derramamiento de sangre que pueda resultar de la ejecución del Edicto de Paz por los Jefes Norteamericanos”.

Agrega Sacasa: “Contrariamente al tenor de los informes semioficiales de Managua, no he dado mi consentimiento a las condiciones de paz de mister Stimson. En consecuencia, y no obstante la acción de las Fuerzas Navales de Estados Unidos, sólo me veré obligado a suspender las actividades militares cuando tenga el convencimiento de que así serviré mejor los intereses del pueblo nicaragüense, preso sin remedio en las garras de un poder extranjero”.

Por su parte, el doctor Carlos Cuadra Pasos, quien fuera canciller del gobierno de Díaz, también le niega legitimidad a los acuerdos promovidos por Stimson, cuando nos dice: “No se podía tomar como autorización el pacto del Espino Negro, por cuanto tuvo caracteres de una doble imposición. Con la mano derecha hacia Díaz, con la izquierda hacia Moncada. No existió trato directo entre las fuerzas conservadoras y las fuerzas liberales. El gobierno del doctor Juan Bautista Sacasa no había aceptado el convenio, y más bien abandonó el territorio en forma de vencido protestante, dentro de nuestras costumbres. Una parte del ejército que obedecía al general Moncada había también desconocido lo pactado, alejándose hacia el norte, al mando de Sandino, para emboscarse en son de guerra de montaña”. (Historia de medio siglo. Ed. El pez y la serpiente, 1964: 140).

Sandino: defensor de la Constitución

Sandino se erige entonces en el defensor de la Constitución Política y de la soberanía de Nicaragua, violentadas por la Intervención norteamericana. Apoya a Sacasa no tanto como persona, sino por su investidura de Presidente Constitucional, que da continuidad al Estado de Derecho, roto por el Golpe de Estado de 1925, legalidad que, según sus propios valores ético-morales, debía prevalecer en su patria.

En su manifiesto del 14 de noviembre de 1927, Sandino se presenta como un luchador constitucionalista: “Augusto C. Sandino, General en Jefe del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, en uso de las facultades concedidas por el mismo ejército y en apoyo a la Constitución Política de su patria…”. (Selser, G., 2004:306).

El 17 de julio de l927 lanza un manifiesto en el que dice: “(queremos) demostrar que es una fuerza organizada la que permanece protestando y defendiendo los derechos constitucionales del Dr. Sacasa”. (Selser, G., 2004:286).

“El Ejército Defensor de la Soberanía Nacional no apoya ni defiende caudillos. Su lema está ajustado al más sagrado principio de libertad y valor, y en el sentido político sólo reconoce la legalidad de las elecciones recaída en el Dr. Juan Bautista Sacasa, emanada de la voluntad soberana del pueblo”. “Si el presidente constitucional de mi patria fue arrojado de nuestro suelo par la fuerza de los yanquis y villanamente traicionado por su principal jefe militar, a quien confió el mando de su ejército, el puñado de valientes que defiende, a expensas de su sangre, la legalidad de su elección, aun conserva en una mano el símbolo de la patria y en la otra el rifle que defiende y defenderá los derechos de la nación, tantas veces escarnecidos y humillados”. (Selser, G., 2004:286-287).

Mayo, 21, 1927. Juan Sacasa, Leonardo Argüello y compañeros viajan a Costa Rica. Son recibidos como héroes. Pero Sacasa no es Zeledón. Ya sin ejército, abrumado por la traición de Moncada, se retira de la contienda armada, y a su paso por Guatemala dirá: "Reconozco el gesto patriótico de Sandino, aunque comprendo que, dada la desproporción de la lucha, no puede tener la menor esperanza de triunfo".

Estados Unidos, empero, no perdonaría la actitud patriótica de Sacasa y de Argüello en el Espino Negro, y los echaría sucesivamente de la presidencia, utilizando los instrumentos creados por Stimson: un Partido Liberal domesticado por Moncada y una Guardia Nacional envilecida por Somoza.

A la guardia, Sandino la señaló, hasta el día de su muerte, como inconstitucional.