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Andrés Eliodoro Montenegro comenzó a trabajar hace unos 12 años en el poblado de El Naranjo, a unos 40 kilómetros del municipio de Waslala, debajo de un arbolito de acacia, con una máquina de coser manual y una cámara fotográfica.

Ofrecía servicios de costura y cuando se podía hacía “sus rumbos” de fotografía. Con el tiempo logró establecerse como comerciante. “Soy sastre pero ya me aburrí, yo hacía uniformes escolares, los trajes para la banda de guerra, he salido inteligente naturalmente, no lo aprendí en una profesión, pero parece que eso ya lo trae uno”, refiere Montenegro, ahora convertido en comerciante de la zona.

Con el tiempo fue creciendo hasta convertirse en un comerciante mediano, y además logró abrir un pequeño hotel, el más conocido del poblado. “Fueron tiempos duros, por la falta de luz eléctrica por las noches, la oscuridad incrementaba la inseguridad de este pequeño poblado. Nos encerrábamos en la casa cuando empezaba a oscurecer”, agrega.

No fueron pocos los robos que sufrió, y los intentos de secuestro al filo de la oscuridad que le tocó vivir a él y a su familia, pero también a otras familias. Es por eso que la llegada de la luz eléctrica tiene un significado muy especial para él y el resto de pobladores de El Naranjo, quienes consideran que este servicio significa un impulso en el mejoramiento del nivel de vida de sus pobladores.

Esto fue posible más que a un proyecto, gracias a una idea. Si no es posible fabricar una generadora de electricidad que dé energía eléctrica para todo el país, por qué no hacer entonces varias generadoras pequeñas, en pequeñas poblaciones y de esa forma llevar el servicio a comunidades alejadas.

Nacen las PCH y una buena noticia
En 2002, el Programa de Naciones Unidas en coordinación con el gobierno de Nicaragua, inició un programa de electrificación rural, que concluiría este año, a través de pequeñas centrales hidroeléctricas (PCH), que, con un costo relativamente bajo, constituyen una solución a un problema de décadas para muchas comunidades que nunca tuvieron energía eléctrica.

Al inicio, ésta era una idea en la que muy pocos creían, y menos todavía mostraban entusiasmo. “Inicialmente pasamos tres años gestionando el proyecto”, afirma Benito Montalván, de la cooperativa hidroeléctrica El Milagro, poblado cercano a El Naranjo, que cuenta también con una pequeña hidroeléctrica. “Después logramos obtener la aprobación y desde hace tres años contamos con electricidad”, relata.

“Comenzamos con 10 casas y ahora tenemos 25. Hay varias casas que faltan, unas que no las han construido y otras que faltan por conectar”, destaca.

Es por esos resultados que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) anunció que lo ampliará hasta 2014, con nuevos organismos que apoyarán este proyecto. “Llevamos desde 2002 este programa y tenemos programado llevarlo hasta 2014, es fundamental para que el beneficio alcance toda Nicaragua, para que toda la población tenga acceso a la energía”, informó Pablo Mandeville, coordinador residente de las Naciones Unidas en Nicaragua.

“Valoramos mucho zonas remotas para que tengan acceso a energía renovable, especialmente donde no llega la red nacional. Colaboramos para que puedan hacerse una minihidroeléctrica y toda una serie de medios que pueden ser utilizados para la generación también como paneles solares, una biomasa en algunos casos o energía eólica”, destacó Mandeville, durante un recorrido por El Naranjo, donde funciona una pequeña central que genera suficiente energía para seis poblados cercanos.

Un pueblo dinámico
Precisamente uno de estos proyectos se encuentra ubicado en El Naranjo, donde la electricidad cambió la vida de unos 14 mil habitantes, ya que no sólo llevó luz en la noche, sino impulsó el comercio, la educación, la salud, incluso la diversión.

Este poblado se creó como muchos otros en 1990, después de finalizada la guerra civil de la década de los ochenta. Se constituyó como un polo de desarrollo, en una de las zonas más productivas del país. No obstante, no fue sino hasta hace dos años que llegó la luz, con la construcción de la PCH.

