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La Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica está preparando un pronunciamiento sobre la situación nacional, en el que exigirá, entre otros puntos, que se establezcan “condiciones mínimas” para un proceso electoral honesto y transparente en 2011, reveló el obispo Auxiliar de Managua, Monseñor Silvio Báez Ortega.

Los otros temas nacionales que ocupan un lugar prioritario en la agenda de los obispos son la crisis institucional y la situación de pobreza que vive la mayoría de la población. A continuación, las reflexiones de Monseñor Báez.

Hace unas tres semanas se reunió la Conferencia Episcopal, había mucha expectativa sobre sus deliberaciones pero no se conoció posteriormente algún pronunciamiento. ¿Cuáles son los temas principales que están en la agenda de los Obispos?
En este momento uno de los aspectos importantes de la vida nacional que la conferencia episcopal está afrontando es el inicio del trienio de celebración de los cien años de Nicaragua como provincia eclesiástica. No obstante esta preocupación, evidentemente la problemática de la realidad nacional ocupa un lugar importante. En la reunión pasada de Estelí no se abordó directamente el tema, pero se eligió una comisión para que preparara un documento, que esperamos salga en la próxima reunión, que es la reunión anual de la Conferencia Episcopal a mitad de noviembre en San Marcos.

¿Cuál es el tema central? Alguna gente pone el énfasis en la crisis institucional del país; a la mayoría le preocupa la situación de pobreza, los problemas económicos; otros están más afectados por la problemática de la delincuencia. En ese gran termómetro que tienen ustedes como obispos y los sacerdotes, ¿qué les dice el pulso del país?
El documento está en preparación pero probablemente los puntos que va a afrontar son: en primer lugar; reafirmar lo que ya dijimos en el mensaje del 23 de abril de este año, dos veces usamos la expresión –“nos preocupa”-. Nos preocupa la crisis institucional que vive el país, las constantes violaciones a la constitución política, y damos la razón: una democracia sin valores es fácilmente transformada en un totalitarismo encubierto o visible.

Creemos que sólo en un Estado de derecho auténtico puede haber una democracia capaz de garantizar gobernabilidad, desarrollo económico y convivencia pacífica. Creo que volveremos a insistir sobre esto porque a lo largo de estos meses el problema se ha agravado.

El otro problema que nos preocupa, porque es el que escuchamos directamente de la gente, es la situación de pobreza en que vive el país. La gente sufre a causa de la falta de trabajo, la inestabilidad laboral y la falta de empleo, la dificultad para llegar a fin de mes con el poco dinero que se tiene, y la dificultad para poder hacerle frente a la economía de la familia. Hay una gran pobreza en el país y este es el eco que nos llega de la gente.

Y un tercer punto que seguramente tendremos que afrontar es el próximo año electoral, como exigencia pastoral, como pastores orientar a la comunidad cristiana y a las personas de buena voluntad delante de un acontecimiento político importante en la vida del país.

Problema no es político sino ético y moral

Sobre la crisis institucional, hay gente que dice: bueno, el país marcha, y aunque sea por la vía de hecho ahí están funcionando esos poderes del Estado; otros dicen se está violando la ley y la Constitución. ¿Cuál es la responsabilidad que ustedes le atribuyen al gobierno y a los partidos de oposición para resolver esa situación?
En cuanto a la crisis institucional creemos que estamos cayendo en una situación muy grave que es la de acostumbrarnos, porque un atropello a la Constitución, una violación de la ley caduca la que se hizo anteriormente y nos vamos acostumbrando, y se ha creado un caos institucional gravísimo.

Nosotros no nos vamos a cansar de denunciar esto como sumamente grave, porque donde no hay un Estado de derecho no hay las condiciones mínimas para una convivencia pacífica, para una gobernabilidad democrática, un sano pluralismo, y no se garantiza ni la mínima condición para la inversión extranjera y para el desarrollo económico nacional; por lo tanto, desde el punto de vista pastoral y de la fe, nosotros no nos vamos a resignar y no nos vamos a cansar de denunciar cómo inmoral todo esto que ha ocurrido en Nicaragua.

