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Un acuerdo que podría regular la caza de ballenas en los próximos diez años, comenzó a debatirse el lunes en la reunión de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), que durante una semana se desarrollará en Marruecos.

Esta cumbre es vital para el futuro del cetáceo, cuya población se ha reducido drásticamente en los últimos 25 años.

Según el primer punto de la propuesta presentada por la CBI, la moratoria a la caza de ballenas se mantendrá.

Esta medida propuesta en 1982 y que entró en vigencia en 1985, prohíbe la caza del cetáceo con fines comerciales en todo el mundo y es considerada uno de los mayores logros conservacionistas de nuestro tiempo.

Sin embargo, no funciona de igual manera para todos los países. Islandia y Noruega no acataron la moratoria y siguieron cazando ballenas. Japón, que en principio sí la firmó, optó por llevar a cabo un programa científico por el que anualmente captura alrededor de 900 ejemplares.

A pesar de la intención de que la moratoria se mantenga vigente, la CBI propone crear cuotas comerciales y límites estrictos a los países que no cumplen con la Moratoria.

Según los observadores, estos dos puntos de la propuesta son aparentemente imposibles: mante-ner la moratoria y a la vez incluir una nueva caza comercial pero con muchos más controles.

Mayor control

De acuerdo con la propuesta que la CBI define como una decisión de consenso, Japón podría seguir realizando lo que llama caza científica, pero pasaría a pescar 400 ejemplares entre ballenas minke y de aleta, la mitad de lo que caza actualmente. En cinco años la cantidad se reduciría a 200.

De ser aprobada la propuesta, se impediría que aparte de Islandia, Noruega, Dinamarca y Japón nuevos países se sumen a la práctica; además, la CBI controlaría la caza de todas las ballenas y se fijarían cuotas para todos los países.

Los barcos tendrían observadores internacionales y se aplicarían controles genéticos en los mercados, se prohibiría la exportación de carne de ballena y se establecería el uso de métodos de caza los menos crueles posible.

Finalmente, el acuerdo crearía un santuario antártico, una zona clave para la reproducción y la alimentación de las principales especies balleneras.

Según los términos del acuerdo, continuaría la caza de la ballena de aleta, una especie que se encuentra en peligro de extinción, pero éstas no son más que propuestas.

La pregunta es ¿si se llegará a un compromiso entre los grupos a favor y en contra de la caza de estos cetáceos?. Aún se debe votar por la propuesta que necesita el apoyo del 75% de los 88 países miembros.

Qué pasará, está en duda. La negociación ya ha comenzado y algunos han denunciado procedimientos turbios como compra-venta de votos de los estados más pequeños y que se juegan poco o nada en la
contienda.

Latinoamérica alistó posición

Ante la posibilidad de legitimar la caza de ballenas, el mes pasado en Costa Rica se reunió el Grupo de Buenos Aires adscrito al CBI.

Marcela Vargas, gerente de campaña Sociedad Mundial para la Protección Animal, (WSPA, por sus siglas en inglés) lamentó la ausencia de Nicaragua en esta reunión, tomando en consideración que nuestro país tiene un incipiente mercado de avistamiento de ballenas y según su valoración, de no hacer nada por evitar la caza, terminaría afectando sus intereses. Los gobiernos participantes y las organizaciones de la sociedad civil trabajaron en la construcción de una posición conjunta frente a la propuesta de la CBI, respecto a la caza comercial de ballenas.

“Estamos apoyando a los países latinoamericanos para que se opongan rotundamente a esa propuesta”, señaló Vargas.

El Grupo de Buenos Aires se conformó en 2005, y a la fecha se considera un bloque en los que algunos están empezando a confiar sus esperanzas, y otros obviamente su preocupación respecto a la caza comercial de ballenas.