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El 17 de abril de 2009, un mesurado Daniel Ortega de saco y corbata, apretó la mano del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, durante la Quinta Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago. Ambos sonrieron y lucieron cordiales ante las cámaras.

La cordialidad terminó cuando el presidente nicaragüense tomó la palabra en la apertura del evento y en un largo discurso transmitido en vivo por la televisión, reclamó al mismísimo presidente del “Imperio”, una deuda de 50 mil millones de dólares.

No era la primera vez que Ortega hablaba de “la deuda histórica” del “imperio” para con Nicaragua. En sus discursos, aún antes de regresar al poder en 2007, el tema de la “deuda histórica” siempre estuvo en las plazas públicas llenas de banderas rojinegras del partido de gobierno y en las consignas alusivas a ¡vende-patrias” e “invasores extranjeros”.

Pero el asunto de cobrarle en su cara, y delante de toda América, a un presidente estadounidense 50 mil millones de dólares, pasó desapercibido entre los medios, que vieron el discurso como una crítica más del viejo ex guerrillero a sus enemigos históricos.

Un fallo sorprendente y un texto de desistimiento que no se conoce
¿De qué deuda habla Ortega cuando reclama 50 mil millones? El 27 de junio de 1986, Nicaragua obtuvo una sentencia de la Corte Internacional de Justicia que condenó a Estados Unidos a indemnizar al país por las acciones de guerra iniciadas desde 1980.

La historia es conocida: Estados Unidos desconoció la jurisdicción de la CIJ en ese juicio, siguió financiando la guerra contra Nicaragua hasta finales de 1989, se negó a indemnizar al país y todo “terminó” en 1991, cuando el gobierno de la presidente Violeta Barrios de Chamorro desistió de cobrar la indemnización económica que, dos años antes Nicaragua calculaba en 17 mil millones de dólares. El escrito de desistimiento nunca se ha conocido y valorado en sus alcances.

Para Ortega la deuda con todo e intereses por mora y otros cobros por el atraso histórico, hoy asciende a unos 50 mil millones de dólares.

Carlos Argüello Gómez, el histórico agente jurídico de Nicaragua ante La Haya en aquel episodio monumental, cree que no “todo terminó” en 1991 y que cuando se habla de la deuda es porque sigue vigente el derecho del país de exigir a Estados Unidos aquello que se negó a pagar hace 24 años.

El 9 de abril de 1984, Argüello Gómez, embajador de Nicaragua en Holanda, entregó al Secretario de la CIJ, Santiago Torres Bernárdez, la solicitud con que Nicaragua abrió el primer proceso judicial contra EU por actividades violatorias del derecho internacional en contra de un pueblo.

Entre las actividades denunciadas se destacaban el ataque militar directo de la CIA en varios poblados del país, el minado de los principales puertos marítimos de Nicaragua, el aislamiento económico, los sabotajes a objetivos civiles y económicos y daños materiales que estas actividades provocaron en cosechas, puentes, oleoductos, tanques de combustible, plantas de electricidad, aeropuertos, carreteras y fábricas.

En ese momento se estimó oficialmente que más de 3,000 civiles nicaragüenses habían muerto en esas acciones.

En ese acto, Nicaragua pidió a la CIJ dictar urgentemente medidas provisionales de protección al país. La sentencia se falló de manera casi unánime el 27 de junio de 1986 contra Estados Unidos.

Se hizo justicia y la deuda está viva

A 24 años de aquel episodio, el agente jurídico nicaragüense cree que con el fallo se condenaron “todas las injusticias a las que hemos estado sometidos desde que nacimos como nación, porque no era la primera vez que resentíamos ese tipo de ataques provenientes del Norte”.

Argüello Gómez va más allá: “Estados Unidos efectivamente debe a Nicaragua el fallo pecuniario más sus intereses”.

