Luis Galeano
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Danilo Aguirre Solís detiene el “clack, clack, clack, clin” de su inseparable compañera, Olympia, gira hacia su izquierda en busca del papel que contiene la principal noticia del día siguiente, lo toma en sus manos, lee detenidamente los primeros párrafos, rascando o acariciando su barbilla, voltea nuevamente, ubica su vista en el escrito que desesperado por saber su encabezado, aguanta nuevamente el golpeteo de las teclas que estampan: Infierno en “La Esperanza”.

“La titulación es un arte”, dice este roble del periodismo en Nicaragua, cuando habla del oficio que practica profesionalmente desde hace 48 años, para luego acotar, “pero titular bien, es un bello arte”.

En esas casi cinco décadas, le ha tocado titular noticias de todo tipo, desde las más tiernas, sublimes y victoriosas, como el triunfo de la Revolución Popular Sandinista, “Vencimos y adelante”, hasta las más dolorosas para él como periodista, amigo y compañero de trabajo, la muerte de Pedro Joaquín Chamorro, bajo un encabezado que, según él, denotaba toda la rabia, el rechazo y repudio que sentía el personal del diario La Prensa y la población, sobre este hecho ocurrido a manos del somocismo: “Mandaron a asesinarlo”.

Titulares tienen alma
“Cuando dotas de belleza e inspiración la titulación, agregándole una serie de aditamentos en que se combine síntesis, claridad, que recoja todo el espíritu de la información, es decir, drama, humanismo o malicia, tiene que ser un título que lo transmita, igual si es científico o es de alerta y es en eso en que interviene la capacidad de titulación del editor”, dice el director fundador de EL NUEVO DIARIO, rotativo que esta semana cumplió 30 años de su primera edición.

La responsabilidad de poner los títulos a las notas le ha tocado desde que se metió al rollo del periodismo. Su despunte fue en el diario La Nación, afín al político conservador Fernando Agüero, en pleno auge de su popularidad, en 1963. Aguirre fue el último que apareció en el indicador como director de ese periódico, porque la represión somocista obligaba a muchos a renunciar a su labor. Luego trabajó en el diario “Extra” y en La Prensa.

“La titulación para mí es un arte y como todo arte tiene sus reglas y éstas han venido variando conforme lo ha hecho también la tecnología de la imprenta, porque ahora hay más liberalidad en cuanto a las reglas de medida, pues cuando el periódico se hacía en caliente, con plomo, las letras que se usaban para titular se medían por puntaje milimétrico y el titular más grande de una portada era de 120 puntos, que a veces aún en la actualidad lo hemos usado, aunque no nos bajamos nunca de 105 puntos.

Lo máximo que había eran unas letras de madera de 112 puntos, es decir, o te ibas con las de 120 o bajabas a 112, se trataba de medidas muy exactas, y eso implicaba que el titulador tenía que ajustarse a ellas al momento de pensar en un encabezado, hoy es distinto, porque la tecnología te permite variar en la computadora y ver si el alto de las letras te da para el principal o no, porque si le bajas mucho a la letra aparece como descabezado.

¿Qué influyó en usted en sus inicios como titulador?
El contexto, porque estábamos en plena dictadura somocista y el sentimiento de expresar el rechazo y la oposición a Somoza lo hacía a uno agudizar la mente para hacer que los títulos expresaran eso, luego me di cuenta de que se fue formando un tipo de escuela alrededor de eso que en otros países ya era avanzado, pero al inicio fue empírico.

Un ejemplo de todo lo que implicaba hacer un título fue cuando Somoza inauguró el Instituto Agrario que conllevaba una Reforma Agraria (1963-64), mandamos a hacer una foto al evento y cuando teníamos la información, para expresar ese rechazo tenía que hablar del acto en sí, y ponerle una dosis de cultura del pueblo y titulé “Los Somozas solo dan tierras en el cementerio” y fue la última vez que apareció el nombre del gerente del periódico La Nación, Frank Arana Valle, porque Luis Somoza mandó un telegrama violentísimo a mí y a él, y fue cuando me quedé solo en el indicador.

