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Viajaron unos 13 mil kilómetros desde su tierra natal para enfrentar la barrera del idioma, otra cultura y costumbres, todo con el fin de proporcionar su experiencia profesional y de ayudar a personas desconocidas en un país centroamericano.


Es así como en nuestras tierras tenemos a 40 voluntarios del milenario Japón, como parte de la cooperación internacional que involucra a profesionales en salud, educación, agricultura, deportes e ingeniería.


La enfermera obstetra de 29 años, Hiroko Ono, originaria de la ciudad Chiba, ubicada al este de la Bahía de Tokio, es parte de ese grupo de voluntarios. Si bien uno de los grandes retos fue traspasar la barrera del idioma, otro fue soportar que le dijeran “la chinita”. Una expresión que no le agradaba.


“Eso fue entonces, ahora me lo dicen todo el tiempo y ya no me importa”, expresa, aceptando la inocencia y desconocimiento de la gente sobre las diferencias culturales y de costumbres entre Japón y China.


“Los nicaragüenses no saben mucho de Japón, igual antes de venir acá yo sólo sabía que en este país hubo guerra, que se habla español y que está en Centroamérica”, nos dice encogiéndose de hombros, pero también afirmando que desde su venida ha tenido muy buenas experiencias de Nicaragua y de su gente.

Ha aprendido mucho de los nicas
Graduada en enfermería general, pública y ginecobstetra, Hiroko por segunda vez arribó a la tierra pinolera el 26 de septiembre del año pasado, y actualmente pertenece a la consejería escolar en la delegación del Ministerio de Educación en Granada, donde trabaja al lado de las psicólogas nicaragüenses Luzmila Norori y Gloria Medrano.


“La primera vez que vine sabía muy poco español. Estuve dos años y medio aquí, pero regresé por seis meses más”, comentó, agregando que su propósito era venir a enseñar y ayudar, pero durante todo este tiempo ha aprendido mucho de los nicaragüenses”, afirma.


Entre su aprendizaje, además del idioma, está la forma de abordar la sexualidad. Algo que en Japón no se puede hacer de forma tan abierta, por lo cual resulta difícil explicar la sexualidad más allá de lo estrictamente biológico. Sin embargo, su nueva meta es poder desarrollar esa apertura en su país.


“Para poder explicar la sexualidad, también hay que comprenderla. Ese es un problema que también he visto en Nicaragua. Algunos profesores no saben cómo expresarla a sus alumnos, por eso impartimos talleres de capacitación”, indica.

Mucho que hacer
Confiesa que Nicaragua y su gente son muy lindas, sin embargo, hay tantos problemas que a veces se disgusta porque se siente impotente por no poder resolver algunas situaciones.


“Hay mucho embarazo adolescente, al igual que en Japón. Desde temprana edad quieren comenzar a tener relaciones, pero las muchachas no se dan cuenta de que con un hijo es muy difícil seguir estudiando, se debe cuidar al niño y se tienen muchas responsabilidades”, reflexiona.


“Primero hay que estudiar y prepararse profesionalmente antes de tener un niño, porque he visto a muchas jóvenes que se quedan sin poder hacer más en sus vidas”, añade, explicando que la consejería y la prevención del embarazo es el área en que se desempeña.


Actualmente trabaja en un libro con historias para niños y niñas de 10 años, en el cual se busca instruir y prepararlos para la sexualidad. Éste es un proyecto particular de Hiroko, con el apoyo del JICA y las consejeras escolares.
“Yo no voy a estar siempre, tengo que seguir mi vida en Japón, pero quiero dejar mi granito de arena, algo que ayude a los nicaragüenses en alguna medida”, dijo Hiroko.

La experiencia de Cheiko
Otra de las voluntarias que hace servicio social en nuestro país es “Chiquita”. El nombre con el cual, de cariño, algunos identifican a Cheiko Imoto, la muy activa joven de 25 años, originaria de Okinawa, que no deja de trabajar en la capacitación para mejorar la enseñanza, principalmente en matemáticas, por lo que las docentes y alumnos la estiman y la admiran mucho.


Ella labora en el Centro Escolar “Juan Bautista Zelaya”, en el barrio “Roberto González”, de Chinandega. Además de asesorar sobre el proyecto “Me gustan las Matemáticas”, con herramientas metodológicas elaboradas por el Ministerio de Educación, con asesoría de expertos japoneses, también implementa una serie de actividades escolares competitivas entre los alumnos.


Así mismo, implementa un sistema experimental llamado “Clase Abierta para Padres de Familia”. Esto se realizó dos veces el año pasado y esperan implementarlo este año. Consiste en que padres y madres lleguen a clases con sus hijos y aprendan cómo ayudarlos con las lecciones, además de poner a los adultos a elaborar material didáctico que luego sus pequeños utilizarán en clases. Admite que no tenían muchas expectativas, pero la respuesta fue muy buena.


