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Puerto Príncipe, Haití
La versión en español de “Somos el mundo”, adaptada para dar respuesta a la emergencia por el terremoto en Haití, ya no suena en las radios y en el mundo se habla más del rescate de los mineros chilenos que de las víctimas del sismo en este trágico país. A nueve meses de aquel Richter 7, 0, Puerto Príncipe, su capital, continúa literalmente en el suelo.

La última noticia sobre Haití es un brote de cólera que contabiliza más de 200 muertos, algo lógico para expertos apocalípticos, pues aquí el sistema de aguas negras colapsó, las letrinas móviles están a la orilla de calles como la Rue Capois, en Champs de Mars, donde algunos hacen sus necesidades a la orilla de sus carpas, creando charcos pestilentes que recorren las avenidas, y donde los roedores abundan, aunque así sean en cuartos de hotel de nivel medio en una ciudad que es puro escombros.

El desastre ocurrido el 12 de enero del presente año, en el país más pobre de América Latina, dejó un hedor a muerte. Fueron 300 mil fallecidos. De eso es testigo la infraestructura citadina que continúa igual de retorcida.

Un país de refugiados
La imagen de Puerto Príncipe trae a la memoria la devastada Managua de 1972, cuando se levantaron campamentos de refugiados en los terrenos de lo que hoy es el centro comercial Crown Plaza, entre otras zonas, pero multiplicado por diez.

Así nos encontramos con el Palacio Nacional de Haití, con su domo quebrantado y sostenido por algunas columnas que no sucumbieron al peso, algo que refleja la actual debilidad de las instituciones haitianas frente a la catástrofe. Algo inevitable aquí es encontrarse patrullas de los soldados cascos azules de las Naciones Unidas, UN.

Difícilmente se puede ver algunas casas en reconstrucción, sin embargo, las construcciones levantadas están montadas sobre las bases ya débiles de las antiguas viviendas, hechas con materiales de construcción porosos, hierros delgados y sin las indicaciones antisísmicas apropiadas, por lo que en algún momento la historia se volverá a repetir.

En toda esa vorágine donde los vehículos no tienen reglas de tránsito, la población pulula en las delgadas aceras atestadas por el comercio informal, algo que ocurre en aparente naturalidad, hay un tapizado multicolor; las volantes de 19 candidatos a la presidencia que el próximo 28 de noviembre se enfrentarán en las elecciones nacionales.

Ya no quieren ser haitianos
Charles Gabriel, Presidente del Comité de Gestión de Campamento en una de las áreas afectadas, dijo que no pueden seguir soportando vivir en carpas por tanto tiempo, en medio de pésimas condiciones y necesitan que les apoyen para construir sus propias viviendas.

“Como estamos cerca de las elecciones, hasta entonces los candidatos es que necesitan del pueblo y prometen. Ellos reciben mucho dinero para sus campañas y nosotros continuamos aquí. Por eso no quiero seguir siendo haitiano”, dijo enérgicamente.

Cuando cae la noche muchos sólo regresan a sus refugios, o a guarecerse entre los escombros de sus viejas casas castigadas por la lluvia de la noche. Los que no tienen suerte de tener un comercio en la calle, esperan encontrar vida en los albergues.

“Yo tuve que entregar a mis hijos para adopción porque no tenía condiciones para darles de comer. Aquí es donde estoy viviendo”, nos dice en un seudo inglés combinado con su lengua natal una viuda que encontramos en Kolofé, una de las docenas de campos para refugiados, que dan respuesta a los 1.5 millones de haitianos sin vivienda.

La viuda nos muestra la casa de campaña plástica que habita cuyas dimensiones son de dos metros cuadrados por uno de alto. Esa es una las tantas historias tras el sismo, y mientras uno perdió totalmente a su familia, otros ya no tienen la certeza de encontrar a un hijo o a un padre desaparecido.

Pero no es todo. Abundan las violaciones contra mujeres y niños, violencia intrafamiliar, homicidios contra mujeres aprovechando un débil sistema de derecho, en una nación que parece haber perdido el amor propio.

