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Son las cinco de la mañana, en la finca de don Armando, ubicada en una comunidad que pertenece a la zona rural de Diriamba, el día empezó hace una hora. Todos los miembros de la familia están “en pie”, unos ordeñan, otros preparan el desayuno mientras los niños perecean, pero saben que tienen que dejar la cama para llegar temprano a la escuela, que les queda a una hora de camino, a pie.

Don Armando, cuyo nombre completo no revelamos, porque teme que la venta de su producto disminuya, comentó que su hato es pequeño y que al día produce entre ocho y doce galones de leche.

Sentado en un pequeño tronco de pochote, compartió que una parte de la leche la utiliza para elaborar cuajadas y crema, mientras que la otra la envía hacia el casco urbano, donde dos de sus hijos, montados en mulas, la comercializan.

“Aquí casi todos los vecinos tienen sus vaquitas, así que es mentira que voy a vender la leche en el vecindario, por eso, para no perderla, mando a mis muchachos a Diriamba”, compartió don Armando.

“El problema es que no siempre vendo la leche porque para salir hasta los primeros barrios de la ciudad el trayecto de camino es de más o menos dos horas, y si se van ya tarde, pues la gente no compra y esa leche ya no nos sirve para la venta que hacen en la tarde, porque se malea”, prosiguió.

Malos caminos
Otra de las razones por las que don Armando decidió ocultar su nombre es por temor a represalias, debido a que señala a las autoridades gubernamentales y edilicias de mantenerlos en el olvido.

“Mire, a veces los chavalos tardan mucho en llegar a Diriamba porque el camino está en pésimas condiciones y nunca nadie ha dicho vamos a componer aquí. Usted ya vio que en vehículo no se puede venir, hay que caminar, entrar en bestia o en carreta”, argumentó.

La importancia del mal estado del camino, para don Armando, radica en que “es un atraso, los chavalos tardan más en salir. Un día llegaron al primer barrio a eso de las once de la mañana y en la tarde no pudieron salir a vender lo del segundo ordeño. Al día siguiente una señora a la que abastecemos nos dijo que se le maleó toda la pichinga. Una parte la vendió como lecheagria y la demás dice que la botó y no nos la pagó. Eso fue una gran pérdida para nosotros y sólo es un ejemplo porque nos ha pasado muchas veces”.

Problemas generalizados
Al parecer, las dificultades que enfrenta don Armando son las mismas contra las que luchan la mayoría de productores de leche en el país, sobre todo, aquellos cuyas vacas dan pequeñas cantidades y que a eso hay que sumarle que viven en zonas alejadas en las regiones donde este rubro es el fuerte de la economía, que no es el caso de Diriamba.

Sobre la situación del sector lácteo en Nicaragua conversamos con el señor Ronald Blandón, Gerente de la Comisión Nacional Ganadera, Conagán.

Según Blandón, Nicaragua es un país netamente productor de leche y de carne. “Somos exportadores de carne y de lácteos, prácticamente te puedo decir que garantizamos la seguridad alimentaria de los centroamericanos, en especial de los salvadoreños”, manifestó.

“Tenemos grandes debilidades en la infraestructura productiva, iniciando desde cómo están estructuradas las fincas y qué construcciones y elementos tienen para que la leche que producen mantenga su calidad. Ni hablar de los centros de acopio que tienen que ver con la red de energía para poder mantener la leche en frío hasta que llegue a los centros de procesamiento, donde se transforma la leche en derivados cuya calidad depende de la calidad de la leche que les llegó”, continuó.

Una cadena
En el ámbito nacional, si damos un vistazo al mapa de Nicaragua nos encontramos que la mayor concentración de la ganadería está entre Chontales, Boaco, Matagalpa y la parte Central de la Costa Atlántica.

“Dichas regiones concentran al menos el 40% del hato nacional. La mayoría de las fincas pertenecen a pequeños y medianos productores con no más de 17 ó 20 ejemplares adultos y son pequeños productores que difícilmente tienen acceso a las vías primarias, y tienen un grave problema, sobre todo en invierno, cuando tienen que sacar la media pichinga de leche, los tres o cinco galones que producen, a las vías terciarias porque cuando es muy copiosa la lluvia se les dificulta salir aún en bestias”, dijo Blandón.

