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El sistema educativo nacional ya ha adoptado una estrategia enfocada a cumplir con la educación inclusiva, reconociendo a los niños con discapacidad como individuos con potencial y ante todo derecho a recibir educación. No obstante, de las buenas intenciones a la realidad aún hay una distancia abismal.

El reto es trabajar contra ese “sistema que tiene puertas giratorias: entran y ahí no más sacan a los chavalos… queremos que se mantengan y que aprendan”, enfatizó Sobeyda Bárcenas, de Los Pipitos.

“No es cuestión de llenar las aulas y ver cuánto aguantan allí”, agregó José Antonio Gutiérrez, Presidente de la Asociación de Personas con Discapacidad Física-Motora, Adifim, refiriéndose a que hasta ahora se ha realizado una campaña centrada en un incremento de la matrícula de niños con discapacidad en las escuelas regulares, la cual, aunque aún no se tienen datos específicos, se sabe que ha tenido cierto efecto positivo.

Eso sí, desestiman que 27 mil de los 80 mil niños con discapacidad en edad escolar que aproximadamente existen en el país, estén siendo atendidos por el Mined, como oficialmente se maneja. Más bien apuntan a que esa cifra sea de unos 8 mil menores. Los Pipitos, por ejemplo, cubren menos de 5 mil menores, dice Bárcenas, argumentando que las cifras en el Mined se inflan, porque “todo aquel que es necio, porque repite dos veces el año va en el bolsón de los niños con discapacidad”.

Otro ejemplo de la deficiente cobertura del Mined a este segmento de población escolar lo da Gutiérrez citando el estudio Accesibilidad en las Centros Educativos, realizado por Adifim el cual evidenció que en Managua hay una exclusión a gran escala, pues del total de estudiantes matriculados solamente hay 399 que padecen algún tipo de discapacidad física motora.

El mismo estudio reveló que únicamente en el 40% de los centros escolares públicos del país existen condiciones básicas de accesibilidad para personas discapacitadas.

Entre las fallas del sistema, Gutiérrez menciona carencia de conectividad a lo interno de las edificaciones, no existen baterías de baño apropiadas, ni bibliotecas con material didáctico apropiado para discapacidades sensoriales. Tampoco hay mobiliario apropiado, puertas y pasillos amplios que garanticen desplazamiento, entre otras necesidades de tipo estructural que a criterio de Gutiérrez no demandan gran inversión sino “ajustes razonables” que no se hacen bajo el argumento de falta de fondos cuando a su criterio se “despilfarran recursos” en otras cosas.

También se carece de voluntad

Para Rosa Montano, miembro de la Federación de la Coordinadora Nicaragüense de Organismos por la Rehabilitación e Integración, Feconori, no toda la problemática radica en la falta de inversión.

Aspectos como la voluntad y la responsabilidad social individual por parte de los docentes son esenciales, menciona como importantes para que no sólo asistan a la escuela porque sí, sino para recibir educación de calidad porque “el objetivo es que tengan elementos para la vida”, apuntó.

Un cambio actitud del docente es elemental y esto dijo sí es responsabilidad del Estado ya que parte de la motivación que se le dé al docente. En Nicaragua es de sobra conocido el descontento de este gremio que además de ejercer su labor en pésimas condiciones, reciben como paga un promedio de 3 mil 500 córdobas con el cual según sus quejas no les permite ni cubrir el valor de la canasta básica.

Acciones

En todo esto, señala Bárcenas, la capacitación es clave porque cada vez que se encuentran con grupos de docentes ellos expresan que no están siendo capacitados para asumir el reto.

Su propuesta es que dichas capacitaciones se enfoquen en adecuar los currículos escolares no sólo desde el punto de vista de las deficiencias, sino estableciendo estrategias aplicables a todo el alumnado.

Deja claro que la solución de atención al derecho la educación de los discapacitados “no es llenar al país con escuelas especiales, queremos transformar el sistema para que sea capaz de asumir a todos”.

