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Poner pie en las salas de emergencia de los hospitales regionales y de referencia nacional del país, desespera. En esos sitios se tiene la impresión de estar en un mercado como el Oriental en días de fiesta, al punto que caminar con soltura por allí es, en realidad, una osadía, sobre todo durante el día. Y el que lo hace, en todo caso, pierde su lugar, su silla o su banca.

Las salas son áreas destinadas para “entradas” externas, es decir, que están ubicadas en los extremos del “corazón” de los centros asistenciales, y son los únicos lugares adonde la gente común y corriente tiene libre acceso.

Por lo general, son pequeñas. La sala de acceso no es más que un parqueo con cuatro bancas, y la que concentra a la gente que espera por su turno, es del tamaño de la de una vivienda de clase media.

Así que siempre están atiborradas de gente que se lamenta por una dolencia o por la larga espera, sobre todo de lunes a viernes: mañana y tarde.

En esos días, lo común es ver gente que entra al área cada dos o tres minutos, aunque salen tres, cuatro, cinco y hasta ocho horas después del ingreso, en dependencia del día y del hospital. Eso lo comprobó EL NUEVO DIARIO durante un recorrido que realizó en cuatro centros médicos regionales en el Norte, Occidente, Sur y Centro del país.

Sin embargo, al personal eso no parece estresarlo. Es frecuente, por ejemplo, escucharlos decir: “Bueno, ya está lleno el mercadito, hay que apurarse”. Eso significa meter “presión” a los médicos de turno, lo cual pocas veces funciona.

“Somos pocos, no podemos hacer mucho”, explica un oficial de trámites hospitalarios del Hospital Regional de Matagalpa, cuyo nombre se omite para evitar represalias.

Lo mismo ocurre en hospitales de León, Rivas y Managua. En las salas, durante el día, se cuenta con dos o tres oficiales en trámites hospitalarios, también llamados “admisionistas”; un médico general y un médico por cada especialidad.

Por la noche y durante la madrugada, en cambio, sólo queda un oficial de trámites hospitalarios, un médico de base y un internista para atender las dolencias que asomen en ese período.

Fijación con la hora
Cada oficial tiene como tarea registrar al paciente que llega. De entrada, tienen que indicar la hora. Precisarla es de rigor.

“Cuando nos llega un paciente nuevo, mire, lo primerito que miramos es el reloj, ya sea el de la mano o el de la pared, porque si es ingresado y muere, queda registro de la hora en que llegó y de la hora en que se le atendió, así los familiares no pueden ‘clavear’”, refiere otra oficial del área, del Hospital de Rivas.

“También lo hacemos porque a veces viene gente sola y queda ingresada, entonces cuando viene el familiar a preguntar, sólo vemos la hora de ingreso y así podemos brindarle la información requerida, de maner específica”.

Otros datos que deben quedar por escrito son: el nombre del paciente, la edad, los nombres del padre y de la madre; el nombre de la comunidad o del barrio donde vive, detallando la dirección domiciliar exacta. También incluyen y describen la dolencia que presentan.

En hospitales como el de Matagalpa, son los oficiales --que no son médicos-- los que asignan el especialista al paciente.

Sin embargo, ellos explican que por la experiencia que tienen lo hacen. “Además, no tenemos ni un médico general en Admisión”, coinciden, tras indicar que la mayoría son técnicos quirúrgicos, aunque empezaron desde “abajo”. Algunos limpiando pisos o en la cocina.

En los otros centros asistenciales, en cambio, incluyendo los de la capital, hay un médico general asignado para ubicar al paciente en la sala que le corresponderá, según su padecimiento.

A cada paciente, en cualquiera de los casos, le asignan un número de la “oficina”, que no es más que una habitación equipada para la situación, donde será atendido. Puede ser la uno, dos, tres, cuatro o cinco.

Con el número en mano, el paciente debe ubicarse cerca del lugar asignado para poder escuchar cuando lo llamen: “Juan, Juan, Juan”, puede gritar el médico. Al tercer llamado, si Juan no logra oírlo, pierde su cupo, pierde la atención.

Usualmente, la gente se pega a la puerta del “cuarto”, y en cuanto escucha su nombre pega el brinco y responde de inmediato: “Soy yo”, y entra sin titubear al sitio donde será atendido. Sin embargo, numerosos pacientes no atienden el llamado.

Nueva figura: el fiscal
Eso ocurre debido a que se cansan de esperar por la atención. Así que terminan abandonando el área y curándose por su cuenta; automedicándose.

De acuerdo con los oficiales de trámites hospitalarios consultados, de cada cinco pacientes, tres desisten de la atención.

“Las salas se llenan y el personal médico no da abasto. De lunes a viernes las salas, sí, son un mercado. Esa es la verdad. Entonces, el paciente espera tres, cuatro, cinco y hasta siete y ocho horas para ser atendido. Nosotros ni comemos a veces”, expone una “admisionista” de León.

