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Nació con vocación por el sacerdocio y la abogacía, las que aprendió, pero se retiró de la primera durante la década de los ochenta después de hacerse una profunda retrospección que lo llevó a la conclusión de que los hábitos lo tenían “encerrado” en su desarrollo integral como persona.

Cuenta con cierta amargura, que quiso colaborar con el gobierno actual después de hablar con Miguel D´Escoto, quien le pidió le enviara su currículum el cual fue rechazado por la nomenclatura gubernamental por el “delito” de haberle puesto como condición “siempre y cuando se respeten mi libertad de pensamiento, palabra y acción y mi posición contra la corrupción”.

Nos referimos al catedrático y abogado Edgard Parrales, quien accedió a narrar para los lectores de EL NUEVO DIARIO lo que ha sido su vida, entrevista en la que fueron “testigos” dos crucifijos que están en el escritorio de su despacho, ubicado en el Reparto Pancasán.

Sus padres fueron el paramédico Francisco Arturo Parrales Téllez y Dominga Margarita Castillo Mora, quien se dedicó al negocio de construir casas y venderlas; y de las cuales algunas todavía existen.  
Sus progenitores emigraron a California durante la década de los años 60 y Edgard se quedó en Nicaragua porque ya estaba en el Seminario.

¿Porqué va al Seminario?
“Desde pequeño me gustó la religión, la liturgia”, dice Edgard, quien salió del Seminario de Roma en 1968. Estudió el sacerdocio ocho años en Nicaragua y cuatro en Roma donde ofició su primera misa. La primera liturgia en Nicaragua la hizo en la parroquia donde después llegó a ser párroco, la iglesia del Perpetuo Socorro, ubicada frente al costado oriental del Campo Marte y que destruyó el terremoto de 1972.

Parrales se trasladó a una zona por la UCA, donde pasó un tiempo celebrando misas en casas particulares. Una vez que logra obtener un terreno en el Reparto San Juan, construyó la iglesia Santa Martha.

Ejerció el sacerdocio hasta 1983, después que por varios años pasó por un proceso interno de reflexiones. “Fue una especie de reclamo de identidad propia, porque vos sabés que el sacerdote si tiene ideas propias tiene que deponerlas ante el pensamiento de la iglesia”.

“Me sentía como prisionero ideológicamente y espiritualmente, pero antes pasé por un largo proceso de meditación, reflexión y hasta fui 15 días a Panamá a estar en meditación y consultas con padres jesuitas”, recuerda Parrales.

Siendo cura cambió de Diócesis y se fue a la de Estelí cuando estaba como obispo monseñor Rubén López Ardón, pues tuvo problemas con monseñor Miguel Obando y Bravo.

Aquella revolución del 79 
Con la Revolución del 79 “vi una oportunidad de proyectar mis ideas y mi personalidad, y como los obispos estaban exigiendo de que los que estábamos (sacerdotes) dentro del gobierno saliéramos y esto sumado al reclamo de mi propia identidad, pues dije aquí nomás lo defino y le dije al obispo López Ardón, que quería dejar el sacerdocio…”

De acuerdo a lo que establece el Derecho Canónico el obispo estuvo de acuerdo de “que se iniciara mi proceso de secularización y por eso le escribí al Papa en Roma, y nombraron a mi obispo para que se encargara de los trámites”.

Fue un proceso de dos años, pero cuando el obispo viajó a Roma, preguntó por la sentencia sobre el caso de Parrales, en el Vaticano le dijeron que no había tal documento y que se limitara a obedecer. La repuesta de Parrales fue seguir su decisión porque había cumplido con todo lo establecido.

En 1985 Edgard llamó a una conferencia de prensa a los medios de comunicación de la época para dar a conocer su posición de dejar el sacerdocio. Edgard mostró la copia de la carta que le envió al Papa Juan Pablo II cuando estaba en la OEA (en Washington) como embajador de Nicaragua. 

Cuando dejó el sacerdocio ya era abogado, carrera que hizo en la UNAN-León, mientras era párroco de la Iglesia del Perpetuo Socorro. En su despacho están los títulos extendidos por la Corte Suprema de Justicia ya incorporado como abogado y notario; y ambos documentos lo acreditan como presbítero y licenciado.

Su matrimonio y la Revolución 
Retirado del sacerdocio ya no tenía sentido continuar con el celibato y contrajo matrimonio con Carmen Dolores Córdoba, hija del doctor Rafael Córdoba Rivas.