Actualmente los organismo de la sociedad civil en coordinación con el Mined están planteando que demás de la superación de las barreras físicas, se haga una revisión y actualización de las normas educativas para los estudiantes con necesidades especiales para “que de verdad representen un proceso que lleve al niño a un aprendizaje que le sirva para la vida y no sólo de pantalla”, expuso Montano, contando entre los avances la integración de la Mesa de Educación Inclusiva desde donde vienen trabajando.

La conclusión del presidente de Adifm es que a veces resulta más fácil “invisibilizar a este segmento de población y aislarlo porque la discapacidad se ve como un problema en el individuo y no en la sociedad”.

Plantea que hay mucho por hacer para garantizar la inclusión de los discapacitados a la educación regular y eso cuenta a la familia, sociedad y autoridades porque el mismo entorno no es amable con este segmento que en Nicaragua equivale a casi un 12 por ciento del total de población.

Integrarse al colegio es costoso

Según especialistas, integrar a los niños con discapacidad a las escuelas representa para la familia una inversión un tanto elevada en comparación con lo que demanda llevar a uno que no requiere trato especial. Eso hace aún más importante se cumpla con la demanda de condiciones que faciliten el acceso tanto dentro como fuera de los centros escolares, menciona José Antonio Gutiérrez, presidente de Adifim. Ese costo adicional está principalmente asociado a transporte.

Rosa Montano de Feconori agrega que el alumno con discapacidad invierte más tiempo y esfuerzo en su preparación para asistir al aula de clases, algo que se puede inclinar negativamente al punto de provocar el abandono, cuando el colegio no presta las condiciones mínimas para su estadía.

Eso es vital tomando en cuenta que la campaña “Todos vamos a la misma escuela, que nadie se quede sin estudiar”, en la que Estado y organismos de la sociedad civil suman esfuerzos, se enfocó en el aumento de la matrícula de los niños con discapacidad en las escuelas regulares. Ahora se plantea un desafío mayor que es la retención escolar.

Entre las razones que motivan la deserción de los niños discapacitados que ingresan a la escuela regular, además del costo y el esfuerzo, están las barreras físicas en las escuelas así como el transporte no accesible y el entorno no amable.

Gutiérrez lamenta que las edificaciones escolares no sean construidas con los requerimientos básicos para cumplir con la educación inclusiva. Cuestiona los casos de centros cuya construcción es financiada por la cooperación internacional y los donantes demandan que el país ponga una contraparte para obras en la parte externa de las edificaciones, incluidas aquellas que garantice los requerimientos de accesibilidad y conectividad. No se cumple argumentando falta de recursos.

Dice que la conectividad es fundamental, porque es lo que permite que el alumno discapacitado no tenga problemas con su medio auxiliar y se integre sin problemas al sistema, eso incluye rampas para discapacidades físico motoras, pasamanos para no videntes, entre otros aspectos.

“La escuela se debe adecuar al niño, no el niño a la escuela”, expresa sobre este punto Jorge Mendoza, director ejecutivo del Foro de Educación y Desarrollo Humano, aclarando que la demanda al gobierno es inevitablemente de más y mejor inversión, sobre todo tomando en cuenta que la educación inclusiva es la que menos cobertura refleja actualmente (10% de la demanda).

Los que más necesitan

Por su parte, Gutiérrez recuerda que la discapacidad no solamente es adquirida, sino también congénita. Son precisamente los que nacen con discapacidad quienes enfrentan mayor desventaja al momento de demandar educación.

“Desgraciadamente la misma familia oculta al niño con discapacidad”, señala el presidente de Adifim, reconociendo que en nuestro país urge un cambio de actitud encaminado a dejar de ver a los discapacitados como enfermos y en el caso de los docentes a no sentirlos como carga.

Mendoza llama a no perder de vista que existe un nuevo paradigma en el mundo que consiste en convertir las escuelas públicas regulares en escuelas con enfoque de educación inclusiva. Nicaragua debería pues enfocarse a aplicar esto en las 15 mil escuelas que tiene, apostando no sólo a eliminar barreras físicas sino culturales desechando estilos de crianza que victimiza y lesiona la autoestima de los menores que pertenecen a ese segmento poblacional.