Rafael Lara
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Una tendencia creciente de pedofilia está golpeando Nicaragua, donde tanto niñas como niños son víctimas de degenerados. De los 283 casos de violencia sexual reportados en 2009, 167 víctimas fueron niñas y adolescentes de entre 6 meses y 17 años, mientras 23 varones estaban en el rango de entre 4 y 17 años, según reporta el “análisis cuantitativo de los artículos periodísticos sobre violencia sexual”,
Sólo en violencia sexual, a nivel general, se contabilizaron 30 hombres que sufrieron este tipo de agresión, entre los cuales 26 son menores de 20 años y sólo cuatro mayores de 21 años.

Magali Quintana, parte de las creadoras del trabajo estadístico, comenta que comparativamente entre 2008 y 2009 se observa una baja en los casos de violación a mujeres, reduciéndose en 51 casos. En 2009 fueron 283 casos de violencia sexual reportados, de los cuales el 74.91% representa a niñas, niños y adolescentes menores de 20 años. En 2008 fueron 334 las mujeres violadas, y el 65.3% estaba en el rango de uno a 17 años.

Sin embargo, Quintana considera que la baja en las denuncias de violencia sexual no se debe a que en Nicaragua haya disminuido la violencia contra las mujeres. “Más bien consideramos que se debe a la falta de atención en las Comisarías de la Mujer, Niñez y Adolescencia, además de los obstáculos que se les presentan, al ver que estos lugares ya no son una alternativa para ellas”.

Señaló que es importante destacar que las menores de 20 años son las que más sufren la violencia sexual en nuestro país, pues la incidencia de este delito va en crecimiento. Además de que los casos de violación seguida de homicidio se duplicaron en seis. Para 2008, las niñas en edades de tres a 16 años, violadas y asesinadas, fueron cinco.

En 2009, de las mujeres violadas fueron asesinadas 15, de las cuales 11 estaban en el rango de menores de edad, a lo que se suma un varón que fue violado y asesinado. En el caso de víctimas mayores de 21 años, tenemos a dos mujeres y a un hombre víctimas de estos delitos.

El estudio, basado en las informaciones de publicaciones en los tres diarios nacionales durante el año pasado, fue realizado por el equipo de Católicas por el Derecho a Decidir, en Nicaragua, cuya metodología se basa en que no siempre las violaciones son denunciadas ante las autoridades, pero sí en los medios de comunicación, por lo que resultan más relevantes estos datos para mostrar la verdadera magnitud de la situación.

En el estudio, en carácter numérico, de los tres periódicos el que más reporta sobre violencia sexual contra la mujer es EL NUEVO DIARIO.

Pedofilia creciente en varones

Las cifras también muestran una tendencia creciente de pedófilos en nuestra sociedad, y no sólo del sexo femenino. En el período 2009 fueron 26 los varones agredidos sexualmente. Del total en estos delitos, los rangos de edad encontrados fueron 9.9% (21) en edades de cuatro a 12 años y 0.9% (dos) se ubican entre 13 y 17 años. Tres sólo fueron identificados como menores en los periódicos, sin especificar la edad.

En 2008, los casos de los varones abusados (agredidos sexualmente) fueron 25, donde el 28% tenía de uno a seis años; otro 28% comprendidos entre los siete y los nueve años. De los 10 a los 13 años fue el 8%, y en el caso de los adolescentes de entre 14 y 17 años, las víctimas representaron el 24%.

En 2009, la procedencia de las víctimas en mayor proporción fue de Managua, con el 40.1%, seguido de la Región Autónoma del Atlántico Sur, con el 9%, y de León con el 8%, además de la Región Autónoma del Atlántico Norte, RAAN, con el 6.1%.

Si bien cuantitativamente el mayor número de víctimas se encuentran en Managua, se analiza que éste no debe verse como un dato absoluto, ya que los medios cubren más la capital, debido a que hay mayor concentración de población y más capacidad de denuncia, a diferencia de las dificultades que tienen los periodistas para trasladarse a las zonas rurales, y de las que tienen las víctimas para interponer su denuncia en la cabecera departamental.

“En la cultura masculina, ser violado es algo de mayor arraigo desde el carácter psicológico. El golpe marcado en la identidad masculina, los hace sentir que desaparecieron de la vida tras una situación como esa”, explica la especialista.

Indicó que ése es uno de los mayores obstáculos para que los varones sean capaces de denunciar el abuso. Sin embargo, cuando el victimario es un religioso, el problema moral es más grave.

Quintana dijo estar clara de que en la mayoría de los casos los religiosos no son la mayoría de los victimarios, sin embargo, “en estos estudios nos hemos encontrado con varios religiosos involucrado en delitos sexuales. Por esto, el grupo de Católicas por el Derecho a Decidir, a nivel internacional, hará una demanda en el Vaticano sobre los distintos sacerdotes que han violado a niños y a niñas en nuestra sociedad”, expresó, considerando que no encontrar respuesta será un precedente grave y un impedimento para la justicia.

Entre las peticiones está que tanto los casos de los actuales investigados, como los denunciados en el pasado, deben ser estudiados desde el mismo prelado, y no ocultarlos para luego ser presentados ante las autoridades.

En 2008, en el 51.5% (185) de los casos los violadores eran conocidos. El 48% fueron los propios padres, y, el 30%, los padrastros. Las cifras generales incluyen a seis pastores involucrados en los abusos sexuales. Aunque no representan una cifra significativa, la impunidad en ellos es mayor.