El título encerraba que se trataba de una repartición de tierras, hecha por los Somoza, y que eso no podía borrar todo el historial criminal del somocismo, es decir, era fortísimo.

Pero aprendí a ver títulos en el extranjero, miraba cómo los periódicos te presentaban la noticia en una sola línea, como “Heil Müller” (en lugar de Heil Hitler), un futbolista alemán que era el principal goleador al que admiraban mucho o cosas como “Müller 2 y el rival 0” o en el caso de los españoles que aunque son más líricos, te encerraban la noticia en un “Bravo fulano de tal” que era una manera de informar sobre la corrida de toros o como cuando murió el icono del cine mundial Marcelo Mastroianni, un italiano protagonista de películas de (Federico) Felinni, el periódico “Correo de la tarde” tituló “Chao Marcelo”, que me pareció hermosísimo y que mejor no podía ser.

La escuela de Horacio Ruiz
En Nicaragua también me inspiraron mucho los titulares que empezaba a poner el diario La Prensa, que quizás no tenían esa síntesis que luego fui logrando, pero sí recogían el espíritu de la noticia, eran títulos de un maestro como era Horacio Ruiz (q.e.p.d), de él yo recogí esa manera impactante de la titulación, porque la titulación debe tener eso, impacto. Me acuerdo que vinieron unos tanques israelitas que costaban mucho dinero y que solo servían a Somoza para una guerra que era contra el pueblo y Horacio tituló “Tiembla el pavimento y la economía nacional”, un poco largo, pero decía todo. El (título) del terremoto inolvidable, “Un ensayo del juicio final”, Horacio titulaba muy bien, atrapaba el alma de la información, porque ese título te encerraba todas las escenas apocalípticas que se veían, además una de las mejores crónicas, porque era un tremendo cronista.

Antes de que reapareciera el diario La Prensa, después del 19 de mayo de 1980, Aguirre hizo las primeras ediciones de Barricada y el primer título que puso sin objeto a discusión de parte de los nueve comandantes de la Revolución fue “Vencimos y adelante”. Luego, Aguirre y el ingeniero Xavier Chamorro Cardenal decidieron formar este medio de comunicación, cuyos títulos han sido historia por 30 años.

¿El estilo de EL NUEVO DIARIO de titular en una línea, cuándo nace, porque cuando se vinieron de La Prensa y por mucho tiempo se siguió titulando a dos líneas?
Nació con el proceso de modernización del periódico hace algunos años y eso nos ha obligado a desarrollar una mayor creatividad, porque el medio debía tener una característica, y cuando se decidió que era de una sola línea, me di cuenta de que implicaba un esfuerzo de poner la principal noticia en una línea y con esas características : interés, impacto, síntesis y precisión, un reto que lo hemos venido enfrentando y que me ha satisfecho más porque se ha hecho una escuela de ello, cuando veo en las ediciones que no estoy a cargo, a editores de turno, muchachos jóvenes, hacen ese mismo esfuerzo en un título de seis columnas, y uno dice, después de todo, no se lleva uno esas cosas a la tumba, algo vas dejando.

Hay quienes piensan que EL NUEVO DIARIO editorializa sus títulos, ¿usted cree que es así ,y si es así, cómo defiende esa manera de hacer títulos?
Lo que pasa es que hay muchos ingredientes del pasado, presentes, es decir, la lucha de la prensa libre contra el poder, que parece ser una constante interminable y eso no está ausente en el periodismo que hacemos.

