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Hace veinticinco años se comenzó a escribir la historia de la historia, cuando en la Universidad Centroamericana (UCA), tabernáculo jesuita y prestigiosa casa de estudios, se fundó el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (Ihnca), gracias a la fusión del Instituto Histórico Centroamericano con el Instituto de Historia de Nicaragua.

El Ihnca no es un museo ni una simple cripta donde yacen los personajes representativos de la historia nacional y de Centroamérica, sino una institución dinámica en la que, según su directora, Margarita Vannini, se impulsa una “rigurosa labor de investigación, nos marca el carácter creativo en nuestras propuestas y el afán de preservación de la memoria colectiva”.

Al llegar a sus instalaciones, a simple vista no hay más que un amplio salón y unas oficinas en la planta alta, sin embargo, la magia está en sus entrañas. Veinte peldaños hacia abajo encontramos el motor que le ha dado vida a la historia y a los historiadores, pues en una construcción subterránea están los diferentes depósitos que atesoran libros, imágenes, vídeos, cerámicas, diarios, gacetas y revistas que dan fe de la vida de nuestro país y del istmo.

Biblioteca
Realizar un recorrido por ese túnel del saber es una experiencia incomparable que inicia en la biblioteca, donde las diversas colecciones documentales permiten al investigador retroceder en el tiempo y navegar en sus libros para conocer los hechos objeto de su análisis.

Liseth Ruiz, directora de la biblioteca, comentó que la riqueza contenida en todos esos estantes es invaluable, ya que cuentan con algunas obras que son únicas. Asimismo, nos mostró un libro original del siglo XVI, que aunque no está vinculado con la temática histórica, llama la atención porque el papiro original está bien conservado, pese a los más de cuatrocientos años que han pasado. Esta proeza es posible gracias a que la conservación de los documentos es parte prioritaria del Ihnca, de ahí que inviertan recursos económicos y humanos en ese sentido.

Asimismo, cabe resaltar que el tesoro documental del instituto es considerado el mejor y el más completo de nuestro país, y sobresale a nivel centroamericano, cubriendo de orgullo a las 29 personas que forman la familia Ihnca.

En cuanto a su magnificencia y origen, Margarita Vannini dijo que “tener una biblioteca tan grande y tan completa, y que además esté accesible al desarrollo de la investigación, es un eje fundamental de nuestro trabajo. Esta inmensa colección es posible gracias a los fundadores, el padre Álvaro Argüello y el padre Manuel Ignacio Perezalonso, ambos sacerdotes jesuitas”.

Es innegable que la estancia en la biblioteca es una aventura, pues la curiosidad se despierta y da ganas de revisar todos los libros, pero hay otras áreas igual de ricas que explorar.

Detrás de la puerta de vidrio que lleva hacia el este, nos encontramos un pasillo lineal donde hay una colección de objetos llamados “museables”, como piezas de cerámica prehispánica, máscaras y algunas pinturas, los cuales están conservados en vitrinas, donde pueden ser admirados sin ponerlos en riesgo.

Fototeca
Al final del pasillo hay otra puerta de vidrio que conduce hacia la fototeca, donde se conserva todo el archivo de imágenes grabadas en papel fotográfico.

Medio millón de fotos en diferentes colecciones están ahí para ser vistas. Se encuentran clasificadas y conservadas, prestas para servir como testigos.

En la primera visita encontramos a una fotógrafa profesional que estaba trabajando uno de los expedientes de la familia Somoza, el que llama mucho la atención, porque evidencia la vida ostentosa que llevaban, y remarca el carácter de Estado militar que regía la época.

Mientras realizaba el proceso de curación de la imagen, nos comentó que las fotos eran de los hermanos Luis y Anastasio Somoza Debayle, quienes curiosamente siempre aparecían juntos en actos oficiales, lo que es interpretado por los historiadores como una prueba más del carácter dinástico familiar, cuadro que se completaba con el detalle de que casi siempre eran fotografiados bajo la sombra de la foto de doña Salvadora de Somoza, cuyo retrato estaba en todas las oficinas del Estado.

La directora del Ihnca nos mostró parte del archivo de los dictadores, en el cual sobresale el culto a la imagen de las mujeres que formaron parte de esa familia.

Según Margarita Vannini, la colección Somoza es inmensa, y hubiese sido lamentable que se perdiera, por lo que destacó que gracias a que una persona culta fue designada para administrar las propiedades confiscadas, pudieron compilar las imágenes, ya que ésta decidió trasladar las bibliotecas y archivos de la familia al instituto.

Realizamos una segunda visita, esta vez guiados por Liseth Ruiz, quien nos trasladó a inicios del siglo XX, precisamente a las ‘andadas’ del General de Hombres Libres, Augusto C. Sandino.

