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“Yo quise matar a mi papa”. Fidencio Calero lo admite. Eran tiempos difíciles. Su padre era el típico hombre violento, dependiente del alcohol, que desquitaba su ira a punta de golpes al regresar a casa.

La madre de Fidencio era la principal víctima de estos abusos, y sus hermanos mayores tenían que soportar los ultrajes sin otra opción más que resignarse.

Sin apoyo para sobresalir en la escuela, Fidencio encontró los lazos sociales que no veía en su familia, en la pandilla juvenil “Los Vatos Locos”, del barrio “Jorge Dimitrov”.

“Yo quería desahogarme”, nos dice este joven moreno, delgado, de cabello rizado, y que inhaló marihuana por primera vez cuando tenía ocho años.

Fidencio no puede ocultar algunas lágrimas. “En una ocasión, mi papá, con una bayoneta le dio en la cabeza a mi hermana. Entonces, mi hermano mayor tomó la decisión de llevársela a Estados Unidos”, comparte.

La dirección de Asuntos Juveniles de la Policía Nacional atiende casos como los de Fidencio, por medio de dos áreas de trabajo: Los grupos juveniles en situación de riesgo social y las pandillas juveniles.

El primer grupo lo integran jóvenes entre los 13 y 18 años que usualmente socializan en las esquinas de sus barrios, expuestos a las drogas y el licor. La Policía registra unas 198 agrupaciones con más de dos mil integrantes en todo el país.

Por otro lado, las pandillas, caracterizadas por el irrespeto a la autoridad, sus delitos y la violencia a la que someten a cientos de familias que con frecuencia sufren la muerte de algún familiar producto de la violencia entre estas agrupaciones. La Policía estima unas 48 pandillas con más de 820 integrantes a nivel nacional.

Existe una tercera categoría que la Policía valora en identificar como “agrupación juvenil delincuencial”. Aunque nos recuerda “que en Nicaragua no tenemos maras”.

Modelo ecológico para rescatar a jóvenes

Actualmente, la Policía implementa un “modelo ecológico”, cuyo objetivo es rescatar al chavalo desde un enfoque sicológico y sociológico, dentro y fuera de la familia, donde la comunidad juega un papel fundamental.

“Lo que pasa es que la falta de oportunidades y los cinturones de pobreza que hay en determinadas áreas son factores de riesgo”, afirma la comisionada mayor Erlinda Castillo, directora de la oficina de Asuntos Juveniles de la Policía.

Para el sociólogo Juan José Sosa, éste “es un problema serio que hay que atacarlo con estrategias serias, y yo siento que a nivel de gobierno no se ha dado ninguna respuesta grande”.

Según la comisionada mayor Castillo, desde hace cuatro años, más de 500 jóvenes de pandillas juveniles, en conjunto con la Policía, han logrado “un proceso de pacificación” en diferentes barrios de Managua, entregando simbólicamente las armas y firmando un acuerdo de paz.

Un ejemplo de esto son los “campamentos juveniles”, un espacio donde los chavalos y chavalas comparten tiempo de calidad, juegan y comparten sus anhelos en grupo.

Once centros de atención sobre adicciones, colaboran con la Policía en este “modelo ecológico”.

Al final del proceso, los jóvenes tienen la oportunidad de estudiar una carrera técnica. En Nindirí, por ejemplo, se está construyendo el Centro de Promoción Juvenil “Juventud”, que ofertará nueve módulos de capacitación en: manualidades, repostería, ebanistería, ornato, belleza, corte y confección, mecánica, enderezado, pintura y computación.

Esto es impulsado por la Policía Nacional y auspiciado por la cooperación internacional. “Queremos capacitar a un joven que vaya enrumbando su vida a un futuro diferente y que se convierta en un promotor juvenil comunitario”, expresó Castillo.

“Algún día seré mejor que vos”

En 2009, el Centro de Comunicación y Educación Popular Cantera, ejecutó el proyecto piloto “Jóvenes Constructores”, en el barrio “Jorge Dimitrov”. Fidencio y 24 jóvenes en riesgo ganaron una beca para estudiar una carrera técnica en electrónica, reparación de computadoras, belleza, mecánica, albañilería y construcción.

“Gracias a Dios logré salir de las pandillas. Cuando me tocó trabajar con mi papá como ayudante (de construcción), y cometí un error, mi papá me dijo: ‘vos no servís para nada’. A mí se me salieron las lágrimas. Y le dije algún día seré mejor que vos”.

Fidencio concluyó su capacitación con honores. Desarrolló un plan de negocios, y actualmente dirige el proyecto emprendedor “Miniempresa Jóvenes y Asociados”.

“Estoy trabajando con jóvenes que estuvieron conmigo en clase. Tengo varios trabajos. Y mi papá trabaja para mí”, expresa orgulloso.

Para el sociólogo Juan José Sosa, la clave está en la educación enfocada a las necesidades económicas y estructurales del país.

Baile como alternativa

En el interior de una descolorida y pequeña casa de concreto, del barrio capitalino “Cristo del Rosario”, el grupo “Style Dance” ensaya su última mezcla, una combinación de movimientos que incluye el hip hop, “breakdance”, “popping”, salsa, merengue y bachata.

“Es lo que está pegando ahorita”, explica Jessica Rocha, de 19 años, coreógrafa del grupo.

A pocas cuadras de allí, en el centro recreativo “Ateneo”, todos los viernes el grupo de baile “Máscara en Movimiento” también se reúne para ensayar.