¿O sea a ustedes les parece que esto es más un problema de carácter ético, de valores, que simplemente un asunto de legalidad, de interpretaciones de un artículo de la Constitución o de un decreto presidencial?
Yo particularmente he insistido mucho en mis intervenciones públicas que el problema de Nicaragua más que político, es ético, porque lo que vemos ahora en confrontación no son tanto ideologías opuestas, o proyectos políticos, o proyectos de nación contrapuestos, sino que lo que estamos viendo es lucha de grupos defendiendo sus propios intereses, y una ambición de poder desmedida que en el fondo creemos que lo que está detrás, es mantener los privilegios económicos y los intereses particulares de cada uno.

Por eso creo yo que el gran problema de Nicaragua, es de tipo moral. Yo considero falta de ética una política cuando el poder se vuelve fin y no medio para otra cosa. Desde la óptica cristiana el poder es moral cuando se concibe como servicio a la comunidad, yo lo acabo de decir, - el pueblo tiene que pedirle cuenta a los políticos-, el modo cómo lo haga no le toca a la iglesia establecerlo, pero el pueblo de Nicaragua tiene que pedirle cuenta a estas personas que están en el escenario político porque el pueblo los ha colocado ahí, y están no para servirse de la nación y de la sociedad, sino para servirles a ellos.

¿Y ustedes se limitan a señalar ese diagnóstico o la Iglesia tiene algún enfoque de cuál es la ruta de salida frente a esta situación?
Nosotros en la carta de abril propusimos como posible salida un diálogo abierto; decíamos ahí que lo que era inaceptable era un arreglo de cúpulas a espaldas del pueblo, conspirar a espaldas de la población, lo que ordinariamente se ha venido haciendo en Nicaragua en los últimos años.

Lo que hemos propuesto es un diálogo abierto de todas las fuerzas vivas del país: el gobierno, los partidos políticos, la sociedad civil, organizaciones no gubernamentales; todos buscando el bien común, llegar a un nuevo consenso nacional en aras del bien de Nicaragua, deponiendo los intereses particulares.

Evidentemente esta exhortación de la conferencia episcopal ha caído en el vacío, pero creemos que es el único modo de poder afrontar esta situación evitando otra posible salida, que no la queremos, ni la quiere nadie, que es un estallido violento, y en esto hay que ser claro que ningún obispo, la Conferencia Episcopal, ni la Iglesia quiere la violencia como salida.

Usted decía que los ciudadanos tienen la obligación y la responsabilidad de pedirle cuenta a la clase política, y lo ha dicho también eso en el púlpito; el presidente Ortega hace un par de semanas criticó duramente los “llamados que se hacen desde el púlpito para salir a protestar a las calles”-. ¿Usted se siente aludido por esa reacción de la máxima autoridad política del país?
Yo no me siento aludido en cuanto yo no he llamado a la sublevación, ni a la violencia, ni estamos pensando en ningún tipo de derrocamiento del gobierno. Yo lo que creo es que frente a instituciones gubernamentales viciadas, donde la confiabilidad frente al pueblo es prácticamente ya inexistente, la única salida es que la población se haga sentir, yo no he mencionado ni siquiera la palabra calle, es que hay muchísimas formas de que el pueblo despierte, incluso yo pensaba que la gente empiece a hablar entre ella, que se hable de este tema, que se pierda el temor de hablar y de discutir incluso en la familia, en los barrios, en los puestos de trabajo.

Creo que hay que ir creando esta conciencia de que el problema es de todos, y que no debemos dejárselo solamente a una clase política que, lamentablemente, ha demostrado una gran incapacidad para solucionar el problema de Nicaragua.

¿Cómo percibe lo que está sintiendo la mayoría de la gente sobre la situación económica? El gobierno aduce que los programas de asistencia social que está desarrollando están brindando resultados y que hay mejorías en algunos de esos sectores.
Lo que muchos obispos han dicho y de lo que yo he podido percibir, mucha gente se queja de la parcialidad del gobierno a la hora de llevar adelante sus proyectos, sus proyectos de tipo social que no podemos negar, pero la pregunta creo yo es, si este tipo de proyecto está resultando efectivo para solucionar un problema que es estructural.