Algunos lobos disfrazados de ovejas
En estos casos, Quintana ejemplificó que la jerarquía se encubre, marca su influencia con las autoridades y protege a sus miembros, tal como sucedió con un sacerdote que, en Ocotal, fue acusado por el delito de violación por abusar de varios monaguillos. Entonces, el propio obispo Abelardo Mata lo protegió de los familiares de los abusados, de las sanciones y del traslado que ordenaron los superiores agustinos, y le abrió las puertas de los diocesanos, para trasladarlo y designarlo cura párroco en otra zona.

“El caso dejó graves secuelas en la integridad física y sicológica de los menores de edad abusados, algo que no han logrado superar hasta la fecha. Creemos que una jerarquía responsable, lo primero que debe hacer es desarrollar una investigación profunda sobre el caso, para poder levantarse con la frente en alto”, comenta la entrevistada.

Ella también se pregunta qué sucedió con monseñor Zenón Corrales Cabrera, quién lo protegió en 1999 después de violar niños en San Rafael del Sur.

Corrales fue acusado por el delito de violación frustrada ante las autoridades policiales de San Rafael del Sur y tenía pendiente la acusación por presuntamente violar a una niña en Waswalí, Matagalpa. Entonces fue monseñor Leopoldo Brenes quien intercedió por él, para finalmente facilitarle el camino para salir de Nicaragua hacia México, según se reportó en los diarios de entonces.

A pesar de las denuncias contra el sacerdote Zenón Corrales Cabrera por abusar sexualmente de menores de edad en Nicaragua, en México la diócesis de Texcoco aseguró que tales acusaciones "son falsas", y que provienen de "grupos que no ven con buenos ojos la autoridad moral de que goza la Iglesia Católica". Un comunicado del vocero de la diócesis, Eduardo Israel Salazar Martínez, fue categórico: "El padre Zenón seguirá trabajando en su parroquia de Otumba, ya que son falsos todos los argumentos en su contra", dijo en junio de 2003.

Otro caso fue en 2002, con el de un cura de origen alemán --Friedrich Engels--, más conocido como el padre Federico, también acusado de violar a varios niños en Nicaragua. Entonces intervino Eddy Montenegro, quien nunca dio una respuesta a las preguntas de los periodistas cuando se le inquirió sobre el caso.

“Hacemos un llamado a la población de que no puede permitir que un religioso o no religioso abuse de un niño o de una niña, porque destruye una vida inocente”, dijo Quintana, alegando que si bien los religiosos no representan una cantidad mayoritaria de violadores, nadie, mucho menos alguien que se hace pasar por guía espiritual, debe arruinarle la vida a un niño o a una niña. Comentó que lo peor de todo es que casi siempre, después, los niños y las niñas agredidas son revictimizados por feligreses, muy allegados a los abusadores.

Más allá de la violación

Las secuelas de la agresión sexual no se terminan con la violación, hay afectaciones psicológicas tanto en las personas adultas como en las menores de edad. A esto se suma que algunas terminan embarazadas del violador.

De las 164 mujeres --de entre tres meses y 20 años-- que fueron violadas, 11 quedaron embarazadas producto del abuso sexual. Su rango de edad es de 11 a 12 años el 45.5%, y de 13 a 17 años, el 54.5%. En tres de los casos, los abusadores fueron el padre, el padrastro y el tío, respectivamente.

Entre las principales circunstancias agravantes del delito de violación sufrida por las víctimas del sexo femenino, menores de 20 años, se encuentra que el 59.7% fueron violadas por parientes, tutores o personas ligadas al matrimonio o en unión de hecho con su madre.

El 10.4% eran personas discapacitadas; en el 17.9% de los casos, la violación fue cometida en concurso de otras personas; y en el 4.5%, el agresor tenía relación de autoridad y confianza con la víctima.

En el caso de los hombres, el 6% fueron violados por parientes, y el 1.5%, las víctimas tenían relación de autoridad y de confianza con su agresor.

De los 234 agresores y de las seis mujeres que participaron como cómplices en los actos de violencia sexual contra las víctimas menores de 20 años, sólo el 9.2%, o sea 22 de ellos, han sido procesados judicialmente. De los que fueron a juicio, el 77.3% --17-- fueron declarados culpables y el 22.7%, no culpables.

Significado de pedofilia

Desde un punto de vista médico, la paidofilia o pedofilia consiste en que la excitación o el placer sexual se obtienen, principalmente, a través de actividades o fantasías sexuales con niños en edades, por lo general, de entre 8 y 12 años. A la persona que padece pedofilia se le denomina pedófilo.

La pedofilia es un rasgo multifactorial en la personalidad de quien la padece, y se compone de aspectos mentales, institucionales, de actividad, de educación sexual, de violencia, de control de las pulsiones, entre otros elementos.

En este sentido, se suelen distinguir dos tipos de pedofilia: una primaria o esencial, muy arraigada en el sujeto, y otra secundaria, que aparecería motivada por factores circunstanciales.

Las conductas pedófilas son muy heterogéneas, desde casos casi “inofensivos”, en que nunca se consuma el acto sexual, hasta aquellos en que alcanzan niveles que se ubican dentro de lo criminal. A la actividad sexual de un pedófilo con un menor de 13 años se lo conoce con el nombre de abuso sexual infantil, un delito sancionado por el Código Penal de Nicaragua.

Igualmente, está calificada como violación y está penada por las leyes la relación sexual con jóvenes menores de 18 años. Cuando se trata de una persona mayor de 13 y se sostiene relación sexual, con o sin su consentimiento, al delito se le conoce como estupro.