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Cuando era presidente producto del golpe de Estado en Honduras, Roberto Micheletti terminaba cada conferencia de prensa con un grito: “¡Viva Honduras, viva Honduras, viva Honduras!” Y, cual si fueran muñecos ya programados, los de su séquito le hacían inmediato eco a la palabra “viva”.

Este martes, en El Salvador, la corte se la hicieron algunos empresarios, políticos del partido Arena y una organización que en los últimos 31 años se caracterizó por su retórica anticomunista y que en 1991 llegó a tildar de “traidor” al futuro presidente Armando Calderón Sol por apoyar la negociación de la paz. Algunas de estas veteranas representantes de la Cruzada Pro Paz y Trabajo vieron la luz pública con motivo de la visita de Micheletti.

Micheletti fue juramentado presidente de Honduras el 28 de junio de 2009, pocas horas después de que los militares sacaran de su casa, a punta de fusil, al presidente Manuel Zelaya para desterrarlo hacia Costa Rica. La investidura se produjo en el Congreso, del que Micheletti era presidente hasta entonces. Ahí se leyó una supuesta carta de renuncia de Zelaya, quien no tardó en negar la genuinidad del documento.

Durante sus seis meses de gobierno interino, Micheletti logró el cierre de al menos cinco medios de comunicación en su país, acusados de ofender la dignidad del gobernante. Asimismo, logró que toda la comunidad internacional diera la espalda a Honduras porque tanto la OEA como la Unión Europea, Estados Unidos, Latinoamérica, la ONU y prácticamente todo el mundo leyó la violenta remoción de Zelaya como un golpe a la democracia. Un año después, Micheletti dice que estuvo y está “totalmente de acuerdo” con que al presidente se le botara del poder como se hizo.

Ahora da charlas sobre lo que entiende de democracia

Este fue el hombre que vino el martes a El Salvador a dar una charla sobre democracia. Y unos minutos antes de darla, concedió a El Faro una entrevista. Y fue en la suite presidencial del hotel Crowne Plaza donde volvió a encontrar una especie de barra que se dedicó a comentar, carcajearse, interrumpir, sugerir respuestas y, por supuesto, a corear algunas de las respuestas de Micheletti. En 15 ocasiones respondió a las preguntas con otra pregunta. Cuando ingresamos a la habitación donde nos aguardaba, nos sorprendió encontrarnos con una sala repleta. Una quincena de mujeres y hombres -algunos miembros del partido Arena, como el fundador Roberto Ávila- se entremezclaban. “¿Y va a ser con barra?”, preguntamos. Y comenzó la función.

¿Se arrepiente de su rol en el golpe de Estado?

No, no me arrepiento en el rol que me manda la Constitución de la República y las leyes de mi país sobre la sustitución constitucional.

¿Por qué piensa que actuó correctamente y según las leyes de su país?
Porque el artículo 239 de mi Constitución, el artículo 373, 374 y 375 definen lo que un ciudadano o lo que un grupo de ciudadanos pueden hacer en favor de la democracia de un país.

Se lava las manos

¿Eso incluye validar o legimitar el uso del ejército para sacar a un presidente del poder y desterrarlo a Costa Rica?
Yo quiero expresarle que Roberto Micheletti no tuvo absolutamente nada que ver con una disposición de la Corte Suprema de Justicia, que autorizó al ejército para que se le llamara la atención al señor Zelaya, dado que él había perdido su condición de presidente en la violación del artículo 239 de la Constitución de la República.

¿Existe una ley en Honduras que avale desterrar a un hondureño?
No, no existe, pero sí existe la protección de los ciudadanos, y nosotros creemos con mucha firmeza que para evitar un derramamiento de sangre se puede tomar una determinación. Cuando hay una orden de captura contra determinado ciudadano y se sabe que se va a provocar una violación a una acción que puede provocar muertes u otros conflictos, entonces se desiste de ello. Los militares en el momento de hacer el requiso del señor Zelaya, tomaron la determinación de ponerlo en un avión y llevarlo para Costa Rica porque consideraron que detenerlo en una de las cárceles o en uno de los batallones iba a causar más muertes. Sin embargo, ya los militares fueron juzgados por el tribunal que corresponde a una violación de esta naturaleza.

Usted legitimó esa acción, ya que de muy buen grado juramentó como presidente que sustituía.

Yo soy presidente del Congreso Nacional en ese momento. La Constitución de la República de Honduras dice que a falta del presidente de la República sustituye el vicepresidente. En caso de no existir el vicepresidente, asume las funciones el presidente del Congreso. Al no estar el presidente del Congreso, asume la responsabilidad el presidente de la Corte Suprema de Justicia. Yo llego al cargo precisamente porque no hay vicepresidente en ese momento.

Y obviamente tampoco había presidente.
No.

Es bonito llegar a presidente cuando uno mismo ha participado en la construcción de ese escenario en el que falten el vicepresidente y el presidente...

¿Y usted cómo me puede acusar a mí por una cosa de esas cuando yo soy presidente del Congreso Nacional, y es la Corte Suprema de Justicia y el ejército que toman esa decisión por mandato constitucional?

La Corte no mandó desterrarlo.
¿Perdón?

No mandaron desterrarlo. Bueno, pero es una determinación que toma un grupo de personas, que ya fue acusado y sentenciado.