Ambas agrupaciones fueron creadas por Cristian Bermúdez, un chavalo apasionado por los ritmos urbanos y que integró, por medio del baile, a jóvenes de los barrios Acahualinca, Santa Ana, Cristo del Rosario, Monseñor Lezcano, Bóer y Julio Buitrago. Bermúdez murió dos años atrás, pero su legado sigue vigente.

Jessica Rocha asegura que en vez del licor, las drogas y la vagancia, una forma más sana para distraerse “es el baile, que gasten sus energías bailando”.

En el barrio Monseñor Lezcano, otro proyecto musical emerge. Cuando tenía ocho años, Kevin Domínguez, ingresó a la banda rítmica de su escuela. El primer instrumento que le brindó la seguridad de lucirse al interpretarlo en cada desfile fue el wiro, un tambor que le da vida a cada una de las vibrantes piezas que ejecutan en los ensayos.

“Escuchaba a los grandes y me emocionaba. Me di cuenta que instrumento que agarraba, instrumento con el que me desarrollaba, entonces esto era lo mío”, comenta orgulloso. “Trato de combinar la vieja escuela con la nueva, porque no sólo los jóvenes nos escuchan; también adultos”, añade.

Con estas habilidades artísticas, Kevin, con sus 18 años, asumió el reto de dirigir la banda rítmica de Colegio “Sagrado Corazón de Jesús”, en el barrio Monseñor Lezcano, desde donde recluta a jóvenes en riesgo.

“Cada uno de ellos está aquí porque quieren aprender, porque se quieren distraer y quieren liberar energía. Esto es una forma para que ellos se luzcan y yo creo que eso es bastante importante”, comenta Kevin, mientras el resto de sus compañeros lo escuchan con atención.

Kevin está convencido de que está desarrollando una labor social, porque con su trabajo evita que los jóvenes se involucren en vicios o vagancias. “Es una porción de arena, pero es algo que marca la diferencia, porque la calle no deja absolutamente nada”, reflexiona.

La educación técnica es la clave

Un Diagnóstico del Mitrab y el Injuve publicado en 2010, titulado “Desarrollo de capacidades nacionales para mejorar las oportunidades de empleo y autoempleo de las personas jóvenes en Nicaragua”, señala entre otros puntos, que:

Igual que a nivel nacional, la juventud del municipio, presenta debilidades para obtener empleos fijos, la principal causa es la falta de experiencia laboral y la formación ocupacional, lo que genera cierta suspicacia o desconfianza en los empleadores.

Los recursos humanos en su mayoría son empíricos, el empresariado presenta una gran dispersión, débil utilización del extensionismo asociativo, poca adecuación de la oferta con el empleo y poco aprovechamiento.

Se observa que la juventud carece de información laboral y formativa para optar a los estudios que estén acorde a la vocación económica - productiva del municipio.

El informe señala que “la baja calificación de los jóvenes en sus municipios, obliga a los empresarios a contratar mano de obra extraterritorial, las personas no contratadas en los municipios en donde operan las empresas, tienden en su mayoría a internarse en el mercado informal, como la única alternativa para la sobrevivencia”.

El diagnóstico identificó algunas cadenas de valor generadoras de empleo como conglomerados no agrícolas, turismo, construcción, apicultura, agroindustria.

La Comisión Nacional de Empleo Juvenil que está sesionando desde marzo de 2010 en el Mitrab, junto a la consulta nacional y los resultados de este diagnóstico planea elaborar el plan nacional de empleo Juvenil.

Los jóvenes sólo piden oportunidades y confianza

Para marzo de 2010, la Policía Nacional contabilizaba 35 jóvenes fallecidos en enfrentamientos de pandillas juveniles. De éstos, 34 pertenecen a Managua y uno a Estelí.

Sin embargo, Nicaragua es el país con menor índice de violencia en comparación con el resto de países de Centroamérica, en donde las “maras” tienen una fuerte presencia e imponen el terror.

Durante 2009, más de 2 mil 700 jóvenes entre 15 y 18 años han sido detenidos por diferentes delitos y faltas penales. No todos fueron llevados a los juzgados para adolescentes, y los que sí, les impusieron medidas no privativas de libertad.

La juventud, identificada como agente de cambio para un país, representa el 43% de la población en Nicaragua, por eso es necesario asegurarles a los jóvenes el goce de sus derechos y ofrecerles oportunidades, según expresa el Tratado Internacional que beneficia a la Población Iberoamericana de 15 a 24 años, firmado por Nicaragua y 18 países más, en diciembre de 2005.

Según la Primera Encuesta Nacional de Juventud, levantada en 2006, el 57% de los jóvenes no tiene empleo; sólo 20.6% está afiliado al Seguro Social. De cada 10 jóvenes, más de 4 viven hacinados.

En 2001, se aprobó la Ley para el Desarrollo Integral de la Juventud, Ley 392, cuyo objetivo es promover el desarrollo humano de hombres y mujeres jóvenes; garantizar el ejercicio de sus derechos y obligaciones; establecer políticas institucionales y movilizar recursos del Estado y de la sociedad civil para la juventud, Injuve.

“La ley, además de convertirse en un instrumento pionero, es completa, porque retoma distintas áreas: salud, empleo, educación, el tema de asociatividad”, expresa Virgilio Vásquez, coordinador del Programa Conjunto de Juventud, Empleo y Migración, del Instituto Nicaragüense de la Juventud.