Yo creo que ante un problema tan grave como el de la pobreza en Nicaragua, habría que buscar soluciones estructurales de otro tipo, se está cayendo en un paternalismo político, por no decir populismo ideológico, donde si al pobre se le da para que pueda subsistir por un tiempo, pero eso en realidad no cambia la situación del país ni soluciona el problema de la pobreza.

Nosotros oímos de parte de la gente es la queja de la parcialidad del gobierno que a sus adeptos, a los que son del partido, a los que tienen el carné, a los que están en los CPC, son a los que prefieren, mucha gente se nos queja y se lamenta de esto.

Algunos sacerdotes, sin embargo, participan en esas actividades en los municipios, o en actos centrales encabezados, por el cardenal Miguel Obando y Bravo, con lo cual está de alguna forma un sector de la iglesia, justificando esa política del gobierno.

Bueno, es una política que luego cada uno juzga desde su propia conciencia. Nosotros esperamos, como Conferencia Episcopal, hacer un juicio oficial de la iglesia, siendo los responsables directos, la Conferencia Episcopal de la marcha y de la organización de la iglesia en Nicaragua, pero luego cada quien es libre de actuar como mejor le parezca, pues, delante de Dios.

El discurso oficial y la manipulación religiosa

Toda la actuación del Estado se justifica con un discurso cristiano, con postulados religiosos, el otro día incluso en una cadena nacional de televisión el presidente dijo que “la mano de Dios” había desviado un huracán para que no impactara en el país; ¿Cómo ven ustedes esa forma de interpretar la realidad que tiene el gobierno ante la población?
Cuando hablamos de Dios nos movemos en un mundo de imágenes y de símbolos, el lenguaje religioso es simbólico y es analógico, y por eso mismo es fácilmente manipulable, porque no por hablar de Dios, o usar adjetivos religiosos, necesariamente yo estoy en relación con Dios o estoy haciendo cosas en su nombre.

Este es el problema del lenguaje religioso, por eso es que en la Biblia se prohíbe pronunciar el nombre de Dios, el decálogo dice: no pronunciar el nombre de Dios en forma vacía. Esta es la traducción literal del hebreo que luego decimos, en vano. Es decir yo puedo pronunciar el nombre, pero un nombre que semánticamente es vacío, no significa nada, está el nombre pero no está la realidad.

Esta es la manipulación del tema religioso, no me refiero solamente al uso que el gobierno hace del lenguaje religioso, de los símbolos o de los ritos; esto vale en todos los campos en cuanto al lenguaje religioso, incluso la iglesia misma podría caer en esta tentación.

No pronunciar el nombre de Dios vacío, esto es lo que manda el decálogo, y esto vale para todo el lenguaje religioso.

Pero cuando eso ocurre, y lo vemos repetidamente en la actuación del gobierno, la iglesia simplemente observa, analiza, o tiene algún punto de vista que expresar o que intercambiarle al gobierno, ¿han tenido alguna vez algún diálogo en relación con ese tema, o con los feligreses, en relación a la manipulación religiosa?
Que yo sepa nunca hemos tenido un diálogo sobre el lenguaje religioso directamente con el gobierno, porque el gobierno actual prácticamente nunca ha querido conversar con la Conferencia Episcopal.

¿Sobre ningún otro tema?

Y los obispos hemos decidido que, o hablan con todos, o no nos prestamos ninguno por separado. La Conferencia Episcopal es un cuerpo colegiado que está muy unido y la decisión que hemos tomado es, le pedimos al gobierno que dialogue, pero el diálogo es con toda la Conferencia Episcopal porque es un órgano de toda Nicaragua, y el problema es del país.

Y la Conferencia Episcopal tiene alguna agenda en relación con un posible diálogo, si el gobierno aceptara reunirse con toda la conferencia…
Habría que prepararlo. Nosotros no hemos querido enfrentar el problema del lenguaje religioso, prácticamente la opción que hemos tomado es educar catequéticamente a nuestro pueblo en el verdadero sentido de las palabras.

Yo recuerdo, por ejemplo, una homilía que hice una vez al inicio de este año explicándole al pueblo de Dios todo lo que significaba la palabra solidaridad desde el punto de vista evangélico, por ejemplo; lo que significa verdaderamente el adjetivo cristiano, o lo que significa ser una persona que vive la fraternidad o la reconciliación.

