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Los comensales que se sientan a la mesa de un lujoso restaurante para saborear un jugoso plato de mariscos, no imaginan la catástrofe que provoca el buceo a pulmón practicado por miles de pescadores miskitos, que diariamente se sumergen en las profundidades del Mar Caribe para capturar la apetecida langosta.

Salvador Fojón, un médico subacuático gallego que atiende a pacientes afectados por lesiones derivadas del buceo a gran profundidad, señala que el peligro no lo representan los tiburones o las barracudas que habitan en el fondo marino, sino el régimen de trabajo que raya en la explotación inhumana.

“Para estos pescadores de langosta, el buceo es como una ruleta rusa con la que se ganan la vida”, afirmó Fogón, quien asocia la alta incidencia de buzos enfermos con las condiciones laborales deplorables.

Según Fogón, el buceo que practican los miskitos de Puerto Cabezas y de otras comunidades es completamente empírico, pues no cuentan con equipos adecuados, respiran aire contaminado y se sumergen a profundidades prohibitivas, lo que los condena a la parálisis y a la muerte.

Lamentos en umbral de la muerte
Reylineo Henry Chacón dedicó la mitad de su corta vida (40 años) a la pesca de la langosta en las profundidades del mar, y murió parapléjico en 2000. “La última vez que me zambullí en el mar fue en 1998, y  cuando salí a la superficie me di cuenta que tenía dormido el cuerpo de la cintura para abajo”, confesó pocos meses antes de morir en la miseria.

Henry Chacón atribuía a su jefe (un capitán de barco hondureño, cuyo nombre había olvidado) la culpa de su desgracia. “Nos obligaba a sumergirnos a 130 metros de profundidad, donde se te revientan los tímpanos y sientes que la presión del agua te va a aplastar, pero como tenía que dar de comer a mi mujer y a mis cuatro hijos, no me quedaba otro remedio que meterme en el mar a buscar langostas, hasta que quedé paralizado”.

El drama de Reylineo Henry Chacón ha sido compartido por unos 1,500 buzos de la RAAN y de la RAAS, que han sufrido lesiones parciales y graves tras sumergirse a profundidades excesivas para pescar langostas. Otros han muerto dejando en total abandono a su familia.

Zambullida mortal
“Si el buzo ha estado bajo el agua a una profundidad suficiente y un tiempo suficiente, incorpora a su organismo grandes cantidades de nitrógeno, y si vuelve rápidamente a la superficie, pueden formarse muchas burbujas de nitrógeno en el seno de los tejidos y líquidos de su cuerpo; tales burbujas causan daño en casi cualquier órgano”.

La explicación es del doctor Chuz Herranz, de la  Brigada de “Solidariedade Galega”, organización gallega que brinda asistencia a buzos de la RAAN que han contraído enfermedades derivadas de la pesca de la langosta a grandes profundidades.

Según Herranz, la cantidad y localización de las burbujas determinan distintos tipos y síntomas de la enfermedad por descompresión, que pueden oscilar entre los tipos 1, 2, 3 y 4, que van desde una simple picazón en la piel hasta la paraplejia.

“Pero todo ello puede evitarse respetando las profundidades, los tiempos de inmersión y las pautas de ascenso, que consiguen eliminar el exceso de gas de forma insensible a través de la respiración, y sin consecuencia alguna para el organismo. El conocimiento y la práctica de estas pautas es el contenido de la formación del buzo, la cual está ausente en la RAAN con las catastróficas consecuencias de invalidez y muerte que hemos comprobado”, sentenció el médico.

“Los pacientes no reciben ningún tipo de atención, ya que en el barco no hay ningún profesional entrenado en técnicas de resucitación o en tratamiento del buzo, ni el material necesario para ello”, lamentó Herranz.

Imprudencia letal 
El médico Salvador Fogón advierte que el alcohol y las drogas impiden al buzo realizar su trabajo correctamente. “El riesgo de padecer el Síndrome de Descompresión aumenta con el uso de drogas y de alcohol. La casi totalidad de los buzos en la actualidad son consumidores de drogas, de las cuales las más frecuentes son la cocaína en forma de crack, la marihuana y el alcohol”.

Carlos Viales Mitchell, un dirigente del gremio de buzos, lamentó la indiferencia del gobierno que no ha brindado acceso a la seguridad social, ni establece normas a las empresas langosteras para que garanticen condiciones laborales óptimas a los pescadores de mariscos.