Edgard Barberena
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Nació en Veracruz, Rivas, el 23 de mayo de 1922. Es el “cumiche” de una familia que formaron Octavio Sánchez y Encarnación Ponce, y logró convertirse en funcionario de educación, en maestro, en director y en subdirector de prestigiados colegios de Managua. Nos referimos al profesor Genaro Sánchez Ponce.

Hace años, llegó a Veracruz un profesor de Managua para instalar un colegio y nombrar como director al ya fallecido Apolinar Mendieta y a su esposa doña Emelina Mendieta. Ambos eran maestros.

El matrimonio Mendieta convenció a don Octavio, padre del profesor Genaro --quien vivía en su finca familiar-- que sacara a nuestro personaje hacia Rivas para estudiar, y que no estuviera viajando diariamente una legua entre su poblado natal y Rivas.

El destino le tenía preparado al maestro Genaro vincularse a quien fue una gran personalidad en el mundo educativo e intelectual, el profesor Eloy Canales Rodríguez, quien era el director del Instituto “Rosendo López”.

El profesor Genaro dice hoy, a sus 88 años, que fue “un tipo con mucha suerte”. “Don Eloy me prestaba las llaves del Instituto para ir a estudiar. Allá elaboraba mapas y otras tareas, y los compañeros me las compraban, me ganaba de dos a cinco centavos”, recordó.

También recuerda con mucho aprecio a Raúl Quintanilla, que vivía en Rivas y que le regaló un libro (de Sociología) que todavía conserva en su escritorio. Con Raúl llegó a tener una enorme amistad, se miraban casi como hermanos y estudiaban juntos.

Gana beca para la Normal
Cuenta que la suerte siguió siendo su aliada, cuando la Normal “Franklin D. Roosevelt” amplió su programa de becas. En una ocasión, 300 muchachos de Rivas y de sus alrededores, hicieron exámenes para aplicar a las becas y seleccionaron tres.

Los que respondieron bien el examen fueron Raúl Quintanilla, Genaro Sánchez y un estudiante de la Isla de Ometepe, los que viajaron a Managua becados para iniciar estudios en la Normal que estuvo ubicada en el costado este del Estadio Nacional. La Normal, tenía profesores llegados de Guatemala, de Perú y de Chile.

La Universidad de Granada
Genaro primero se graduó de maestro y después se bachilleró, y junto a su amigo Raúl se matriculó en la Universidad de Granada, donde sacó el primer año de Farmacia. Esto fue antes de que Anastasio Somoza García cerrara esa universidad.

En una ocasión cuando se fue a pasar unas vacaciones a Veracruz con su papá, éste le manifestó que se irían a vivir a Managua, pues les habían ofrecido administrarle las propiedades a Luis Manuel Debayle. “Eran haciendas enormes, como El Tamagás”, recuerda.

Su papá entonces compró una casa en las inmediaciones de Las Delicias del Volga, con la intención de que su mamá también se viniera a vivir a Managua. Doña Encarnación se vino a la casa que don Octavio había comprado, pero no se adaptó a la vida en la capital y se regresó a Veracruz. “Es que ella decía que allá (en su tierra) tenía de todo, pero aquí (en Managua) tenía que recorrer largas distancias, ir a una pulpería o al mercado”, relata el profesor Genaro.

El mismo año en que se graduó como maestro en la Normal, en 1953, en diciembre, lo nombraron director del anexo del mismo centro. Mientras estaba ahí nombraron a Ignacio Fonseca como ministro de Educación, y al asumir su cargo, lo invitó a trabajar con él. “Me llama y me dice: ‘Usted se va conmigo al Ministerio’. Habían pasado dos años de mi nombramiento en la Normal”, contó.

Su casamiento
Comenzó en el Ministerio como inspector de Educación Pública de Managua, y hacía estudios de dibujo arquitectónico. Como inspector aprovechó los sábados y los domingos para estudiar Farmacia. Después se enamoró y se casó con la normalista (su primera esposa) Josefa Bonilla López, la madre de sus hijos, y quien fuera directora del preescolar “Camilo Ortega”.

En el cargo de Inspector Departamental duró cinco años, hasta que lo nombraron Inspector Auditor de la República.

Su primer viaje como Inspector Auditor fue a Matagalpa, donde ocurrían anomalías en Educación. Lo mismo encontró en Jinotega. Para esa época el ministro de Educación era Crisanto Sacasa.