Asimismo, aclaró que “al llegar a las comunicaciones terciarias, si hay un mecanismo para poder llevar su leche hasta los caminos secundarios que dan al sector urbano, a los pequeños productores les toma una cantidad de tiempo y ya cuando tienen que vender la leche al centro de acopio o al quesero, ya está ácida”. Según explicó Blandón, ahí es donde empiezan las pérdidas, porque una leche ácida es de pésima calidad y la mayoría de productores, en estas circunstancias, no tienen más remedio que darle la leche al ternero, con la esperanza de venderlo en un futuro. Con esa actitud se activa el sistema de doble propósito, pues cuando el finquero puede vender su leche se la quita al ternero y la comercializa, en caso contrario busca cómo engordarlo.

El problema es que el productor necesita dinero a diario y resulta un tanto utópico estar alimentando un ternero con la esperanza de venderlo algún día.

¿Qué está haciendo Conagán?
“Trabajar con lácteos es unirse a una cadena productiva y si se falla en un segmento se estropean los derivados, porque no va a haber inocuidad dentro de la pobre infraestructura que tenemos. Debido a la falta de red de energía y los precarios caminos de penetración, así que preocupados por las significativas pérdidas en el sector lácteo, Conagán está adoptando el llamado sistema de activación de lactoperoxidasa”, acotó.

“Esta tecnología se conoce desde hace años. El sistema de activación de lactoperoxidasa es un componente natural antibacteriano presente en los fluidos biológicos y que ayuda a conservar la calidad de la leche aún sin refrigeración”, manifestó Blandón.

Según el gerente de Conagán, desde hace varios años conocen el producto y saben que se implementa en Estados Unidos y también en Costa Rica, donde, a pesar de que su sistema de ordeño es mucho más tecnificado que el nuestro, podría pensarse que no necesitan buscar mantener la leche sin acidificación, no obstante, lo usan para conservar su leche inocua.

Agente antimicrobiano
A lo largo de los años el número de tecnologías que se pueden aplicar para mejorar la inocuidad y calidad de la leche ha ido creciendo, así nos encontramos con la refrigeración, la pasteurización, la microfiltración y el tratamiento con alta presión, además del sistema de activación de lactoperoxidasa, al que se le atribuye la cualidad de ser un bacterioestático e incluso bactericida.

“La no conservación correcta de la leche hace que las bacterias naturales se reproduzcan, pero con la lactoperoxidasa se frena la descomposición microbiana, de manera que puede aumentar el volumen de leche inocua, en beneficio de productores, industriales y consumidores”, acotó.

Preguntado sobre si este producto mejora la calidad de la leche o la purifica, Blandón fue enfático al afirmar que si producen leche de mala calidad, aunque se someta al sistema seguirá siendo de mala calidad, porque la bondad de éste es preservarla no mejorarla.

¿Cómo adquirirlo?
Según Blandón, Conagán cuenta con estudios y experiencias vividas desde hace ocho años, sin embargo, como el producto nació en Cuba, a pesar de haber sido reconocido por la FAO y la Organización Mundial de la Salud, OMS, en Nicaragua poco se ha usado.

“Sabemos que algunas compañías lo utilizan desde hace tiempo y también algunos productores, pero ha sido en cantidades mínimas, muy limitadas, porque sólo lo han empleado quienes han podido traerlo de Cuba”, manifestó Blandón. Blandón expresó que esa barrera de distancia ya ha sido superada, porque recientemente se inauguró en Chinandega el primer laboratorio latinoamericano en el que se está elaborando el producto para activar el sistema de lactoperoxidasa.

Stabilak
Según dio a conocer, el producto entró al mercado bajo la marca Stabilak, cuya presentación es en sobrecitos preparados para aplicarse a cincuenta litros de leche.

El costo del producto es de 14 córdobas y “es en realidad una buena alternativa para que los productores dejen de reportar pérdidas por acidificación”, enfatizó.

Por otro lado, el señor Álvaro Velásquez, propietario del moderno laboratorio instalado en el país, dijo que está “confiando en que a través de Stabilak el sector lácteo del país mejorará sus ingresos debido a que apostamos por la conservación de la leche a un costo bajo. Además de llegar a los productores nicaragüenses ya estamos contactados con nuestros vecinos centroamericanos, y creemos que vamos a marcar tendencia en cuanto al mejoramiento de la calidad de los productos lácteos”.

“Para todos tiene un gran objetivo y el objetivo es que el productor no incurra en pérdidas gracias al aprovechamiento de la tecnología y que mejore sus niveles de vida”, concluyó Blandón.