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Es el 19 de abril de 1988. Los soldados buscan entre los cuerpos que han quedado enredados en la grama, alguna señal de vida. Se revisa “el saldo” de una de las más cruentas batallas protagonizadas por los “Cachorros de Sandino”, jóvenes que entre los 17 y 25 años han sido reclutados por el Servicio Militar Patriótico.

De pronto ven un sombrerito agujereado por muchas balas, apostado sobre una varita de caña. Se acercan y descubren a un joven inconsciente. Tiene las piernas destrozadas y una herida de bala en el pecho, pero su corazón se resiste a dejar de latir.

Lo recogen en una hamaca y lo llevan al campamento, con la esperanza de que sea uno de los pocos sobrevivientes de la masacre ocurrida en San Andrés de Bocay. Su nombre es Benicio Rivera Orozco, originario de Ticuantepe.

La tragedia
La historia de Benicio comenzó un día antes, el 20 de abril de 1988, cuando fue enviado a atacar un campamento de la contra como parte de un contingente de 600 hombres.

El trayecto fue difícil, no sólo por los obstáculos del camino, sino por las penurias propias de los tiempos de guerra y el dolor de los recuerdos de una juventud perdida en una guerra que él no comenzó, pero en la que se vio envuelto desde los 17 años, cuando fue reclutado a la fuerza en el Servicio Militar.

Benicio camina rápidamente, mientras su mente se ve inundada de recuerdos de novias y fiestas pasadas. El hambre le azota el estómago como un latigazo.

Durante los dos días de camino que lleva junto a otros 149 hombres, sólo ha ingerido una porción de carne enlatada, unos caramelos y un vaso de pinolillo. Tiene más de 48 horas sin dormir. Las botas están podridas por la intensa caminata, y siente el peso de la mochila y de los tiros en la pechera.

Finalmente llega a San Andrés de Bocay, donde se está preparando una emboscada a un campamento de la contra. Benicio oye la voz de alerta, y guiado por un “Patria o muerte, venceremos”, sale disparado como una flecha.

Y entonces oye un ruido que le lacera los oídos. Por unos minutos no siente nada, como si el tiempo se hubiera congelado, pero ve que su cuerpo sale catapultado por los aires debido a la explosión de una granada.

Un dolor agudo y terrible le comprime el pecho, y algo puntiagudo se introduce a través de su piel. El dolor es desgarrador. Ve que está en medio de un combate. Sus compañeros caen a su lado, muertos o heridos.

Sabe que si los contras lo encuentran vivo van a rematarlo, así que toma un sombrero de paja, entierra una estaca de madera en el piso y se pega contra el suelo.

Las balas silban y se estrellan contra la distracción que sin saberlo, le ha salvado la vida. Ve sangre por todos lados a través de una especie de nebulosa, hasta que poco a poco comienza a perder la conciencia.

El drama
Benicio sufrió la completa destrucción de sus piernas, las cuales fueron amputadas. Se le practicó una colostomía (abertura producida quirúrgicamente en el colon a través del abdomen) que le permite expulsar las heces, y se le instaló una sonda vesical para orinar.

Debido a las costras que se le formaron en los genitales por el año que estuvo en cama recuperándose de las cirugías, éstas no le permiten realizar las necesidades fisiológicas básicas ni gozar de una sexualidad plena.

“Mi vida nunca volverá a ser igual. No puedo trabajar ni tener una familia normal, por mis limitaciones físicas. Yo lo único que quiero es que el gobierno del presidente Ortega reconozca el esfuerzo que hicimos por mantener al gobierno de entonces, porque esto es como estar muerto en vida. Pero apenas me pasan una pensión de 3,500 córdobas que no me alcanza para nada. Sólo en las bolsas de colostomía y en las sondas gasto 15,000 córdobas mensuales, porque uso 60 por mes, y cada una cuesta 250 córdobas”, explicó Benicio.

Para su hermana, Paula Rivera Orozco, esta situación es casi insostenible, pues aunque han mandado cartas a la Presidencia y a la Secretaría del Frente Sandinista solicitando apoyo, no han obtenido respuesta.

