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En ciertos momentos de mi vida como estudioso del emprende-durismo he participado en discusiones diversas, una de ellas se refiere a la diferencia que existe entre emprendedor y empresario. Al respecto, mi posición ha sido que la acción de emprender es mucho más amplia que el empresarialismo, pues se puede ser emprendedor en el campo empresarial, social, deportivo, científico, etc. Y para ser empresario, en el sentido estricto de la palabra, además de ser emprendedor o emprendedora, es necesario tener o crear una empresa.

¿Pero todo empresario es un emprendedor? Es la pregunta inmediata. La respuesta es NO. Así, en mayúscula. Por ejemplo, usted puede heredar una empresa en la que nunca ha tomado parte, y eso no lo convierte de inmediato en empresario. A lo sumo se convierte en dueño de empresa, pero insisto, nunca en empresario.

Empresario es aquella persona cuya permanente actitud emprendedora lo ha llevado a la decisión de crear o participar activamente en el desarrollo de una o de varias empresas, y dedica su vida a esa actividad. Porque también puede haber dueños o condueños de empresas que viven distantes de su desarrollo, aunque sí, pendientes de sus posesiones en las mismas. Estas personas son los llamados inversionistas; invierten dinero en la compra de empresas cuya rentabilidad actual o potencial es suficientemente atractiva para arriesgar parte de su capital, pero no se involucran en su conducción. Su “oficio” es analizar estados financieros y decidir dónde colocar su dinero.

Volviendo al tema sobre emprendedores y empresarios, recientemente, por medio de un colega, me llegó un artículo escrito por el Ing. Santiago Antongnolli, titulado precisamente “De emprendedor a empresario”, el cual plantea que ser empresario es algo así como una etapa superior a la de ser emprendedor, concepto que dentro del emprendimiento empresarial comparto en gran medida. Lo comparto, porque es frecuente encontrar emprendedores, que no superan esa etapa en tanto no organizan su negocio delegando respon­sabilidad y autoridad a otras personas, y se vuelven “indis­pensables”. Si ellos no están, la empresa no funciona.

Este tipo de emprendedores, si bien es cierto pueden lograr gran éxito empresarial, lo hacen a costa de ser esclavos de su propia empresa, y, por supuesto, a costa de carecer de una vida plena. De ahí que muchos emprendedores viven a diario un estrés desmedido, falta de armonía familiar y muchas veces hasta un temor recurrente, de perder lo que tanto les ha costado.

Las empresas son como las personas
Antongnolli plantea que en gran medida, las organizaciones empresariales son como las personas, tienen infancia, adolescencia, madurez y ancianidad, razón por la cual el emprendedor debe ir transformándose según su empresa se desarrolla. Al inicio, el emprendedor es el gurú, el inspirador, el que está en todo y para todos. Pero según va creciendo la empresa comienzan los problemas: falta de información, se percibe desorganización, problemas que son de todos y nadie resuelve, bajan las ventas, falta visión estratégica e incluso, el emprendedor puede llegar --sin quererlo-- a boicotear el crecimiento de su empresa, justamente por eso, por ser muy emprendedor. Ese es el momento en que debe iniciar su conversión a empresario, lo cual logrará generando nuevos hábitos de trabajo y una nueva manera de mirar la empresa. Según el autor del artículo, este camino tiene cuatro etapas que pasar:
El estado de incapacidad inconsciente: cuando no sé que no sé. El Emprendedor no sabe lo que es ser empresario, es más, cree que el conducir una empresa es hacer lo que él hace.

El estado de incapacidad consciente: cuando percibo que no sé. El Emprendedor descubre que debe hacer las cosas de manera diferente si es que quiere crecer y dejar de estar continuamente solucionando problemas. Comienza a capacitarse y a cambiar hábitos, a desaprender, y entonces pasa a la otra etapa
El estado de capacidad consciente: cuando percibo que sé. El nuevo Empresario piensa antes de actuar, debe concentrarse en lo que hace para dejar de lado viejos hábitos, viejas formas de actuar y de pensar. Y, de tanto trabajar de esta forma pasa a: El estado de capacidad inconsciente: cuando sé que sé. Ya no hay que pensar o concentrarse para actuar de determinada manera, es casi un instinto, ya no se acepta hacer las cosas de otra forma. Es como conducir un automóvil, no tengo que pensar para hacerlo. Es el estado del conocimiento y dominio de la habilidad.

Las diferencias entre el Emprendedor y el Empresario
Acontinuación, las diferencias principales entre emprendedor y empresario, según Antongnolli, el cual señala que esto no significa que un comportamiento sea el bueno y el otro malo, y busca dejar bien claro que cada uno es importante y debe aparecer en etapas de crecimiento distintas de la empresa:
* El emprendedor trabaja mucho. El empresario piensa y elabora mucho
* El emprendedor hace las cosas él mismo o las controla personalmente. El empresario delega y controla resultados.

* El emprendedor es muy bueno solucionando problemas. El empresario es muy bueno definiendo estrategias y objetivos, se anticipa a los problemas
* El emprendedor controla que su gente esté todo el día trabajando. El empresario mide los resultados del trabajo de su gente.

* El emprendedor hace muchas cosas. El empresario genera mucho valor.

* El emprendedor se rodea de gente trabajadora y sumisa, no tiene tiempo para discutir. El empresario se rodea de gente capaz, se debate a fondo cada decisión.

* El emprendedor controla el funcionamiento de la rueda operativa de la empresa. El empresario está mirando la empresa, los cambios del mercado y la evolución del entorno.

* El emprendedor premia el esfuerzo. El empresario premia los resultados
* El emprendedor conoce las máquinas de su empresa. El empresario conoce los números de su empresa
* El emprendedor es imprescindible en el momento de crear una empresa y echarla a rodar. El empresario es imprescindible para hacer crecer la empresa una vez que comenzó a rodar.