José Adán Silva
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Benjamín Chávez acababa de finalizar su programa en Radio San Cristóbal, cuando su celular repicó con una llamada entrante de un número desconocido. Alguien con dificultad para hablar le pedía un favor: “Venga al Hospital España, le tengo una noticia”.

La “fuente” que le daría la noticia era un hombre moribundo en la sala de atención a los enfermos renales. Acababa de salir de la Unidad de Diálisis y su aspecto era agónico: flaco, pálido, demacrado, labios resecos, con los ojos abotagados y un rictus permanente de dolor en la boca.

Chávez lo reconoció y se asombró al verlo tan acabado. Se llamaba Sergio Antonio García Gómez y era uno de los dirigentes fundadores del movimiento campesino denominado “Víctimas del Nemagón”.

Se habían conocido décadas atrás en el inicio de la organización de la protesta, y siempre había sido un hombre aparentemente saludable a pesar de su pobreza.

-- ¿En qué te puedo ayudar, hermano?—preguntó Chávez, pensando que éste sería uno de esos casos en que los ex bananeros enfermos le pedían ayuda para conseguir una medicina especial, una ayuda económica, o, simplemente, transmitirle un mensaje para que lo hiciera llegar a sus familias allá en los confines calientes del departamento de Chinandega.

El último favor
Sergio, en el umbral de la muerte, le confesó algo y le pidió un último favor al periodista Chávez: “Deciles a los compañeros del Nemagón a través de tu programa, que les pido perdón, que no me recuerden como el Caín que los mató”.

El ex obrero de la finca Emma, Sergio Antonio García Gómez, de 50 años, originario de Malpaisillo, y ex capitán de corte y siembra, le confesó que él era el famoso “Testigo X” que declaró en el juicio a favor de Dole Food Company en 2009, diciendo en aquel entonces que los trabajadores del juicio eran falsos.

“Yo fui el testigo X”
Confesó, según Chávez, que lo habían contratado dos agentes de Dole para mentir contra sus hermanos de lucha, a cambio de una oferta de 500 mil dólares.

Que los agentes le tramitaron un pasaporte, visa americana, gastos de transporte y viático para viajar a California, donde le grabaron testimonio ante cámara y le dieron a firmar una declaración en inglés.

Este testimonio, radicado en el expediente de la Corte Superior de Los Ángeles, figura como “testigo X contra Juan José Domínguez y abogados nicaragüenses”.

“Yo fui el testigo X. Me engañaron, me llevaron al juicio, no me dieron nada y me mandaron de regreso sin pagarme nada. Me usaron, hermano, decile eso a mi gente”, pidió García días antes de morir en noviembre de 2009.

La lista John Doe
Sergio no fue el único arrepentido. El pasado 14 de mayo en el restaurante La Ruta Maya, de Managua, un bufete de Chinandega ofreció una conferencia de prensa con siete campesinos, revelando algo similar a las acciones del arrepentido labriego.

Antenor Cano Centeno, Fabiola Dávila Gutiérrez, Ernesto Aquiles Franco, Juan José Herrera Jarquín, Irving Jacinto Castro, Bruno Filemón Herrera y Rufino Hermógenes Pérez, todos ellos campesinos de Chinandega, confesaron ser miembros de la lista de 27 testigos secretos que Dole presentó en juicio, y que sirvieron, junto a otros elementos de prueba, como la plataforma en que la juez Victoria Gerard Chaney basó su falló contra las demandas bananeras en abril de 2009.

La lista de 27 personas, para quienes Dole pidió el beneficio de protección a testigos, se denominó en el juicio como “el listado John Doe”.

Ellos declararon que todo lo actuado por las firmas de abogados de Nicaragua y Estados Unidos, tenía el fin de defraudar a Dole, y que en la trama estaban coludidos desde abogados, jueces y funcionarios del Poder Judicial, hasta médicos, políticos y campesinos.

Promesas de oro
Con declaraciones juradas ante el bufete de Antonio Hernández Ordeñana, los campesinos del listado “John Doe” denunciaron que recibieron ofertas de hasta 50,000 dólares y visas americanas de parte de dos agentes de Dole, el costarricense Luis Ángel Madrigal Guevara y el mexicano José Francisco Valadez, en complicidad con el dirigente nicaragüense Jaime González.

