•  |
  •  |
  • END

Alcanzar la aprobación de los estudios primarios, tal como lo mandan los Objetivos de Desarrollo del Milenio y como se lo propone el gobierno de Nicaragua mediante el recorte del ciclo educativo a tres años, no salvará a las personas de la pobreza, si no se consigue incrementar que los adolescentes y niños superen los estudios secundarios.

Según el economista independiente y analista social, Adolfo Acevedo, la conclusión universal de la primaria no garantizará la reducción de la pobreza en un país que, como Nicaragua, cuenta con niveles de pobreza del 47% y necesita de la aprobación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), para superar ocho aspectos básicos y mejorar sus niveles de progreso.

Los ocho objetivos, con compromisos cuantificables y medibles, buscan erradicar el hambre, alcanzar la educación primaria universal, la equidad entre los géneros, bajar la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combatir el Sida y otras pandemias, así como promover el cuidado ambiental y fomentar la asociación mundial. Sobre esa plataforma, cada país adoptó sus propias metas nacionales en 2000, con fecha tope de 2015.

END presentó el domingo el segundo ODM, en el cual, según la visión mayoritaria de expertos, analistas sociales y educadores, coinciden contra la visión oficial del gobierno del presidente Daniel Ortega, que anunció a mediados de este año, una política educativa para cumplir el segundo de los ocho ODM, que Nicaragua adquirió como compromiso en 2000 ante las Naciones Unidas.

Todos afirmaron que las medidas adoptadas son insuficientes y hasta riesgosas, pues se está sacrificando la calidad de la educación con atajos para cumplir con las metas.

En el caso de Nicaragua, el ODM número dos es lograr la enseñanza primaria universal, al alcanzar la tasa neta de matrícula y aprobación del ciclo educativo del 100% de la población en edad escolar del país. Esta meta tomó como referencia el Estado del país en 1990, con cifras de entre 1990 y 1993, donde apenas el 75% de la población infantil tenía acceso a la educación.

La meta, al 2015, es que ningún niño o niña esté fuera del sistema educativo y logre culminar su ciclo primario de educación. Actualmente, según el gobierno, la tasa de matrícula supera al 87%.

10 a 13 años para apuntar a buen futuro
Para Acevedo, adjunta a la preocupación por mejorar la calidad de la educación primaria, surge la preocupación derivada de la creciente evidencia de que las personas requieren de niveles de escolaridad que van más allá de la educación primaria, a efectos de tener una mayor probabilidad de salir de la pobreza.

De acuerdo con el experto, quien cita estudios de la Cepal desde 2000, se estima que como promedio regional (América Latina), se requiere un mínimo de 10 a 13 años de educación formal para contar con buenas probabilidades de no caer o no seguir en la pobreza. “El último ‘Reporte de Pobreza’ para Nicaragua del Banco Mundial encuentra que las personas con un nivel de escolaridad inferior a secundaria completa, es decir, aquellas con menos de 11 años de escolaridad, están condenadas, con una certeza casi absoluta, a vivir bajo el umbral de la pobreza. Es hasta que alcanzan once años de escolaridad --bachillerato-- que los ingresos laborales comienzan a superar, apenas, el umbral de la pobreza”, estimó. 
Según Acevedo, el rezago educativo cierra la oportunidades de mejoría socioeconómica a las personas con estudios inferiores a la secundaria, por lo tanto “urge incrementar, no sólo el acceso y la conclusión de la educación primaria, sino lograr que un porcentaje mucho mayor de niños, niñas y adolescentes logren avanzar hacia la enseñanza secundaria”.

“Tanto la Cepal como la Unesco han señalado la necesidad de establecer una meta relativa al incremento de la conclusión de la educación secundaria, al igual que se hizo con la aprobación de la primaria para el ODM 2”, dijo.

Esta meta se sustenta, de acuerdo con Acevedo, en la evidencia de que la conclusión de este nivel constituye actualmente un umbral educativo mínimo, que eleva de manera significativa la probabilidad de mantenerse fuera de la pobreza absoluta en la vida activa, toda vez que se traduce en un incremento importante de los ingresos laborales.

Educación primaria es insuficiente y deficiente 

En estos momentos, a criterio del investigador social, el acceso a la escuela primaria, incluyendo la posibilidad de completarla, no es el indicador predominante de las brechas entre distintos grupos sociales.

“Tampoco es la educación primaria la que permitirá a las personas más oportunidades de movilidad social. La educación primaria es también claramente insuficiente desde el punto de vista del aumento de los niveles de vida sobre la base de agregar más valor en los procesos productivos”, indicó.

