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Científicos de la Universidad de Newcastle han modificado genéticamente una bacteria que se encuentra en los suelos de casi todo el mundo para que adquiera la capacidad de rellenar las aberturas y grietas que se producen en estructuras de concreto. Cuando se encuentra en contacto con el cemento esta bacteria se reproduce y segrega carbonato de calcio y una especie de pegamento, que juntos poseen una solidez semejante a la del concreto. Sus creadores afirman que es el fin de las grietas.

La bacteria denominada BacillaFilla, es capaz de sellar grietas en estructuras de hormigón. Los microbios originales, una bacteria común que vive en los suelos, fue modificada genéticamente para introducirse en las delgadas grietas existentes en el hormigón.

Una vez allí, comienzan a reproducirse y excretar una mezcla de carbonato de calcio y cola, que al endurecerse adquiere una rigidez semejante a la del cemento, sellándola.

Esto contribuye de forma directa a prolongar la vida útil de las estructuras expuestas al medio ambiente a un costo ridículamente bajo. Además, estas reparaciones podrían tener un positivo impacto ecológico.

Sin embargo, hay otros factores a tener en cuenta. Por ejemplo: ¿qué ocurre con estos bichos una vez que la grieta en la que tan a gusto se han reproducido como conejos está sellada. ¿Adónde van? ¿No existe el peligro de que se multipliquen peligrosamente sellando ranuras que en realidad no son grietas sino partes necesaria de la estructura?
Dada la importancia de estas cuestiones, los integrantes del equipo han previsto que la BacillaFilla sólo comiencen a reproducirse cuando están en contacto con el hormigón --”reconocen” el pH específico de este material-- y le han adosado un “gen de autodestrucción” que impide que puedan sobrevivir en el medio ambiente.