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Nació en el barrio “San Sebastián”, uno de los sectores más populares que tuvo la Managua destruida por el terremoto de 1972, fue el primer importador de libros sobre marxismo-leninismo, y llegó a ser el único asilado que hace 50 años tuvo la Embajada de Estados Unidos en Managua.

Nos referimos al editor-recopilador, Jorge Ernesto De Trinidad, quien desde su casa en la Colonia 14 de Septiembre, donde tiene 35 años de residir, narró para los lectores de END lo que ha sido su vida, que incluye ocho carceladas que le dio la Guardia Nacional.

Su padre Federico De Trinidad Gómez fue ebanista, y su progenitora fue la leonesa Pastora Martínez Villegas. Estudió en los colegios República de México, República de Ecuador, República de Haití e ingresó a la Normal Central de Varones, cuando el profesor Ignacio Fonseca De Trinidad era el director.

Al referirse al barrio donde dejó el ombligo, Jorge Ernesto recordó a Edmundo Letts, que tuvo relevancia en el béisbol, trabajó en Luz y Fuerza, y además que fue bombero. También recuerda a la escultora Edith Gron, una mujer muy atractiva y apasionada por eternizar los valores de Nicaragua. Ella nació en Dinamarca el 19 de febrero de 1917, vino a Nicaragua a los seis años con sus padres y hermanito, formando parte de la Colonia Danesa, en septiembre de 1923.

Otro librero

También recuerda que del parque San Sebastián una cuadra al sur, vivía Víctor Recalde, dueño de la famosa Librería Recalde, que todos los años antes de iniciarse el año escolar se llenaba de compradores. La librería estaba ubicada en el sector sur del Mercado Central, frente a la parada de buses que se le decía Cementerio.

No terminó la secundaria ya que el destino le tenía preparado un escenario diferente a los que hacen una carrera universitaria, pues muy joven se involucró en la lucha antisomocista a través de la Juventud Patriótica Nicaragüense (JPN) en 1959. También se vinculó con la Juventud Democrática, la Juventud Socialista y el Partido Socialista Nicaragüense, (PSN).

Trabajó en el Diario “La Prensa”, en la administración, junto a don Jorge Cárdenas y Carlos Uriza.


Fue el primero y único asilado en Embajada norteamericana
Después, Jorge Ernesto consiguió un empleo en el Departamento de Información y Prensa (USIS) de la Embajada de los Estados Unidos, lugar donde en una ocasión llegaron a buscarlo para apresarlo varios agentes de la Oficina Nacional de Seguridad (OSN) de Somoza.

La OSN quería interrogarlo sobre las explosiones de bombas en algunos puntos de Managua.

La embajada no dejó que se llevaran detenido a Jorge Ernesto, pero fue apresado días después, aunque por intermediación del embajador Thomas Whelean la cosa no pasó a más.

Esta mediación de la embajada convirtió a Jorge Ernesto en el primer asilado en la Embajada de Estados Unidos en Managua, --antes de ser capturado-- y a estas alturas, dice: “Si no lo hubiera hecho, la Seguridad hasta me pudo haber asesinado”. Esa detención le llevó al despido de la embajada.

Para esa ocasión, el Diario “La Prensa”, del doctor Chamorro Cardenal, publicó a ocho columnas: “Jorge De Trinidad asilado”.

Recuerda que el embajador norteamericano Whelean tuvo con él un gesto inusual, porque a través de su intérprete, Efraín Sequeiro, le mandó a decir a los agentes de la OSN que no podían arrestarlo en la embajada.

Dice que Whelean hizo firmar a los de la OSN un documento donde señalaba que yo era norteamericano, de acuerdo a la diplomacia que los estadounidenses aplicaban en su embajada en Managua, y por los convenios internacionales a mí no me podían sacar apresado de la embajada…

Lo “quemaron” dos conservadores
El documento que firmaron los de la OSN con la embajada, los hizo responsabilizarse a regresar a Jorge Ernesto a la embajada. El de la OSN que llegó a sacarlo de la misión diplomática (una vez firmado el compromiso) fue Jerónimo Linarte, quien todavía reside en Masatepe. Fue capturado por la OSN después de haber sido mal informado por dos conservadores que ya están fallecidos.

“Yo cometí el error de confiarles a ellos (sus delatores) que tenía dinamita, ya que andaba con la Juventud Patriótica, con luchadores como Ajax Delgado, Saúl Villarreal, Raúl Alvarado Rivas, Aldo Díaz Lacayo, Jhonny Voguel, Noel Gómez, entre otros. La OSN lo tuvo preso 28 días, y obtuvo su libertad con acciones legales.