“Ningún presidente podía tomarse el derecho de renunciar a una indemnización que restablecía financieramente el daño que había sufrido todo un pueblo”, dijo el jurista internacional, y mucho menos sin aprobación de la Asamblea Nacional o de un plebiscito que era lo correcto si se quería tener la legitimidad expresada por el pueblo nicaragüense.

A juicio de Argüello Gómez, aquella sentencia tuvo una proyección enorme “no sólo por el momento, sino por la cuestión histórica que significaba para el futuro la decisión de la Corte de La Haya, pues se trataba de establecer un precedente contra los países que violan el derecho internacional e irrespetan la soberanía de los demás”.

Un gran triunfo diplomático

El agente de Nicaragua en La Haya, al hablar desde Holanda con END, dijo que aquella victoria jurídica es uno “de los mejores capítulos de Nicaragua en el manejo de diplomacia y uso de la norma del derecho mundial”.

La prensa internacional de aquel momento de guerra fría calificó la batalla legal con la pelea bíblica del gigante Goliat contra el pequeño David.

Una escena de una de las audiencias en la sala internacional expuso, con un ligero ejemplo, la magnitud de los contendientes, de acuerdo al libro del experto en Derecho Internacional Augusto Zamora, “Actividades militares y paramilitares en y contra Nicaragua”.

“La delegación gringa llegaba en una caravana de limosinas y llenaban varias bancas de la sala de audiencias; los delegados nicaragüenses se transportaban en un microbús modesto y en la banca que ocupaban sobraba espacio”, escribió Zamora.

“Nuestros argumentos siempre fueron sólidos, contundentes e irrebatibles, muestra de ello es que la posición de Estados Unidos de desconocer a La Haya en su jurisdicción fue la confesión más clara de que no tenían razones jurídicas para defenderse, porque si la hubiesen tenido por muy mínima que fuera, nunca se hubieran retirado de la Corte y hubieran seguido con el juicio”, argumentó Argüello.

EU dio la espalda a la Corte

Añadió que la actitud de EU en aquel momento “fue vergonzosa” pues “voltearle la espalda” a la Corte de la forma en que lo hicieron, “fue un hecho que nunca se había dado ni se ha dado después de esa ocasión”.

“Fue una cuestión completamente inusual, ya ves que nosotros hemos llevado varios casos ante la Corte, todas las sentencias las cumplimos, nuestras contrapartes también lo hacen, en África se han dado varios casos ante la Corte, y sus fallos lo han cumplido, así que fue una vergüenza esa actitud y ojalá que esa vergüenza sirva para analizar la realidad y ver lo que sucedió y lo que se hizo pagar a Nicaragua de deuda externa”, indicó Argüello Gómez.

El agente Jurídico en La Haya asegura que cuando alguien en Nicaragua, desde el presidente Daniel Ortega hasta el ciudadano más común, afirma que la indemnización que ordenó la CIJ es un asunto pendiente, está diciendo la realidad.

“No se trata de un discurso, sino de una realidad, porque ni doña Violeta ni ningún otro mandatario tenía potestad de renunciar al cobro”, dijo Argüello Gómez.

La CIJ decidió entre otras cosas que EU estaba en la obligación, frente a la República de Nicaragua, de suspender la agresión y reparar cualquier perjuicio causado a ésta por la violación de las obligaciones impuestas por el Derecho Internacional.

Sentencia irrevocable y sólo se detuvo el fallo sobre el cálculo de la indemnización
La memoria sobre indemnización presentada por Nicaragua ante la CIJ el 29 de marzo de 1988, reclamaba 12 mil millones de dólares para resarcir los daños causados por la Casa Blanca desde el 1 de diciembre de 1981.

Como Washington ignoró a la Corte y a Nicaragua, y continuó la guerra, los daños estimados por Managua ascendieron a 15 mil millones a finales de 1988 y en 1989 alcanzaron 17 mil millones de dólares reclamados ante la CIJ.

