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La tarde culmina y el sol ya casi se oculta entre los piñales de Ticuantepe, en donde se cosecha la mayor producción de este fruto en el país. Por los cuatro costados del terreno hay cultivos de frutas y vegetales, y la mayor parte termina en los mercados capitalinos.

El olor y el color de estos productos anuncian un suculento banquete en los hogares nicaragüenses, pero un sabor amargo casi imperceptible en algunos de ellos, apenas oculta una realidad que muchos desconocen al llevarlos a su boca.

En este lugar la piña sobresale entre los cultivos. Es la tercera fruta tropical más importante en el mundo, por su alto valor nutritivo y riqueza en vitamina A, B y C. En esta localidad el productor Rogelio López, asegura tener más de 25 años de cultivarla en la comunidad de El Limón.

“Comencé sembrando un cuarto de manzana de tierra, me fue bien, es por eso que decidí dedicarme al negocio. Actualmente, siembro sólo una manzana”, dijo López. En Ticuantepe, según este señor, la mayoría de los productores recurren al Carburo para acelerar el proceso de maduración de la fruta.

“Lo que antes cosechábamos en 18 meses ahora lo hacemos en tan solo cinco meses. Es gracias al Carburo que obtenemos mejores rendimientos, ya que nos permite que la planta reviente más rápido, desarrolla mejor la fruta y ya cuando el ojo de la piña esta bien abierto, procedemos a pintar cada piña con una brocha, le añadimos un líquido (Ethephón) para que madure más rápido y se ponga amarilla”, manifestó.

Reconoce que la piña cultivada a base de agroquímicos no conserva su misma pureza. “Hay diferencia porque la piña que es cosechada de manera natural es más olorosa, más dulce y puede ser que más saludable. No quiere decir que la que nosotros cultivamos sea dañina, también es dulce, pero no tanto como la natural”, agregó.

Producción orgánica
En Jinotepe, Carazo, está la finca Santa Clara, su propietario es de origen europeo y se cultiva una gran variedad de hortalizas y frutas de manera orgánica. No se utilizan ningún tipo de químico o pesticida para acelerar su proceso de producción.

Santiago Aburto, es responsable de producción de la finca. Asegura que los productos orgánicos son más apetecidos a nivel internacional, por su pureza y alto valor nutritivo. “Nosotros aquí tenemos sembrado lechuga, tomate, zanahoria, piña, cebolla, perejil y una gran variedad de hierbas aromáticas. La base fundamental del cultivo orgánico está en la diversificación, hay que ir dejando atrás la cultura del monocultivo (solo un cultivo) y pasar al policultivo. Esa es la formula para evitar las plagas, y si las hay, las combatimos con abono orgánico, fabricados a base de hierbas naturales, estiércol de vaca o gallinaza” relató Santiago.

La finca Santa Clara también cuenta con una planta procesadora de alimentos. “Nosotros también hacemos mermeladas a base de frutas naturales, nuestro principal comprador por el momento es la empresa Parmalat y algunos restaurantes y supermercados a quienes también les preparamos salsas especiales como chile jalapeño, que son muy apetecidas, por su exquisito sabor, y lo más importante, porque son elaboradas sin utilizar ningún químico o preservante”, añadió.

El siguiente paso en la finca Santa Clara es la exportación, un mercado atractivo para los productores orgánicos. Según datos estadísticos, el 70 por ciento de la producción orgánica de Nicaragua es exportada a países europeos, donde evitan los agroquímicos en el proceso de producción.

Los agroquímicos son sustancias químicas utilizadas en la agricultura como insecticidas, herbicidas y fertilizantes que sirven para controlar malezas, hongos y otras plagas que atacan los cultivos.

Es por rentabilidad
El uso de agroquímicos en nuestro país es una práctica común en la mayoría de los productores nacionales, según la experta en Biodiversidad y Comunicación Ambiental, María Ignacia Lacayo. “Es porque aumenta la rentabilidad de los cultivos, contribuyen a alargar su vida comercial, mejora el aspecto de los vegetales y, lo más importante para los productores, es porque es más barato”, indicó.