Devastado y con otros males
Los campamentos son apoyados por diversas instancias internacionales y por Naciones Unidas, que a través del informe mundial del Fondo de NU para la Población y el Desarrollo, Unfpa, recalcó la problemática en Haití y lo puso de ejemplo de la necesidad que los Estados miembros adopten la resolución 1325, la cual consta de la toma de medidas de seguridad y protección para mujeres y niñas ante la violencia por motivos de género, en conflictos armados y crisis.

En su décimo aniversario de haberse declarado la 1325, falta que la mayoría de sus miembros la adapten a sus legislaciones y planes de emergencia. Hasta el momento, de aproximadamente 160 países miembros, 20 lo han considerado, pero de todos únicamente 6 lo ponen en práctica. Nicaragua, entre las naciones pobres que más expuesta está a desastres naturales y crisis, aun no lo adopta, siendo Chile el único latinoamericano que lo ratificó.

La señora Marcela Suazo, Directora Regional del Unfpa, señaló que hay avances en cada país en tanto a la adopción de medidas para atender a mujeres y niñas contra la violencia en situaciones de crisis, tal como ocurre en Haití, pero muy pocos se ocupan de planificar acciones concretas y mucho menos destinar un presupuesto para tales contingencias.

“Cuando ocurre una crisis, nacional e internacionalmente hay preocupación para responder a necesidades básicas como son vivienda y alimentación, sin embargo, nadie habla de dar seguridad a las mujeres y niñas que durante sus desplazamientos son violadas o ultrajadas. Además, muchas veces las relaciones sexuales no son por consentimiento ya que los hombres se aprovechan de su condición de pobreza y precariedad para obligarlas con el ofrecimiento de dinero”, comentó la señora Suazo en Haití, poco antes de la presentación oficial del informe.

Asimismo, dijo que en situaciones de guerra o desastres, nunca se toman en cuenta las nuevas condiciones que las mujeres y sus hijas e hijos tienen, tales como convertirse en cabezas del hogar, y son subvaloradas.

“Se necesita una redefinición de roles entre hombres y mujeres para trabajar contra las desigualdades existes, asegurando la participación y empoderamiento de las mujeres como sujetos de cambio en el proceso de reconstrucción”, alega.

Parto en medio de crisis
Por otra parte, en el caso de las mujeres embarazadas en situación de crisis, la problemática también podría significar la muerte por un embarazo con complicaciones o un parto difícil, en un espacio donde no existen las condiciones o no se garantiza la oportunidad de traer al mundo la vida en un espacio de seguridad, debido al debilitamiento de las instituciones como las instituciones de salud.

Sheril Martin, gerente de proyecto de Unfpa-Haití, expresó que actualmente se destinó medio millón de dólares para la reconstrucción de centros de salud con atención a las mujeres embarazadas, en este caso el centro de salud Et D’entrainement de la Corixdes-Bouquets, es el único con atención médica gratuita en Puerto Príncipe.

Según datos del centro, de 50 partos que se atendían mensualmente, después del desastre, la cantidad se elevó a 165, lo que puede explicarse por el desplazamiento de la población, mientras de 4 abortos que se registraban mensualmente, la cifra pasó a 11.

Sobre la situación en la región centroamericana mencionó que estos países deberían poner énfasis en la resolución 1325 dadas sus condiciones de vulnerabilidad. Que si bien ya los conflictos armados se han resuelto, el cambio climático los está afectando fuertemente con inundaciones, huracanes, sequías y hambruna.

“Es importante reconocer que Nicaragua tienen avances en materia de legislación y promoción de las políticas de igualdad, pero todavía hay mucho camino por recorrer para asegurar la aplicación de esa igualdad”, comenta Suazo, agregando que si bien las situaciones de violencia contra la mujer ocurren no sólo en momentos de crisis y conflictos, es importante que se redoblen los esfuerzos en el carácter preventivo.

El informe mundial de este año, titulado “Desde conflictos y crisis hacia la renovación: generacio nes de cambio”, deja plasmado la problemática mencionada a través de historias de vida de la catástrofe haitiana, la violencia sexual durante el conflicto bosnio, las violaciones sexuales contra niños y niñas en Liberia-África occidental, la grave situación de violencia en el Congo, en Jordania y Gaza. Este informe será presentado nacionalmente el próximo martes por la señora Junko Sazaki, representante de Unfpa-Nicaragua.