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La aldea es pequeña, pero “tentadora”. Al llegar el turista lo primero que tiene a la vista, en Sambo Creek, son las playas y aldeanos que hablan español, quienes lo reciben con una serie de ofertas, incluyendo bailes y comida típica garífuna.

En Sambo Creek hay entre 80 y 90 familias que viven de la pesca y el turismo. La mayoría es de la etnia. Aunque también hay mestizos y uno que otro extranjero viviendo en la comunidad por la tranquilidad que ofrece.

Lucy Bell Suazo, originaria del pueblito, explica que la apuesta que tienen es el turismo comunitario y el del sol y playa durante todo el año.

“Entre nuestras ofertas hay senderos por la comunidad y sus alrededores porque la idea es que los extranjeros conozcan cómo vivimos e interactúen con la gente. Nosotros somos alegres y habladores”, explica.

En Sambo Creek es común que la gente muestre sus casas y que exponga su vida cotidiana a la vista del turista. Sus viviendas son básicas: dos o tres cuartos y su sala. Pero casi todas tienen televisor y cocina de gas.

Algunos lugareños, especialmente mujeres, ofrecen servicios de guías turísticos pues en la aldea todos conocen su origen, de modo que siempre remontan al año1815 para legitimar sus costumbres, como el hecho de hacer cenas extensas en los novenarios de sus muertos, o mover sus caderas desde el primer año de nacido al ritmo de los tambores.

La comida, entre lo más atractivo
Hay quienes hasta dicen, en son de broma, “que desde que están en el vientre de sus madres bailan con los tambores”.

El baile precisamente es una de las atracciones del sitio. En Sambo Creek es frecuente toparse con turistas originarios de España, Estados Unidos y Canadá, quienes siempre se muestran dispuestos a aprenderlo.

Mauricio Albir, gerente del Centro Turístico de la aldea, comenta que a ellos también les encanta la comida de la zona. “Les gusta la machuca, la sopa de caracol, el pescado frito, el pan de coco y el cazabe que es lo típico de Sambo Creek. Así como las bebidas a base de aguardiente”, especifica.

El primero es un plato hecho a base de plátano maduro triturado y el último, el cazabe, es un pan delgado como una galleta elaborado con yuca, el alimento tradicional del lugar.

La preparación del cazabe es, además, una labor de “amor”, según dice Suazo. Conlleva dos días. Mientras lo elaboran, las mujeres garífunas cantan canciones de sufrimiento, recordando a sus esposos e hijos que parten de la casa y las dejan al mando del hogar. “Esto se transmite de generación en generación, es un rito muy nuestro”, apunta la lugareña.

Los cayos cochinos
En Sambo Creek también ofrecen a los visitantes viajes a Cayos Cochinos, llamados así debido a que el famoso Pirata Morgan, criaba cerdos en esas islas. Estos cayos fueron declarados reserva biológica hace 18 años y Monumento Natural Marino ocho años atrás.

El único lugar poblado en los Cayos se llama Chachaute y su población en un 85% es garífuna. Tiene una estación científica, según refiere Albir, que se destina a la conservación y estudio de los arrecifes.

Además, se puede hacer esnórkel, la práctica de buceo a ras del agua. “Tras estar en Cayos Cochinos los turistas pueden regresar a Sambo Creek y pasar la noche con la tranquilidad que ofrece nuestra aldea”, puntualiza Albir.

¿Cómo llegar?
Si desea visitar la comunidad debe tomar un bus que lleve por la carretera que conduce a Jutiapa Atlántida, en Honduras. Aproximadamente a 20 kilómetros de la ciudad está el desvío a Corozal y a 5 kilómetros más adelante, el desvío a Sambo Creek. O bien puede buscar información con hondurastouristoptions@gmail.com o llamar al: 504 440-0265 * 9982-7534 * 9978-8868 * 443-2460 * 443-033.

Los costos en la comunidad
Comida 3 a 6.25 dólares.

Bebidas 1.25 dólares.

Habitaciones 7.5 a 20 dólares por persona.

Viaje a Cayos Cochinos 20 a 35 dólares por persona.