Sin embargo, ella asegura que se paga un alto costo no sólo por el daño que causan a la salud, cuando son utilizados fuera de los rangos de tolerancia establecidos, sino por el daño que ocasionan a nuestro medio ambiente. “Antes, ser vegetariana era lo más saludable, ahora resulta que es en las frutas y vegetales en donde se concentra la mayor cantidad de residuos de pesticidas”, apuntó.

Lacayo subraya esto último porque las frutas son más sensibles y porque la mayoría de los expertos plantean que el consumo de este tipo de alimentos obtenidos con la intervención de agroquímicos en el proceso de producción, incrementan los riesgos de padecer diversos problemas de salud, como efectos cancerígenos, mutaciones congénitas y afectaciones neurológicas.

El uso de pesticidas también causa daños a nuestro medio ambiente, ya que su acumulación en las plantas no sólo contamina nuestros suelos, sino también el manto acuífero, debido a que cuando llueve la corriente arrastra los residuos que quedan, causando la muerte de una gran variedad de especies, explicó la especialista.

Isabel Escalante es consultora en calidad e inocuidad alimentaria. Según ella, la mayor preocupación son los niveles de agroquímicos encontrados en frutas y vegetales, debido al mal manejo que hacen los productores de estas sustancias y la falta de aplicación de las normativas nacionales e internacionales para hacer uso de las mismas.

Lechuga, repollo y chiltoma
“En Nicaragua una investigación realizada en 1997 por el programa Manejo de Plaguicidas (Promap–Marena) para determinar los niveles de residuos de plaguicidas en alimentos frescos en varias regiones del país, se encontró que el 45 por ciento de 218 muestras de tomate, sandía, repollo, chiltoma y lechuga tenían niveles por encima de los limites máximos de residuos. Los productos con mayores niveles fueron la lechuga (100%), el repollo (79%) y la chiltoma (41.4%)”, destacó.

El uso de plaguicidas en nuestro territorio tiene su base legal en el reglamento y la Ley básica para la regulación y control de plaguicidas, sustancias tóxicas, peligrosas y otras similares (número 274).

En el artículo 19, inciso uno y ocho de esta Ley, se nombra al Ministerio Agropecuario y Forestal (Magfor), como la única entidad del gobierno autorizada para aplicar esta Ley y establecer normas básicas para la regulación y control de plaguicidas en el sector agropecuario. Además, establece los límites aceptables máximos para asegurar la protección a la salud y el ambiente.

En la actualidad, existen un total de un mil 446 agroquímicos registrados por el Magfor, y de ellos, el 23 por ciento corresponde a fertilizantes, 16 por ciento herbicidas e insecticidas. Sólo un 15 por ciento son fungicidas.

Datos proporcionados por la Dirección de Registro Nacional y Control de Insumos Agropecuarios, detallan que el 85 por ciento de los plaguicidas registrados se utilizan en la agricultura.

¿Quién controla?
También se cuenta con la Ley Básica de Salud Animal y Sanidad Vegetal (número 291) y su reglamento. En el artículo 25 de la Ley, se determina que la Dirección de Sanidad Vegetal debe realizar vigilancia para garantizar la inocuidad de los alimentos.

¿Pero existe un verdadero control de parte de las autoridades gubernamentales para regular el uso de pesticidas en los productores agropecuarios, específicamente en frutas y vegetales? La respuesta es no, según Escalante, en la teoría que propone la Ley la situación es una pero la realidad es otra.

Debido a la crisis económica que vive la mayoría de los productores nicaragüenses, el desempleo y la pobreza no les permite experimentar otras formas de cultivo. “Se ha hecho una necesidad casi obligada para los productores que desean mantenerse en el mercado y explorar nuevas opciones, el implementar sistemas que garanticen la inocuidad de los alimentos.

