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Manoly López, de 42 años, es originario del municipio de Nagarote, tiene opción sexual diferente y por eso la discriminación la vive prácticamente todo el día y todos los días, desde que tiene uso de razón.

“Sólo con el hecho de ir a tomar el bus, entonces las miradas de hombres y mujeres se posan en uno por la manera de vestir y tus gestos. Después vienen las murmuraciones, y burlas simplemente porque nos mostramos tal como nos sentimos”, expresa Manolo, quien es de la Asociación Nicaragüense de Transgéneras y promotora del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, Cenidh, en el tema de los derechos de las personas con opciones sexuales diferentes.

“Dicen que las palabras no matan, pero hieren mucho. A mí nadie me puede contar de discriminación. Esto vive siempre, aunque ahora un poquito menos que antes. Recuerdo que de joven algunas personas, si me sentaba, hasta limpiaban el asiento. Eso lo hacían sin siquiera disimular”, recuerda con dolor.

Señaló la aversión que alguna gente mostraba contra él por el hecho de sentirse mujer, un sentimiento que venía surgiendo desde que era niño. Aunque su familia no lo lanzó a la calle, sí le aseguró que si quería gustos, debía trabajar.

Educación, trabajo y diversidad sexual

Para Manoly, quien considera que nació equivocadamente en el cuerpo de un hombre, expresar su identidad es doloroso, por el maltrato permanente, las ofensas con agresiones morales y físicas, incluyendo la discriminación en los centros de educación, en centros de salud, en los centros laborales, donde por ser homosexual se les considera incapaces de ejercer un cargo, e incluso asegura haber sido discriminado por algunas personas que dicen defender los derechos humanos.

Comentó que socialmente se mantiene el viejo esquema único de hombre-mujer y para poder cursar sus estudios en los colegios, fue obligado a jugar el rol de varón, haciéndole que vistiera pantalón, se cortara el pelo y cero maquillaje o pinturas en uñas, para poder salir adelante.

“Sin embargo, tengo un título de contabilidad, también otro de estilista y belleza, pero ahí los tengo colgados. No te dan trabajo aunque seas profesional”.

Según el estudio “Una mirada a la diversidad sexual en Nicaragua 2008-2009”, realizado por la organización de gay, lesbianas y trans, “SAFO”, al menos una de cada cuatro personas de la diversidad considera que ha sufrido discriminación laboral por su identidad.

En el caso de las personas que dicen no haber sido discriminados, es porque invisibilizan su preferencia sexual. Se indica que la misma se produce tanto de manera institucional como por parte de los compañeros de trabajo.

En cuanto a sus ingresos, tres de cada cuatro personas de la diversidad sexual o el 76.7 por ciento vive con ingresos equivalentes a los dos dólares o menos al día.

Cuatro de nueve, o el 45 por ciento, tiene ingreso de un dólar o menos. Tres de cada diez viven con una cantidad que varía entre los 1 y 2 dólares diarios. Esto refleja que tres de cada cuatro personas de la diversidad sexual reciben salarios de subsistencia.

Cultura patriarcal

El promotor del Cenidh señaló que los transgéneros o “trans” son los más llamativos, por su forma de vestir, mientras un gay o una lesbiana pueden pasar desapercibidas, con esto de las nuevas modas y los hombres portan el cabello largo, pero las “trans” usan tacones, con sus uñas pintadas y su vestido. Eso llama más la atención y hay más agresión.

“La homofobia viene tanto del varón como de la mujer, porque hay mujeres muy machistas. Esto como resultado de vivir en un país tan patriarcal. Aunque a diario vez a una trans, un gay y una lesbiana, todos los días también sigue el mismo rol de las ofensas, el mismo rol de la discriminación y la agresión. Cuando menos pensás está el bolsazo o la pedrada y ahí terminó, pero si te vas a denunciarlo, las autoridades no te hacen caso”, comentó.

Incluyó entre los discriminadores a los pastores y religiosos, recordando que más de una vez se subió a un bus donde iba un predicador y apenas pasó a su lado, cambió el discurso y lo tildó de muchas cosas.

Esto es sólo parte de la cadena permanente de discriminación. Manoly aceptó que lo mencionáramos en la publicación, que uno de sus momentos más difíciles fue que a los doce años fue violado por un enemigo de su hermano. Como una venganza lo embriagó y lo agredió sexualmente, dejándolo tirado en una calle.

“Me dejó marcado, porque pasé año y medio en el hospital, porque me desbarató el intestino delgado y tuvieron que hacerme una cirugía. Desde entonces en mí fui creando capa de amargura, pero actualmente he cambiado un poco desde que comencé a conocer que todavía tenía valor como persona y debía seguir adelante. De esta forma creamos la Asociación Nicaragüense de Transgénera. Miré que el mundo no se había acabado, porque también vi a personas que nos brindaron su mano”, expresó Manoly.

