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Para una buena parte de la niñez nicaragüense diagnosticada con el Virus de Inmunodeficiencia Adquirida, VIH, la posibilidad de asistir a una escuela, tener amigos y jugar, es parte de esos sueños que sus padres o tutores les mandan a desechar. La razón: esos adultos están convencidos de que es preferible sacrificarles la ilusión, que exponerlos a sufrir discriminación en los colegios.

Sus temores tienen fundamentos basados en sus propias vivencias o en las experiencias de otros, las cuales llegan a conocer. La realidad es que el sistema aún tiene barreras para garantizar la educación a la infancia con VIH.

En 2008, por ejemplo, se divulgó la historia de abuso y discriminación en una escuela del departamento de León, contra una niña de seis años, cuando se supo que tenía VIH. La docente, además de discriminarla, aislándola en el aula del resto del grupo, la sometía a maltratos físicos, según denunció en ese momento su abuelita, pues ya la madre de la menor había fallecido a consecuencia del Sida, y el padre estaba en estado crítico por la misma enfermedad.

No era la primera vez que la pequeña se veía obligada a salir de las aulas por esa carga negativa que la gente, de forma equivocada, atribuye al VIH. Un año antes había sido retirada de un preescolar cuando en el centro conocieron su diagnóstico. Su abuelita por miedo a que la pequeña fuera discriminada, optó por no enviarla más.

Según Arelys Cano, de la Asociación Nicaragüense de Personas con el VIH/Sida, Asonvihsida, casos como el de la niña leonesa son frecuentes, pero quienes los experimentan prefieren callarlos para evitar que más gente conozca su condición y terminen siendo objeto hasta de mofa. “Es difícil para ellos contar sus historias”, justificó.

Y eso que afirma que hoy la sociedad ha avanzado en niveles de conocimiento sobre el VIH, y que, por tanto, ha madurado un poco su actitud hacia las personas con VIH, en comparación con la época cuando a ella le detectaron el virus y eran pocos los que lo tenían en el país.

Perspectiva “adultista” debe terminar

Cano considera lamentable que la sociedad siga cultivando concepciones equivocadas respecto al virus, las cuales terminan afectando los derechos de quienes lo tienen, y que la niñez, además de ser un grupo vulnerable, sea olvidado en el tratamiento de este tema, históricamente abordado desde una perspectiva “adultista”, reconoce.

El Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH y el Sida, Onusida, advierte que, “por desgracia, la niñez constituye uno de los grupos más afectados por la epidemia, y es un grupo de alta vulnerabilidad”, y por eso ha llamado a “tomar urgentemente en consideración las repercusiones específicas del VIH y el Sida sobre la infancia”.

“Las familias y los mismos niños y niñas con VIH están obligados a vivir en silencio, por temor a ser rechazados en sus comunidades. Dejan de asistir a las unidades de atención en salud, abandonan los tratamientos, mueren en silencio para evitar ser discriminados”, explica el estudio de Programa de Naciones Unidas para la Infancia, Unicef, “Derechos Humanos Niñez y VIH-Sida”.

Los pendientes con esa niñez

Para Jorge Mendoza, Director Ejecutivo del Foro de Educación y Desarrollo Humano, la justificación de esa realidad es que “seguimos actuando como si esta pandemia mundial nos afectara muy poco o poco tiene que ver con nosotros”, y, entonces, se ignora, haciendo que se acumulen una serie de pendientes en lo referente a los derechos de las personas con VIH.

La garantía del acceso a la educación es parte de esos “pendientes” asociados a la niñez con VIH, si partimos de que el sistema de educación pública aún no cuenta con “criterios, ni políticas focalizadas para la atención de los niños con VIH en el goce y disfrute de sus derechos”, señala Mendoza.