A partir de ese momento, el cambio fue evidente y con el servicio, el comercio se amplió con nuevos establecimientos, “ahora muchos compraron refrigeradoras y establecieron pulperías”, sostiene Francisco González López, directivo de la Cooperativa Hidroeléctrica El Milagro.

En el caso de El Naranjo, desde 2004 se conformó la empresa hidroeléctrica encargada de elaborar el proyecto y de gestionar los recursos, afirmó el presidente de esta cooperativa Javier Blandón, quien señala como el inicio de la generación hidroeléctrica el 12 de septiembre de 2009.

Hace apenas dos años que la electricidad llegó al pueblo, pero en un inicio era a través de una planta de generación con diesel, la cual resultaba demasiado cara y ahora fue sustituida por la generación hidroeléctrica.

Ahora producen 220 kilowatt para llevar electricidad a los poblados de El Naranjo, Las Torres, Aguas Calientes, El Guayabo y El Porvenir, en un servicio de 24 horas, sin apagones ni racionamientos.

Rentable
Al hacer el desglose, el gerente general de la Cooperativa, Rommel Loásiga, destaca los logros financieros que ha generado el proyecto, el cual les ha permitido un nivel de utilidades de 19 por ciento, con un nivel de mora de apenas el 0.5 por ciento, es decir, casi cero, lo cual se explica en la drástica disminución del gasto doméstico en la iluminación de los hogares.

Tradicionalmente las casas se iluminaban con gas kerosén, lo cual representaba casi más de cuatro veces de lo que pagan actualmente. “Se gastaba casi 40 córdobas diario en comprar gas, ahora se pagan alrededor de 147 córdobas mensuales”, explica Loásiga.

Impacto ambiental
El insumo básico para la generación hidroeléctrica es la naturaleza, y por ello un componente esencial de la generación hidroeléctrica es la preservación del bosque. Hasta el momento las pequeñas hidroeléctricas de la región han comprado alrededor de 350 manzanas de bosques, para preservarlos y con ellos preservar el recurso elemental de la generación: el río.

Loásiga destaca que, además, como proyecto han reforestado 10 manzanas de área, sembraron 10 manzanas con árboles de cacao, otras 15 manzanas de café y 40 manzanas de plátano.

Una idea que según la ministra del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), Juana Argeñal, ha permitido recuperar áreas de bosques. “Es fundamental para que haya caudal en nuestros ríos, por eso el gobierno ha estado trabajando en un programa Nacional para llevar energía hidroeléctrica”, comentó.

Agregó que este tipo de proyectos tienen un doble beneficio, ya que llevan energía eléctrica donde no hay, y contribuyen a proteger el ambiente a través de programas de manejo. “En Bosawás se trabaja en una inversión de más de cinco millones de dólares y con el Programa de Naciones Unidas se trabaja para llevar luz eléctrica a Bonanza, a la comunidad de Panamá, a través de minihidroeléctricas”, amplió.

Pero para que este tipo de proyectos funcione, debe existir una sólida organización de la población. Según pobladores, inicialmente era un asunto difícil lograr que todos se conectaran en una misma idea de desarrollo, pero los resultados de las primeras PCH lograron hacer lo que parecía imposible: unir a comunidades enteras alrededor de un proyecto común.

Es por eso que, según la ministra, la organización es clave. “Es fundamental la organización de los comunitarios, porque lo que nos decía el presidente de la minihidroeléctrica de El Naranjo, es que ellos están organizados y han comprado bosques, han comprado tierras que tenían bosques nativos, que ellos las vendían voluntariamente para evitar que llegara alguien a comprarlas y cambiar el uso del suelo”.

Para muestra un botón
La electricidad también ha despertado nuevos entusiasmo, y un colectivo de mujeres ya está pensando en grande para organizar una pequeña cooperativa de costura, para lo cual solicitaron el apoyo de la viceministra de Relaciones Exteriores de Noruega, Ingrid Fiskaa, quien realizó una visita al proyecto.

“Por ahora sólo tenemos la visión porque no tenemos el fondo. El grupo ahorita lo conforman, aproximadamente, 20 mujeres. Sólo costura, ahorita estamos haciendo sondeos para ver qué otros proyectos nos podrían beneficiar”, afirmó Vanesa Treminio, fiscal de la directiva de la cooperativa hidroeléctrica El Naranjo.