Luego se acercó a los talleres del Cenidh, para ahondar en el conocimiento de sus derechos como cualquier otra persona.

Seguridad ciudadana y medios de comunicación

Rachel Frixione, de 18 años, también es parte de la Asociación de Trans y promotora del Cenidh. Considera que ser trans es algo duro, porque en su caso vivió la discriminación desde su mismo hogar, donde la familia dice que como naciste hombre, tenés que comportarte como tal. Si no, se es estigmatizado como la oveja negra.

“Tuve muchos problemas en ese aspecto, porque mi familia nunca se imaginó, pues no di rasgos de mi homosexualidad. Fui muy temeroso en eso y cuando me llegó la oportunidad, se lo dije a mi mamá y todos se enteraron. Para ellos fue como una abominación, pues son muy católicos”, alega.

Comentó que se volvió muy rebelde, por lo que salió a las calles. Fue entonces cuando se encontró con cuatro individuos, éstos le golpearon, abusaron y dejaron en estado lamentable.

“Tuve que ir a la Policía y como en ese momento había una mujer atendiendo, creo que por eso sentí que me atendió bien, pero en Medicina Legal, el médico, a pesar de la agresión y el abuso que sufrí, me revisó y dijo de una manera despectiva que no tenía nada y si los exámenes decían que eran positivas las señas de agresión, entonces me llamarían. Es hoy y sigo esperando la llamada y la Policía nunca me informó nada del caso”, narró, agregando que la discriminación no sólo es en instituciones, también en los medios de comunicación.

“Como parte de la organización fuimos a un canal que queda por el Ministerio de la Familia, para publicitar una actividad, pero la que se definió como jefa de piso de un programa matutino, me corrió. Me dijo que en ningún momento ella me atendería y jamás permitiría que saliera en su canal”, aseguró.

Por eso fue con una abogada ante la Policía de la Estación III, a interponer la denuncia por discriminación, sin embargo, el oficial a cargo demostró su ignorancia en el conocimiento de las leyes, diciendo que eso era nuevo para él y lo tomó como burla, para luego mandarlos a otro distrito o que se fuera a quejar a otra parte.

El estudio de SAFO indica que cinco de cada seis personas de la diversidad sexual, el 84.2 por ciento, consideran que no se respetan sus derechos humanos. Incluso, cuando son acusados hay mucha subjetividad en las acusaciones tildadas como “escándalo en vía pública”, que representa el 60 por ciento de las acusaciones o “actos contra la moral”, que son el 17.3 por ciento.

Entre los datos de agresión, el 6.8 por ciento ha recibido agresión en las escuelas, el 66.1 por ciento ha vivido violencia en las calles, el 6.2 por ciento sufrió violencia en su centro de trabajo y el 28.2 por ciento han sido obligados a mantener relaciones sexuales.

En el caso de la percepción sobre el trato de los medios de comunicación, indican que tres de cada cuatro, el 72.3 por ciento, consideran que no respetan a las personas con opciones sexuales diferentes.

Religiosidad

En el caso de la religiosidad, las personas de la diversidad sexual no son aceptadas por muchas iglesias, debido a su identidad sexual, pese a que 3 de cada cinco profesan una creencia religiosa.

Si finalmente alguna las acepta, el pastor o el párroco lo hace para buscar cómo cambiar o modificar su identidad sexual a lo ya establecido, convirtiéndolas en el objetivo de una cruzada de salvación. A pesar de todo, en Managua el 45.4 por ciento de este sector poblacional participa activamente en actividades religiosas.

Un dato interesente obtenido en las encuestas fue que en determinado momento, ciertos sacerdotes o pastores revelaron confidencialmente a su oveja, su identidad sexual, asumiéndose como parte de la diversidad. Incluso una de cada ocho personas homosexuales aseguran haber sido acosadas -ya sea sicológica, física o sexualmente- por algún representante religioso.

Sin embargo, a pesar de la discriminación y satanización de la diversidad sexual, sólo una de cada 8 personas consultadas considera que su identidad sexual es pecado.

Para Samira Montiel, Procuradora de la Diversidad Sexual, la situación sigue siendo dura para quien trata de mostrar su identidad y el estudio observado es una herramienta para elaborar protocolos de acción que permitan identificar los principales problemas.

“Con esto se pretende tener una dirección para crear ejes de acción. Algo que no se tenía anteriormente”, expresó la procuradora, señalando que con ello recurrirán a las instituciones para que observen la problemática sobre las violaciones a los derechos humanos de este sector poblacional y se adapten a sus políticas, acciones que lleven a eliminar la discriminación y la homofobia.

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