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RIAD (Arabia Saudita)
“Este fin de semana tenemos una cena en la embajada X”, dijo Ximena a pocos días de haber llegado a Riad. En ese evento aspiraba conocer a otras compatriotas que llenaran su vacío social.

Sin perder tiempo, con el fin de redimirle a su marido la responsabilidad de conducir por la noche, reservó ‘una limosina’ (así se denomina el servicio de taxis en los condominios para extranjeros).

Llegado el momento y ya ataviada con su mejor traje de gala, esperó para salir hacia el complejo diplomático, mientras el tic-tac del reloj marcaba el paso de los minutos. Así aguardó hasta que la virtud de la paciencia le abandonó e irascible ante la tardanza del taxi, llamó a las oficinas administrativas del condominio, dejando bien en claro la ineficiencia de ese servicio y las inconveniencias causadas.

Su tono estaba cargado de la frustración ante su auténtico derecho de demandar una explicación sobre tal fiasco. Entonces fue que escuchó la respuesta un tanto sorprendida de la asistente, quien deprisa pasó las páginas de su agenda.

--Sí, en efecto, tiene una reservación para el sábado. ¡En dos días, mi querida señora, hoy es jueves! --Y fue en ese momento que Ximena, como a todos nos ha ocurrido en algún momento de la vida, en que deseamos que se abra una grieta en el piso, donde esfumarnos, sintió su rostro ruborizarse, degradada por la vergüenza de su error, ante el hecho que el fin de semana en Arabia Saudita es el jueves y el viernes.

Esas son algunas situaciones comunes que nos ocurren en un principio, resultado de un patrón mental de que el jueves es sábado y el viernes, domingo.

Al paso del tiempo se convierte en un hecho natural, y entonces ocurre lo contrario e igualmente embarazoso, llamando al resto del mundo los días sábados y domingos, para descubrir que la ineficiencia también afecta a los países occidentales. ¿Cómo es que no responden al teléfono?, es la pregunta frecuente antes de caer en la cuenta.

Sábados y domingos son días de trabajo
En un principio, la idea de que los sábados y los domingos son días de labor es inaceptable, con el tiempo el tener un fin de semana es lo más relevante, no los días cuando tiene lugar.

Para los niños europeos que crecen con esta concepción de los días de descanso, enterarse de que sus primos en el resto del mundo asistan a la escuela los jueves y los viernes, es motivo no sólo de asombro, sino de inmensa compasión.

Contrario a las mujeres, para los hombres extranjeros la adaptación es menos dramática. Aparte de la cultura laboral que deben confrontar dentro del marco de los valores y normas particulares por las que se rige la conducta de los negocios en esta sociedad, sus funciones y responsabilidades los sumergen de inmediato en la vida económica y social del país. Y dado que la mayoría de las leyes de carácter moral son orientadas hacia las mujeres, es a estas últimas a quienes les corresponde adecuarse a las costumbres y mandatos que impone la nueva sociedad.

Igual que en cualquier parte del mundo, los hombres no tienen limitantes en cuanto al vestir, con la excepción de usar ropas adecuadas, se observan muy pocos extranjeros en pantalones cortos en lugares públicos.

Conducir vehículos motorizados no es una limitante, así como tampoco la opción a posiciones ejecutivas, sin detrimento del público general con el que se relacionen; de igual manera, pueden recurrir con cierta certeza de no encontrarse con restricciones morales, a la mayoría de los sitios donde sólo hombres son permitidos.

Para las extranjeras recién llegadas, el acostumbrarse a ciertas normas de conducta impone un proceso de adaptación, para unas más fácil que para otras. Esto incluye el código del vestir en sitios públicos, el uso de la abaya (túnica negra que se lleva encima de las ropas estándares).

Tienen Policía religiosa
Igual que las locales, deben cubrir hasta debajo de los tobillos y los brazos en su totalidad, con la diferencia de que, por lo general, las extranjeras no se cubren el rostro, a excepción de casos cuando la Policía religiosa así lo solicite.

Esto que para algunas es un símbolo de subordinación, para otras ofrece un aspecto práctico, dada la irrelevancia de lo que se lleve por debajo de la abaya, que puede incluir un traje de baño o cualquier otra vestimenta de conveniencia.

Durante la época fría, las extranjeras la usan como un sustituto de la gabardina, convirtiéndose con el tiempo en una práctica infalible antes de salir de los condominios. No así en la época del verano, cuando las temperaturas oscilan entre 50 grados y más, añadiendo a la incomodidad del calor.

Las túnicas blancas para hombres
Los hombres árabes tienen la opción de usar túnicas blancas, adecuándose así a estas temperaturas extremas. Para las mujeres, en cambio, el fondo negro, es invariable durante todas las épocas del año.

En la actualidad se ha vuelto notoria la proliferación de nuevos diseños y la introducción de más colores, como estampados en las mangas, a lo largo de las orillas donde se unen los botones, y en los bordes del contorno de la túnica, no obstante, en un fondo siempre negro.

La industria de la ropa en la fabricación de abayas es abundante y accesible a todo presupuesto, disponibles desde diseños básicos de venta en los mercados de abarrotes hasta marcas reconocidas como Ralph Laurent y Christian Dior, entre otras, a precios sustancialmente más altos, en boutiques de centros comerciales exclusivos. En las comunidades de extranjeros, los residentes o visitantes pueden vestir convencionalmente sin contravenir las normas morales, incluyendo trajes de baño en las piscinas de los condominios o balnearios privados, en la costa del Mar Rojo.

Para muchas mujeres de pensar positivo, que son las que suelen adaptarse más rápidamente a la vida aquí, los condominios para extranjeros no son nada diferentes a los centros turísticos, con las mismas disposiciones, (restaurantes, piscinas, clubes de golf) y facilidades deportivas; granjas, librerías, supermercados y salones de belleza, entre otras, accesibles para los residentes.

