•   ENVIADA ESPECIAL / SHANGHAI, CHINA II y ÚLTIMA PARTE  |
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En la Expo Shanghai 2010, que concluirá en octubre próximo en la República Popular de China, hay pabellones “culturales y comerciales” de todo tipo. Desde los que tienen un poco más de 300 metros cuadrados, como es el caso de los centroamericanos, hasta los que superan los dos mil metros cuadrados como los de Sudamérica.

Los primeros con una inversión que superan los 300 mil dólares, y los segundos, pueden alcanzar más de medio millón de dólares. Aunque los superan los de origen árabe, algunos de los cuales alcanzan hasta 70 millones de dólares.

Sin embargo, cuando se les pregunta a los latinoamericanos que laboran en la Expo Shanghai 2010, ¿qué es lo más sorprendente del evento? Casi todos coinciden en que, aparte de su infraestructura, lo más asombroso es, las miles de personas que convoca.

“No hay día sin gente en la Expo. Cada stand recibe desde cinco mil hasta 25 mil personas por día… por eso no hay días de descanso. Se trabaja de lunes a domingo, --de corrido--”, comentó Mauricio Álvarez, del staff del pabellón de Costa Rica.

En eso concuerda Sandra Mata, directora del pabellón de Honduras. Mata cuenta que les toca atender a grupos de visitantes que cada cinco, 10 ó 15 minutos se aglomeran en el stand para tomarse una fotografía, o bien, para demandar que se les selle el pasaporte de la Expo, o que se les vendan los productos locales que ofertan, conformada en su mayoría por artesanía, ron, vino, chocolote y café.

Aunque cada pabellón cuenta con un equipo de edecanes, de origen chino, que se encargan de explicar lo que ofrece cada uno en el idioma mandarín, ya que no es tan masivo el manejo del idioma inglés.

El concepto de orden, por otro lado, es un poco diferente en China Popular. “Por ejemplo, hacer fila ellos no lo entienden como nosotros. Lo que hacen es agruparse de cuatro en cuatro, o se juntan todos para ordenarse… entonces hay que cambiar el chic para poder entenderlos, es parte del aprendizaje. Además, ellos caminan en grupo de tres, seis o diez personas. “Son un montón”, agregó Mata.

¿Qué resalta Latinoamérica?

Aunque Marvin Miranda, del equipo del pabellón de Guatemala, resaltó que son visitantes “llevaderos”. Lo mismo dejó entrever Leonel Naut, del stand de República Dominicana. “No te dan mayores problemas, y siempre están atentos al folklore, a la música que uno ofrece en el stand, y a la artesanía. Está siempre les gusta por sus llamativos colores y formas variadas”, explicó.

Lo cierto es, que cada módulo latinoamericano tiene sus propios atractivos. Así, mientras en el pabellón de Nicaragua llama la atención la cascada o la simulación de la Isla de Ometepe, en Honduras el interés se centra en el templo Rosalila, descubierto bajo tierra en los años 80, junto al traje nacional que se usa el Día del Lempira, la moneda nacional catracha.

Mientras tanto, en el pabellón de Guatemala los visitantes se entusiasman con música de marimba; en el de El Salvador se entretienen posando en la simulación de sus volcanes.

El stand de Panamá se observa seduciendo con su famoso Canal, y Costa Rica, con sus obras artísticas y ofertas de medio ambiente.

En pabellones como el de México y Brasil lo llamativo es la tecnología, de la que echan mano para indicar el respeto en los espacios de la ciudad y para mostrar la diversidad cultural.

Graciela Reyes, del staff de México, comentó que al público le encanta interactuar con las pequeñas máquinas donde tratan de explicar conceptos como el de población vs ambiente.

Sin embargo, México también muestra su historia en pinturas y esculturas, y eso fascina al visitante, que suman 15 mil a diario. Incluso, en este módulo es posible deleitarse con cortometrajes mexicanos, a través de máscaras dispuestas a lo largo del pabellón.

Pedro Berlen, Director del pabellón de Brasil, destaca que la parte preferida de los visitantes, en su caso, es lo relacionado a la diversidad humana donde los chinos pueden conocer cómo son los brasileños físicamente.

“Ellos se quedan por mucho tiempo en esa parte, ya que gracias a la tecnología pueden ubicar el cuerpo y la cabeza a como quieran: con rasgos de blanco, morenos o negros. ¡A como somos en Brasil!
También les atrae el fútbol que les mostramos, y esto se está vendiendo muy bien”, indicó. De allí que las visitas en ese pabellón, lleguen hasta las 18 mil por día.

Desde destinos turísticos hasta puros

El pabellón de Uruguay, Bolivia y Venezuela tampoco pasan inadvertidos. En el primero son los destinos turísticos los que más gustan, mientras en Bolivia es la artesanía de madera y tela, y en el stand venezolano resaltan las hamacas.

Argentina se suma con su tango y su artesanía de plata. Así como con sus recuerdos de Eva Perón. Se le agrega Chile con sus empanadas y su historia.

Ecuador, por otro lado, atrae gente en la Expo Shanghai por su música, café y chocolate. Este es uno de los pocos pabellones que tiene un grupo folklórico “en vivo” día y noche. Entretanto, el pabellón de Cuba seduce con sus muestras de la vieja y nueva Habana.

Al mismo tiempo, su bebida, --el mojito cubano y sus puros-- “estimulan” a cada visitante que pone sus pies en el stand. Lo novedoso es que en el mismo módulo lo preparan. En el caso de la fabricación de puros, es el único stand de la Expo autorizado para eso.

Los puros son elaborados por Mercedes Lores, con 25 años de experiencia en esa labor. Lores comenta que, a mano, fabrica al día aproximadamente 50 puros de diferentes tamaños y grosor.

“Porque se da al gusto del cliente”, sostiene orgullosa, mientras refiere que los pabellones latinos, auque no encabezan la Expo, imponen su propio sello y le ponen sabor.