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Nació entre los barrios Candelaria y Santo Domingo de la vieja Managua. Aprendió sus primeras letras en el colegio Chepita Aguerri, se graduó de ingeniero civil en México y llegó a convertirse en el primer campeón del ajedrez en Centroamérica y el Caribe.

Este personaje es Edmundo Dávila Castellón. Creció de la parte oeste del Instituto Ramírez Goyena, media cuadra arriba, frente a los esquimos de Mario Salvo. También pasó por el Colegio Renovación, donde aprendió los fundamentos generales de la cultura y se bachilleró en el Pedagógico, en 1951.

Su padre fue Edmundo Dávila Cisne de León, un músico de la orquesta de la Guardia Nacional y su mamá se llamó Lucila Castellón Gutiérrez. Es el mayor de sus hermanos y logró salir a estudiar a México, después que su progenitor le consiguió una beca para irse a la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM.

El destino le abrió puertas en el exterior, logró trabajar cinco años en una institución del gobierno mexicano, pero debido a su afición al ajedrez, se vino a Nicaragua para participar en un torneo de esa disciplina deportiva. Ya aquí en 1965, le ofrecieron una buena oportunidad de trabajo que terminó aceptando.

Vida laboral y académica
Se graduó en la UNAM de México en 1962. Su papá y uno de sus hermanos le ayudaron a financiar la carrera profesional. Aclaró que originalmente la beca era para ir a estudiar a Venezuela, pues su padre tenía mucha amistad con el cónsul de ese país en Managua, que era pianista.

La beca para estudiar en México, solamente fue para dos años y cuando encontró trabajo estando en la universidad, le escribió a su padre anunciándole, que a partir de ese momento, se costearía los estudios con su trabajo.

También el destino le permitió hacer estudios de alta gerencia en el Incae de El Salvador. Fue por eso que primero comenzó a trabajar en Nicaragua en ese campo. Fue asistente del gerente general de la empresa INA y Gemina, Gabriel Orviler. Esos estudios los hizo porque lo enviaron las empresas a las que trabajaba.

Para esa ocasión, el curso que hizo en el Incae costó mil 500 dólares. “Ahora esas preparaciones debe andar por los cinco mil dólares”, dice don Edmundo, quien reconoce que don Gabriel Orviler “me transformó en un hombre de la administración de empresas”.

En la INA, también hizo trabajos de ingeniería, ya que le tocó diseñar la construcción de un túnel que está a 50 metros bajo tierra, donde se colocaron unos rieles por donde se desplazaban unos pequeños vagones. El túnel fue construido en Granada, pero al final quedó como un “elefante blanco”. La obra tuvo un costo de 750 mil dólares.

Recuerda la Dirección de Urbanismo
Después del terremoto que destruyó Managua en 1972, regresó a la ingeniería en la Dirección General de Urbanismo, donde le fue muy bien ya que fue ascendido rápidamente llegando a ganar mensualmente mil 300 dólares.

Don Edmundo fue jefe de inspección de construcciones de urbanismo, donde tenía a su cargo a 80 inspectores y 25 vehículos a su cargo. Ahora en esa dependencia solamente hay una motocicleta y un inspector.

Dijo que ninguno de los gobiernos que han “desfilado” por el país, han hecho algo para mantener esa vigilancia sobre las construcciones “y por el contrario, han permitido el deterioro completo de la Dirección Nacional de Urbanismo a partir de 1979”.

Cómo aprendió a jugar ajedrez
Edmundo aprendió a jugar ajedrez cuando tenía 15 años con unos vecinos en las inmediaciones del Goyena. “Yo veía cómo jugaban con unas piezas blancas y negras y eso me dejaba intrigado hasta que un día me atreví a decirles que me enseñaran y así comencé a mover las piezas del ajedrez”, contó.

“En poco tiempo superé a los vecinos hasta que un día Carlos Montiel, quien me acompañó después a muchos torneos internacionales, me llevó por primera vez al Club de Ajedrez de Managua que quedaba cerca de los laboratorios Rarpe. Ahí conocí al maestro Joaquín Hurtado, muy conocido entre los ajedrecistas tanto nacionales como internacionales”, dijo don Edmundo.

