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TERCERA Y ÚLTIMA ENTREGA

Sobrevuela los cielos con sus dos metros de alas el águila arpía. Abajo, los pumas, tigres y panteras recorren los suelos del extenso bosque. Ahí se codean con dantos y osos hormigueros gigantes. Estos se desplazan entre helechos de hasta tres metros que similan cocoteros. Los anchos y caudalosos ríos, Waspuk y Ulí, bajan de las altas montañas con aguas cristalinas o revueltas. A su alrededor le pintan de colores, loras y guacamayas. Bosawás todavía es un sueño.

Todos estos animales están en peligro severo de extinción. Viven casi solo en Bosawás, el hábitat óptimo de 20 mil kilómetros cuadrados, aunque su espacio se ve reducido a cerca de 8 mil de bosque cerrado.

Bosawás es la carta de presentación de Nicaragua, señala el ambientalista Kamilo Lara. Es la tercera reserva más grande del mundo, de 525 que forman la red mundial de reservas de Biosfera que son los principales pulmones del planeta.

El corazón verde de los mayangnas

Visitamos los territorios mayangnas Sauni As y Sauni Bas. La capital de la nación mayangna es Musawas, ubicada a 20 kilómetros de Bonanza. Al llegar se encuentran las casas de palma y de madera, rodeadas de montañas llenas de vegetación que se dejan ver cuando el sol ya es muy caliente. La comunidad es atravesada por el río Waspuk, que desagua su ancho caudal en el Río Coco.

Cerca de Musawas está la comunidad de Panyawas, donde vive Coleman Rufus, el cacique mayor de los mayangnas. Según él, en tiempos pasados no hacía tanto calor. Para él y para la mayoría de los mayangnas, los cerros tienen dueños o duendes que los protegen y no deben ser abusados.

“Yo siempre estoy aconsejando a mi gente que debemos de dar a la tierra, cuidar el monte, cuidar la madera, no tenemos dinero, pero somos ricos en el bosque”, señaló Rufus.

Ya en Sikilta, en territorio Sauni Bas, entre Siuna, Bonanza y San José de Bocay, Yader Ruiz, miembro del Consejo de Ancianos, señala que el bosque y los mayangnas son uno sólo, si uno de ellos muriera, el otro también. Cuenta que ahí están las plantas medicinales, la carne y el agua.

“Sin bosque sentimos que no somos indígenas. Nosotros no estamos peleando por un área de potrero, no andamos peleando por grandes extensiones de suelo, peleamos por esa riqueza de bosque y tierra”, afirma Ruiz.

La protección de esta área ha sido tarea de siglos para los mayangnas, cuya cultura es un modelo en el mundo de cómo conviven el hombre y la naturaleza. Su sistema de agricultura no degrada los suelos. Cultivan únicamente lo necesario. Cada familia ocupa un área de dos a cinco manzanas. Ahí siembra una vez cada cinco años, de tal forma que la tierra descansa.

Los ancianos lamentan la incursión de los colonos mestizos en la zona núcleo de la reserva y dentro de sus territorios. Las cifras ascienden a miles en toda la reserva y sólo en Sikilta son un mil 700 colonos.

Rufino Barro Barcia, policía voluntario de Sikilta, asegura que defenderán el bosque incluso con sus vidas, si es necesario. Según ellos, procurarán conseguir con qué defenderse. Igual postura toma el presidente del GTI Sauni As, Gustavo Sebastián. Según ellos, primero agotarán el proceso de saneamiento, pero señala que están dispuesto a dar la vida por el bosque.

De acuerdo con el ambientalista Kamilo Lara, Bosawás es tan importante como el gran lago Cocibolca. Ambos recursos naturales, considera, constituyen la gran esperanza del presente y futuro para la preservación de la vida de millones de nicaragüenses. Considera que de no hacerse nada por Bosawás, no habría distinción entre las desgracias en Occidente y la Costa Caribe. Advierte que se secarían las aguas superficiales y ciudades enteras como Siuna quedarían con sed. Además, señala que colapsarían los proyectos hidroeléctricos y se extinguirían las especies sumamente amenazadas.