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Las drogas sintéticas, hasta el momento, han empezado a mostrar su cara ante la sociedad nicaragüenses y las autoridades policiales, pero no todo su cuerpo. Mientras la Policía dice desconocer el grado de penetración de este mal, jóvenes consumidores de sustancias ilegales y expertos en el tema señalan a EL NUEVO DIARIO que en nuestro país existe un consumo mínimo y restringido por los altos costos de la misma. Fernando Uriel, de 20 años, es originario de León, y actualmente está siendo rehabilitado en el Centro de Ayuda y Rehabilitación del Alcohólico y Adicto a otras Drogas (CARA), debido a que inició el consumo de marihuana, cocaína y crack hace tres años en un colegio de ese lugar.

“Empecé a consumir en el colegio porque en algunos hay drogas, yo por los menos soy de León, y sí hay drogas en los colegios, empecé a consumirlas, porque miré que las otras personas la consumían, consumía más con las muchachas”, aseveró Fernando.

Fernando es hijo de una sicóloga, que según él mismo, ha sufrido mucho por su culpa, mientras su padre ha vivido en Estados Unidos. Aunque él afirma nunca haber consumido drogas sintéticas por lo peligrosas que son, sí ha sido testigo del consumo de otros jóvenes, y, sobre todo, de chavalas mexicanas en las discos de León.

“La muerte blanca”
“Yo miraba las anfetaminas y las ‘tachas’ que les dicen, porque tuve amistades con unas mexicanas, pero nunca me llamó la atención, porque las anfetaminas, las ‘tachas’ o el éxtasis, lo que te hacen es que el cuerpo te lo altera, vos te sentís tranquilo, en bacanal y todo eso, pero por dentro ella te va quemando y alterando los nervios, y llega un lapso que tus nervios se paralizan, tu corazón, tu organismo; entonces allí morís, que es la muerte blanca, esa droga es más fuerte y te da insomnio de tres días”, explicó Fernando.

Agregó que cada pastilla de droga sintética tiene un precio de 10 dólares en las discotecas, y sólo es consumida por jóvenes con buena capacidad adquisitiva. “No sé por qué es más consumida por chavalas universitarias, hijas de diputadas, hijas de concejales allá en León. Yo anduve en consumo con hijos de diputados, hijos de concejales”, sostuvo el joven.

Expendios de lujo
El joven Pedro, quien solicitó el anonimato por motivos de seguridad, tiene 20 años, y empezó a consumir marihuana y cocaína a los 18. Actualmente está recibiendo tratamiento en la Clínica Privada de Tratamiento de Adicciones, Equilibrio, donde aseveró que un expendio en el departamento de Granada ofrece a los consumidores drogas más sofisticadas, pero caras.

“Un muchacho me dijo que él podía conseguir éxtasis, que era bien caro, pero no me llamó la atención para nada, costaba 10 dólares cada pastilla; yo pensé que estaba loco, porque con eso puedo comprar una onza de marihuana u otras cosas”, afirmó Pedro.

La Dirección de Droga Nacional de la Policía el año pasado quebró un mil 753 expendios ordinarios, connotados y conglomerados a nivel nacional, priorizando aquéllos que están ubicados cerca de los colegios, centros recreativos, iglesias y otros lugares.

Del total de quiebres, 951 correspondieron a expendios ordinarios donde se venden pequeñas cantidades de la droga más común y conocida, 455 son connotados, donde hay venta de mayores cantidades y droga más sofisticada como la sintética, y 347 fueron conglomerados donde hay variedad, pero es frecuentado por muchos grupos de drogadictos, explicó una fuente que solicitó el anonimato.

Granera: “Trabajo difícil”
El Distrito IV de Managua fue el que presentó un mayor número de expendios operados por la Policía, con 249, y en segundo lugar quedó la Región Autónoma del Atlántico Sur, con 193. La cifra menor la obtuvo el departamento de Río San Juan, con ocho, seguido de Zelaya Central. Durante el primer semestre de este año, las autoridades policiales han operado 853 expendios.

“Éste es un trabajo permanente, difícil de erradicar totalmente, porque mientras permanezca el tráfico de drogas y mientras no haya todo este crecimiento de trabajo preventivo que se hace con los niños y jóvenes, el problema del consumo va a estar latente en todas las clases sociales y todos los departamentos del país”, indicó Granera. Juan, quien prefirió omitir su nombre, es un joven universitario capitalino, de 18 años, quien a pesar de haberse dejado atrapar por el mundo de las drogas, continúa estudiando. Asegura haber iniciado a ingerir licor y drogas cuando cumplió 15, y confió a END que algunos de sus compañeros de consumo en Managua consumieron drogas sintéticas traídas desde Costa Rica, pero que no quiso participar. “Esa droga es más cara y la reacción es mucho más fuerte que otras drogas, y yo les decía que no se metieran a eso porque era más peligroso, más dañino, pero ¡ideay!, ya lo probaron. Esos son chavalos bien libres y hacen lo que ellos quieren”, aseguró Juan.

Consumo es exclusivo
Norman Blanco, sicólogo de CARA, afirmó que el consumo de drogas sintéticas ocurre en Nicaragua, pero es exclusivo de las personas con más recursos económicos, y de algunas que son deportadas de Estados Unidos, mientras los consumidores de clase baja compran la marihuana, crack, licor y cocaína.

“Si vos te vas a un centro privado, lógicamente, vas a encontrar un consumo diferente, más sofisticado, los centros privados son aquellos que te cobran 800, un mil dólares, un mil 500, dos mil dólares, que lógicamente son personas de un estatus social alto, entonces sí, ellos te prueban drogas más sofisticadas”, aseveró Blanco.

