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Cuando Andrea abrió los ojos sintió que la cabeza le iba a explotar. La vista que aún estaba borrosa la alertó de que nada a su alrededor le era familiar. “¿Cómo? ¿No estoy en casa?”, se preguntó agitada. Como pudo se incorporó. Las manos y las piernas le desobedecían. Toda ella temblaba.

Saltó de lo que ella percibió era una cama desarreglada. Se percató desnuda y cayó en pánico total. Estaba en la habitación de un motel, “¿Y? ¿Qué pasó?”, se dijo para sí. El único recuerdo reciente era una bachata que bailó “apretada”, el sonido estrepitoso de la disco y las risas de los amigos que recordaba como en cámara lenta. Con ellos había salido la noche anterior.

Estaba consciente de que había tomado algunos tragos de ron, pero también sabía que el estado de letargo en el que se encontraba no se correspondía con la cantidad de vasos servidos. “Algo pasó, estoy segura”, se decía, mientras terminó de ajustarse la correa de sus zapatos. Terminó de vestirse y sin pensar en nada más que alejarse de aquel lugar, salió rauda.

El dinero de su cartera estaba intacto, por lo que mientras hacía parada a un taxi, supo que quien la llevó a aquel motel no fue para robarle. “¿Me abusaron?”, se preguntó en la mente, mientras una especie de agua caliente le recorrió todas las venas del cuerpo.

Alarma en IML

Andrea contó esta historia en el Instituto de Medicina Legal, IML, pero hay una parte que pese al tiempo no logra recordar. “Hay una tramo de lo ocurrido que es como que me lo borraron”, señala. En efecto, no logra encontrar en su memoria lo que ocurrió entre el último trago y minutos antes de saber de sí. En el expediente que le abrió el IML se concluye que en Andrea no solo había rastros de esperma, sino que su organismo contenía una fuerte droga aparentemente combinada con el alcohol consumido la noche anterior.

Casos como el de Andrea se han vuelto comunes en el IML. Allá la decena de relatos de víctimas de abuso sexual con el uso de sustancias alucinógenas para reducirlas, mantiene alarmados a los funcionarios asignados para conocer los casos. “Se trata de droga, fármacos que inhiben la conciencia, impiden la defensa o la libre voluntad. Su uso se está volviendo frecuente en el último año”, dicen los especialistas.

Según el artículo 167 del Código Penal, será acusado de violación, “quien tenga acceso carnal… o introduzca a la víctima o la obligue a que se introduzca dedo, objeto o instrumento con fines sexuales, por vía vaginal, anal o bucal, usando fuerza, violencia, intimidación o cualquier otro medio que prive a la víctima de voluntad, razón o sentido”.

En razón de ese artículo, cualquiera que use sustancia alguna para acceder carnalmente a una persona cometería ese delito y puede ser sancionado con penas de ocho y hasta 12 años de prisión, confirma la fiscal Odeth Leytón, directora de la Unidad de Género del Ministerio Público.

“Una sustancia alucinógena priva del derecho a la libertad sexual, porque la voluntad de la otra persona está viciada”, aseguró la fiscal.

Casos en aumento y sólo adolescentes
Lilliana Salinas, psicóloga forense del IML, explicó que el uso de sustancias que inhiben la conciencia de parte de agresores, ya sea para violar o robar a la víctima no es nueva, pero hace año y medio se ha vuelto frecuente, es decir de dos casos que recibían al mes, ahora reciben 18, cifra que los tiene alarmados.

“Las mujeres han sido ultrajadas sexualmente usando varios tipos de sustancia, de fármacos. No hay una sola, incluso hay combinaciones. Las víctimas dicen que las marea, les da sueño, las deja como inmovilizada. Ellas pierden la voluntad y después les cuesta hasta recordar qué les pasó”, explicó la doctora Salinas.

Según Salinas la situación es preocupante porque la mayoría de las víctimas oscilan entre los 15 y los 25 años de edad y los agresores son generalmente sus amigos, novios, pretendientes o algún conocido de la noche. También se da que los hombres utilizan a las amigas para que ayuden a poner la sustancia en la bebida.

“Vemos que las víctimas son adolescentes y jóvenes universitarias y eso preocupa porque se han vuelto el blanco perfecto para el agresor sexual. Nosotros (psicólogos forenses) siempre hacemos interconsultas de los casos que llegan, para monitorear cómo están operando los agresores, y nos damos cuenta de que están recurriendo mucho a sustancias que impiden la libre elección de la mujer y la defensa”, aseguró la doctora.

Casos difíciles

Estos casos son complejos porque las víctimas acuden a denunciar demasiado tarde, cuando la sustancia utilizada ya ha desaparecido del organismo y no puede ser determinada en los laboratorios forenses, explicó Sergio Salazar, responsable del Laboratorio de Toxicología del IML.