A Antenor Cano Centeno, la confesión de su supuesto papel de “testigo secreto” le sirvió de expiación para aliviar la mala conciencia.

“Yo soy cristiano y siento un gran peso en mi conciencia que no me deja vivir en paz. Siento que traicioné a mis hermanos, que los condené a morir otra vez, y por eso le pido perdón a mi Señor y a mis hermanos, espero que me comprendan”, dijo el hombre, mientras esperaba un bus interlocal en la terminal urbana de Chinandega.

Los agentes de Dole
Según el abogado que presentó a los siete campesinos en Managua, Antonio Hernández Ordeñana, los agentes de Dole convencieron con artimañas, amenazas, coacción y halagos económicos a los ex trabajadores bananeros, para convencer a los tribunales estadounidenses de que las demandas del Nemagón eran fraudulentas.

“La juez Chaney así lo creyó, y con su sentencia abolió las demandas en su jurisdicción, ordenó una investigación por fraude en Estados Unidos contra las firmas de abogados que representan allá a los obreros agrícolas de Nicaragua”, dijo Hernández, y con ello Chaney congeló reclamos hasta por 21,500 millones de dólares, que en compensación por daños económicos pedían los litigantes a nombre de las víctimas del Nemagón.

El abogado acusó al otrora dirigente del movimiento campesino, Victorino Espinales, y a sus aliados de Alianza Nacional (una organización de ex trabajadores de las plantaciones bananeras que renunciaron a las demandas judiciales para negociar directamente con Dole), de ser coautores del golpe judicial.

“Tanto Sergio Antonio García, el testigo secreto X, y los siete demandantes que nosotros presentamos en Managua, y que formaban parte de los testigos John Doe, de Dole, salieron de las filas de la Alianza Nacional. Ellos negocian directamente con Dole a cambio de boicotearnos las demandas”, acusó airado Hernández.

Carter, Ortega y Victorino
El 28 de junio de 2007, el vicepresidente ejecutivo de Dole, Michael Carter, envió a la Secretaría del FSLN y despacho del presidente Daniel Ortega, una carta donde expresaba la voluntad de la compañía y de representantes de los ex trabajadores de sentarse a buscar una solución al problema del Nemagón.

“Desde hace más de un año, ambas partes decidimos iniciar un proceso de negociación que se ha basado en la buena voluntad de la empresa y de los ex trabajadores bananeros de alcanzar una solución justa, pronta y efectiva, para este problema económico social”, decía la misiva, que fue enviada (y recibida) ante la Secretaría y Primera Vicepresidencia de la Asamblea Nacional.

En la carta aparecen las firmas de los negociadores: Michael Carter, Victorino Espinales, Jorge Alí Sánchez, Denis Zapata, Melba Poveda, Sergio García (el supuesto Testigo X que murió en el Hospital España), Manuel Hernández y Jaime González, a quien los abogados acusan de haber servido como guía a los agentes de Dole en Nicaragua.

Barnard Zavala, del bufete Provost Umphrey, al igual que su colega Hernández Ordeñana, acusan sin contemplaciones a los miembros de la Alianza Nacional.

“Ellos son los únicos en Nicaragua interesados en que Dole gane las demandas”, dijo Zavala en su oficina de Chinandega.

Guerra Mundial…
Su bufete sufrió de rebote los efectos de la sentencia demoledora de Chaney: en octubre de 2009, el juez Paul C. Huck, del Distrito de Miami, detuvo la ejecución de una sentencia por 98.5 millones de dólares que el bufete Provost Umphrey peleaba contra Dole y la compañía Dow.

“La Chaney nos azotó. Por ella nos botaron el caso en Miami, pero el que nos cierren las puertas en Estados Unidos no nos impide ir a otros países del mundo a pelear lo que en razón nos pertenece. Si vamos a hacer de esto una guerra mundial, pues entonces vamos a la guerra”, advirtió el abogado.