“Para mí esto ha sido una gran decepción, porque a mi hermano se lo llevaron a la fuerza cuando aprobaron el Servicio Militar Obligatorio, con sólo 17 años. Era un niño que empezaba a vivir, y nos lo devolvieron así. Hoy, 23 años después, lo ven como algo descartable. Se lucraron de él y de otros jóvenes en los 80, y ahora ni siquiera le dan una silla de ruedas eléctrica, ni una pensión digna para afrontar los estragos de la guerra a la que ellos lo enviaron”, reclama la hermana de Benicio.

Hospital Militar lo rechaza
El 9 de agosto de 2010, Benicio, junto a otros veteranos de guerra, organizaron una marcha hasta el Hospital Militar “Alejandro Dávila Bolaños”.

En la marcha demandaban que a Benicio le practicaran una cirugía plástica para nivelar los muñones de sus piernas, ya que esta irregularidad le había provocado terribles llagas.

“Yo metí varias solicitudes de asistencia en la Secretaría del Frente y le escribí varias cartas al presidente Daniel Ortega, pero nunca obtuve respuesta. Porque la cirugía que yo necesito cuesta 3,500 dólares que yo no tengo, y de seguir así, se me engangrenará todo el cuerpo. Además, como es una cirugía cara, los hospitales públicos no la ofrecen”, asegura Benicio.

Ante los oídos sordos de la Presidencia de la República, muchos ex combatientes agrupados en la Fundación de Veteranos de Guerra del Servicio Militar Patriótico (también conocidos como “Cachorros de Sandino”), decidieron impulsar una marcha hasta el Hospital Militar, llevando a Benicio en una hamaca. Esto con el objetivo de ejercer presión sobre las autoridades, pero todo fue en vano.

“Me llevaron cargado hasta las puertas del Hospital Militar, y me recibió la subteniente Luz Rodríguez, pero ella me dijo que lo sentía mucho. Que si no llevaba una carta firmada por el presidente Daniel Ortega no me podía admitir en ese centro asistencial. Así que tuve que regresar a mi casa. Aquí los ‘Cachorros de Sandino’ no valemos nada”, alega Benicio.

Reivindicación de derechos
Los “Cachorros de Sandino” son una organización legalmente constituida por el decreto 52-50, que pretende que el gobierno del presidente Daniel Ortega les otorgue servicios de salud gratuitos, pensiones vitalicias no del INSS, sino del Estado, a las madres de quienes murieron en el frente de batalla, y préstamos bancarios para conformar cooperativas. Según Marvin Vargas, presidente de la organización, ellos sólo están pidiendo lo que se merecen.

“Nosotros no queremos que el gobierno nos regale nada, porque nos ganamos con sangre las reivindicaciones que estamos pidiendo. Hemos ido varias veces a la Secretaría del Frente y nos hemos entrevistado con Socorro Ríos, pero ella siempre nos está dando largas al asunto. Llevamos dos años en esta lucha y ya estamos cansados”, indicó Vargas.

Las peticiones de los “Cachorros de Sandino” son que el gobierno les garantice la creación de cooperativas de seguridad y vigilancia, terrenos para hacer fincas de productividad agrícola y ganadera, asociaciones de pesca, becas de estudios a sus hijos y nietos, viviendas, una pensión vitalicia, inclusión en el Instituto de Previsión Social Militar (IPSM), la activación de la Oficina Nacional de Retirados Activos (ONRA) y la creación de fuentes de empleo.

Douglas Reyes, secretario de la fundación, aseguró que los veteranos de guerra tienen muchas secuelas a consecuencia del conflicto bélico.

“El problema de muchos de nosotros es que nos llevaron a la guerra en la flor de la juventud. La mayoría ni siquiera terminamos el bachillerato, eso sin hablar de los traumas sicológicos que tenemos. En mi caso, por ejemplo, cuando regresé de la guerra en el 89 y fui a buscar matrícula en el colegio Miguel de Cervantes, me dijeron que no podía estudiar porque tenía psicosis de guerra”, aseguró Reyes.

La mayoría de los veteranos de guerra sobreviven en el subempleo o en trabajos de mano de obra barata como albañilería, carpintería, plomería y electricidad.