Su involucramiento con el sandinismo fue todo un proceso porque como sacerdote “empecé con Edgard Zúñiga como encargado de la pastoral universitaria por parte de la Diócesis e íbamos a reuniones con los universitarios en León y Managua. En ese movimiento de universitarios católicos estaban Brenda Ortega, Salvador Méndez, Emilia Torres, Roberto Cajina, Roberto Evertz, Hugo Mejía, entre otros”.

Este vínculo con los universitarios llevó a Edgard a estudiar el derecho, entrando primero a la UCA “donde me involucré con el movimiento estudiantil en 1969 cuando se dio la toma de la universidad por las desavenencias que tenían los estudiantes con el padre León Pallais y la junta universitaria”.

Estaban en la UCA en una asamblea donde se discutían  múltiples acciones cuando se le acercó Engel Cerna (hermano de Lenin Cerna) que estudiaba derecho para proponerle que se tomaran la Catedral.

 Edgard le dijo que le parecía buena idea y le digo “proponelo, pero él me dice que no porque si lo propongo yo no va a tener efecto, proponelo vos y pedí la palabra y lo propuse y tuvo un apoyo total” y fue así como se produjo la toma de la Catedral.

Anécdota con el coronel Luis Ocón
Cuenta Edgard que en una de esas reuniones que los universitarios sostuvieron en la UCA que en una ocasión llegó el coronel Luis Ocón y “nos dijo, váyanse ya”, pero la universidad en esa ocasión estaba fuera de Managua. “Si salíamos de madrugada los guardias nos malmatan, pero le dijimos: no coronel, no salimos hasta que salga el sol”.

Ocón les dijo que el los iba a acompañar (a los estudiantes), primero se comunicó por radio con Samuel Genie “por lo que fuimos caminando con Ocón hasta la iglesia del Perpetuo Socorro”.

Conoció a Ortega en la cárcel
Edgard conoció a Daniel Ortega en la cárcel Modelo y fue en una ocasión que siendo sacerdote que una feligresa que era activista de la Cruz Roja, le dijo que si quería acompañar a las damas de la institución a visitar a los presos.

“Cuando íbamos saliendo escuché desde una de las celdas que alguien me llama ¡Edgard! ¡Edgard! y al darme vuelta veo a mi compañero de estudio en la universidad el “Chiri” Luis Guzmán”. Parrales quiso acercarse pero un teniente le dijo que no podía pasar porque eran presos políticos.

Una de las damas de la Cruz Roja abogó con el oficial del Penitenciario, el que al final aceptó que Edgard se acercara a saludar a Guzmán, quien le presentó a Daniel Ortega y a Lenin Cerna.

Edgard también participó en denuncias en el púlpito por las muertes de Julio Buitrago, Leonel Rugama y todos los que cayeron en esas acciones.

Preso de los internacionalistas
Después del derrocamiento de Somoza, Edgard estuvo en la Procuraduría de Justicia con Tito Castillo y Ramón Lets.

En una ocasión lo llegaron a buscar dos tipos del Ministerio del Interior y preguntan ¿Quién autorizó que se devolviera esta casa? Ramón Lets le dijo que fue el doctor Parrales a quien el uniformado le pregunta ¿Vos autorizaste la devolución de esta casa y por qué hijuep… lo hiciste, si es un gringo al que se la devolviste? Edgard le dijo que fue conforme a derecho.

No les bastó a los uniformados y se lo llevaron preso a la Seguridad para dar una declaración. Los del MINT eran extranjeros, uno con mezcla de acento español y chileno y el otro argentino del que después llegó a la conclusión que era Enrique Gorriarán Merlo, quien participó en el ataque al regimiento militar de la Tablada en Argentina y en la muerte de Anastasio Somoza Debayle en el Paraguay.

En la prisión se encontró a otros presos civiles entre ellos el doctor Sergio García Quintero quien se le acercó para decirle “mire Reverendo aquí estamos organizados en grupos de 10 y yo soy jefe de uno de los grupos y para que nadie lo moleste desde este momento lo nombro como mi segundo”.

 Salió de la “carceleada” de los internacionalistas, porque lo llegó a sacar Mario Mejía, quien calificó de “estúpidos” a los del MINT. Cuenta Edgard que los internacionalistas ni siquiera registraron su nombre al meterlo a prisión. De paso recordó que varios de esos internacionalistas anduvieron robando metales preciosos pero fueron detenidos en Costa Rica donde les decomisaron las prendas.

 Un mes después se fue de la Procuraduría para trabajar como viceministro del INSS con Reynaldo Antonio Téfel, con el que estuvo hasta 1980. Después lo nombraron ministro de Bienestar Social y en febrero de 1982 pasó a ser embajador de Nicaragua en la OEA, donde estuvo hasta septiembre de 1986.