En Chinandega, entre la gente involucrada en el caso, los rumores sobre la “traición” de Victorino son aceptados como una verdad absoluta de parte del carismático y creativo sindicalista, que estuvo al frente de los trabajadores por muchos años, antes de cortar toda relación con los abogados y aventurarse a negociar con las compañías.

El Caín es otro
Espinales y su Alianza son sospechosos de ser agentes de Dole ante los ojos de los dirigentes y de los campesinos involucrados en las causas.

“Los traidores brillan con luz propia ante los ojos honestos”, dice Altagracia Solís. Al respecto, el periodista Chávez tiene una reflexión que más parece un epitafio sobre la memoria de Sergio Antonio García, el arrepentido “Testigo X”: “En la víspera de su muerte, Sergio rogaba a sus hermanos que lo perdonaran y no lo vieran como un traidor. Yo le diría ahora a Sergio que puede dormir en paz, porque en realidad él fue una víctima, un Abel… el Caín es otro”.

Victorino Espinales, líder de la Alianza Nacional de Bananeros: “Querían enriquecerse con la sangre de nuestros campesinos”


El principal acusado de ser el villano de la conspiración, no se inmuta ante las acusaciones. Victorino Espinales es un tipo duro de carácter y parece nacido para tratar con rudeza a sus adversarios. Sobre todo si son abogados.

“No me extrañan las acusaciones de esos leguleyos. Aquí hubo bufetes que vinieron desde el año 2000 a ver nuestros casos, y vieron una oportunidad de oro para explotar nuestras desgracias. Todos vinieron ofreciendo el cielo y la tierra, pero al mismo tiempo, pensaron ellos en volverse millonarios a costillas de nuestras desgracias”, reflexiona Espinales.

El fundador de la causa de los afectados del Nemagón acusó a los bufetes de humillar y de engañar a los campesinos, de fabricar pruebas y anotar en las listas de demandantes a personas que nunca habían trabajado en las plantaciones de banano, y de actuar como “dobles agentes” entre los campesinos que representaban y las compañías demandadas en Estados Unidos.

Mandados a la m…
“Por todas esas cosas los mandamos a la mierda. Los únicos dueños de sus desgracias en esta lucha somos los bananeros, no los abogados viciosos que aquí quisieron hacer el negocio de sus vidas con la vida de miles de gente humilde”, dice Espinales, quien jura que de la gente de la Alianza Nacional no salieron los famosos testigos que acabaron los casos del Nemagón en los tribunales estadounidenses.

Espinales justifica su acercamiento a Dole: “Para nosotros no es extraño, ni es cuestión espectacular que la Dole investigue, ni nos parece manipulación, ni nos atemoriza que vengan sus investigadores”.

“Con ellos estuvimos sentados y les dijimos la verdad. Los llevamos al terreno, a las comunidades, a hablar con nuestra gente, a que vieran sus desgracias, les dijimos que preguntaran sin temor a la gente, y es más, yo te digo algo, si ellos vuelven a buscarnos para seguir investigando, te lo digo claramente: Nosotros los ayudamos a encontrar la verdad, no les tememos a nuestras pruebas, porque somos reales afectados del Nemagón”, desafía, rodeado de los otros miembros de la Alianza Nacional.

Del dolor y la sangre

¿Qué ocurrió con la gente que tienen los abogados? ¿Por qué fallaron en las demandas? El dirigente campesino, seguro de sí, cree que “no pudieron sostener sus falsedades”.

“A ellos los investigaron también, y desgraciadamente la mayor parte de esa gente que está en los juicios, es fabricada, el 100 por ciento de los nuestros son reales, el 100 por ciento de ellos son dudosos”.

“La gente de Dole descubrió que los abogados alteraron información, la diferencia es que nosotros no nos confiamos de la Dole porque sabíamos que ellos podían investigar, así que empezamos a reciclar a nuestra gente y a sacar a aquellos que no tenían manera de probar sus reclamos”, relata.

“En cambio, los abogados se dedicaron a ofrecer promesas de hasta 45 millones por persona, nosotros hasta nos fuimos de espaldas cuando supimos que ellos reclaman 21,500 millones de dólares. ¿De dónde sacan esas cuentas? Del dolor y de la sangre de nuestros campesinos”, afirma categórico.