•   Riad (Arabia Saudita)  |
  •  |
  •  |
  • END

Ocasionalmente nos preguntamos cómo muchos seres vivientes resisten a condiciones climatológicas extremas, como en los hábitat glaciales o en los desérticos, como es el caso del Medio Oriente, y, en particular, de las regiones donde están ubicadas las ciudades Riad y Jeda, en Arabia Saudita.

La primera en las mesetas del desierto, en el centro de la Península Arábiga, y, la segunda, en las costas del Mar Rojo, con sus altas temperaturas durante los meses de verano.

La diferencia entre ambas es que Riad posee un clima seco, y Jeda, un clima tórrido y altamente húmedo, pero ambas extremas en sus condiciones climatológicas.

Los locales acostumbrados a ese medio ambiente, sin lugar a dudas, han desarrollado la capacidad de adaptación para sobrevivir, organizando su vida social y laboral de acuerdo con las demandas que imponen estas condiciones.

A establecer jornadas de trabajo acordes para quienes laboran al aire libre, tal es el caso de los obreros de la construcción y los jornaleros del campo, y a acondicionar sus viviendas, las oficinas y los centros de trabajo que albergan personal en su interior.

Para los extranjeros que vienen a establecerse en estos medios, naturalmente, el clima es un elemento que se añade al choque cultural y al que también deben habituarse, tomando muy en cuenta los riesgos que representa para la salud el exponerse a estas temperaturas, pero con el propósito de adaptarse para poder coexistir dentro de este ambiente climatológico.

Por esta razón es que las escuelas internacionales --a las cuales asisten los hijos de los extranjeros-- adoptan medidas estrictas en cuanto a las prácticas deportivas al aire libre y los recesos escolares.

Loción protectora y sombrero son obligatorios
El uso de loción protectora y de sombrero son obligatorios, además del consumo abundante de líquido, para evitar los síntomas comunes de insolación y deshidratación en los escolares.

A quienes no llegan preparados adecuadamente, cumpliendo con estos requisitos, no se les permite participar en actividades externas, en detrimento de su propia educación física. Aunque por lo general las escuelas tienen instaladas en sus patios carpas gigantes para neutralizar los rayos del sol, lo que permite a sus estudiantes ejercitarse durante los recesos sin que corran riesgos.

En los meses más calurosos (junio a agosto), sólo es posible salir, asegurándose estar siempre bajo la sombra. Más de cinco minutos expuestos a los candentes rayos solares, no sólo es inaguantable físicamente, sino altamente riesgoso para la salud. Malestares como dolor agudo de cabeza, agrietamiento en los labios, hemorragias nasales y mal humor pueden ser síntomas comunes para quienes no están acostumbrados a estas temperaturas extremas.

Cabe mencionar que para los recién llegados a Riad, tal fue el caso de Lorna, una madre de origen francés, las experiencias que relatar no sólo son interesantes, sino también inverosímiles. A la mañana siguiente de su arribo, Lorna fue a visitar la escuela adonde esperaba inscribir a sus dos hijos.

Eran cerca de las once y media de la mañana cuando el coche que la conducía se estacionó frente a la entrada, a unos metros de distancia. Ella abrió la puerta del auto, y ese momento le hizo advertir la realidad del sitio donde ahora vivía, al percibir por primera vez esa sensación de fuego, como si en vez de salir al aire libre entrase en un horno.

Una oleada de aire caliente la cubrió por completo, oprimiéndole hasta la respiración, como si el oxígeno se hubiese extinguido. En poco tiempo, mientras caminaba hacia la recepción, su temperatura corporal había subido, calcinándole la piel bajo las ropas, como una evocación vehemente de su condición de mortal.

Temperatura a 53 grados
A esa hora las temperaturas habían alcanzado 53 grados y medio; las calles y planteles de trabajo se apreciaban desiertos; los obreros, ocultos en las barracas de los edificios, esperaban a que los rayos se volviesen menos perpendiculares y a que refrescase en unos pocos grados.

Da qué pensar, no obstante, que aun en estas condiciones hay empleos que por su naturaleza misma, deben ser ejecutados en el exterior, y que haya personas capaces de resistir en estas severidades del tiempo.

Es el caso particular de los empleados de seguridad en los edificios y condominios a lo largo de la ciudad. Éste es un empleo estrictamente para hombres, generalmente emigrantes provenientes de Pakistán, India o Filipinas.

La exigencia de permanecer vigilantes les hace resistir horas continuas en sus puestos de control. En cambio, los miembros del Ejército saudí, en misiones similares de vigilancia, generalmente refrescan sus barracas con aire acondicionado, durante los meses calurosos, mientras en los meses fríos, usan calefacción.

Las tormentas de arena
Otros aspectos de adaptación para los orientales, igualmente relacionados con el medio ambiente, es lo denso del aire, sobre todo durante los tres primeros meses del año, cuando las temperaturas son frías. En esta época se producen tormentas de arena con bastante frecuencia.

El polvo arenoso que se levanta por kilómetros y kilómetros desde las mesetas desérticas, es muy fino, de tal manera que se forman algunas nubes (tolvaneras) que quedan suspendidas en la capa media de la troposfera, oscureciendo el Sol. La apariencia es similar a los estratos nubosos de color gris antes de las lluvias. Dependiendo de la dirección y de la fuerza del viento, las tolvaneras descienden sobre la ciudad o son empujadas hacia las mesetas deshabitadas.

Ese polvo fino suspendido en los aires es el responsable de los problemas respiratorios que muchas personas tienden a sufrir, sobre todo si son nuevos en la capital del Reino y no están acostumbrados a él.