Cuando se enteró de que habían cambiado al Inspector Departamental de León, el profesor Genaro le solicitó a Sacasa que lo mandara a esa localidad, y “aunque ganaba menos, me fui a León, porque así tenía un lugar fijo y seguro, pues no me convenía estar en el Ministerio donde me querían y no me querían”.

Su llegada al Goyena
Al año y medio de estar ocupando el cargo en León, le llegó un telegrama que decía: “Genarín, se inaugura el edificio del Instituto Ramírez Goyena. Único candidato para subdirector”. El telegrama lo firmaba Guillermo Rothschuh Tablada. Rápidamente le contestó que aceptaba el cargo, y así le dijo a su primera esposa: “Doña Pepita, ya vamos a poder educar a nuestros hijos”.

El profesor Genaro recuerda que al salir de sus estudios de secundaria, su hija mayor consiguió una beca y alojamiento para estudiar en España. Ocurre que la madre superiora del colegio Divina Pastora le había hecho esa promesa a la muchacha, y le cumplió. “Esa fue una gran bendición”, expresa.

La muchacha fue la primera graduada en el exterior en Administración de Empresas Turísticas, campo en el que todavía trabaja. El “cumiche” de don Genaro falleció hace tres años en San Francisco, California. Era ingeniero electrónico, tenía su empresa y llegó a ser casi un sacerdote. Murió de un tumor en la cabeza. La muerte le sorprendió en un viaje de su empresa en Hong Kong.

El trabajo que don Genaro hizo en el Instituto “Ramírez Goyena” fue conocido por muchas generaciones que desfilaron por ese centro de estudios, donde se formaron guerrilleros, empresarios y hasta músicos.

Don Genaro entregó 40 años de su vida al magisterio. De 1958 a 1973 fue Director del Instituto Nocturno “Miguel de Cervantes”. En 1974 fue profesor y subdirector del “Goyena”, y director del Departamento de Orientación del mismo centro.

En 1975 y 1976 fue subdirector y profesor del “Goyena” y subdirector del “Miguel de Cervantes”; en 1977, subdirector y profesor del “Ramírez Goyena”, y entre 1978 y 1979 desempeñó el cargo de subdirector y profesor del Instituto “Maestro Gabriel”.

Subdirector y Director en el mismo edificio en el día y en la noche
Don Genaro desempeñó esas dos funciones porque el Instituto “Miguel de Cervantes” no tenía edificio donde funcionar, por lo que tenía que estar ocupando instalaciones del Instituto “Ramírez Goyena”. Los directores que pasaron por ese centro no pudieron controlarlo por situaciones políticas.

Násere Habed López pasó por la dirección del “Cervantes” y después “me lo anexaron a mí, llegando a tener la misma población estudiantil en el día como en la noche”.

Recuerda que cuando el doctor Rene Schick Gutiérrez era el ministro de Educación, “vino a decirme: Genarito, te tengo buenas y malas noticias. Los estudiantes ya no pueden con vos, porque llegás discutiendo con ellos hasta las dos y tres de la mañana, y vos les estorbás como director. Así que te quedás con los dos cargos y nadie puede objetarme”, le dijo Schick, cuando se produjeron confrontaciones en 1956.

Llegó a imponer el orden
Recuerda Genaro que hubo un alumno que era gerente de los talleres de la tienda que tuvo la primera escalera eléctrica en el país, el Almacén “Carlos Cardenal”. Éste era uno de los que metía mujeres al colegio, se hizo catedrático e imparte clases en León. Hubo que poner orden y disciplina en el único instituto nocturno del país.

Al doctor Danilo Aguirre Solís, quien se bachilleró en el “Cervantes”, don Genaro lo recuerda como un muchacho muy sociable, tenía un grupo de amigos muy parejos. “Tal, pues, que uno de ellos me invitó para su bachillerato para que fuéramos a tomarnos unas cervecitas”, relata.

Después de pasar diez años como director del “Cervantes”, se matriculó en la Universidad Centroamericana, UCA, donde sacó la carrera de Psicología y Pedagogía.

Genaro se jubiló después de haber cumplido los 60 años. Actualmente no imparte clases, se dedica a la familia. Su esposa es dama voluntaria de la Cruz Roja.

Sobre la educación actual

Al referirse a la educación actual, dijo que ésta es un desastre. “Es que hay una nueva versión que quieren imponer en dos años, para un cambio como el que se impulsa se necesitan seis. Ni que los niños tuvieran cerebros electrónicos”, advirtió.

ebarberena@elnuevodiario.com.ni