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Goyito, como se le llama cariñosamente, llegó hace seis años a Apawás, un caserío enclavado en una remota zona del país, cargando sobre sus hombros una deuda de dos mil quinientos dólares, y el trauma de haber sufrido cuatro asaltos que casi lo llevan al cementerio.

Su mayor tesoro era un corazón lleno de entusiasmo, que lo ayudaba a superar los obstáculos que la vida ponía delante su camino. Llegó buscando fortuna como lo hacen únicamente las personas que creen en ellas mismas.

Lo imagino bajando de la panga y poniendo la mochila en la primera piedra que encontró al llegar a la única calle de aquel poblado que recién se formaba.

Era un forastero buscando un rostro bonachón para pedirle un lugar donde dormir. Apawás tenía apenas 44 casas.

Un hombre que sabe de todo
Originario de Cuapa, José Gregorio Gutiérrez es mecánico, electricista, experto en fibra de vidrio, maestro de obra, asistente de radiodifusión, comerciante, pero especialmente, un emprendedor de vocación.

La primera vez que llegó, Goyito se quedó quince días en aquel pequeño caserío que no tenía energía eléctrica, con el objetivo de palpar la dinámica comercial de aquel lugar.

Realizó un “estudio de mercado”, contó la cantidad de comerciantes que bajaban de la montaña; hizo sus cálculos y decidió comprar un molino con motor diesel.

El primer molino de Apawás, esa fue la deuda de los dos mil quinientos dólares que hablamos anteriormente.

Gregorio recuerda que cuando llegó a Apawás, un muchacho le dio donde poner un plástico en el patio de su casa y le pagaba la dormida moliendo el maíz para su consumo. Así comenzó su nueva vida.

Gregorio, aprovechando la habilidad manual adquirida en los trabajos con fibra de vidrio, comenzó a innovar piezas de repuesto para armas y motores, lo cual le reportó mejores ingresos que el mismo molino. Seis meses después ya había cancelado la deuda del molino y tenía sus ahorros.

Montar una purificadora de agua, fue el siguiente paso, lo hizo como mejor le pareció. Comenzó con un filtro de barro hasta que pudo comprar un sistema de purificación eléctrico. ¿Y la energía, de dónde?, se estará preguntado usted.

Goyito es más rápido que veloz y ya antes había comprado e instalado un panel solar, y utilizando sus conocimientos de electricidad adaptó el sistema de filtrado para que funcionara con doce voltios.

Desde entonces, sólo compra los filtros y le vende a la población agua purificada; un galón a cuatro córdobas y una lata a diez.

Pero la verdad es que no había toda la demanda de agua purificada que Gregorio había creído. La gente no tenía el hábito de comprar agua, entonces pensó en vender refrescos y bolsitas de agua helada.

Compró otros paneles solares y una refrigeradora que funciona tanto con kerosén como con electricidad.

Ahora tiene siete paneles solares que generan 700 vatios continuos, con los que hace funcionar la refrigeradora, una mantenedora, las luces de la casa, una trilladora de arroz y hasta una estación de radiocomunicación que instaló para estar en contacto con sus familiares; también tiene una sala de billares.

Su esposa tiene una pulpería que le permite ser una mujer independiente en lo económico. Goyito dice con orgullo que ella es tan buena a los negocios que con esa pequeña pulpería ya ha comprado cien cabezas de ganado.

Con visión de futuro
En pocos años, Apawás será la capital energética de Nicaragua, la construcción del Proyecto Hidroeléctrico Tumarín, transformará esa zona del Atlántico Sur en un verdadero polo de desarrollo.

¡Adiós Macondo! Gregorio está claro de las grandes oportunidades que se presentarán y desde ahora, según sus palabras, se está preparando para el inicio el proyecto de la presa hidroeléctrica.

Por ejemplo: está construyendo un pozo para extraer agua con mejor calidad; compró una máquina para moler carne; pretende innovar una máquina para que haga hielo en una o dos horas.

Participará en los cursos que muy pronto se brindarán sobre manejo y preparación de alimentos; compró un lote de tres manzanas y media para poner su granja de gallinas y cerdos; producir biogás y hasta fabricar concentrado para los animales.

¿Cuáles son tus metas de aquí a cinco años?
Superarme por lo menos en tres veces más de lo que tengo. Mi lucha es comprar unas cuarenta manzanas, comprar un tractorcito de esos de 17 mil dólares con todos sus equipitos. Aramos una manzana, la regamos y vas a ver lo que cosechamos.

¿Qué piensas del Proyecto Tumarín?
Es el gigante que despierta en Apawás. Antes se decía que la Costa era el gigante que despierta, mentira, hasta ahora se está despertando. Lo que más me gusta del proyecto es la reforestación, eso es maravilloso.

La tierra te pide auxilio. Segundo la energía limpia. Te imaginás como afectaría la capa de ozono si fuésemos a producir toda esta energía con bunker. Después lo demás: la telefonía, la televisión, el turismo, frigorífico, pesca, etc.