Pese a que tanto la Ley General de Educación como la Constitución reconocen la universalidad del derecho a la educación “sin distingos de edad, raza, creencia política o religiosa, condición social, sexo e idioma”, el estudio de Unicef evidencia discriminación en las escuelas, tanto públicas como privadas, hacia la niñez con VIH. “En muchos casos, inclusive, se les niega el derecho a ser matriculados”, cita el estudio.

Nicaragua hace los primeros esfuerzos

Cano, en su calidad de representante de un organismo que vela por el cumplimiento de los derechos de las personas con VIH y Sida, afirma que ya se están promoviendo acciones enfocadas a solucionar esas carencias, que al final trascienden lo educativo e involucran a todas aquellas instituciones responsables de velar para que a los menores, sin distinciones, se les garantice el cumplimiento de sus derechos reconocidos en el Código de la Niñez y la Adolescencia y en la Convención sobre los Derechos del Niño.

No obstante, aclara que no es una carencia de país, sino regional, y que es hasta ahora que en el resto de Centroamérica se está comenzando a abordar el tema de la niñez con VIH y la necesidad cumplir con las garantías elementales, entre ellas, la educación, ya que incluso para los adultos, la pandemia del VIH se había centrado en la atención clínica.

Avances del Protocolo

En el país ya se está trabajando en el diseño de un Protocolo de Atención Integral para la Niñez con VIH, esfuerzo liderado por los ministerios de la Familia, de Educación y de Salud, con participación de asociaciones como Asonvihsida con el respaldo de Unicef, y el Banco Mundial. “Son los primeros pasos para cambiar”, dice Cano.

El Protocolo está en proceso de consulta y evaluación. Según la representante de Asonvihsida, también se está midiendo la responsabilidad de las diferentes instituciones de Estado en la atención integral a la niñez con VIH, así como quienes han quedado en la orfandad a consecuencia del Sida.

Entre las propuestas está que el programa de gobierno “Amor para los más chiquitos” asuma un rol más beligerante en cuanto a la atención para los niños con VIH, así como para los huérfanos a consecuencia del Sida, y “no solamente hable de los niños que están en desprotección en las calles”, detalla Cano, revelándose optimista, ya que siente que hay “interés” por parte de quienes están al frente de las instituciones públicas.

De hecho, el Programa Amor contiene un eje específico dirigido a la niñez con VIH donde se contempla lo planteado.

Uno de los grandes aportes que tendrá el protocolo es su contribución a “desestructurar” muchos mitos que motivan la discriminación en los colegios, asegura Carlos Emilio López, ex Procurador de la Niñez.

VIH demanda capacitación docente

Entre los desafíos que plantea en materia de educación la implementación del Protocolo de Atención Integral para la Niñez con VIH, destaca la sensibilización y la capacitación docente.

Cano reconoce que en las escuelas nacionales los educadores no están preparados para asumir la responsabilidad de recibir a menores con VIH.

Se refiere a los docentes como piezas claves, no sólo en el trabajo de concienciación para eliminar los mitos en torno al virus y a su transmisión entre la comunidad educativa, sino para el ingreso, y, ante todo, la permanencia de los menores en las aulas.

El menor con VIH no necesariamente demanda un trato especial, más que lo relacionado a que el maestro sepa reconocer y comprender los efectos que los tratamientos antirretrovirales le provocan, los cuales bien pueden confundirse con falta de atención o hiperactividad. También el profesor debe involucrarse en el seguimiento adecuado de los tratamientos antirretrovirales, en caso de que al menor a su cargo le corresponda tomarlos en horario escolar.

Por eso es que Cano considera “indispensable” que el docente en cuyo grupo se integre un menor con VIH conozca su diagnóstico.

El dilema para los padres es: ¿qué garantías tengo de que mi hijo no será discriminado por el profesor si lo entero de su diagnóstico?
“La confidencialidad es un tema delicado”, admite Cano, pues hay quienes la rompen con colegas y eso genera rumores que propician el estigma y la discriminación que pueden motivar el abandono escolar. Muchos padres o tutores por ese temor matriculan a los niños, pero no se atreven revelar que tienen VIH.