Montiel fue uno de los primeros jugadores de ajedrez que tuvo Nicaragua. Fue campeón en Centroamérica en 1948. Ese campeón se interesó mucho por Edmundo. “Aunque su enseñanza no fue la más completa, siento que aprendí algo de él”, agrega nuestro personaje.

Varios episodios de esa parte don Edmundo los incluyó en su libro “Mi vida ajedrecística”, donde también se refiere a las 100 partidas en las que participó. En muchos torneos de ajedrez en el mundo don Edmundo conoció a grandes maestros del ajedrez. A nivel de campeones mundiales, le estrechó la mano al ruso Gary Kasparov en las Filipinas.

“Yo después descuidé el ajedrez de una forma lamentable porque cuando me fui a México, pasé 6 años sin jugar. Estaba concentrado en los estudios de ingeniería. “Fue hasta que terminé la carrera que empecé a visitar torneos y algunos clubes de esa afición y cuando me invitaron a jugar, gané la gran mayoría de torneos realizados en México”, rememoró.

Edmundo fue campeón centroamericano de ajedrez en tres ocasiones y cuatro veces campeón de Centroamérica y el Caribe. Originalmente los torneos eran de la región centroamericana, pero después se adhirió el Caribe.

El primer torneo de Centroamérica en el que participó fue en 1962, en Managua. En 1950 jugó en El Salvador donde también resultó ganador. En Guatemala en 1956 y 1958. Esos torneos se suspendieron porque no estaban afiliados a la Federación Internacional de Ajedrez.

Materia obligatoria
Don Edmundo es del criterio que el ajedrez debería ser materia obligatoria de estudios en los colegios, pues dice que agiliza la mente de la persona.

Se arrepiente de no haberle enseñado a nadie a jugar ajedrez. “No, no tuve alumnos, pero creo que fue porque sólo jugaba cuando iba a torneos. Para compensar el no haber enseñado a nadie a jugar ese deporte, fue que escribió el libro “Mi vida ajedrecística”, que mucho recomienda a gente aficionada. El libro lo lanzó en la UAM en 2001.

Ahora don Edmundo está retirado del ajedrez. El último torneo en el que participó fue hace 7 años. Se organizó para mayores de 50 años y salió en segundo lugar. El último torneo internacional que participó fue en 2001.

Sus hijos no siguieron su talento
Tiene tres hijos, que aunque jugaron el deporte, ninguno quiso entrar en competencias.

Su hijo mayor, Edmundo, quien es ingeniero en sistemas, tuvo que salir del país en los años ochenta para evitar el servicio militar obligatorio, lo que quizás contribuyó a que no volviera a sentarse a jugar una partida de ajedrez.

Su hija Mayling aprendió a jugar también ajedrez. Según don Edmundo, Mayling tenía una capacidad envidiable y como él de haber aprovechado el talento, habrían sido maestros de ese deporte.

Historia del ajedrez
El ajedrez es un juego muy antiguo. Tiene miles de años, se cree que se originó en los siglos IV y VII A-C en la India. Originalmente, se le denominaba “Chaturanga” que significa “cuatro miembros” y hace referencia a las cuatro fuerzas del ejército hindú: infantería (peones), caballería (caballos), elefantería (torres) y los carros (alfiles). En aquel entonces jugaban 4 personas y con 4 colores de piezas: blanco, amarillo, rojo y negro.

Más adelante, el Chaturanga se trasladó a Persia, donde se lo denominó “Chatrang”. Fue entonces cuando se comenzó a jugar con dos jugadores. El caballo es la única pieza que no ha sufrido modificaciones en su movimiento y denominación a lo largo de la historia. Por ello, y por su peculiar movimiento, se ha convertido en la pieza símbolo del Ajedrez.

Los árabes adaptaron el nombre del juego a su propia lengua y lo llamaban “Shantraj” y con el tiempo, el juego llegó a la península ibérica, donde se le denominó “Al Xadraz”y luego a Occidente donde tomó su nombre actual, “Ajedrez”.

Don Edmundo, con 77 años, tiene unas sobrinitas que juegan ajedrez. Hace poco una de esas niñas de 12 años resultó ser la mejor ajedrecista de un torneo en su colegio. También conoció a otra niña de cuatro años que juega ajedrez. “Es bastante raro ver a niños jugando ese deporte, pero es muy bueno”, dijo.


ebarberena@elnuevodiario.com.ni