David Silva, Director Ejecutivo del Centro de Estudios de Seguridad Ciudadana de Nicaragua (Cescnic), consideró que sí existe el consumo de droga sintética, pero varía la forma de distribuirla. “Tenemos conocimiento de que expendios como tales, o como los conocemos en Nicaragua no existen, sino, más bien, en la modalidad de contactos o personas encargadas de su comercialización, que hacen los suministros a domicilio o donde el interesado indica. Se sabe de entregas en bares y en discotecas”, explicó.

Blanco explicó que las personas que se introducen al mundo de las drogas lo hacen, entre otras razones, por la predisposición genética que puede afectar debido al consumo de sustancias prohibidas por parte de familiares cercanos, experiencias estresantes relacionadas con abusos sexuales, físicos y económicos, y traumas emocionales, y la herencia sociocultural que tiene que ver con la influencia del medio que rodea a la persona.

Peligro que el consumo se masifique
Especialistas en el tema han señalado que los narcotraficantes están siendo golpeados cada vez más por las autoridades militares, por lo que cada vez se les dificulta más poder trasladar las drogas más comunes. Como opción, los criminales se han dedicado a crear laboratorios clandestinos en los diferentes países centroamericanos para producir drogas sintéticas y continuar el ilícito negocio. La Policía ha estado alerta ante este nuevo mecanismo y ha asestado duros golpes a los narcotraficantes.

Danilo Norori, Director de la Clínica Equilibrio y consejero en adicciones, consideró que en nuestro país existe un consumo mínimo de drogas sintéticas, y muestra de ello son las grandes incautaciones de materia prima utilizada para elaborarlas, que ha realizado la Policía, además de la desarticulación de laboratorios donde se elaboraron, pero señaló que el peligro de que crezca la demanda de éstas por parte de los drogodependientes está latente.

“Aquí puede evolucionar el consumo de la droga sintética porque el medio lo permite, la crisis social, económica, de valores, todo este mundo que está un poco movido facilita que muchos jóvenes están probando lo que sale al mercado. Era igual que la heroína. Hace muchos años aquí se decía que no había en el país porque era muy cara, pero sí había, y en estratos populares y altos”, recordó Norori.

El director de Equilibrio indicó que otro factor que lleva a las personas a consumir drogas más poderosas es la tolerancia que desarrolla el cuerpo a las drogas comunes, por lo que el mismo organismo humano pide sustancias más fuertes que lo estimulen. “Por ejemplo, la metanfetamina es mucho más disfuncionalizante que el crack, pero todas terminan disfuncionalizando el sistema neurotransmisor”, explicó.

Drogadictos exclusivos no son detectados
Por su lado, el comisionado general Carlos Palacios, Subdirector de la Policía, aseveró que el último narcolaboratorio que quebraron en Achuapa pertenecía a un cártel mexicano y guatemalteco, del cual no precisó nombre y que continúan investigando. Indicó que en dicho lugar tenían una capacidad de producción de hasta 70 kilos de anfetaminas, pero negó que estas sustancias estén siendo consumidas por los nicaragüenses.

“Esa droga no era para Nicaragua, nuestra sociedad no tiene cultura de consumo, no hemos detectado casos de jóvenes consumiendo drogas sintéticas”, dijo Palacios.

La expansión de la droga sintética por parte de los narcotraficantes ha permitido que paralelamente se eleve el nivel de consumidores de droga en nuestro país. Un estudio preparado por el Consejo Nacional de Lucha contra las Drogas muestra que los consumidores de drogas sumaban 850 mil nicaragüenses en 2006, pero ante la falta de un nuevo diagnóstico de la situación, los especialistas calculan que los drogodependientes han ido en aumento y cada vez consumen drogas más fuertes.

Los “clavos” de las drogas
“El cuerpo te pide drogas, y si vos no las tenés vas a empezar a robar, yo no robaba en las calles, sino que empezaba a vender mis cosas o algo que hallaba en mi casa; me metí a problemas por andar robando en casa, y estuve dos meses preso en las preventivas de León; una vez le robé 200 dólares a mi mamá”, recordó Fernando, quien dijo que a diario consumía hasta cinco “pitos” (cigarros) de marihuana, 50 piedras de crack y ocho gramos de cocaína.

“A causa del alcohol y de las drogas tuve varias peleas con otros muchachos, perdía el control y mi personalidad”, recordó Pedro.

“El problema más grande que tuve fue familiar, ya casi no estaba estudiando, iba a la universidad a hacer nada, ya no ponía atención, y lo único en que pensaban era en cómo consumir más; pero problemas con la autoridad nunca tuve, y buscaba cómo anestesiar cosas que no quería sentir”, explicó Juan.

José es un joven de 24 años, habitante del barrio “Berta Díaz”, en la capital, que ha decidido rehabilitarse y salir del mundo de las drogas. Recuerda que el consumo de marihuana y de cocaína lo llevó a vender sus pertenencias y a robar para comprar la sustancia prohibida; pero el más fuerte golpe que recibió en esas andanzas fue que “por droga me escaparon de matar con pistolas, estuve rodeado de pandillas porque también pertenecí a grupos de pandillas”.

Los expertos y consejeros de adicciones recomiendan que la familia intervenga de manera positiva en la recuperación de la persona adicta a las drogas, y busque información relacionada con el tema. Llevar al paciente con siquiatras, sicólogos y médicos que lo ayuden a encontrar una salida al problema.