Dio su OK a los militares

¿En su momento estuvo usted de acuerdo con la decisión que tomaron esos militares?
¡Totalmente de acuerdo! Porque él había violado la Constitución de la República, había cometido traición a la patria y hay actos de corrupción presentados a la Fiscalía General de la República por los actos que él había cometido.

A eso nos referíamos cuando planteábamos que usted, con sus acciones, no solo validó una actuación extralegal de los militares desterrando a un hondureño pese a que no hay ninguna disposición que lo permita, sino que también porque participó construyendo un escenario porque, “claro, soy presidente del Congreso y para llegar a ser presidente del país lo que hace falta es que no estén éste ni éste”, y claro, uno de ellos estaba en Costa Rica.

Pero cualquier persona que llega a un cargo de esta naturaleza perfectamente pudo haber pensado “yo me voy a quedar en el poder porque es un golpe de Estado”, como lo argumentan ustedes. Sin embargo, yo juré cumplir y hacer cumplir la Constitución de la República y agregué en mi juramento que íbamos a ir a elecciones generales, como ya estaban dispuestas después de haber pasado una elección interna. El país tenía ya candidatos presidenciales, el país tenía ya una elección interna hecha y solo faltaba la elección general. Yo me pregunto: ¿Por qué el presidente Zelaya no contribuyó económicamente con lo que correspondía, según la ley, al Tribunal Supremo Electoral para poder hacer el proceso? ¿Por qué el presidente Zelaya le quita al Congreso Nacional lo que es constitucional de darle por adelantado el presupuesto de tres meses y el presidente no solamente no le dio el dinero adelantado de tres meses sino que le retuvo tres meses más? Esas son violaciones constitucionales.

¿Y la ley hondureña no contempla sanciones para ese tipo de violaciones constitucionales?
Desde luego que sí.

Las leyes, según el ex Presidente de facto
¿Destierro o derrocamiento?
No, mire, cuando usted me habla de destierro eso es cuando una persona sale huyendo de un país porque ha cometido actos políticos, pero cuando son actos de corrupción comprobados... 13 mil millones de lempiras sin presupuesto, ¿dónde está ese dinero?... en una famosa cuarta urna que lo iba a llevar a él a ser presidente vitalicio de Honduras, igual que el de Venezuela, igual que el de Ecuador, igual que el de Bolivia...

Lo que no entendemos como argumento es esto: “Soy presidente del Congreso, supongo que el presidente está cometiendo violaciones y, por lo tanto, avalo que se le lleve a Costa Rica”.
No, no, no, no no... yo no soy el que comete... yo no soy el que hago eso...

... La peor manera de juzgar a alguien es llevarlo a otro país. Es decir, si hay un procedimiento constitucional y legal para poder juzgar a alguien... Este domingo, por ejemplo, en El Salvador quemaron un autobús con los pasajeros dentro. Me parecería una locura que la Policía tomara a los hechores y los llevara a otro país.
Yo le pregunto: ¿qué va a pasar si a esos delincuentes se les detiene y vienen mil delincuentes más a protegerlos?

Los detengo también.
Los detiene también. ¿Y qué tal si están tan armados como para poder provocar un derrame de sangre en el país, que es lo que no queremos ninguno?

Se les aplica la ley

¡Se les aplica la ley, simple y sencillamente! En el momento en que el señor Zelaya sale del país, primero, ya no es presidente de la República; segundo, él sale porque había violado la Constitución de la República 10 mil veces, y esa fue una determinación muy exclusiva de un grupo de ciudadanos que lo fueron a detener. ¿Por qué? Argumentan ellos que querían ver el país en paz y en tranquilidad, sin derramamiento de sangre.

¿Hasta dónde es estirable el argumento? Es decir, “Bueno, avalo que un grupo de militares hayan sacado a este señor del país, en la medida en que considero y ellos consideraron que si se quedaba ocurrirían cosas feas”. ¿Y dónde queda la ley? ¿A qué hora las consideraciones de un grupo de militares son relevantes sobre qué hacer con respecto de procedimientos que sí aparecen en la ley?

Mi pregunta es: ¿Conoce usted lo que ha pasado en Honduras sobre eso?
¿Conoce usted que se llevó a los militares a los tribunales y se les juzgó? ¿Conocen eso? Entonces conózcanlo. Los tribunales llamaron a los militares que habían hecho a hacer el llamamiento al señor Zelaya y los tuvieron detenidos como corresponde.

¿Estos señores violaron la ley?
Desde luego que sí.

¿Usted no?

No, yo no violé la ley. No violé la ley y yo soy sustitución constitucional, no hay golpe de Estado. Ustedes están jóvenes, pero aquí hubieron golpes de Estado, y cuando el golpe de Estado se da, se toman los militares el poder junto con algún civil, se quita el poder judicial, se quita la Corte Suprema de Justicia, se quita el poder legislativo, y no tiene más que esperar que venga una Constituyente para poder restituir el orden legal de un país. En mi país habían proclamado ya las elecciones, ya habían candidatos, se hace el proceso, se hacen elecciones libres y transparentes, ojalá ustedes hubieran ido, se elige un nuevo presidente. ¿Por qué negarle la oportunidad a un presidente que lo eligió el pueblo con una enorme mayoría?