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Aunque es invierno, el potente sol tostaba la piel cuando llegamos a un lugar en el que meses atrás fuimos testigos de cómo basta la voluntad para hacer grandes cosas. Cuando el encargado de vigilar la entrada nos abrió el portón de la escuela “Sagrada Familia”, entramos en una dimensión desconocida, pues muchos proyectos que antes eran sueños ahora se han materializado.

Los columpios estaban ocupados y muchos niños disfrutaban del receso, sin siquiera imaginar la alegría que nos causaba ver que cuentan con infraestructura adecuada, pues en nuestra primera visita nos encontramos con un recinto en el que aún sin aulas y sin pupitres, se les daba el pan del saber a los niños de varias comarcas ubicadas en el kilómetro 14 de la carretera hacia Masaya.

En ese primer acercamiento, constatamos que la obra estaba en pañales, pues nada más contaba con dos aulas completamente construidas y las demás sólo tenían techo, sus paredes eran invisibles y a duras penas se separaban unas de otras con medios muros de madera o contornos de zinc, en el mejor de los casos.

Aulas gracias a las damas colombianas
Era noviembre cuando conocimos el centro escolar Sagrada Familia. Ese día había mucha actividad, porque en el pequeño cuarto llamado “La Tienda”, se encontraban jóvenes y talentosas mujeres que pertenecen a la Asociación de Damas Colombianas.

Su aporte para la obra consistía en vender ropa, zapatos, juguetes y artículos para el hogar, a precios módicos.

El dinero que recaudaban lo invertían en mejoras para la escuela. Lo primero que hicieron fue embaldosar el espacio sobre el que luego construyeron las tan necesitadas aulas que hoy albergan a los niños.

Club Rotario se suma
“Escuelita busca padrinos” titulamos nuestro trabajo, mismo que al parecer tuvo eco, pues a la labor educativa se han sumado el Club Rotario de Managua y su par en Puerto Rico.

María del Pilar Soler es una entusiasta mujer que se ha dado a la tarea de llevar el proyecto de la Escuela Sagrada Familia tanto al Club Rotario de Managua como al de Río Piedra, San Juan, Puerto Rico.

“La labor nuestra es ser correspondencia del club de Río Piedra y apoyar con actividades sociales en Managua. Este proyecto, realmente, el Club Rotario de Managua lo está tomando recientemente, pero María del Pilar siempre lo ha apoyado con su club paterno de San Juan”, compartió el señor Justo Aráuz, miembro del Club Rotario de Managua.

María del Pilar se encontraba, en medio del jolgorio de los niños, encargándose de que todos los juegos didácticos estuvieran en orden, cuando la interrumpimos para preguntarle sobre qué ha aportado el club puertorriqueño.

“Para el inicio del año escolar invertimos mil doscientos dólares en equipos escolares. Compramos pizarras acrílicas, pupitres para una de las aulas y útiles escolares para los más de cien niños inscritos en la escuelita”, compartió.

El objetivo del Club Rotario de Managua es alcanzar las metas de Chiquilistagua y del barrio los Ángeles, donde construyeron dos colegios.

“Queremos que esto se convierta en una construcción de dos plantas, y eso será en breve plazo. Confiamos en que la proyección de convertir la escuela en instituto de Secundaria es viable y que será una realidad para que se bachilleren jóvenes de muy escasos recursos que viven en los alrededores de este sector”, afirmó Aráuz.

Actualmente, el nivel educativo que cubren llega hasta segundo grado de Primaria, sin embargo, el señor Aráuz manifestó que las proyecciones que tienen son que para el próximo año haya hasta cuarto grado y que en el siguiente se dé la Primaria completa.

“Nosotros esperamos que en cinco años podremos tener los dos primeros años básicos de Secundaria, y que en unos seis años ya tendremos los primeros graduados”, dijo el rotario.

Estudiantes de intercambio
Mientras recorríamos las nuevas instalaciones, encontramos a la señora Olga Velásquez de Hannon, Directora del pequeño centro educativo. Ella corría de un lado a otro, presurosa por hacer que un grupo de jóvenes que los visitaban se sintiera a gusto.

Se trataba de cinco jóvenes estadounidenses que venían de la Suncrise Fun Preparatory School La Cañada, California, con una misión específica: aportar un granito de arena a la Escuela Sagrada Familia.

