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No es el sueño americano, pero ilusiona. Cuando Emma Torres, nombre ficticio a solicitud de la fuente, decidió emigrar a España, lo hizo “seducida” por los salarios que, por teléfono, le refería su hermana cuando abordaba los pormenores de su estadía, como empleaba doméstica, en España.

El sueldo mínimo que escuchaba, desde el hilo telefónico, oscilaba entre los 800 y mil dólares. “Un montón de dinero ¡hasta más de 20 mil córdobas! Algo que jamás ganaré en Nicaragua, ni siquiera un abogado decente lo gana”, se decía una y otra vez Torres cuando hablaba con su hermana.

A ella le preocupaba la manutención de sus hijos en la universidad. Tiene tres hijos, dos de cuales cursan tercero y cuarto año de Secundaria en el instituto público de Ocotal, al norte del país.

“Así que me arriesgué, presté 3 mil dólares (más de 64 mil córdobas): dos mil para el boleto y mil para pasar como turista. Mi hermana que está en España me asesoró un poco, luego la agencia de viajes”, rememora la mujer.

Inclusive, dice que ya tenía el contacto de unos empleadores. “Supuestamente iba a trabajar como doméstica e iba a ganar lo equivalente a mil dólares. Con eso pensé yo que saldría de la deuda del préstamo y ahorraría para la universidad de mis hijos”, refiere tras agregar que: “¡Era mi gran sueño!”.

Sin embargo, el plan no salió como esperaba, pese a que la agencia de viajes la preparó con 15 días de anticipación.

“Pasé bien en México, sin problemas. Pero en el Aeropuerto de París me detuvieron. Ya cuando iban a sellarme el pasaporte, uno de los funcionarios de migración comenzó a interrogarme. Claro, él me preguntaba en francés y yo como no le entendía, respondía asintiendo con la cabeza porque sólo hablo español”, recuerda.

Ante “Migra” francesa
Torres subraya que se puso nerviosa. “A cada pregunta que me hacía, decía si o no con la cabeza”, rememora.

Tras sondearla, el funcionario llamó a otro y luego fue trasladada a un “cuarto”, ubicado en el mismo Aeropuerto, junto a seis centroamericanas, entre éstas tres hondureñas.

“Allí llegó una mujer, también de migración y nos desnudaron porque nos buscaban drogas. Eso fue lo que supimos después. Permanecimos dos días allí. Luego nos trasladaron a un hotel, así lo llamaban en su medio español, pero en realidad son unos cuartos que parecen cárcel”, relata.

A Torres le asignaron un cuarto con dos camas que tenía que compartir con las tres hondureñas.

“Estábamos apuñadas. Nos mandaron una intérprete, pues al día nos llamaban tres veces para interrogarnos y preguntar lo mismo: ¿A qué íbamos a España? ¿Cuáles ciudades íbamos a visitar? ¿En qué hotel? ¿En qué trabajábamos? En mi caso decía que iba como turista y que para eso llevaba mil dólares para gastar, pero los funcionarios me gritaban: ¡falsa, tú eres una farsante!
En ese “hotel” permaneció seis días, sin derecho a visitas y sin derecho a recurrir a la Embajada de Nicaragua en Francia ni a la Embajada de Nicaragua en España.

“Sólo permitieron que hiciera una llamada telefónica a mis familiares, fue algo rápido, sólo para decir que iba de vuelta”, dice.

Actualmente Torres está en Ocotal trabajando como empleada doméstica, con lo cual obtiene un sueldo de 800 córdobas al mes. En su anterior trabajo, que era del sector privado, ganaba casi 4 mil córdobas.

“Pero no pude recuperarlo. Ahora estoy con una deuda de dos mil dólares, porque regresé los mil dólares que no gasté. Le he rogado a la financiera un arreglo de pago que me permite pagar una cuota chiquita, ya que había acordado saldar la deuda en seis meses contando que estaría en España trabajando”, explica.