“Es importante que los niños y maestros entiendan que el virus no se transmiten por besos, por caricias, por abrazos… lo que mata realmente a las personas es la discriminación, eso es lo que realmente extingue la vida”, apunta el ex Procurador de la Niñez y la Adolescencia.

López se declara convencido de que en la medida en que el sistema educativo y de salud, asuma a los niños y niñas con VIH, “ellos van a ir teniendo una vida digna”.

Realidad de la niñez con VIH y la educación

En el país las estadísticas oficiales reportan unos 80 niños con VIH en edad escolar, de los cuales sólo 30 están siendo atendido bajo alguna modalidad educativa, según reportó en marzo de 2009 el doctor Miguel Orozco, en su calidad de director del Centro de Investigaciones y Estudio de la Salud, CIES.

La tendencia en ascenso que presenta el virus en el país, principalmente entre las amas de casa y las adolescentes, y el incremento de muertes de adultos a consecuencia del Sida, hace que Cano refiera la existencia de un subregistro de la población infantil con VIH, con lo cual coincide López.

Según este especialista, en nuestro país la transmisión de madre a hijo es también la principal fuente de transmisión oficial del virus entre los menores, pero hace énfasis en que también incide, y considera se pueda estar alojando el grueso del subregistro de niñez con VIH, la explotación sexual infantil, los abusos sexuales, el turismo sexual infantil y la trata de personas.

Las estadísticas del Ministerio de Salud de 2008 reflejan que la incidencia del VIH se está desplazando rápidamente hacia los adolescentes. El grupo de edad 0-14 años representó el 4% de nuevas infecciones ocurridas ese año, mientras los adolescentes de entre 15 y 19 años representaron el 9%. El 60% de los nuevos casos de VIH en adolescentes de 15 a 19 años ocurrieron en mujeres. “Son las mujeres en etapa reproductiva quienes más están siendo afectadas”, refiere Cano.

A nivel mundial, datos de la ONU informan de un promedio de 1,800 infecciones diarias por VIH entre los niños menores de 15 años, la mayoría debidas a la transmisión de madre a hijo.

Nueva ley ante el VIH y el Sida es urgente

Carlos Emilio López, ex Procurador de la Niñez, explica que toda la gestión en torno al tema de la niñez y la adolescencia se verá reflejada en la propuesta de ley que sustituirá Ley de Promoción, Protección y Defensa de los Derechos Humanos ante el Sida, vigente desde 1996 y conocida como Ley 238.

El grueso de su aporte será el reconocimiento de los niños y adolescentes como sujetos de derecho en correspondencia con lo establecido en el Código de la Niñez y de la Adolescencia.

López menciona como ejemplo el hecho de que en la nueva Ley, el adolescente no necesitará de la autorización de sus padres para hacerse la prueba del VIH, como lo manda la vigente Ley 238. A los adolescentes que se hacen la prueba, incluso, se les añade el derecho a tener pre y post consejería, así como su derecho a la confidencialidad sobre los resultados de la misma.

El tema de la orfandad a consecuencia del Sida también será contemplado como una obligación del Estado de brindarles protección especial a los infantes y adolescentes, tengan o no VIH.

En caso de aquellos que no tengan el virus, “hay que hacer toda una labor de concienciación en la familia, en la comunidad, en la escuela, para que esos niños no sean discriminados por el estigma”, apunta.

También el experto mencionó que la propuesta de nueva Ley plantea reconocer el derecho de los niños a saber que tienen VIH. El hecho de que lo contemplado en el Protocolo de Atención Integral para la Niñez con VIH, trascienda a la propuesta de ley, Arelys Cano, de Asonvihsida, lo valora positivamente, pues eso significa que lo establecido, el Estado deberá asumirlo como obligación.

Ella cree que la nueva ley podría estar lista para su puesta en vigencia en los primeros meses del año próximo.