“Estos muchachos vienen de un colegio de California y contactaron al Colegio Lincoln y vieron el servicio social que hace. Se motivaron y propusieron venir al país para ayudar a algún lugar pobre”, compartió Velásquez.

“El primer aporte de estos jóvenes fue traer material para compartir. Trajeron plastilina Play Do, que es mucho mejor que la que estábamos usando, nos regalaron goma adhesiva, ropa de segunda mano, papel de construcción, cuentos, balones y una canasta para jugar baloncesto”, prosiguió.

Clases de inglés
Además de compartir bienes materiales, los chicos también venían con la misión de aportar pedagógicamente.

Los encontramos reunidos, recibiendo instrucciones de su profesor, un nicaragüense con más de cuarenta años de residir en EU, pero con su corazón pinolero intacto.

Los muchachos, acompañados de estudiantes del Lincoln, se dividieron en parejas y entraron a las aulas. Una vez con los niños, comenzaron a enseñarles cómo se llaman en inglés y cómo se pronuncian adecuadamente las partes del cuerpo, las partes de la casa y un sinnúmero de términos básicos.

Sorprendió ver cómo niños de primer grado interactuaban con los jóvenes y hacían preguntas en inglés. Asimismo, uno de los estudiantes de intercambio hizo muy buenos trucos de magia que dejaron sorprendidos a los niños, e incluso a nosotros.

Por otro lado, las profesoras también iban a recibir capacitación sobre cómo enseñar inglés con éxito, lo que se traducirá en mejora en la calidad de educación de los niños.

Jóvenes impactados
“Traje a cinco alumnos para compartir y el trabajo está saliendo mejor de lo previsto. Los jóvenes están muy impresionados porque ven que a estos niños les hace falta mucho de lo que ellos tienen de sobra. Sin embargo, me han dicho que les sorprende ver que estos chicos siempre están sonriendo y que a pesar de estar en la pobreza, tienen deseos de estudiar”, enunció el profesor Manuel Núñez, responsable de los alumnos de intercambio.

“El nicaragüense se sacrifica y siempre es muy cariñoso, me enorgullece que esas cualidades no se hayan perdido y que mis alumnos hayan captado esos valores que nos han caracterizado siempre”, insistió.

Asimismo, Núñez aseguró que los alumnos van muy inquietos con la realidad que encontraron en nuestro país, pues ellos viven en un reparto en el que la pobreza está ausente.

“Ellos llevan muchas ideas para aportar. Dicen que ven una gran diferencia entre las clases sociales en Nicaragua. Lo que desean es fundar una asociación sin fines de lucros para apoyar programitas como la escuelita Sagrada Familia”, dijo Velásquez.

Biblioteca remozada
Además de contar con nuevas aulas, el centro escolar Sagrada Familia ya tiene en perfectas condiciones los baños, aunque necesita construir más.

No obstante, uno de los logros más importantes es que ya cuenta con un espacio completo que estará bien acondicionado para que funcione la biblioteca en la que los niños podrán realizar sus investigaciones y divertirse leyendo historias fantasiosas.

El local estaba prácticamente listo, sin embargo, lo sombrío lo invadía por la falta de pintura, pero de este inconveniente se encargaron los chicos de intercambio, que con rodo en mano empezaron a iluminar con colores el pequeño salón.

De bodega a santuario educativo
Hace unos años, en el local donde hoy está instalada la Escuela Sagrada Familia, funcionaba una bodega, sin embargo, sus propietarios pensaron que se estaba desperdiciando el lugar y pensaron en construir un comedor para atender a los niños de las cuatro comunidades aledañas.

Sin embargo, uno de los dueños pensó que la gente no sólo necesita la alimentación sino que también debe aprender a ganarse la vida, y que el único método que él concibe como infalible para salir adelante, es la educación. Así surgió la inquietud de fundar una escuelita a la que pudieran asistir niños en edad preescolar y que estaban fuera del sistema escolar porque los caminos son peligrosos y tenían que recorrer distancias muy largas.

Después de madurar la idea, el anhelo se concretizó en agosto de 2007, cuando abrieron las puertas a un grupo de niños al que se les impartía clases y se les brindaba desayuno. Con la alegría de verse rodeados de la inocencia infantil, los altruistas empezaron a ir expandiendo el proyecto y han logrado incorporar un nuevo grado cada año.

Quienes quieran sumarse a la iniciativa de quienes dan vida a esta escuelita, pueden escribir al correo electrónico oficial (olganataliavp@hotmail.com).