Ermis Jarquín Pérez, otro de los miembros de los “Cachorros de Sandino”, afirmó que muchos de sus afiliados han caído en el alcoholismo, la drogadicción y en actividades delictivas, debido a los traumas sufridos en el pasado.

“Muchos de nosotros volvimos sin un pie o sin una mano, y en casa nos esperaban esposa e hijos que mantener, así que caímos en el licor, las drogas y el robo para subsistir. No estoy defendiéndolos, pero esto es un problema social que el gobierno tiene que afrontar. Si ellos nos truncaron la juventud, que al menos nos garanticen envejecer con dignidad”, alegó Pérez.

Los “Cachorros de Sandino” tienen presencia en todos los departamentos del país, aunque su sede está ubicada en Managua.

Actividades de movilización
Durante 2010, los “Cachorros de Sandino” impulsaron tres marchas. Las dos primeras fueron organizadas el 5 de junio y el 1 de octubre, y tuvieron como destino la Secretaría del FSLN.

“Nosotros marchamos hasta la Secretaría para dejar un pronunciamiento que le haga recordar a nuestros ilustres políticos de la cúpula sandinista, que fuimos nosotros quienes defendimos los ideales de Sandino en los momentos más difíciles. Para que recuerden nuestra gallardía. Nosotros tomamos la llama que dejaron nuestros héroes y mártires y la defendimos a costa de nuestra propia vida”, alega Marvin Vargas.

La tercera fue organizada el 19 de diciembre para que la Asamblea Nacional les diera una partida presupuestaria. Durante la sesión ordinaria, el diputado por el FSLN, Evertz Cárcamo, quien perteneció a “Los Cachorros de Sandino”, salió a encontrarse con los veteranos de guerra, quienes le hicieron sus reclamos.

“No somos una organización descarada, como las que se han lucrado con la figura de los Cachorros de Sandino. Ustedes nos han usado como escalera para trepar políticamente, pero cuando llegan a la cima, se olvidan de nosotros. Todos saben que de no haber sido por nosotros, el Ejército sandinista no le hubiera hecho frente a la contra, porque por cada 95 efectivos, 80 eran jóvenes reclutados que recibíamos una preparación de 45 días y después nos mandaban a morir”, expresó Vargas Herrera.

Según Marvin Vargas, el diputado Wálmaro Gutiérrez les aseguró que se les iba a destinar una partida presupuestaria para los gastos de papelería y de movilización, pero al final todo quedó en el aire.

“El año pasado el gobierno nos asignó 100,000 córdobas para asumir los gastos administrativos de la asociación, pero este año no nos incluyeron en el presupuesto”, añadió.

Danto 2011
Han decidido que recibirán el nuevo año con un operativo llamado “Danto 2011”, en conmemoración al famoso “Danto 88”.

El “Danto 88” fue la mayor ofensiva lanzada por el Ejército Popular Sandinista. Pretendía destruir los campamentos de la Contra en Honduras y tomar la pista de Biliwás, el principal lugar de abastecimiento del enemigo.

“Hasta el momento nuestras acciones han sido pacíficas, pero eso se acabó. En 2011 vamos a cambiar de estrategia. Nos vamos a tirar a las calles y aquí va a correr la sangre. Porque sabemos que nos van a mandar a la Policía y al Ejército. Pero nosotros también somos hombres de guerra y no se nos ha olvidado cómo apretar el gatillo”, aseguró Vargas.

Douglas Reyes, otro miembro de la organización, afirmó que el único camino que les ha dejado el gobierno es la violencia.

“Hemos agotado todas las vías administrativas para llegar hasta los oídos de la primera Dama y de Daniel Ortega. Nunca se han querido sentar a dialogar; estamos cansados. Pero estamos seguros de que los morteros sí los van a escuchar”, amenazó Reyes.

Benicio Rivera Orozco sigue a la espera de que el gobierno que lo envió a la guerra que mutiló su cuerpo, pague la deuda pendiente que tiene con él. Entre la pobreza, la marginación y la desesperanza, él sólo espera una vida digna, como la que se merece todo hombre que ha luchado por la libertad y la democracia de su país.

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