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Recordar el episodio provoca que sus ojos se humedezcan. El médico con su gabacha blanca y rostro de “no traigo buenas noticias”, se acercó con el papel en la mano y le dijo: “Lo siento, se cumplió lo que había pronosticado, el problema es suyo, no de su señora… usted no puede engendrar, su esperma está mal”.

“No es fácil que te digan que no vas a poder ser papá”, dice el hombre de 30 años, quien pidió que le llamáramos Horacio, su segundo nombre real, que es el que muy pocas personas manejan.

¿Por qué ocultás tu identidad si lo que tenés es un defecto congénito?, no has cometido delito ni nada de qué avergonzarte, le expresamos, y sonriendo, con rostro irónico y apretando los dientes dice:
“Porque no tenés idea de lo que ha significado para mí el hecho de no tener hijos, los comentarios de algunos de mis familiares, de los de mi esposa, amigos, vecinos, compañeros de trabajo… Ha sido horrible, no se lo deseo a nadie”.

La adopción
Alicia, su esposa desde hace cuatro años, lo abraza e interviene en la plática. “Yo le he dicho que adoptemos un niño, que vamos a quererlo tal cual lo hubiéramos hecho (concebido) nosotros, pero no quiere, dice que no es lo mismo, pero yo creo que le serviría de mucho, porque vieras lo que sufrimos, él porque se atormenta cada vez que lo recuerda, y yo porque me duele verlo mal, además que discutimos mucho por eso”.

Similar a lo que ocurre en el Día de las Madres, cuando la publicidad con música de la ocasión, saca las lágrimas a los que ya vieron partir a sus mamás, a este hombre el Día del Padre lo atormenta.

“Yo daría cualquier cosa por poder tener un hijo nacido de mí, juro que cambiaría lo que me pidieran por un milagro como ese, de escuchar que me diga papá un niño o niña mía, salido (engendrado) de mí”, dice Horacio, mientras sostiene con sus manos el resultado del examen o espermograma que le confirmó su esterilidad.

13% de los hombres del mundo son estériles
Como él hay muchos y no sólo en Nicaragua, afirma el doctor Vicente Maltez Montiel, médico internista, quien afirma que estadísticamente se habla de que entre un 10 y 13% de los hombres del mundo son estériles.

“Una relación sexual regular es aquella en la cual la pareja tiene coito en dos o tres ocasiones por semana, la mitad de las parejas fecundas conciben hijos a los tres meses, el 75% a los seis meses, y el 90% al cabo de un año, de no hacerlo en ese período hay que revisarse, porque existe un problema médico”, afirma Maltez.

Pero no es un problema sólo del hombre, ya que según el internista, el factor masculino aporta entre el 30 y el 40% de un problema de esterilidad; la dama, por factores pélvicos, entre 30 y 40%; por la falta de ovulación, un 15 ó 20%, y los del cuello uterino, 10 ó 15%, es decir, que el aporte de los dos sexos es casi igual.

“Todo es tratable, pero es duro cuando el hombre se entera de que tiene un problema, porque la sociedad lo señala y se frustra, por lo tanto, es importante que haya acompañamiento médico y familiar, de la esposa y de quienes lo rodean”, dice Maltez.

A eso agrega que no hay cosa que más moleste al hombre estéril que ver cómo otros hombres, que sí pueden tener hijos, los tienen “como por encargo”, pero sin hacerse responsables de ellos.

“A mí en lo personal me arrecha ver cómo un montón de jodidos que sí pueden tener hijos, andan por ahí, dejándolos regados, porque la sangre no se puede regar como cualquier cosa, no hacerse cargo de los hijos voluntariamente, es algo que no tiene perdón de Dios”, dice Horacio.

La otra cara de la moneda
Y, efectivamente, del otro lado están los hombres que no tienen ningún problema en embarazar a cuanta mujer se les ponga en medio, sin pensar en las consecuencias de lo que ello implica, sobre todo en la manutención de los hijos que nacen de sus relaciones.

En Nicaragua, según estadísticas del Ministerio de la Familia, uno de cada cuatro niños y niñas, es víctima de irresponsabilidad paterna.

Los casos de irresponsabilidad paterna surgen por todos lados de Nicaragua, y a criterio de varias expertas en la materia, son apenas la punta de una gigantesca pirámide, cuya amplia base está oculta profundamente en la sociedad nicaragüense.

Ley que asiste a los hijos
“Si ahora se conocen estadísticas y casos, es porque contamos con una Ley de Responsabilidad Paterna y Materna que sirve de instrumento para denunciar a los malos progenitores”, dice Andrea Baltodano Parrales, Coordinadora de la Unidad de Familia de Managua, de la Defensoría Pública, una instancia de la Corte Suprema de Justicia para atender legalmente a personas pobres que necesiten de acceso a la justicia.

La citada Ley fue aprobada en mayo de 2007, entró en vigor en junio de ese año, y es aplicada a partir de 2008.

Según Baltodano, esa norma tiene por objeto regular el derecho de las hijas e hijos a ser reconocidos por sus padres, y, en consecuencia, a gozar de los derechos y deberes que tal condición natural obliga, como alimentación, salud, educación y demás derechos constitucionales.

Antes de la Ley, según Baltodano, el fenómeno era normal y aceptado como parte de una cultura social antigua. A partir de la Ley y de otras iniciativas del Estado y de la sociedad civil por combatir el fenómeno, se han empezado a conocer casos y a registrarse estadísticas de la situación, que aumenta cada año.

Según estadísticas de la Defensoría, cuando en 2005 abrieron las oficinas para atender este tipo de casos, sólo se anotaron 450 casos de demandas por pensiones alimenticias.