“Los psicofármacos (medicamentos inductores del sueño, miorrelajantes) duran en el organismo 24 horas y las víctimas vienen después. Se entiende porque es tan fuerte la droga, que la víctima muchas veces no sabe actuar al momento, dónde acudir”, amplió el galeno.

Según Salazar, de acuerdo con los síntomas que las pacientes refieren en los relatos con los psicólogos forense, se puede estar hablando de uso de dibenzodiacepina (Diazepán) que son inductores del sueño, aunque no se descarta el uso de algún tipo de droga como el éxtasis.

“La Diazepán se consigue fácilmente porque las farmacias la venden aunque se necesite receta médica. Además, la pastilla es tan pequeña que no se ve cuando se disuelve en gaseosa, jugo o licor”, dijo el médico.

Valoración psíquica compleja

Con el uso del fármaco o droga, lo que el agresor quiere es que la persona pierda todos sus recursos inhibitorios (lo que socialmente o moralmente la detiene para no hacer “x” cosa), aprovecha el estado de euforia y luego la persona cae completamente dormida, porque no es de consumo recurrente, explicó el químico.

Agregó que estos casos se vuelven difíciles de manejar debido a la falta de recuerdos de parte de la víctima. “Hay que recordar --y por así decirlo—que la perjudicada estuvo ausente en el momento de la agresión y los daños sicológicos son más graves. Después se requiere de varias sesiones con el médico forense para poder determinar la lesión. Esta dificultad también retrasa el dictamen médico-forense para que el Ministerio Público pueda acusar”, señala Salazar.

“Ellas (víctimas) sólo recuerdan que amanecen sin ropa, en moteles, con chupetes, semen en la vagina, pero lo que pasó no lo recuerdan y ese es el peor trauma porque es la ausencia de una agresión, no estuvo presente y las secuelas en la vida de la mujer son permanentes”, explica por su lado la sicóloga forense.

Favorece la impunidad
Según la doctora Salinas en muchos casos la falta de recuerdos de parte de la agredida puede favorecer al agresor y el delito queda en la impunidad, porque el Ministerio Público requiere de un relato de los hechos lógico y coherente o un dictamen psicológico que establezca un testimonio exacto y veráz.

“Nosotros vamos más allá de establecer un relato de los hechos, establecemos el daño, la lesiones sicológicas. Generalmente hay un grave deterioro de las funciones cognoscitivas, la persona puede caer en estado depresivo, ideas suicidas, abandonar el trabajo, dejar hasta el hogar”, detalló la forense.

La fiscal Leytón coincidió con Salazar al asegurar que los delitos de orden sexual son de “propia mano”, donde es necesario establecer con exactitud la participación del agresor.

“Tenés un caso cuando está el testimonio de la víctima, el dictamen del daño psicológico, más las pruebas científicas que fundamentarán las dos anteriores; por ejemplo, la prueba toxicológica en estos casos te viene a probar que la voluntad de la víctima estaba viciada, pero si careces de relato, agresor y pruebas científicas, difícilmente se podrá ejercer la acción penal”, dijo Leytón.

Promover denuncia

Para la fiscal, lo principal en estos casos es promover la denuncia dentro de las 24 horas de haber ocurrido el hecho. Según la doctora Salinas, el problema es que a veces muchas víctimas se sienten culpables por haberse expuesto y solo se libran de ese sentimiento cuando han pasado varios días.

“La sociedad nos ha culpabilizado desde Adán y Eva, y el estigma de la mujer violada cae sobre ella y cree que la violaron por andar de noche, por andar ropa corta, y empieza a culpabilizarse; si no hubiera salido, si no hubiera tomado, en fin, busca cómo culpabilizarse y no al agresor, entonces la denuncia es tardía”, reiteró Salinas.

Para el toxicólogo Salazar, en estos casos, existen subregistros porque las agredidas no acuden a interponer la denuncia a tiempo y el uso de la sustancia no se puede constatar científicamente a través de la prueba en sangre; por eso es necesario promover la denuncia.

Usado más en mujeres

Las sustancias para disminuir las capacidades de las personas se usan más en mujeres que en hombres. El último caso reportado con este proceder fue el del embajador de Guatemala en Nicaragua, Edgar Ruano Najarro, a quien encontraron inconsciente en su camioneta en la Carretera a Masaya. Según investigaciones extraoficiales, a Ruano le habían dado una sustancia antes de robarle.

Consejos

Muchas víctimas cuentan que de la mesa donde tomaban sólo se levantaron para ir al baño y un tanto después, ya nada recuerdan. Algunos consejos para evitar caer en este tipo de situaciones son las siguientes
* Evite salir con personas que no son de confianza absoluta.

* Si asiste a una fiesta no abandone las bebidas y comidas en la mesa, deje a alguien de confianza cuidándoles.

* No tomar bebidas destapadas.

* Sírvase su propio trago, si va a bailar y lo deja al regreso sírvase uno nuevo.

* No tomar nada de personas desconocidas.

* Salir en grupo de confianza y evitar involucrarse con personas desconocidas.