Para otras, menos adaptables quizá, la vida en el condominio es el equivalente a una jaula de oro. Pero irrelevantemente de cuál sea la disposición individual hacia la adaptación, con el tiempo la tolerancia hacia esos nuevos hábitos se vuelve un patrón institucionalizado, y dado que la mayoría de las extranjeras tienden a salir del país con relativa frecuencia (cada seis semanas para las familias con hijos en edad escolar) y con más flexibilidad para las que no dependen de eso, el tiempo parece transcurrir sin siquiera notarlo.

Al concluir los contratos laborales, muchas familias retornan a sus países de origen o viajan hacia otros destinos. Otro buen número, con ideas más sedentarias, se acoge a las ventajas que ofrecen los condominios en relación con la seguridad de sus calles, que permiten a los niños circular libremente sin enfrentar los peligros de las ciudades grandes, y renuevan sus contratos cada vez que llegan a su final.

Las autopistas y la prohibición a las mujeres de conducir
Agostinha, otra residente, originaria de Portugal, hacía referencia a una pesadilla sufrida a poco tiempo de haber llegado a Riad. --Sin explicarme cómo --expresó--, me vi de pronto en mis sueños conduciendo en medio de un tráfico pesado, sobre puentes de nivel, saliendo y volviendo a entrar a las autopistas, casi en estado de pánico, sin tener la menor idea de cómo llegar a casa.

Mi ansiedad no provenía del mero hecho de estar perdida o de encontrarme en un laberinto de puentes y autopistas, sino por estar conduciendo un vehículo en las vías públicas, y, con ello, infringiendo flagrantemente la ley sobre esta interdicción en el Reino.

La prohibición de conducir es una de las limitaciones a la que, en su mayoría, las extranjeras encuentran difícil de adaptarse. No sólo por ser un elemento vital de movilidad, sino por las implicaciones que esto tiene sobre la libertad y autonomía de cada una, por la obvia dependencia que crea en ellas tanto del esposo como de un chofer que frecuentemente no habla inglés o aparenta no entenderlo para no obedecer órdenes provenientes de una mujer.

No hay límite de velocidad para conducir
Vale citar el aforismo de “no hay mal que por bien no venga”, dado que todo aspecto de la vida conlleva paralelamente un lado positivo. En RIAD, como en el resto del Reino, se conduce mayoritariamente sin respetar las señales internacionales de tráfico, en particular las relacionadas con la velocidad, esta última causante de fatales accidentes.

Como resultado del flujo cuantioso de vehículos en circulación, el conducir es una diligencia estresante y peligrosa, de la que las mujeres están exentas.

Para los poseedores de puestos ejecutivos en las multinacionales, los choferes adjudicados para el uso de sus familias, son, por lo general, entrenados de manera apropiada, y la interrelación con las usuarias es cortés y servicial como en cualquier otra sociedad.

Finalmente, como un beneficio singular, dada las extremas temperaturas, es una ventaja bajarse en la entrada de los edificios, en lugar de buscar un sitio para parquear el automóvil y tener que caminar largas distancias bajo el sol hasta el sitio a visitar.

Esos son los elementos a valorar para las extranjeras que después de un tiempo, ya adaptadas a la nueva modalidad de planear sus compras y salidas fuera del condominio, se vuelve placentero.

Para muchas, entre las que incluyo a Agostinha, volver de vacaciones a sus países de origen, a convertirse nuevamente en la chofer de los hijos que van a la piscina, de compras o a visitar a sus amigos, conlleva otro proceso de readaptación.

Para quienes no poseen el beneficio de un conductor de empresa, y dada la nulidad de transporte público en Riad, el servicio de autobuses que ofrece cada condominio es una opción.

Un programa de visitas a varios supermercados, centros comerciales, tiendas de jardinerías, farmacias y otros sitios de interés, en horarios y días establecidos, les ofrece no sólo la oportunidad de ir en compañía de otras extranjeras, sino la de establecer conexión social de gran necesidad, particularmente para las residentes nuevas.

Una aventura salir de compras
Salir de compras en Riad es una aventura. No sólo por la abundancia de tiendas y boutiques, sino por las escenas que se observan al llegar a esos sitios, especialmente durante los días de semana, donde la mayoría de la clientela es femenina, en la uniformidad del color negro.

Nieves, una americana de origen mexicano, en una ocasión relató haber visitado un centro comercial con un grupo de amigas. Ya dentro, y dado que cada una buscaba algo diferente, se dividieron y acordaron reencontrarse una hora más tarde en un restaurante para almorzar durante las oraciones de esa hora.

Cuando ella y otra amiga llegaron al punto acordado, no pudieron encontrarse con el resto. Les llamaron a su celular, pero dada la poca cobertura tampoco obtuvieron respuesta. --Es que no las veo por ningún sitio, dijo Nieves, escudriñando entre la aglomeración en negro reunida allí.

¿Pero recuerdas cómo andaban vestidas? --preguntó distraída, hasta caer en la cuenta de que no podían sino ser también otra sombra en lo fuliginoso del resto. Las historias de extraviados en una muchedumbre son asombrosas, sobre todo cuando se trata de niños menores.

En las tiendas del Reino, las prendas se compran por tallas. No existen cubículos para probárselas antes, dado que los empleados en tu totalidad son hombres. Es por esta razón que el comercio en general tiene una amplia política de devolución, dada la frecuencia con que la talla no es de la satisfacción del cliente, y sólo es posible saberlo hasta después de haberla adquirido.


(*) Periodista nicaragüense residente en Londres