Cheiko se tituló en Educación y Desarrollo, y en la actualidad cursa un master sobre educación intercultural. El voluntariado le resultó una oportunidad de oro para hacer investigaciones, y mientras trabaja en Nicaragua, también estudia.
Ésta es la segunda vez que viene al continente americano, pero es la primera en Latinoamérica, y estará en Nicaragua durante un año.

“Ustedes son gente muy linda”

“Los nicas que conozco son muy amables, igual es la gente en Japón, pero aquí son todavía más amistosos y me siento como en mi país, porque, si necesito ayuda, siempre hay alguien dispuesto a apoyarme”, expresa Cheiko, quien aún está soltera y espera comprometerse hasta llegar a culminar sus estudios.


Una de las cosas interesantes que encontró en Nicaragua es su gastronomía. “Muy rica”, nos dice, aunque alega que la comida nacional es totalmente diferente a la japonesa. “Mucha azúcar, mucha sal y mucho aceite”. En eso concuerda con la señorita Ono en Granada.


Cheiko nos explica que el arroz en Japón se consume sólo cocido, pero aquí le agregan aceite, sal y verduras. Aunque no está acostumbrada, le gusta mucho, y es de los platos que irá a elaborar en Japón a su regreso.


Entre la comida típica nicaragüense que más le gustó están el indio viejo y el nacatamal, pero también gustó mucho de los tostones con queso. Algo que le encanta de Chinandega es que abunda la fruta y es muy barata, por lo que se puede hacer mucho refresco. En Japón hacer un refresco de frutas tropicales es raro, porque un mango puede llegar a costar hasta 10 dólares.
La joven cooperante dice estar encantada de la experiencia vivida con los nicaragüenses y por el aporte a la investigación que realiza. Para esto ha viajado a Chinandega, conoce Masaya, Jinotega, Matagalpa, Bluefields, San Juan del Sur, Estelí, León, Carazo, y, claro está, Managua.


En el caso de Bluefields, confiesa sentir como si estuviera en otro país, ya que entre el Pacífico y el Atlántico las diferencias son muchas, desde las étnicas, a su cultura, costumbres y comidas. Está con inquietud de ir a Puerto Cabezas, pero como cooperante y por su situación de seguridad, le recomendaron no visitar la zona.


Según las docentes del colegio, ella no es la primera cooperante del Japón que las apoya, ya han estado antes otras voluntarias. Cada una con sus particularidades, pero en su conjunto han brindado una ayuda muy importante a los docentes, a sus alumnos y hasta a las comunidades pobres de la zona.

El JICA en Nicaragua

La Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) es un organismo del gobierno japonés establecido desde 1974, que en Nicaragua está desde 1991. La misma se encarga de implementar y ejecutar la cooperación técnica, cooperación financiera no reembolsable y préstamos en los países en desarrollo.


Su misión, como puente entre el pueblo del Japón y los países en desarrollo, es impulsar la cooperación internacional a través del intercambio de los conocimientos y experiencias, y trabajar para construir un mundo más pacífico y próspero.
Los objetivos son cuatro: el abordaje de una agenda global, el mejoramiento de la gobernabilidad, la reducción de la pobreza y la construcción de sociedades donde se pueda vivir con dignidad.


En Nicaragua se impulsan actividades de cooperación para el desarrollo socioeconómico del país, con el envío de voluntarios japoneses que trabajan al lado de las comunidades, utilizando las habilidades y experiencias adquiridas en Japón.


Desde que el JICA trabaja en nuestro país, hemos recibido a 459 voluntarios --entre jóvenes y seniors o adultos mayores--, quienes han brindado asistencia en las áreas de salud, educación, agricultura, deportes, ingeniería, mantenimiento y operaciones.
En la actualidad, hay 40 voluntarios en 13 departamentos del país, laborando en instituciones gubernamentales como Inatec, INC, INTA, Magfor, Mined, y Minsa, además de alcaldías, ONG, Policía Nacional y universidades.


Algunos de los miembros del voluntariado que apoyan o han apoyado a Nicaragua son Natsulo Endo, especialista en actividades juveniles, ubicada en Puerto Cabezas; Kisaku Uchida, especialista en desarrollo de comunidades rurales que trabaja en Rivas; Ken Saito, asesor en procesos de construcción; Tomie Hamada, quien se involucra en el apoyo a niños en riesgo.


También están la especialista en piano Noboku Yamazaki, que imparte música en la Upoli; Kumi Matsui, especialista en comunidades rurales en Ciudad Darío, Matagalpa; igualmente están Tomoko Tanji, especialista en manualidades; la profesora de educación primaria Keiko Ohnishi, la trabajadora social Yuka Saito, el profesor en educación física Masayuki Miwa, el mecánica automotriz Toshiyuki Suga y la enfermera obstetra Kyoto Miyoshi, entre muchos otros.


Durante su estadía en Nicaragua, la cooperación japonesa ha canalizado al menos 800 millones de dólares para la construcción de redes viales, en salud, higiene, desarrollo agropecuario y rural, educación y mitigación de desastres.