Comparar el somocismo con el actual gobierno no es algo de más muertos o menos muertos, de lo que se trata es de hablar de elementos como los de antes, que eran brazos armados militares, con los de hoy que son brazos armados civiles, y si a eso le sumas el manejo de las instituciones a favor de un partido, ni siquiera el somocismo lo hizo, porque controlaba el poder a punta de plomo y garrote, la Guardia era la que tenía la última palabra, pero funcionaban una serie de instituciones que para burlarlas, el somocismo tenía un poco de más pudor, porque Luis Somoza para pasar el gobierno a su hermano tuvo que poner un interinato de René Schick, el mismo Tacho Somoza para reelegirse tuvo que firmar el pacto Kupia Kumi, con Agüero que no era Arnoldo Alemán ni Eduardo Montealegre, era un señor que tuvo detrás de él a toda Nicaragua, y no se les ocurrió que sus magistrados declararan la Constitución inconstitucional, es decir, cuando vez cosas que creías superadas o del pasado ahora no podés dejar de expresarlo en un título.

¿Cuál ha sido el título que usted siente ha expresado su sentimiento puro?
Bueno es medio difícil en medio de 48 años poniendo encabezados, pero creo que uno de los titulares que es quizás una de las mayores satisfacciones que yo me voy a llevar en mi vida, fue el de la muerte de Pedro Joaquín, porque si contenía la rabia y la furia que sentimos cuando lo asesinaron, es decir la impotencia en el grado sumo de ver caer a una persona que para nosotros representaba una serie de virtudes y paradigmas, además era la cabeza del diario, el primer descargue fue “Mandaron a asesinarlo”, para volcar las cosas hacia la dictadura, pero cuando lo estaban enterrando titulé “Lo enterrados serán ellos” en referencia al somocismo. Después del 19 de julio, luego de que la Guardia quemó la rotativa de La Prensa y logramos sacar el primer número en la Revolución, mi primer titular fue acompañado de un antetítulo: “Los dijimos: Los enterrados fueron ellos”, es decir se cumplió la sentencia y la reprodujo la misma mano que la había advertido.
 
Otro fue cuando mataron a Carlos Fonseca, que a pesar de que estábamos bajo la censura del somocismo, a los censuradores que revisaban lo que íbamos a publicar les metimos un título con un mensaje subliminal, con todo y que ellos que habían ordenado publicar sólo lo que decía un escueto comunicado del hecho, pero no lo vieron por ningún lado. El comunicado decía al final que los restos de Carlos serían enterrados en el sitio en el que cayó en las montañas de Zinica : “Carlos Fonseca queda en la montaña”, fue el hermoso título que decía la verdad, el espíritu de Carlos y su lucha quedaba en la montaña, en los guerrilleros y campesinos que creían en su causa.

¿En qué momento decide el título, es decir, lee toda la noticia o lo tiene listo antes?Es que cuando uno como editor va a tener a cargo un periódico, desde que abrís los ojos en la mañana incluso antes de que llegue ese día, debe tener su edición en la cabeza en dependencia de lo que esté ocurriendo y lo que transcurra en el día, aunque a veces hay noticias que ocurren en la mañana, como la de las Torres Gemelas, (“Como bombas atómicas sobre EU”) y desde ese momento pienso en un título, pero hay noticias en caliente que salen cuando le captas el alma o te la sugiere el redactor o el editor.

Lo que no se debe hacer
¿Qué no se puede hacer al titular?
Mentir no es permitido, ni legítimo, como una vez que un periódico tituló “Cayó Trujillo” y lo que quería decir es que el tirano de Dominicana se había resbalado y se había caído, es decir no se puede hacer esto con los lectores.

No podés poner en el título algo que no está implícito o explícito en la crónica del redactor. Por ahí alguien volcó todo su veneno con END, porque titulamos que Bayardo Arce había subestimado al FMI y el plumario de esta nota quería que tituláramos con las frases de acomodo con el Fondo que había también expresado el mismo Arce.

Pero, ¿qué era más noticia para titular? Lo obvio del acomodo o los ejemplos que Arce había puesto de otros países que se habían salido del (programa) FMI y que nada pasaría si lo hacía Nicaragua.

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