•  |
  •  |
  • END

“El mar ya se tragó dos veces mi casa”, cuenta Jalal Ahmed, mientras señala su tercera morada, una humilde choza de caña y bambú sin agua corriente ni electricidad, a cuyo borde llegan ya las olas. Este hombre de larga barba blanca es testigo de cómo la hermosa isla en la que ha vivido toda su vida, Kutubdia, al sureste de Bangladesh, ha ido perdiendo terreno frente al océano. La isla ha perdido en el último siglo un 65% de lo que una vez fue su territorio de 250 kilómetros cuadrados.

El problema es la rápida erosión que causan los ciclones, las tormentas e inundaciones, que se ha acelerado recientemente, muy posiblemente como efecto al cambio climático, coinciden los especialistas. Jalal señala triste hacia el mar. Allá, a un par de cientos de metros de la costa, estaba su anterior casa, que fue arrebatada por el agua hace unos cinco años. Más allá, la anterior, perdida hace unos 15 años, y mucho, mucho más allá, estaba la casa de sus abuelos, donde tenían tierra para sembrar. Ahora esa tierra es un bien súper escaso y codiciado. Hay tan poca y con tanta gente que, como Jalal, los que antes eran campesinos se han vuelto pescadores o se han empleado en las salinas.

“Ojalá pudiera irme, como se van los que pueden: los que tienen dinero”, lamenta. Jalal recuerda que tras un devastador ciclón de 1991, más de 400 familias dejaron Kutubdia en una oleada. Así, más del 60% de sus pobladores han emigrado a ciudades en tierra firme. Se han construido sucesivos diques para intentar luchar contra el mar, pero han sido inútiles. El actual dique, en partes de ladrillo y en otras de sacos de arena, está destruido en muchos tramos.

“Laboratorio” de los cambios climáticos
Esta isla es el más palpable ejemplo de que en este empobrecido país del sur de Asia es donde más personas sufrirán los efectos del cambio climático. Las condiciones del país, un delta, con más de 200 ríos y con poca elevación, hacen que con cualquier aumento en el nivel del mar la gente pierda sus propiedades o su forma de vida. La tierra de cosecha se saliniza, sobre todo en la superpoblada costa.

La situación se agrava por ser más de 160 millones de habitantes y con una de las densas poblaciones del mundo, alrededor de 1,110 personas por kilómetro cuadrado. Así, en Bangladesh hasta 20 millones de personas podrían ser desplazadas para 2050 por los efectos del calentamiento global, que dejaría el 17% de la superficie del país bajo el agua, advierte el Banco Mundial. Otros especialistas aseguran que si las peores predicciones se cumplen, hasta 35 millones de bangladesíes perderían sus casas y sus formas de sustento. Se les llama “refugiados climáticos”.

¿Calentamiento qué…?
Sin embargo, Jalal y sus vecinos saben muy poco, o nada, sobre calentamiento global. No saben por qué el mar está subiendo y amenazando su vida. Sólo atinan a decir que “todo está en las manos de Alá”. Pero no todo mundo cree eso en Bangladesh. Los especialistas y el Gobierno son claros en decir que el calentamiento lo han creado los países ricos. Bangladesh, uno de los países más pobres del mundo sólo aporta el 0.1% de las emisiones de dióxido de carbono mundiales. Cada bangladesí produce 0.3 toneladas por año, a diferencia de las 7.6 de un español o las 20.6 de un estadounidense.

“La gente que está perdiendo sus hogares tiene derecho a irse a los países ricos”. Así de tajante es Atiq Rahman, que dirige el Centro estudios avanzados de Bangladesh (BCAS por sus siglas en inglés). “Voy a ir con varios millones de desplazados hasta países como Holanda y Estados Unidos, y ahí exigiremos que les den casa y trabajo: no por caridad, sino por merecida compensación”, dice absolutamente en serio.

Rahman es probablemente la persona con más peso en el asunto del cambio climático en el país: asesora al Gobierno, lo representará en la cumbre de Copenhague y además es miembro del IPCC. Ganó también en 2008 el premio de la ONU del medio ambiente Campeones de la Tierra.

En la cumbre, Bangladesh pedirá que los países ricos reduzcan sus emisiones y que le provean fondos para compensar los efectos que ya está sufriendo, como uno de los países más vulnerables. Además de los refugiados, el cambio en el clima está trayendo otros problemas a Bangladesh. Los ciclones son más frecuentes y más devastadores, apunta Rezaul Karim Chowdhury, director de la ONG para el medio ambiente COAST.

En un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo se señalaba que el 60% de las 250,000 muertes por ciclones en el mundo entre 1980 y 2000 fueron en Bangladesh. Y para los afectados es difícil recuperarse: todavía hoy siguen 35,000 desplazados por el Aila que golpeó las costas del país en mayo.

El azote de las enfermedades
Las enfermedades han aumentado: más diarrea, más malaria y ha llegado el dengue, que no había hace 15 años. También por las lluvias más erráticas y por la salinización del terreno, los alimentos serán cada vez más escasos y caros, apunta Chouwdhury. “Los más afectados son los más pobres entre los pobres: son los que tienen casas más precarias, los que no tienen ahorros para sobrevivir y tienen pocas formas de evitar el desastre”, dice el encargado de política de Oxfam Bangladesh, Ziaul Hoque Mukta. Así, las grandes ciudades están recibiendo miles y miles de refugiados.

Por ejemplo, en la capital del país, Dhaka, la mitad la población vive en chabolas. Muchos de ellos son familias de desplazados con pocos recursos para llevar a sus hijos a la escuela y con trabajos precarios, por ejemplo, conducir bicicletas-taxis.

Jalal dice que pronto, cuando su tercera choza vuelva a quedar sumergida, construirá con bambú y plásticos otra en un terreno más elevado isla adentro. Y así cada vez que el agua termine alcanzándola. Pero en Kutubdia no queda mucho espacio ¿Qué hará cuando ya no pueda cambiarse? “Finalmente tendré que irme a tierra firme y dejar esta isla donde nací”, lamenta.