A su juicio, para tener una mejor perspectiva de los desafíos que se deberá enfrentar en términos de la educación secundaria, se debe comenzar evaluando indicadores de acceso.

“La tasa neta de matrícula en la educación secundaria representa la matrícula de los niños y jóvenes en edad oficial de cursar la educación secundaria como porcentaje de la población correspondiente. La finalidad de este indicador es mostrar el acceso a dicho nivel de niños y jóvenes en edad de cursar la secundaria”, explicó. De acuerdo con este indicador, el acceso a la educación secundaria continúa siendo extremadamente bajo para los jóvenes en edad de asistir a este nivel educativo.

“De acuerdo con el Mined, la tasa de matrícula secundaria neta de Nicaragua alcanzó un valor del 45.5% en 2007. Esto significa que, no solamente un alto porcentaje de los niños que se matriculan en primer grado de primaria no logran llegar a los grados superiores de este nivel educativo, sino que más de la mitad de los jóvenes en edad de asistir a la secundaria (54.5 de cada 100) no asisten a este nivel educativo. De éstos, sólo poco más del 40% logran culminar la educación secundaria”, aseguró.

 Ondas desigualdades

“Debemos recordar que la tasa neta de matrícula secundaria es un promedio, y  que tras dicho promedio se ocultan profundas desigualdades. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Nivel de Vida 2005, es en los hogares de menores de ingresos que se concentran las menores tasas netas de matricula secundaria, evidenciando una fortísima correlación entre el ingreso de los hogares y el acceso a la enseñanza secundaria”, analizó.

Dijo el economista que es en la educación secundaria donde se profundizan más las brechas de desigualdad.

“En secundaria, la brecha entre la tasa neta de matrícula secundaria de los niños provenientes de los hogares de mayores ingresos y los provenientes de los hogares de menores ingresos se ensancha de manera abrupta. En promedio, la brecha entre la tasa neta de escolaridad secundaria neta de los adolescentes pertenecientes al quintil más pobre de los hogares y los pertenecientes al quintil de mayores ingresos se eleva a 58 puntos (17.4% contra 75.7%)”, observó.

“Quedan excluidos de la enseñanza secundaria el 82.6% de los adolescentes y jóvenes de entre 13 y 17 años del quintil de hogares de menores ingresos, el 69.3% del quintil 2, el 47.7% del quintil 3, el 35% del quintil 4, y el 24.3% del quintil 5”.

La respuesta a esta desigualdad de oportunidad está en las necesidades económicas de las familias más pobres frente a la mayor posibilidad de las familias no pobres.

“Los problemas de acceso a la secundaria, para los hogares de menores ingresos, obedecen al hecho de que, mientras mayor es la edad de los niños, niñas y adolescentes, y a medida que van avanzando dentro del ciclo educativo hacia niveles más altos, va aumentando el costo de manutención y los desembolsos que deben hacer los hogares --gastos de transporte, uniformes y calzado, libros de texto y materiales escolares-- para enviarlos a la escuela, hasta el punto en que para los hogares más pobres se torna cada vez más difícil seguirlos costeando”, dijo Acevedo.

Al mismo tiempo, a medida en que los adolescentes van alcanzando la edad laboral, se torna más imperioso para los hogares de menores ingresos, sobre todo en las zonas rurales, que éstos se incorporen a la fuerza de trabajo para contribuir con el sustento del hogar, abandonando o repitiendo niveles de secundaria, analizó.

 Niveles de escolaridad bajísimos

De acuerdo con las cifras del Mined, la tasa de culminación de la educación secundaria sería del 44%; esto significa que, además de que apenas 4.5 jóvenes de ambos sexos de cada 10 en edad de asistir a secundaria se matriculan en este nivel educativo, sólo unos 4.4 de cada 10 de estos jóvenes que se matriculan en secundaria, logran completarla.

“El hecho de que un porcentaje importante de niños, niñas y adolescentes no logren culminar la educación primaria, que menos de la mitad de los que deberían asistir a secundaria lo hagan, y que de ellos menos de la mitad logre culminarla, determina que los jóvenes nicaragüenses se incorporan al mercado laboral con niveles de escolaridad extremadamente bajos”, dijo.

Acevedo recordó que se requieren al menos 11 años de escolaridad --la secundaria completa-- para obtener un ingreso laboral que comience a superar el umbral de la pobreza, “y la mayor parte de los jóvenes no logran alcanzar, ni de lejos, ese nivel de escolaridad, por lo cual, se condenan a vivir en pobreza”, enfatizó.