No obstante, “las cosas no salieron así, y ahora mi deuda la pagaré en tres o cuatro años. De modo que ¿volver a intentarlo? Quién sabe, no puedo hacerme de otra deuda”, comenta con un tono que denota aflicción.

“Son mínimas”, dice embajador nica

De acuerdo con Heydi González, experta en migración del Centro de Derechos Humanos, Cenidh, las deportaciones de nicaragüenses que van a España son frecuentes.

“No hay datos actualizados sobre eso en el portal de Migración y Extranjería, pero nosotros conocemos varios casos. Yo, incluso, cuando estuve estudiando en España, (entre 2005 y 2007) pude verlo”, apunta.

Según las agencias de viajes, ubicadas en el norte del territorio, al mes tienen conocimiento de entre ocho y doce deportaciones. La mayoría de deportadas hace préstamos para viajar, así que la aflicción que les embarga es mayúscula, según se conoció.

El diputado liberal por Nueva Segovia, Carlos Gadea, expresa que a él le ha tocado lidiar con esos casos.

“Pero resulta difícil ayudarlas. Hace falta que el Gobierno establezca mecanismos claros cuando son deportadas, pues aunque yo como diputado les ayude, pasan días para que regresen, así que tienen que aguantar el maltrato”, sostiene.

El embajador de Nicaragua en España, Augusto Zamora, sin embargo, indica que las deportaciones son “mínimas”. Incluso destaca que “desafortunadamente muchos” relatos de migrantes deportadas son “falsos” y “exagerados”.

“En eso recomiendo prudencia porque en varios encuentros que hemos tenido los embajadores latinoamericanos en España, se han planteado estos casos y en un buen porcentaje son falsos y exagerados, ya que cuando los consulados se han metido de lleno a investigar se encuentran con ese desagrado”, argumenta.

Explica que en el caso de Nicaragua, “del 100 % de nicas que viajan a España, 97% pasa sin problemas y sólo un 3% es deportado, es mínimo en realidad en comparación con otros países”, reitera.

Además, sostiene que no tienen quejas de maltratos. Aunque, en realidad, poco pueden hacer.

Como el mismo embajador expone “las deportaciones se hacen en el aeropuerto, con un procedimiento expedito considerando que el extranjero no ha ingresado al territorio”.

Zamora ejemplifica que: “El aeropuerto es considerado como un puesto fronterizo, como lo es Peña Blancas o El Espino, entonces él o la migrante es expulsada de inmediato, y ya allí no nos compete actuar”.

Aparte de eso insiste en que los sitios donde ubican a los y las deportadas son “aceptables”. “Los hemos visitado y tienen las condiciones básicas”, recalca el funcionario.

Falta orientación, reitera experta
González, al respecto, manifiesta que el problema es que, a nivel local, la información que se da a los migrantes no es del todo correcta.

“En la Embajada de España en Nicaragua, por ejemplo te dicen que si vas como turista no vas a tener problemas para pasar, no te indican que en París o en Madrid, por ejemplo, tienen otras instrucciones, otras directrices que no corresponden con la información que te dan en la embajada”, destaca la especialista.

“Allá (en los aeropuertos que son el filtro), añade, te interrogan, te preguntan de todo si sospechan que no vas como turista. Lo que vemos es que en Nicaragua, la población migrante no cuenta con una adecuada orientación, ni siquiera para llenar adecuadamente los papeles para viajar, lo que pone en más riesgo a este segmento”.

El embajador de España en Nicaragua, Antonio Pérez, evitó hablar del tema e indicó a través de Relaciones Públicas que no “era noticioso”.

El sociólogo Cirilo Otero subraya que las medidas “cautelares” y “restrictivas” del gobierno español son efectivas. “No se han hecho esperar ante la creciente migración de nicaragüenses que se viene evidenciando desde el 2005, y hay un incremento en las exigencias de información verificable, esa es una realidad”, expone.