En 2006, se anotaron alrededor de 1,800 casos; en 2007, las causas subieron a 1,850; en 2008 a 2,136, y en 2009 llegaron a 2,334 causas. En lo que va de 2010 llevan 1,294 casos contados.

Irresponsabilidad paterna es “violencia intrafamiliar”

La experiencia de ver casos como éste a diario, dice Baltodano, es apabullante. “La paternidad irresponsable conlleva algún tipo de violencia intrafamiliar, del tipo de violencia económica. Es traumático que un hijo pida a su padre que le cumpla con la responsabilidad moral y legal de proveerle alimentos”, relata la defensora pública.

“No tiene sentido, es hasta contranatural. Hay madres y padres demandados”, relata la profesional, detallando que una proporción es de
100 a uno: por cada cien hombres, una madre es demandada por incumplir a sus hijos, con lo cual ella aplica un concepto democrático de justicia: “Ni todos los hombres son malos, ni todas las madres son buenas”.

Problema lo enfrenta el 30% de las familias nicaragüenses
El fenómeno de los padres que reniegan de sus hijos, y que luchan por no asistirlos con alimentos y medicinas, a criterio de la experta, ocurre en el 30% de las familias nicaragüenses, “pero de esas familias, apenas un 5% lo denuncia. El resto lo oculta, ya sea por ignorancia, por miedo al sistema, por pobreza, por miedo a la persona demandada, por temor a perder a sus hijos, o por miedo a la violencia física”.

La Defensoría es apenas una de las cadenas institucionales que el Estado ha implementado para combatir la situación. Se suman el Ministerio de la Familia, los Juzgados de Familia, la Procuraduría de la Mujer, Niñez y Adolescencia, el Ministerio Público, la Policía Nacional a través de las Comisarías de la Mujer, y otras instancias como el Instituto de Medicina Legal y los hospitales públicos.

Las excusas de quienes no quieren asumir
Pero aun así, con todo y leyes e instancias públicas, y personal dedicado a velar para que se cumpla con la responsabilidad, la resistencia de hombres, y en algunos casos de mujeres, por cumplir a sus hijos, sigue siendo fuerte.

“Los hombres siempre luchan por evitar el pago: que tengo tarjetas de crédito que pagar, que tengo deudas con el banco, que debo el carro… y no es situación de casos especiales, así llegan personas de todos los estratos sociales: ingenieros, administradores, médicos, abogados, periodistas, funcionarios públicos, empresarios privados, incluso, ahorita tenemos un caso de un general”, reveló Baltodano.

La sociedad nicaragüense ha conocido públicamente de casos de políticos, empresarios reconocidos y de otros como fiscales y deportistas, que no asumen su responsabilidad paterna, el último conocido recientemente es el del boxeador y campeón del mundo Román “Chocolatito” González.

La resistencia tendrá su fin
El sistema tiene instrumentos para doblegar a quienes se resistan. Si aun con una sentencia en contra, un hombre se niega a cumplir su deber alimenticio para con su hijo o hija, la mujer puede dirigirse al Ministerio Público, donde la espera una unidad especializada para acompañarla a una causa penal.

“Si, el incumplimiento del deber alimenticio es delito, está en el Código Penal, y en la Fiscalía lo aplicamos con rigor”, dice Lilliam Soza, fiscal auxiliar que atiende específicamente demandas por incumplimientos de deberes alimenticios.

“Aquí el incumplimiento de deberes para con los hijos se trata como un delito similar a cualquier otro, porque es otro delito más en el Código Penal”, dice Soza.

“Ya cuando un hombre no le paga los alimentos a sus hijos, aun habiendo una prueba de por medio, una sentencia, una queja o una resolución administrativa, el Estado tiene la obligación legal de aplicar sanciones penales para que cumpla o pague su incumplimiento”, explica la fiscal.

Son alrededor de 1,700 expedientes tratados por la Fiscalía desde junio de 2005 a junio de 2010. Según las estadísticas, de las 1,700 causas, 600 han pasado a juicio y otros casos se han resuelto en mediación, que es la prioridad de los fiscales. “No queremos tener a todos los padres detenidos, no se soluciona así la situación de la niñez”, dice Soza.

Los casos llegan a la Fiscalía ya cuando se han agotado todas las vías civiles, administrativas y legales. En cinco años de atender estos temas, se han dado los casos de dos madres que se niegan a apoyar a sus hijos.

Un cinco por ciento de los casos termina en la cárcel. “Han ido médicos, ingenieros, profesores, obreros… en realidad, este tipo de casos afecta a todos los sectores de la sociedad, todos tienen un comportamiento similar: cerrarse a desembolsar un córdoba para el hijo”, explicó la fiscal.

El delito está fijado en el Código Penal y establece sanción de seis meses a tres años de prisión.

Herencia maldita
La periodista y socióloga Sofía Montenegro, afirma en su libro “Cultura sexual nicaragüense, el heredado reino del desamor”, que la irresponsabilidad paterna tiene un vínculo directo con el modelo social patriarcal que ha venido entregándose a todas las generaciones desde la Colonia Española.

“Las condiciones de la sociedad colonial promovieron una valoración de la masculinidad ligada a la fecundidad, y no tanto a la manutención de una familia”, señala el libro de Montenegro.

“Aunque hoy Nicaragua registra avances y cambios en el modelo genérico heredado, prevalece el modelo cultural que subordina a la mujer y al hombre de que el trabajo doméstico y el cuidado de los niños, son tareas exclusivas de las mujeres. Prevalecen las relaciones familiares desiguales caracterizadas por paternidad irresponsable, violencia doméstica y una seria restricción del tiempo de las mujeres. Por lo menos una cuarta parte de hogares nicaragüenses están encabezados por una mujer sin compañero, y, sobre ella, recae toda la responsabilidad económica”, agrega.