En ese expediente nos deleitamos con muchas imágenes inéditas, como una donde Sandino aparece colocando una ofrenda floral en Veracruz, México, en honor a los caídos defendiendo la soberanía azteca de la invasión yanqui.

La contextualización de la imagen fue posible gracias a que en el reverso de la foto, el propio Sandino describió el momento, y al final estampó su firma como signo de autenticidad. Así como ésta, hay muchas otras imágenes inéditas que deleitan el ojo acucioso de los investigadores.

Hemeroteca
El siguiente depósito es la hemeroteca. La cantidad de información que compila es simétrica con las demás áreas del Instituto, y es probable que sea más grande que la Hemeroteca Nacional.

Ahí nos encontramos con el reconocido historiador Antonio Esgueva, quien diligentemente revisaba un documento antiguo, y compartió que “este archivo es completo, casi toda la información que usé para mi último libro la encontré aquí. En una ocasión visité la biblioteca de la Asamblea Nacional y descubrí que sólo tenían datos de dos leyes sobre las que estaba investigando, mientras que en el Ihnca estaba todo lo referente a ello”.

Colección de gacetas del siglo XIX, diarios y revistas, suplementos culturales, literarios, cómicos y la colección de novedades, entre otras, dan cuerpo a este depósito.

Con el orgullo en el rostro, Margarita Vannini mostró la colección completa de la Cruzada Nacional de Alfabetización, que fue declarada por la Unesco, Memoria de la Humanidad.

Además de documentos de papel, también coleccionan long play con los temas emblemáticos de la Cruzada, que ya están en formato digital, pero se conservan como patrimonio.

Asimismo, comentó que cuentan con manuscritos originales de grandes personajes de la historia.

Liseth Ruiz, directora de la biblioteca, añadió que tienen archivos institucionales de los gobiernos del 80 y de antes, y lamentó que debido al secretismo con que han trabajado los últimos gobiernos, se carece de esas memorias, ya que cuando se ha pasado de una Administración a otra han recurrido a la quema de documentos.

Mapoteca y laboratorio de restauración
La cartografía no es ajena a la labor del Ihnca, por ello cuenta con un depósito para mapas. Aún más significativo es que posee un laboratorio donde se restauran mapas y documentos antiguos.

Esta labor está bajo la responsabilidad de Tania Ruiz, quien se encarga de limpiar, bañar, teñir papel y colocar injertos en los documentos que se deben restaurar.

El proceso es complejo, y en algunos casos no se puede completar en el país, como sucedió con los títulos reales de Jinotega, por lo que envían el material a España.

Junto al laboratorio se encuentra el archivo fílmico conservado en diversos formatos, cuenta con más de seis mil unidades que llegan a ochocientas horas de historia audiovisual. Debido a que muchos formatos están en desuso se está procediendo a la digitalización.

Preservación, eje fundamental
Compilar la historia es importante, pero preservarla es un reto bastante costoso.

Según lo que explicaba Liseth Ruiz, en el caso de los libros tienen que invertir en la prevención del comején para evitar que se dañen. Asimismo, la conservación de las fotografías resulta bastante compleja, porque todos los materiales que utilizan para restaurarlas y archivarlas son caros.

“Archivamos las fotos en una especie de plástico llamado mayler, el que no se vende en el país, además, cada expediente está archivado en fólderes antiácidos, y se compilan en cajas antiácidas para evitar su deterioro, y todo eso se compra en los Estados Unidos”, compartió.

Ruiz aseguró que con los manuscritos y con otros documentos ocurre lo mismo, por lo que las compras de materiales antiácidos son grandes. También explicó que como parte de sus técnicas, escriben con grafito y no con tinta los nombres de los expedientes, porque la tinta se corre y daña el documento. Para poder mantener la calidad de los recursos, el personal del Ihnca se ha capacitado en seminarios y talleres, lo que también implica una inversión.

Cursos y reconocimientos
Como prueba de que el Ihnca no es una institución pasiva, tenemos que su personal, además de realizar constantes investigaciones, capacita a otras instituciones en técnicas de manejo y de conservación de documentos.

Por otro lado, brindan talleres y seminarios a docentes de Historia en todos los niveles, con el fin de actualizarlos en la enseñanza de esta materia.

Esa efervescente vida entre la conservación, la investigación y la preservación de la memoria colectiva, ha hecho al Ihnca merecedor de varias distinciones, la última de las cuales fue el Premio Príncipe Claus, otorgado por el Reino de los Países Bajos, por su trabajo cultural y en pro del desarrollo.

La invitación está abierta, explorar y explotar los recursos históricos es un placer que no podemos negarnos.

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