Para Haydée Castillo, Coordinadora del Comité Consultivo del Sistema de la Integración Centroamericana (CC-SICA), Capítulo Nicaragua, el tema de migración no se ha abordado, por los gobiernos, con la importancia que se necesita.

Un ejemplo de eso, según dice, fue el Acuerdo de Asociación que firmó Centroamérica con la Unión Europea, bloque en el que se incluye España, donde el tema figuró sin la prioridad que la sociedad civil demandaba. En eso coincide González, quien ve a corto y mediano plazo un futuro “incierto” para el segmento migrante, especialmente el deportado.

“Por favor: no migren a España”
El embajador de Nicaragua en España, Augusto Zamora, reitera una y otra vez que el territorio español no es el mejor destino para migrar y busca un mejor nivel de vida.

“Por favor mujeres, ¡no migren! Y esto lo digo en mayúsculas. En España no hay trabajo. Nos preocupa que las mujeres sigan emigrando para este país porque hay un 20% de desempleo y en el caso del sector migrante éste supera el 40%. Por otro lado, el retorno de migrantes en 2009 fue de 200%, bastante alto”, detalla el embajador.

“Entonces –agrega-- sí nos preocupa que migren. Además, vienen desorientados, no vienen bien informadas, llegan a buscar trabajo y pasan meses y meses sin conseguir empleo, es una situación difícil de resolver”.

El funcionario resalta que sólo cuentan con un “pequeño” fondo para apoyar al segmento. “Y el fondo no alcanza para atender a una población de 50 mil nicaragüenses (entre hombres y mujeres) que es lo que se ha contabilizado en los últimos cuatro años en España, porque hay mucho más”, subraya.

Las mujeres migrantes, que tras dos o cincos años han regresado de España a Nicaragua, también aconsejan no irse de boca y no migrar mientras la situación económica del país ibérico no mejore.

“En España yo estuve dos años y medio, fueron años duros, pero gracias a Dios conseguí un trabajo que me permitió salir de una deuda de 10 mil dólares, pero yo me fui cuando la situación no era tan dura; yo les digo a la gente que me piden consejos que es mejor esperarse en Nicaragua, y si van a España pues que vayan a lo que van: a trabajar, a salir de las deudas y regresar”, sugiere Rosario Peralta, quien ha retomado su vieja labor en Ocotal: cortar pelo.

Isabel Montoya, habitante de Totogalpa, ubicado en el departamento de Madriz, también aconseja “madurar” bien la idea.

“Allá uno debe trabajar hasta más de 15 horas, uno para salir de las deudas debe tener dos o tres trabajos, sin descansar, así que es mejor pensar bien las cosas porque no hay como estar en su tierra”, apunta.

Pero, “bueno, si deciden ir véanlo como meta de dos o cuatro o cinco años, porque allá a los extranjeros nos miran como usurpadores, hay gente buena, pero hay muchos que son racistas”, menciona.

Montoya fue una de las primeras mujeres que viajó a España, en busca de trabajo, tras el hermanamiento de ciudades vascas con Somoto, cabecera departamental de Madriz. Luego “me llevé a mi hermana y luego gente conocida me llamaba y les ayudaba…”, recuerda.

La cadena incluso se ha extendido a zonas como Chinandega, al Occidente del país. Haydée Catin, de 24 años, forma parte de ese grupo. Visitó Nicaragua hace un mes, para sondear las condiciones laborales.

“Vi al país difícil para trabajar. Pero aún así pienso que sí se tiene un trabajo que te da para comer y estudiar, mejor quedarse en el país. España no es fácil”, asegura.

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¿Cuál es la ruta?
La agencia de viaje  propone al menos  dos  rutas: por Francia e Italia. Ya que por Madrid  la deportación es lo seguro.

* Ruta A:   Managua- San Salvador-México- Francia- España

* Ruta B:  Managua- Panamá-  Venezuela- Italia-  España