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El informe de la Estrategia para Mejorar la Oferta y Eficiencia de la Leña en el Pacífico de Nicaragua (Emolep), de la Comisión Nacional de Leña, alerta sobre el alto consumo de ese producto en el país, siendo Managua y Masaya los departamentos que más la demandan.

Managua absorbe un 70% de las especies Cornezuelo, un 3.3% de la especie Guanacaste Blanco y el resto en diversas especies como el madero negro, para su comercialización.

El estudio revela que Managua comercializa la leña a través de comerciantes e intermediarios, quienes recorren a diario entre 60 y 100 kilómetros para abastecer también el mercado de Masaya. En Jinotepe, por ejemplo, la población consume hasta 25 % de forma directa, contra el 57.1 % que necesita el municipio de Diriamba y Chinandega con un 50.1 por ciento, seguido del departamento de Rivas, con un 38.4 por ciento.

En la capital los vendedores e intermediarios se abastecen de San Francisco Libre, Darío, Malpaisillo, Masatepe, Mateare, Villa El Carmen, La Paz Centro, Las Banderas y algunas zonas cercanas, como Veracruz, El Crucero, San Isidro de la Cruz Verde y Cuajachillo, quienes en su mayoría trasladan el producto en camiones y el resto en carretas de bueyes.

También se pone en evidencia que en este negocio se mueve una parte de forma ilegal a las ladrilleras de La Paz Centro y Apataco, así como a carboneros en Villa El Carmen y a las 30 Caleras de San Rafael del Sur y Sotacaballos. Las rosquilleras de las Piedras, paileros de las salinas y panaderías, figuran en esa cadena irregular. “Queremos trabajar y vender leña es nuestro modo de vivir”, sostiene Plutarco Rojas, de la comunidad de Citalapa, del municipio de Villa el Carmen.

Según los expertos las especies que encabezan la lista de 32 en riesgo, a consecuencia de la explotación desmedida, son: Chocoyito, Guácimo, Cornizuelo, Espino, Madero negro, Varazón, Quebracho, Níspero, Chaperno Blanco, Vainillo, entre otras 32 principales especies.

Jean Michel, ornitólogo del organismo ALAS de Nicaragua, y experto en especies exóticas, explica que al afectar estas especies también atentan contra la biodiversidad.

Política de producción de leña es clave

El ingeniero Jacinto Cedeño, del programa “Dendro-energético: Establecimiento y Manejo Forestal Sostenible y Comercialización de Productos para consumo Energético de la Fundación Nacional para el Desarrollo Sostenible (Fundenic-SOS), cree que inducir al productor a que produzca biomasa y entienda que es una actividad necesaria ambiental y económicamente, abonaría a bajar la presión sobre estos recursos.

“Es necesario a la par de una política de producción de leña, establecer plantaciones forestales que sean capaces de resistir los diversos climas”, sostiene.

Asegura que unos 300 productores, tejeros y otros usuarios de leña ya tienen acceso a tecnologías.

“El éxito de este programa es haber convencido a una buena parte de estos usuarios que producir leña y asociarse es la clave, pues estructurados y produciendo leña sostenible acceden a precios justos y una actividad sostenible y amigable con el medio ambiente a la vez”, explica.

Existen datos que reflejan el alto costo de la producción de leña por hectárea. Una hectárea de Eucalipto produce entre 40 y 50 toneladas de leña, a la vuelta de cinco a seis años de cuido, esa misma cantidad en Brasil produce entre ochenta y sesenta a razón de cuatro años de crecimiento.

La clave - según coinciden los expertos - es incentivar y ofrecer plantas de calidad. Los departamentos pioneros en producción sostenible de leña en el país son León y Chinandega, que concentran su producción en bosques matorralosos, secciones de bosques secundarios y una pequeña parte en bosques primarios.


* Colaboración de David Quintana, de la Red de Comunicación Ambiental