Conoció al papa de Daniel Ortega

Conoció al padre del actual presidente de Nicaragua, Daniel Ortega y que también se llamaba Daniel Ortega Cerda; le alquilaba una pieza donde nuestro entrevistado tuvo la “Librería del Caribe”, ubicada de donde fue Luz y Fuerza, actual edificio Terán una y media cuadra al sur.

Todavía conserva un escritorio grande que utilizaba el padre del actual titular del Ejecutivo, que se lo compró en 200 córdobas. Aunque el mueble no lo tiene en su casa en la Colonia 14 de Septiembre, dijo que el mismo lo está refaccionando donde un carpintero. Ese escritorio tiene 12 gavetas, y es como de dos metros de largo.

Ortega Cerda tuvo una etapa de bonanza económica porque llegó a ser representante de casas extranjeras, lo que le permitió en la infancia poner a sus hijos Daniel, Humberto y Camilo en el Instituto Pedagógico.

En una de las tantas carceladas que tuvo Jorge Ernesto, coincidió con Ortega Saavedra en la “Aviación”, “donde estuvimos el profesor Morales Avilés, José Benito Escobar, Katun Sandoval, Jorge Bravo Sáenz; asimismo, compartió celda con Róger Cabezas y otros miembros del PSN y de distintas facciones de izquierda”.

Los enredos de la vida

Cuando al padre del actual mandatario le quitaron las representaciones de las casas comerciales extranjeras, el señor se comenzó a enfermar, por lo que bajaron de estatus, entonces se fueron a alquilar por otro lado, pasando por una vivienda que estuvo contiguo a la “Rosa Blanca”, que era de los Mendieta Murillo, parientes de la actual Primera Dama.

Después, Ortega Cerda alquiló otra casa de Luz Fuerza media cuadra al sur, “donde ellos --Ortega Cerda y doña Lidia Saavedra-- me cedieron un espacio para poner mi librería”. Allí don Jorge Ernesto pudo observar cómo los padres del actual Presidente de Nicaragua, pasaron serias dificultades “porque estaban en las “malvinas”.

La crisis fue tal, que antes del triunfo de la Revolución de 1979, don Daniel, su esposa doña Lidia y Germania (que falleció de cáncer) se tuvieron que ir a vivir a la Colonia Primero de Mayo, cuando Camilo, Humberto y Daniel andaban en la guerrilla.

Don Daniel Ortega Cerda fue un férreo antisomocista, y se mantenía en una silla mecedora en la puerta de su casa, con su boina vasca, escuchando radio “Habana Cuba”.

También fue anticlerical, en cambio doña Lidia Saavedra era muy religiosa, y se mantenía en la iglesia “San Antonio”, y eso lo criticaba don Daniel, nos manifestó el hombre que importó libros de marxismo, socialismo, las obras de Carlos Marx y Federico Engels, “La Madre”, de Máximo Gorky, entre otros.

Ser activista y militante político fue un avatar en la vida de Jorge Ernesto, que lo mezcló con la venta de libros que el somocismo tildó de “literatura comunista”.

Después del derrocamiento de Somoza, llegó a ser jefe de Producción del naciente diario “Barricada”, llamado y avalado por el doctor Danilo Aguirre Solís.

En “Barricada” le hizo la vida imposible un ex trabajador de “La Prensa”, Orlando Morales quien ahora “vive en la meca de los yanquis”.

Fue ordenanza de Ortega Saavedra con los trabajadores, en la Casa de Gobierno que funcionó en el edificio ubicado en la parte sur de la Asamblea Nacional. También impartió talleres para brigadistas de la Cruzada Nacional de Alfabetización.

Cómo se inició con los libros
Jorge Ernesto comenzó a ser librero por necesidad, y para cubrir sus cosas básicas ya que no le daban trabajo por el estigma de comunista.

Según informa este hombre, de 74 años, su última y reciente publicación “Sandino, el rebelde de América” lleva acumuladas 22 publicaciones.

Los libros que importaba se vendían como pan caliente. Dentro de los clientes que tenía recuerda a Silvio Conrado, Álvaro Ramírez González y todos los izquierdistas de la época.

Así logró traer a Nicaragua desde México, libros hechos por la Editorial Progreso de Moscú. Esos libros los distribuía en Centroamérica el Fondo de Cultura Popular de México.


ebarberena@elnuevodiario.com.ni