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Majestuosos paisajes y pobreza extrema son las dos caras de la moneda que presenta Bosawás a primera impresión. Paradójicamente, los habitantes de la reserva más grande de Centroamérica, declarada por la organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) como Patrimonio de la Humanidad y Reserva de Biosfera, se convierten en guardianes de este tesoro y en depredadores del mismo.

Sus pobladores están conscientes del privilegio y de la responsabilidad que significa habitar en el pulmón de Centroamérica, sin embargo, necesitan poner el pan de cada día en su mesa, y ante la falta de fuentes de empleos se las arreglan como pueden, según comprobamos en una reciente visita a San Andrés de Bocay, territorio indígena miskito, Miskitu Indian Tasbaika Kun (MITK) de la zona núcleo de la Reserva.

El avance de la frontera agrícola es sólo el resultado del principal problema de Bosawás: la pobreza, según afirmó Julio Espinoza, coordinador del proyecto “Protección de la Reserva de Biosfera Bosawás (RBB) y Desarrollo Sostenible de la zona”, que ejecuta el Centro Humboldt con financiamiento de Danida, a través de la Real Embajada de Dinamarca, en Bosawás. Para impulsar el desarrollo económico en ese territorio y para proteger la reserva, el Centro Humboldt le ha apostado a la educación y a promover la producción de cacao orgánico.

A través del segundo rubro se plantea dotar a sus habitantes de una herramienta sostenible en la que mil 200 familias han depositado sus esperanzas como fuente de ingresos.

De acuerdo con Julio Espinoza, éste es uno de los cultivos con más bondades. “Desde el punto de vista ambiental el cacao es un árbol, desde que se inicia su siembra ya se está reforestando. Sumado a esto, el caco es una planta que necesita un 40% de sombra, por lo que se hace necesario sembrar más árboles”, detalló Espinoza, quien a esos beneficios le suma su potencial económico, ya que éste es uno de los rubros con mejor precio en el mercado internacional y con tendencia alcista.

De acuerdo con el coordinador del Centro Humboldt, siempre y cuando se respeten las normas de uso de suelo y las técnicas agroecológicas, este cultivo no atenta contra la naturaleza de uso de tierra de la reserva, como sí lo hace la actividad agrícola a la que recurren los colonos y los mismos habitantes del pulmón de Centroamérica en un intento por sobrevivir.

A los beneficios antes mencionados, Espinoza les agrega el manejo del cultivo para el cual no se requiere de experiencia ni de amplio conocimiento. Este proyecto lo vienen ejecutando desde 2006 en 600 hectáreas establecidas, de las cuales ya se esperan los primeros brotes. Ahora el proyecto está en la fase de crear dos centros de acopio para fermentar y secar la cosecha, que será exportada y comercializada a través de una compañía alemana con la cual ya se ha establecido una alianza.

Estas plantaciones tienen un promedio de explotación de entre 30 a 40 años.

“Avanza la educación, retrocede la pobreza”

Uno de los aspectos fundamentales del proyecto de “Protección de la RBB y Desarrollo Sostenible de la Zona” ha sido la profesionalización de maestros como eje central de desarrollo. La idea es garantizar a las nuevas generaciones una educación de calidad que se transforme en oportunidades.

Con esa meta se realizó la profesionalización de 87 docentes, un hecho histórico para una zona del “corazón del corredor Biológico Mesoamericano“, que en 2000 sólo contaba con dos maestros por nómina, y ahora hay más de 50, gracias a la coordinación establecida con el Ministerio de Educación.

Desde 2001 la educación ha sido una de las prioridades de este proyecto, herramienta a través de la cual han depositado toda expectativa de combatir la pobreza y convertir a sus habitantes en verdaderos guardianes de ese tesoro natural.

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