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Sin esperanzas, prácticamente sola, con el dolor de ver crecer a su niño y a su niña en medio de la amenaza latente de morir a manos de su propia pareja, es lo que vive una jovencita de 19 años, a quien llamaremos “Juanita”, cuyas denuncias parecieran no ser escuchadas por las autoridades competentes.

La mejor muestra de eso es que, recientemente, dejaron en libertad a quien a través de su suegra mandó el juramento de que va a matarla.

Su temor no es para menos, más allá de los puñetazos propinados por su pareja de 22 años, un reconocido drogadicto y ladrón de los Laureles Sur, ha visto la muerte muy cerca en dos ocasiones, pues el sujeto ha tratado de eliminarla a puñaladas y a balazos.

Nerviosa, con la mirada baja y los ojos húmedos, con el timbre de voz quebrado, me narra su historia. Muy profesional de la información, simplemente la miro con seriedad, le pregunto y garabateo algunas notas sobre mi libreta, pero desde adentro no puedo dejar de sentirme conmovido por su drama, el cual me dio a conocer en el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, Cenidh.

Originaria de Raití, Región Autónoma del Atlántico Norte, RAAN, vivía con familiares, pero a los ocho años su madre la abandonó. “Simplemente, no me quería y no sé por qué”, recuerda tristemente la jovencita, que terminó internada en un albergue en Carazo.

Apareció su verdugo
Señala que, a los 16 años, no se sentía bien en el centro de asistencia y decidió ir a vivir a casa de una hermana en Managua. Entonces conoció a quien creyó sería una llave para su estabilidad y su felicidad.

“Lo miraba en el bus, una vez me metió plática y nos hicimos amigos. En realidad, antes de eso no llegué a conocerlo bien, pues casi sólo nos mirábamos en los buses cuando íbamos al trabajo. Entonces mi mamá llegaba a la casa y me acusó de ser drogadicta. Tuve intenciones de terminar con mi sufrimiento de una vez, pero él decía que iba a ayudarme, que viviéramos juntos, y me fui a vivir con él en 2007, en casa de su mamá. Los primeros meses sentí que él realmente me apoyaba, pero después las cosas cambiaron”.

Según Juanita, varios meses pasaron en tranquilidad y salió embarazada. Fue a los cinco meses de embarazo que recibió su primera paliza.

“Me golpeó como él quiso. No sé exactamente qué le dijo su mamá sobre mí, pero eso fue lo que hizo. Me golpeó bastante y me rajó la cabeza con una taza de vidrio. Estaba muy mal. Quería ir a buscar a mi mamá, pero no me iba a aceptar por estar embarazada, así que me fui a la casa de una amiga. Hasta allá me fue a buscar y a sacar. Yo no quería volver, pero me prometió que no me haría nada y que lo disculpara por lo que había hecho”.

De esa manera la joven regresó a la casa de la suegra y de su verdugo, donde poco a poco comenzaron a ser más frecuentes los malos tratos y los golpes. Esto se combinó con la adicción del joven a las drogas y a juntarse con un grupo de vagos. Dejó de trabajar como ayudante de construcción y se dedicó a tiempo completo a la calle. La joven embarazada tuvo que buscar trabajo.

“Cuando él comenzó a ver que llevaba dinero, me lo quitaba para su vicio. Incluso su mamá, atrevidamente, se llevaba el dinero de donde lo guardaba. Por eso a veces comía, otras veces no”, relata.

El recuerdo de un maldito puño
Juanita recuerda que su pareja siempre la golpeaba con el puño, pero no de una manera tan grave como la primera vez. Su primera hija nació en octubre de 2007.

“Antes de tener a la niña, llegando al final del noveno mes, me agarró a cinchonazos. Yo no me podía defender y nadie de su familia me ayudaba”, comenta con palabras entrecortadas y mirada húmeda.

“Él hizo eso disgustado porque yo trabajaba cuidando una casa, y él se quería llevar unos barriles para venderlos, y yo me negué porque no eran míos, entonces vino y me agredió. Estuve enferma, me dio calentura y casi aborto, la niña nació tres semanas después, pesando seis libras. Llegó a traerme al hospital y regresé a la casa de la suegra porque no tenía adónde ir”, recuerda.

A los nueve días de nacida la bebé, repentinamente, su pareja apareció en la casa, y cuando le pidió que le apoyara para comprar leche comenzó a lanzarle una serie de ofensas, y sin sentir que eso fuera suficiente comenzó a golpearla con la mano, y cuando ella trató de escapar, la siguió con un palo que lanzó, y el pedazo de madera se quebró al pegarle en uno de sus pies.

¿Denuncias para qué?
“Dichosamente no me quebró el pie. Me presenté a la subestación policial del Distrito VI, donde sólo tomaron la denuncia”. Regresó a su casa esperando a las autoridades y éstas no llegaron.

De acuerdo con Juanita, la mamá de su pareja ponía en su contra al padre de sus niños y a sus tías.

“Cuando la niña cumplió los cinco meses, él consiguió un trabajo cuidando una finca, y el dueño le entregó un arma calibre 22. Con eso mi marido salía a robar con otros vagos, entre éstos los de la pandilla ‘Los mata caballos’, y para no dejar la finca sola, entonces me llamaba y me dejaba cuidando a mí”, relata la afectada.