“Una herramienta útil es el Programa de Buenas Prácticas Agrícolas, que es el que yo estoy incentivando a través de consultorías, sin embargo, lamentablemente, en nuestro país son muy pocas las fincas que lo están aplicando y que se encuentran certificadas, siendo el sector exportador el que está tratando de asimilarlo en algunos cultivos como la chiltoma dulce, el mango, entre otros”, añadió.

Según la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), en el mundo “tres millones de madres y niños pequeños mueren de desnutrición cada año… el informe destaca que la nutrición se ha separado de las prácticas agrícolas y la política alimentaria”. La seguridad alimentaria y nutrición es uno de los Objetivos del Milenio, es un derecho que tiene cada ciudadano en cada país y que está consignado en las constituciones de cada Estado.

Actualmente, en nuestro país existe una ley de soberanía y seguridad alimentaria y nutricional que tiene por objeto garantizar el derecho de todas y todos los nicaragüenses de contar con los alimentos suficientes, inocuos y nutritivos, acordes a las necesidades vitales. La ejecución de dicha ley está en manos de la Comisión Nacional de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (Conassa), que a la fecha ni siquiera ha sido creada.

¿Qué hacen los consumidores?
Doña Josefa Martínez es habitante de la ciudad de Masatepe. Ella asegura que tiene más de un año de no comer lechuga. “Si voy a hacer ensaladas las hago sólo con tomate y pepino. La lechuga ya tengo más de un año de no probarla, porque siempre que la compro en el mercado me sale con un sabor amargo”, dice.

“Si puedo sembrar las hortalizas en mi casa lo hago, para estar segura de lo que estoy comiendo. A como están las cosas, ya no se sabe qué tipo de alimentos ponemos en nuestra boca y qué tan saludables son”, añadió.

Adriana Espinal es madre de un bebé de cinco meses de edad. Ella asegura que cada vez que va a cocinar tiene el cuidado de lavar bien las frutas y verduras antes de consumirlas y dárselas a su bebé. “No sólo por higiene, sino también por seguridad alimentaria”, agrega.

“Las frutas, los vegetales y las verduras las lavo bien con agua y jabón. Utilizo un paste porque yo sé que así le quito todos los residuos de pesticidas que le dejan a los alimentos. En el caso de la lechuga tengo mucho cuidado, al igual que el pipían, porque aun cociéndolo le queda un sabor amargo”, afirmó.

Espinal manifestó que debería haber más control de parte del gobierno en cuanto al uso de agroquímicos en los alimentos de consumo. “Es malo porque se pierde el verdadero sabor de la fruta, y el alto valor nutritivo de los vegetales y verduras ricos en vitaminas y de alto contenido en fibra”, explica.

Los funcionarios de varias instituciones de gobierno, especialmente del Magfor, no quisieron brindar su versión acerca de esta situación, no obstante, representantes de organismos no gubernamentales brindaron algunos consejos prácticos a tomar en cuenta antes de consumir los alimentos.

Recomendaciones
1. Lavarlas bien con agua y jabón antes de consumirlas.

2. En el caso de los tubérculos como la papa, la cebolla, zanahoria, yuca, quequisque entre otros; es bueno pelarlos y ponerlos en remojo con agua durante unas dos horas previas para que eliminen todos los químicos que absorbieron cuando fueron sembrados. Es bueno cambiar el agua cada media hora.

3. Es recomendable comprar pipianes tiernos, porque ya grandes son rociados de pesticidas para alargar su vida comercial y evitar que sean atacados por alguna plaga.

4. Deseche las hojas externas de la lechuga y el repollo, así como los troncos y nervios gruesos de las hojas, por ser las partes en donde hay más acumulación de nitratos. Déjelos en remojo por lo menos cinco minutos antes de procesarlos y elimine el agua.

5. No deje de consumir frutas, vegetales y verduras porque poseen un alto valor nutritivo. Lo recomendable es consumir de tres a más frutas al día, preferiblemente frescas.