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Salomón escucha un chirrido y ve que la puerta de su cuarto se abre. Una silueta negra se desliza como una sombra dentro de su cuarto, y un temor inusitado lo invade. Comienza a temblar. Cruza los brazos sobre su pecho tratando de protegerse de la sombra negra que lo acecha. Ve que se acerca hacia él, amenazante, y el miedo se recrudece.

Una mano siniestra comienza a acariciarlo. Lo besa en la boca y le dice palabras dulces al oído. Salomón se queda paralizado, incapaz de luchar contra aquel demonio que huele a tabaco y licor. Lentamente comienza a desvestirlo. De pronto lo voltea, y su rostro queda contra el colchón de la cama.

Un dolor punzante lo lastima, como si un tizón ardiente le penetrara las entrañas. Cierra los ojos y trata de transportarse a otro lugar, un lugar donde esa sombra no exista.

Empieza a contar los minutos… pero el martirio parece no terminar nunca. Dos lágrimas gruesas se deslizan sobre sus mejillas. Trata de gritar, pero un nudo le ciñe la garganta. Finalmente se voltea y ve el rostro de la sombra siniestra. Es un hombre vestido de sotana, pero en el preciso instante en que Salomón se fija en su rostro, la sombra se esfuma, y el nudo en su garganta desaparece.

Comienza a gritar y despierta asustado. Todo ha sido una pesadilla, pero tan real, que aún siente el dolor del abuso. Está empapado en sudor. Siente su cuerpo sucio y adolorido. Se acurruca en su cama como un niño desvalido y comienza a llorar desconsoladamente.

Pero entre las sombras, el rostro se esclarece cada vez más en su cerebro. Esa sombra, el hombre de la sotana que ha irrumpido en sus sueños es Marco Dessi, el sacerdote que conmocionó a la sociedad chinandegana y al país entero cuando en 1990 fue acusado de ser un abusador sexual. Salomón es una de sus víctimas.

Hoy, diez años después, Dessi sigue robándole la paz, y las pesadillas se han intensificado ante la posibilidad de que salga en libertad.

El juicio

Las primeras acusaciones de violación contra el cura Marco Dessi comenzaron en 1990, cuando cinco niños del Hogar del Niño, en Chinandega, lo culparon de abuso sexual. Estos niños fueron Luis David López Guido, Marlon Rivas, Óscar Santos, Ricardo Núñez e Irving Estrada, quienes rompieron el silencio e interpusieron la denuncia ante tribunales de Parma, Italia.

En el juicio se demostró que el sacerdote Dessi, misionero de la ciudad de Villamassargia, cometió el delito de pedofilia en perjuicio de los cinco acusadores. También se encontraron en su computadora personal 1,400 fotos de pornografía infantil. Este crimen provocó que el papa Benedicto XVI lo suspendiera de sus labores de ministerio.

Mientras el juicio transcurría en Italia, en Chinandega comenzaron a surgir otros casos de niños que aseguraron sufrir abuso sexual de parte de Dessi entre 1992 y 1997. Finalmente, más de 100 niños y cuatro generaciones anteriores a éstos y miembros del coro Getsemaní, dirigido por el sacerdote, alzaron sus voces para denunciar los actos de pedofilia que había cometido en su contra. Según ellos, el sacerdote elegía a los jóvenes más desprotegidos y de escasos recursos para que lo manosearan a cambio de regalos, y los amenazaba con matarlos si lo denunciaban.

Según Lorna Norori, coordinadora del Movimiento Contra el Abuso Sexual en Nicaragua, organismo que ha brindado apoyo psicológico a muchas de las víctimas de Dessi, ésta es la conducta típica del agresor.

“Este caso refleja la conducta propia de un violador, porque es obvio que hay un ejercicio del poder. Según las declaraciones de muchos de los jóvenes que fueron agredidos, Marcos Dessi aprovechaba la ausencia de la figura paternal para ofrecerles un cariño ficticio, y los obligaba a guardar silencio, alegando que nadie iba a creerles si lo denunciaban”.

A raíz de la denuncia, en Italia también se creó un movimiento de apoyo organizado por muchos jóvenes en Chinandega, entre ellos Salomón, el cual inició una intensa campaña a favor de los jóvenes denunciantes, para aclarar a la población sobre la realidad del abuso sexual en los lugares considerados más seguros por los padres. La campaña contó con el apoyo de la ONG Save the Children.

La condena inicial de Dessi fue de 24 años, pero a través del Rito Abreviado, es decir, de su colaboración con la justicia italiana, la pena fue reducida a 16 años. Lugo le reconocieron atenuantes, hasta reducir su condena a ocho años. Actualmente, la justicia italiana está valorando la posibilidad de ponerlo en libertad.

Sociedad chinandegana dividida

Tras 10 años de una realidad que conmocionó a Nicaragua y al mundo entero, el caso Marco Dessi sigue dividiendo a la opinión pública chinandegana, entre la cual hay aún quienes lo defienden y quienes lo condenan.

Es más, aún hoy, muchos feligreses siguen organizando vigilias y celebrando misas para lograr la liberación del sacerdote Marco Dessi, a quien muchos siguen considerando un santo.

Irene Mercedes Cortes Álvarez, ex interna del complejo Betania y del Colegio “Aldo Dubón Callejas”, centro apadrinado por el sacerdote Marco Dessi, asegura que es inocente.