Usted es autor de un libro, su propia tesis sobre el silencio en la Biblia ¿Cuándo debe la iglesia hablar? ¿Cuándo debe guardar silencio?
Mirá, allí es cuestión de discernimiento, cuando hablar y cuando callar. Sin embargo, si tú lees la sagrada escritura lo que se impone, sobre todo delante de situaciones de inmoralidad, de situaciones que son obstáculo al proyecto de Dios, de situaciones en las que se violenta la legalidad, la dignidad de las personas, hay que hablar.

Hay un texto que a mi me ilumina muchísimo, que es Isaías 56-10, donde la Biblia le llama los profetas que no levantan su voz contra la injusticia, -perros mudos que no saben ladrar-. Hay momentos en los que hay que hablar, los apóstoles decían después de la resurrección, -no podemos dejar de hablar lo que hemos visto y oído-.

Hay una exigencia ética en el hablar porque muchas de las veces si uno no habla en algunas situaciones puede, implícitamente, convertirse en cómplice de una situación. En este sentido la voz profética en la iglesia es constitutiva de la institución, así como no existe Biblia sin profecía, tampoco existe iglesia sin profecía, porque la voz profética es la instancia suprema a través de la cual Dios habla en la historia.

Condiciones mínimas en las elecciones 2011
Vamos al tercer tema que usted menciona que estará en la agenda de reunión que tendrá la Conferencia Episcopal, que tiene que ver con el año electoral. ¿Cómo lo ven ustedes?
Sobre esto hablaremos más en el mes de noviembre, yo te puedo dar mi opinión y lo que yo voy a compartir con mis hermanos obispos porque nos vamos a pronunciar de cara a un año electoral. Creo que hay un consenso general en la Conferencia de iniciar una campaña de oración para el próximo año. Como hombres creyentes y pastores queremos que la primera expresión frente a este año sea que el pueblo de Dios haga oración, y espere de Dios sabiduría, fortaleza y esperanza.

La gente lo primero que espera de los obispos es que oremos. Aparte de la oración, que es nuestra mayor fortaleza como creyente, creo que hay algunos puntos prácticos que tendremos que afirmar con mucha claridad; en primer lugar, exigir las condiciones mínimas para un proceso electoral honesto y transparente, nuevas autoridades en el Consejo Supremo Electoral. Nosotros que denunciamos el fraude del 2008 no podemos aceptar que vayamos a las elecciones presidenciales con las mismas personas que denunciamos como las causantes de las irregularidades del proceso anterior.

Pero todo indica que eso podría repetirse…

De todas maneras nosotros mantendremos la denuncia y la exigencia, pues más de eso la iglesia no puede hacer, pero al menos que el pueblo sepa que es una condición mínima para poder ir a unas elecciones que aseguren una cierta honestidad.

Por otra parte queremos invitar a la población a que participe masivamente, a que no obstante las dificultades del momento, todo lo que se ha vivido de ilegalidad en estos últimos meses y la situación de corrupción que hay en grandes sectores de la política, queremos animar a la gente a que participe, y a que participe de forma inteligente a la hora de votar, pero que haga uso de su derecho ciudadano como exigencia de su fe.

Y la iglesia como tal, ¿cuál es su límite, cuál es la frontera en esta labor que usted dice profética, o de orientación a la ciudadanía, que algunos sectores pueden señalar que la iglesia está queriendo involucrarse en política partidaria, o sustituyendo a los partidos políticos?
Nosotros hemos dejado claro que no vamos a apoyar a ningún partido político, nos vamos a limitar como pastores, y le vamos a pedir eso a los sacerdotes que nuestra labor se limite a la educación de la conciencia, al estímulo a las personas para que hagan ejercicio de su deber democrático, y pedirles que hagan discernimiento y examen de los proyectos de gobierno, que es otra cosa que queremos pedirle a los candidatos.

En una Nicaragua donde parece que todo mundo está peleándose el poder a como dé lugar, quisiéramos exigirle a los candidatos a la presidencia que presenten proyectos de país, propuestas de gobernabilidad para los próximos años, para que el pueblo pueda, y que lo hagan de forma sencilla para que la gente lo pueda entender, y que la gente vote con criterio, con inteligencia, iluminados por su fe, pero también por su razón.