Muchas personas --y ese fue mi caso particular-- padecen de trastornos como irritación en la tráquea o en el pectoral como una reacción al polvo. Muchos logran adaptarse a estas condiciones, y después de unos meses viven en este medio ambiente sin problemas de salud.

A Lorna, quien a pesar de su inicial entusiasmo por establecerse aquí con su familia, debido a su tendencia alérgica al sol y al polvo --que resultó en problemas epidérmicos y bronquiales, al cabo de unos meses--, no le quedó otra alternativa sino retornar a su país de origen.

La gripe es otro de los factores de salud que afecta en un principio. Dada la cuantía de virus --se dice que hay más de 200, incluyendo los tipos en esta parte del mundo, provenientes de la región asiática del grupo H9N2--, no es sino hasta que el organismo ha desarrollado autodefensas, tras la adquisición de la enfermedad, que la persona se vuelve resistente a ellos.

Otros problemas quizá de menor importancia, pero igualmente notorios, son los cutáneos --resequedad--, en parte a causa del agua altamente procesada durante la desalinización, o por el uso de la piscina donde las aguas contienen altos porcentajes de cloro y otros químicos, y así, igualmente, el factor de la resequedad del aire, con un promedio menor al 20% de humedad.

Siempre y cuando las personas no sean hipersensitivas a estos elementos, con el tiempo es posible adaptarse o encontrar formas alternativas para subsistir en este medio, a través del uso intensivo de humectantes y del consumo abundante de líquido.

Fenómenos naturales
Durante los últimos tres años, muchos eventos fuera de lo normal han tenido lugar en la región del Medio Oriente, pero los dos fenómenos naturales a los que haré referencia, han sido realmente sin paralelo, ambos en la ciudad de Riad.

El primero, relativo a una gigante tormenta de arena ocurrida el 10 de marzo de 2009. Como un tsunami ascendió hacia los cielos una nube de color cobrizo, que se movía imponente hasta cubrir la ciudad entera y las regiones aledañas a la meseta desértica, en kilómetros a la redonda.

Ocurrió durante una mañana originalmente soleada y clara, mientras en la zona central el tráfico, caótico como siempre, y el movimiento laboral de la ciudad en su plenitud de las faenas cotidianas, seguían su curso.

“Había vuelto del supermercado y organizado la despensa” --expresó Frida, residente de un condominio en las periferias de la ciudad-- “sin sospechar lo que se avecinaba. En unos minutos estaba con un café frente al ordenador, cuando de pronto me encontré rodeada de una oscuridad extraña y total.

“Una escena casi fantástica diría, tintando todo el ambiente de color cobrizo. Fui hasta la ventana, y todo lo que pude ver fue una niebla densa y rojiza, sin lograr visualizar los objetos a un metro de distancia, sin poder apreciar las señales de luz tras esa masa ocre que lo cubría todo.

“Un extraño olor a polvo penetró al interior, enrareciendo el aire. Temerosa por lo que estaba ocurriendo, telefoneé a la oficina de mi esposo en el centro de la ciudad, y él me confirmó que una tormenta de arena de grandes proporciones había oscurecido la ciudad, llevándola a la paralización completa.

“Los que en ese momento conducían en las vías centrales redujeron la velocidad al mínimo ante la precaria visibilidad, dado que ni con los focos altos es posible penetrar la luz a través de las nubes densas de polvo.

“Varios accidentes de tránsito y casos de personas con problemas respiratorios, fueron reportados ese día. Después de algunas horas, la tormenta empezó a rescindir lentamente dejando un manto rojizo sobre las calles y techos de los edificios”.

En mayo pasado, Riad azotada con tormenta de arena
El segundo fenómeno ocurrió en mayo del presente año. Igual que la tormenta de arena, tuvo lugar en la primera mitad del día. Había amanecido nublado, con una sensación extraña de humedad en el ambiente.

De pronto empezó a llover, nada excepcional en cualquier otra ciudad del mundo, no así en esta región de muy escasas precipitaciones. Después que las primeras lluvias lavaron el exceso del polvo, agua limpia y corrientes turbulentas empezaron a llenar las calles, haciendo desaparecer el olor inicial a tierra mojada. En poco tiempo, las vías daban la impresión de ser lagos, y a medida que el torrencial continuaba sin moderación, la fuerza de las corrientes aumentaba en volumen y potencia.

Llegada las dos de la tarde, unas tres horas de precipitaciones constantes, la ciudad --carente de un sistema de drenaje-- parecía sumergirse en un océano. Cascadas amenazantes bajaban desde los puentes de nivel, mientras el nutrido tráfico vehicular del centro parecía anegarse irremediablemente.

Para entonces, muchos automóviles en medio de las autopistas habían sido abandonados por sus conductores, escapando a sitios más seguros. Las escuelas, cuyos patios se habían convertido en estanques de considerable profundidad, se vieron imposibilitadas de evacuar a los estudiantes, a los cuales resguardaban atónitos en los segundos pisos.

No fue sino ya caída la tarde que las aguas empezaron a bajar de nivel y los autos a circular, mientras el caos dejado por esas lluvias torrenciales en las autopistas de la ciudad, en los puentes y el tendido de cables de telefonía y de electricidad, fue una muestra clara del legado de la naturaleza cuando se enfurece. ¿Quién diría que esto es realmente posible en una zona desértica como Riad? Ver para creer, se dice muy comúnmente. Hoy en día, los fenómenos naturales que azotan con furia natural, parecen proliferar a lo largo y ancho del planeta.