“Eso (la sentencia) es un patrimonio de Nicaragua y lo que se hizo en su momento fue suspender la tramitación ante la Corte, pero no se ha renunciado ni se podía renunciar a una indemnización que es de Nicaragua y del pueblo de Nicaragua”, señaló ahora Argüello Gómez, para quien la sentencia sigue vigente, lo único que se detuvo fue como se dice en derecho, el tasamiento de la deuda.

De acuerdo con Argüello Gómez, los derechos internacionales son irrenunciables, tanto así, que explica que hoy en día ante la Corte se están haciendo reclamos por situaciones que sucedieron hace cien años en algunas partes del mundo, por tratos que se dieron a indígenas en algunas partes, a minorías en otros lados.

“Los judíos siguen reclamando situaciones que se dieron hace 60 ó 70 años, y se hace porque ese tipo de cosas no prescribe, porque sino veamos cómo los mismos Estados Unidos están presionando a una transnacional para que congelen 20 mil millones de dólares a la empresa BP por el derrame en el Golfo, es decir ellos sí pueden reclamar y todo el mundo está reclamando, es decir eso (la sentencia de 1986) es irrenunciable”, aseguró.

“Los 17 mil millones de dólares es una deuda que moral y legalmente se le debe a Nicaragua, no es algo a lo que se puede renunciar, la Corte lo dijo y en algún momento de la historia los Estados Unidos tendrán que enfrentarse a esa realidad”, concluyó el agente de Nicaragua en La Haya.

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Víctor Hugo Tinoco, ex vicecanciller:

“Fallo fue lección histórica, pero no hay deuda”

La posición del agente de Nicaragua en La Haya, Carlos Argüello Gómez, es compartida a medias por Víctor Hugo Tinoco, quien en aquel episodio era el vicecanciller del gobierno sandinista.

Tinoco comentó que el fallo de la CIJ reivindicó la denuncia nicaragüense de que había una política de agresión militar contra Nicaragua, “inspirada, dirigida y financiada” por Estados Unidos por medio de la guerrilla de la Contra.

“Fue un fallo justo, apropiado, afortunado e histórico”, afirmó Tinoco, actual disidente del gobierno que preside Ortega.

Tinoco consideró que el caso significó un manejo diplomático jurídico “espléndido”, porque en aquel momento por el panorama geopolítico mundial, “se podía considerar absurdo que La Haya fallara contra Estados Unidos por el nivel de influencia de ese país”.

“Pero la Corte demostró su actuar firme y justo, porque a pesar de ese peso de EU, se mantuvo apegada a las normas que establece el Derecho Internacional y hasta uno de los árbitros, que era estadounidense, falló a favor de Nicaragua”, rememoró el ex diplomático.

“Eso te habla bien de la Corte en ese momento y de la Corte en la posterioridad para dirimir problemas o conflictos entre los Estados, y por eso es correcto que en la actualidad Nicaragua recurra ante La Haya, ya no para resolver asuntos de naturaleza política, sino de carácter territorial”, dijo el ahora diputado del Movimiento Renovador Sandinista, MRS.

El 12 de septiembre de 1991, el nuevo gobierno de Nicaragua anunció mediante la cancillería que desistía de cobrar la deuda a Estados Unidos, pero ese texto no se ha hecho público.

Managua se acercó a la CIJ indicando que Nicaragua no continuaría con la tasación, no con la demanda que ya estaba fallada.

Aparentemente el gobierno nicaragüense había alcanzado un acuerdo con los Estados Unidos a cambio de promesas de préstamos y ayuda económica directa por 200 millones anuales, para reconstruir al país después de la guerra.

Ortega y “los vende patrias”

La acción provocó la enardecida protesta del FSLN y del mismo Ortega, quien calificó entonces al día 26 de septiembre como “el día de los vende patrias”.

Al consultarle a Víctor Hugo Tinoco sobre la decisión del gobierno de aquella época de no hacer efectivo el cobro pecuniario por el fallo, expresó que ello obedeció a consideraciones de quienes formaban parte de ese gabinete, “que estimaron que iba a significar más costo que beneficio continuar la acción, pero en todo caso fue una decisión política de aquel momento”.