Fue el 8 de agosto el primer intento de homicidio. Estaba en la finca cuidándola, llegó el hermano menor de su pareja y se pusieron a platicar, pero llegó una señora avisándole que lo mandara a la casa, y como le dijo al chavalo que se fuera, su marido pensó que lo había corrido.

“Entonces él llegó, y le dije que su hermano ya se había ido. Le dije que eso no era así, si no que la mamá lo había mandado a llamar, pero me reclamó que lo había corrido y que no quería a su familia. Después me fui a dormir a la niña, pero él seguía enojado, entró al cuarto sacó la pistola y me dijo que tenía el valor de matarme”.

Balazos y cerca de la muerte
El tipo entonces le hizo varios disparos a la cabeza, pero ella puso sus brazos tratando de protegerse. Sólo un proyectil le impactó en el brazo izquierdo traspasándolo, pero saltó y le penetró a un costado de la nariz, y se alojó en la parte trasera de la nuca.

En el hospital, los doctores le dijeron que dichosamente la bala, antes de entrar en su cabeza, llevaba poca fuerza y eso evitó que hiciera más daño, sin embargo, no podían operarla por lo delicado del lugar donde se alojó. Así que ella aún tiene el proyectil en su cuerpo.

Al Hospital Alemán-Nicaragüense, donde la asistieron, llegó la Policía. Como pudo, trató de expresarse, pero no podía hablar mucho porque se ahogaba en sangre. Sin embargo, las autoridades dejaron en libertad al agresor a pesar del intento de homicidio. La única acusación interpuesta es por tenencia ilegal de armas.

“Cuando fui a la Comisaría de la Mujer, ahí me dijeron que lo declararon como accidente. Como a mi niño lo tenía donde la suegra y yo estaba sin un lugar adónde ir, tuve que volver a la casa”, dice.

Embarazada otra vez
Al año siguiente, su vientre comenzó a abultarse nuevamente, y en el Centro de Salud le dieron positivo a su segundo embarazo. Su martirio comenzó otra vez cuando nació el niño.

“Yo ya no quiero seguir viviendo esa violencia, necesito ayuda. No sólo yo y mi niña estamos sufriendo. Ahora también mi niño de meses lo está viviendo, y no quiero que a ninguno le pase nada. Él hasta dice que el niño no es suyo, que lo va a hacer picadillo, pero antes le va a quitar su apellido. Gritaba que yo era una cualquiera, y su mamá le decía que cómo era posible que yo dejara la casa y a los niños para andar trabajando. Pero ninguno de ellos me daba un peso”, afirma.

Para el 26 de julio de este año, supuestamente, su marido estaba trabajando, pero llegó en la mañana, y frente a los dos bebés le dio un golpe por lo que casi pierde el ojo, además, tomó un puñal y la cortó en la pierna, en el brazo izquierdo y en la espalda. Por eso Juanita fue a poner la denuncia a la Policía, y lo detuvieron, pero nuevamente está libre.

“Pero el 12 de agosto en los juzgados le dieron casa por cárcel, y sólo va a firmar, sin embargo, ya libre volvió y fue a decirme que me iba a matar, además, que estaba haciendo un hechizo y lo iba a estrenar en mí”.

Sin bastarle lo hecho, y a pesar de las medidas cautelares, el poco hombre fue hasta la casa que la joven con sus niños alquila. Se metió y trató de ahorcarla con la correa de una mochila, pero ella logró zafarse. Con el miedo de que le hiciera algo a sus hijos que estaban gritando de terror, entonces debió regresar, y la amenazó que si se movía se iba a comer el cuchillo que tenía en la mano.

“Entonces me quedé inmóvil, cargando al niño y con la niña de la mano. Hice como si iba dentro de la casa y él se fue a una venta cercana. En ese momento corrí donde una vecina y fui a poner la denuncia. Llamé a la Policía y lo capturaron acostado en mi cama dentro de la casa. Me fui a la subdelegación del Distrito VI, para encontrarme con una oficial de nombre Emilia, que no quiso tomar la denuncia. No sé cuál es la relación, pero me dijo que la palabra de él valía mucho en esa Estación y que no le interesaba. Fue con un detective que se me tomó la denuncia”.

Ella fue a buscar al testigo, pero cuando lo presentó, la oficial Emilia, con disgusto, lo llevó hasta las celdas para reconocimiento, pero le abrió hasta la celda y los puso cara a cara. Esta situación le pareció muy humillante, por lo cual se quejó ante el Cenidh y la Comisaría de la Mujer del Distrito VI, donde hasta el momento no han sido atendidos por la subcomisionada Esther García, jefa de la Comisaría de esa zona.

“Por mí, por mi vida y la vida de mis hijos, le pido a la primera comisionada Aminta Granera que me ayude. Ya no quiero vivir en esa vida, quiero tranquilidad y paz con mis niños para que puedan jugar sin miedo”, nos expresó Juanita, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.

Según Brenda Rojas, abogada del Cenidh, el martes 21 el agresor nuevamente fue puesto en libertad, supuestamente por vencimiento de término en la presentación de pruebas.

Indicó que el Cenidh está dando seguimiento al caso. “La acompañamos a que interpusiera la denuncia, nos entrevistamos con una asesora y la psicóloga de la Comisaría de la Estación, quienes, además de no dar sus nombre, aseguraron que la jefa estaba fuera, y afirmaron simplemente que le estaban dando seguimiento al caso. Por nuestra parte, estaremos al tanto de la situación y continuaremos insistiendo en que se apliquen las medidas de seguridad necesarias, además que se haga justicia en el caso”.