“Yo nunca noté nada extraño en el padre Marco. Él nunca tenía ningún contacto con los niños. Para mí esto pasó porque la gente le tenía envidia porque era un hombre popular, y le quiso sacar dinero con esto del juicio en Italia, para robarse los bienes de la Fundación Chinandega 2001, creada por él, y de la Fundación Betania”.

Para Carolina Rueda Reyes, madre de familia de dos hijos que estudian en el complejo Betania, fundado por el sacerdote, es imposible que un hombre que hizo tantas obras benéficas en Chinandega fuera capaz de abusar de un grupo de niños.

“Yo creo que todo eso del juicio fue falso. Nadie que tenga un mal corazón podría haber hecho tantas cosas buenas en Chinandega. Además, si esas acusaciones fueran ciertas, los niños hubieran hablado antes, y no hasta cuatro años después de ocurrido el abuso. Para mí, si ellos no hablaron antes era porque les gustaba. Ellos y Salomón son un atajo de homosexuales. ”

Y es que Salomón no sólo ha tenido que sobrevivir al abuso sexual que sufrió entre los 12 y 15 años de edad, sino al rechazo de muchos de sus paisanos.

“Para todos nosotros ha sido muy difícil mantenernos firmes en esta lucha, porque muchos consideran que somos unos mentirosos y que estamos difamando a Marco Dessi. Todavía hoy por hoy, cuatro años después, nos niegan la entrada a las iglesias y sitios religiosos. Nos han amenazado de muerte, y en más de una ocasión han perpetrado atentados en nuestra contra y contra el grupo Jóvenes que creemos en otros Jóvenes”, comenta Salomón.

Sus buenas obras

El sacerdote Marco Dessi dedicó años de su apostolado a ayudar a los pobres. Fungió como director en el Hogar del Niño durante cinco años. Destinó varias donaciones para la reconstrucción de la Escuela “Aldo Dubón” en el Reparto “Carlos Fonseca”. Creó un dispensario para dar comida gratuita y ropa a los niños pobres. Aportó dinero para la construcción de unidades habitacionales y fundó el complejo Betania, un lugar que es considerado patrimonio de toda la comunidad chinandegana.

Betania es un hermoso complejo que contempla una escuela para niños no videntes, varios talleres de carpintería y empaque de jalea, una casa para mujeres embarazadas, un proyecto de 340 casas para personas damnificadas del Mitch y un hospital.

Con el objetivo de recaudar fondos, el padre Marco fundó un coro de niños y un grupo de baile folklórico que antes del escándalo hacían giras por Estados Unidos y Europa, y que cantaron en Italia junto a Pavarotti. Pero según declaraciones de muchos de estos niños, Dessi aprovechaba estos viajes para organizar orgías y tomarles fotografías pornográficas.

La otra cara
Según la teóloga y directora de la revista Envío, María López Vigil, nadie niega las buenas obras impulsadas por Dessi, pero eso no significa que no usara su investidura religiosa para cometer crímenes horrendos.

“Eso es como decir que quien hace buenas obras tiene derecho a ser un abusador sexual, y es producto de la ignorancia en torno a este tema, sobre todo cuando se trata de varones. En un país tan conservador como Nicaragua, criticar a un sacerdote es como tocar a Dios con las manos sucias, ya que ellos son considerados como sus representantes en la tierra, y son, por tanto, intocables”.

Pero no todos en Chinandega comparten la visión de que Dessi es inocente. Para el ciudadano Ramón Narváez, si a él se le encontró culpable es porque había pruebas suficientes para hacerlo.

“Yo pienso que estos muchachos que tuvieron la valentía de hablar no están mintiendo. Nadie va a desafiar a una persona tan poderosa como Marco Dessi sin tener pruebas. Porque eso es como desafiar al poder divino sin temor al castigo de Dios. Además, a él lo juzgaron en el extranjero, porque todos sabemos que él contaba con el apoyo de personas muy poderosas que también participaban de sus atrocidades”, asegura Narváez.

Luz Marina Cruz, otra ciudadana, comparte esta visión: “Yo recuerdo muy bien a Marco Dessi porque hice algunos negocios de madera con él. Era un hombre corrupto y lleno de vicios. Siempre estaba fumando. Se daba una vida de rey y tenía todos los lujos que alguien pueda desear. Siempre se escucharon rumores extraños sobre la preferencia que él tenía hacía algunos miembros del coro, que se encerraba con ellos y que pedía que no lo molestaran durante mucho rato”, comenta Cruz.

Según la psicología, las víctimas de abuso sexual sufren un proceso de disociación encaminado a bloquear el trauma de una violación. Este proceso puede llevarlos a tener lagunas mentales como mecanismo de defensa. En el caso de los niños, este proceso es mucho más complejo, ya que son más vulnerables ante la amenaza y la vergüenza.

La mayoría no rompe el silencio hasta muchos años después, cuando un factor detonante les hace recordar el incidente. En el caso de Salomón, este factor fue el descubrimiento de que había otros jóvenes que como él, habían sufrido abuso sexual. Pero el camino de la recuperación ha sido arduo, y aún quedan mucho camino por recorrer.

Salomón sigue víctima de sus pesadillas, reviviendo noche tras noche al hombre de la sotana que le marcó la vida para siempre, y que lo ha convertido de víctima a victimario. Tratando de sobrevivir en una sociedad que lo ha estigmatizado para siempre.