“Los sábados y domingos es peor, porque la espera es más larga, ya que sólo dejan al médico internista, que hace sus prácticas, para atender a los pacientes, y a veces al mismo médico le toca ver a los pacientes que están ingresados para darles de alta”. Lo mismo pasa en Matagalpa.

Eso lo verificó END. El médico internista, por lo general, aparece por la sala esos días, entre diez y once de la mañana. Pero antes de atender al paciente, se toma su tiempo para ver los expedientes y luego comenzar con la tarea.

De modo que acaba atendiendo entre la una y las tres de la tarde. Así que los pacientes que tempranearon por su atención, acaban dejando la sala siete horas después de haber ingresado.

En la noche, aunque es menos la espera, no siempre se cuenta con el especialista requerido, pues la prioridad médica se centra en mujeres embarazadas y en accidentados. Es mejor no agravarse de noche.

Sin embargo, en las áreas descritas hay una nueva figura: el “fiscal hospitalario”, una especie de vigilante que hace sus rondas por todo el hospital de día y de noche.

Se trata de personas afines al gobierno, la mayoría, de los Consejos del Poder Ciudadano, CPC, que se encargan de “velar”, según explicaron, por una “buena” atención.

Ellos evalúan, cada día y cada noche, el trato que se le da al paciente y el desarrollo de cada área médica del centro asistencial. Aunque las áreas de emergencia son parte de sus prioridades.

En se contexto, reciben las quejas de los pacientes y tienen como misión resolverlas. La queja más usual, según concuerdan, es la “tardanza” que hay en la atención médica. La justificación a esto es la misma que plantean los oficiales de trámites hospitalarios: “Hay pocos médicos, hay déficit de personal, no se puede con tanta gente”.

El fiscal, además, da un informe a diario del desempeño médico y de los pacientes a las autoridades del centro asistencial donde está asignado. Sin embargo, admiten que no han podido reducir las horas de espera. Y tal como van las cosas, valoran que “tomará tiempo” revertir la situación.

Embarazos de niñas, lo más frecuente
Los pacientes que más hacen uso de las áreas de emergencia en los hospitales regionales, son entre un 50 y un 60% niñas embarazadas. Son chavalas de entre 14 y 17 años. Ellas suelen llegar acompañadas por sus madres. Pocas lo hacen con su compañero de vida.

Por la edad de las futuras madres, son embarazos calificados “de riesgo”. “En cuanto las vemos llegar, la orientación es darles prioridad. También nos vienen con amenaza de aborto, y a veces ellas ni lo saben”, concuerdan los “adminisionistas” de los hospitales visitados.

Llama la atención que la mayoría de estos casos proceden de las zonas rurales, y las pacientes poseen un bajo nivel académico.

“A veces por curiosidad les preguntamos a qué grado llegaron, y nos contestan que a cuarto o sexto. Algunas sólo tienen aprobado el primer grado. Son pocas las que dicen haber aprobado el bachillerato. Uno les pregunta por qué, y sólo encogen los hombros. Y si uno insiste y les pregunta por el embarazo, contestan que no planifican porque el marido no las deja”, refieren los ofíciales.

Los oficiales consultados creen que eso se debe a que hacen falta más campañas de promoción, enfocadas en la planificación familiar. “Las madres de esas niñas embarazadas pasaron por lo mismo, y lo que vemos es que sus hijas están repitiendo la historia. Es realmente un drama”, resaltan.

El resto de pacientes que acuden a las emergencias del sistema público de salud, lo hacen por enfermedades respiratorias, dolores de cabeza y de abdomen. A ellos se suman los accidentados en motos y en otros vehículos, así como los macheteados y los heridos con arma blanca.

Se debe destacar que hay salas destinadas exclusivamente para padecimientos respiratorios y heridos.

El personal del área:
Durante el día:
*Entre dos y tres oficiales en trámites hospitalarios o “admisionistas”.

*Un médico general y uno por cada especialidad.

*Un fiscal hospitalario

Durante la noche:

*Un oficial de trámites hospitalarios o “admisionista”.

*Un médico de base y un médico internista.

*Un fiscal hospitalario

Personal del fin de semana

*Dos oficiales de trámites hospitalarios en el día y uno en la noche.

*Un médico de base y un médico internista.

*Un fiscal hospitalario.

Número de pacientes*
Por día:
100 a 200, en promedio, de lunes a viernes.

100 a 150, en promedio, sábado y domingo.

Por noche:
90 a 100, en promedio, de lunes a viernes.

50 a 80, en promedio, sábado y domingo.

*Cifras estimadas.

Mañana:
Lea la opinión de los pacientes y las soluciones que plantean para que se mejore la atención en las salas descritas.